jueves, 29 de enero de 2009

PANDO: UNA GRAN (E)LECCIÓN

Con la presente entrega, se cumplen once años de publicación regular de esta columna creada a invitación de La Razón en 1998. No me voy a extender en este hecho, pero es pertinente dejar constancia de ello.

Por tal cuestión, celebro que la ocasión coincida con otra –mucho más importante- grato motivo. Uno que me devuelve la fe no solo en la posibilidad de recuperar la institucionalidad democrática, sino incluso en la especie humana en general.

Ha pasado la consulta por la Constitución, y lo ha hecho arrojando un resultado global ya conocido. Desde mi visión, las generaciones futuras demandarán a la presente el haber dado comienzo a la atomización de lo que un día fuera Bolivia. Quedarán, como testimonio escrito, las advertencias que se hicieron sobre su texto antes de que fuese sometido a referéndum; quedará, también, la sensación de que pudimos haber hecho mucho más, dentro de los límites legales, para impedir el desastre. Pido disculpas a mis descendientes por no haberlo logrado.

Pero quedarán, asimismo, páginas de honor, de dignidad, de coraje y de afirmación democrática cuyo hito más emblemático fue el escrito por el departamento Pando en ejercicio de su incorruptible alma amazónica. El jaguar ha rugido; Pando no se ha sometido a los designios del Terror.

Sí, del Terror; ése que plantó bande(i)ra tras anuncios de entierros y gusanos, ése que pergeñó un choque fratricida devenido en golpe de estado prefectural, ése que se regodeó proclamando la victoria electoral, política y militar sobre la denominada “media luna” por la misma boca que hace un año sostenía que si la nueva Constitución no obtenía mayoría en los nueve departamentos carecería de legitimidad y que, con total desparpajo, hoy esgrime como legítima y hegemónica.

Ni unasures, ni mattarollos, ni quintanas, ni chiquitines, ni llorentis ni surcos, ni cabecees y demás confabulados pudieron quebrar la voluntad libertaria pandina.

En su ciega estulticia, los traficantes del Terror y la corrupción deben, todavía, estar tratando de encontrar explicaciones a tal “desfase”. “¿En qué nos equivocamos?” –estarán preguntándose- y sus operadores locales, encima, mascullando la vergüenza de dar inverosímiles versiones al jefazo. ¿No sería más digno –dado que se llenan la boca de “dignidad”- presentarle sus cartas de renuncia?. (Al momento de remitir estas líneas, ha conmovido a la ciudadanía la probable conexión del crimen de los 450.000 $us con un multimillonario contrato que involucra a la estatal petrolera YPFB. Dicho en lenguaje políticamente incorrecto, dicha suma sería una coima cuyo destinatario podría ser Santos Ramírez. La nacionalización muestra su cara corrupta.)

Pando ha inscrito en la historia una gran (e)lección de vida y de amor propio. Este kolla con nombre en quechua, hijo de una inquebrantable pandina –boliviano, en suma- se encuentra en deuda moral con su gente.

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