miércoles, 21 de febrero de 2024

21-F: Vivencia y vigencia

 


Domingo 21 de febrero de 2016, hrs. 23:05. Katia Uriona, presidenta del Tribunal Supremo Electoral anunciaba, en conferencia de prensa, el resultado del referéndum constitucional mediante el cual Evo Morales Ayma pretendía habilitarse a un cuarto mandato (con sabor a reelección indefinida), cosa expresamente prohibida por la Constitución –de hecho, Morales ya la había violado para conseguir su tercer periodo-. Se dice que, como restaba por conocerse el cómputo de un 0.4% de las actas, el resto de los miembros del pleno intentaron persuadir a la titular de hacerlo, probablemente forzando un cambio de la tendencia que terminara favoreciendo a Morales Ayma, personaje a quien eran (son) proclives. Pero su Presidenta decidió seguir adelante –los rostros de quienes la flanqueaban son absolutamente elocuentes de la contrariedad que les embargaba- y Bolivia se informaba sobre el triunfo del “NO” a la aviesa intención del entonces gobernante.

Quienes enarbolamos la posición democrática salimos a celebrar ruidosamente la victoria; mientras tanto, en la acera del frente comenzaban a desmontar los escenarios que habían armado, seguros de que el “Sí” arrasaría, pese a que todas las encuestas señalaban que la opción contraria era la predominante, incluso con una distancia mayor de la que los resultados oficiales difundieron.

La “seguridad” de un resultado favorable de la que el régimen se ufanaba, no era, sin embargo, proveniente de las encuestas, sino de la habitual suficiencia con la que Morales Ayma ninguneaba a sus contrarios, proclamando que los (nos) iba a “revolcar” con un 70% -con guiño al TSE-. Tal era su “confianza” que no dudaba en indicar que, si perdía, así fuera por un voto, se retiraría a su chaco en el Chapare.

Una vez consolidado el triunfo del “NO”, Morales Ayma, con cara de pocos amigos, afirmó que iba a respetar la decisión de la ciudadanía, aunque su cerebro gris, García Linera, la relativizó calificando el resultado como “empate técnico”.

Cabe remarcar que la idea de un referéndum “habilitante” para el jefazo se activó prácticamente desde el inicio de su periodo extra (el tercero), de suyo inconstitucional, cuando ya tenía cinco años más en el bolsillo por delante, pero, nuevamente, la Constitución se interponía en su aspiración de sumar otros cinco, y otros cinco, y otro cinco hasta dejar sus huesos en el horrible edificio que mandó a construir para su glorificación eterna.

Lo que siguió forma parte las páginas más ominosas de nuestra historia: A la manera de Hugo Chávez quien había también perdido en una consulta popular, pero torció la decisión ciudadana reformando la Constitución venezolana para prorrogarse ad infinitum –providencialmente, la parca se lo recogió, aunque su sucesor va por el mismo camino- el MAS usó tal franquicia inventando un supuesto derecho humano a la reelección indefinida al que un servil Tribunal Constitucional dio curso legal.

Tal atrabiliaria acción acabó por pasar factura a su gestor en noviembre de 2019 cuando éste, fraude mediante, intentó burlarse una vez más de los bolivianos. Al no conseguirlo, huyó despavorido dejando instrucciones para asfixiar a las ciudades mediante el desabastecimiento alimentario.

Al cabo de los años, la impronta del 21-F continúa vigente. Los propios masistas, olvidando que fueron cómplices suyos en su desconocimiento y en el posterior fraude, reprochan a Morales Ayma el haber desoído la voz de la ciudadanía.

Hoy, aquel tiranuelo que quiso perpetuarse en el poder recurriendo a los recursos más bajos, intenta recobrar fuerza desde su reducto chapareño con la intención de retomarlo. La fuerza del 21-F se lo impedirá una vez más.


miércoles, 7 de febrero de 2024

Estado del Arce

 


Ha tenido que transcurrir más de la mitad su mandato (a lo que hay que sumar la década que ejerció el cargo de ministro) para conocer con cierta aproximación el perfil del Presidente.

El Sr. Arce Catacora ocupa la primera magistratura luego de ganar las elecciones de 2020. La historia de cómo accedió a la candidatura por el MAS, tiene que ver con la decisión tomada por el jefe del partido –nada de consulta a “las bases”, ni de elecciones internas- cuando todo parecía indicar que sería el actual Vicepresidente quien tendría tal representación, o que incluso el favorito de Morales, el actual presidente de Senadores, Andrónico Rodríguez, tenía más oportunidad que quien finalmente fue designado para ello.

Una versión dice que Morales se decantó por Arce al considerarlo “fácil de manejar” una vez que éste ocupara el cargo. Hay otra versión que indica que lo hizo por un cálculo tan fino, ligado al supuesto mal estado de salud del actual mandatario y también a la posibilidad de que Morales accediese a la Cámara de Senadores y, además la presidiere, colocándose como tercero en la línea de sucesión y así poderla forzar hasta hacerse de la Presidencia. Como se sabe, Morales fue también inhabilitado a la candidatura senatorial y el plan quedó en nada… pero Arce siguió en carrera.

Abonando a la primera hipótesis, está el primer año y algo más de la presidencia de “Lucho”, tiempo en el que, evidentemente, el delfín fue un obediente pelele del jefazo, hasta que adquirió personalidad propia para actuar por su cuenta y, en consecuencia, tomar distancia de la mano que mece la cuna.

Lo que ocurre en la actualidad es consecuencia de tal “destete”, luego del cual las aguas del régimen se dividieron y hoy se encuentran en plena guerra por el control del “instrumento”, cada uno con sus propias huestes dispuestas a descalificarse entre sí.

No se puede entender a Arce sin considerar su relación con Morales Ayma. Fue el expresidente, ahora enfrentado a su creatura, quien le dio el crédito de “gran economista” al extremo de considerarlo su maestro en materia de economía. Arce nunca expresó que Morales fuera su maestro en materia de política porque sencillamente algo en la personalidad de “Tilín” no daba para los “baños de masas”.

¿La llevaría mejor Morales Ayma si Choquehuanca o Rodríguez hubiese sido el “elegido”? Pregunta retórica que da para especular; pero, en todo caso, no podría irle peor que lo que le va con el también conocido como “El Canastas”.

Lo que ha quedado claro en el tiempo de ejercicio de la presidencia es que la fama de buen economista que consiguió en su tiempo de ministro era porque le tocó serlo en un periodo de excepcional bonanza proveniente del boom gasífero, o sea que le tocó administrar la abundancia, algo para lo que no se necesita ser una eminencia de la Economía –incluso se puede afirmar que hasta con esa gracia lo hizo mal-. En el tiempo de escasez, consecuencia de sus propias acciones como ministro, el Sr. Arce Catacora ha probado ser un, cuando menos, mediocre economista, como corroborando el despectivo mote de “cajero” que le pudo Tuto y que Morales lo replica constantemente.

A estas alturas se puede decir que, como economista es un aprendiz de político y que como político es un pésimo economista a quien el poder le ha dado un lustre espectacular.

El no responder personalmente, sino a través de sus operadores (Lima, Castillo, Prada y Richter), a las provocaciones de Morales Ayma, lo ha afirmado en cierta preferencia con miras a las próximas elecciones –para todo lo demás está el control sobre otros poderes del Estado, exceptuando el Legislativo que ya no responde mecánicamente a sus designios-. La reciente crisis judicial así lo supuso.