lunes, 31 de mayo de 2010

viernes, 28 de mayo de 2010

Marzo, mayo, exilio




Marzo: Me encuentro en mi pieza en el hotel Beacon, contiguo al teatro del mismo nombre, en Nueva York. Hotel y teatro que acogieron, entre el 29 de octubre y el 1 de noviembre de 2006, a los Rolling Stones. Del concierto del 1 de noviembre salió el material con el que Martin Scorsese armó la película Shine a Light presentada en la Berlinale de 2008. Tiene su encanto fantasear con que algún Rolling se paseó por esta misma habitación —macanudas damas incluidas—. ¡Quién fuera un Stone!

Sobre la mesa de trabajo espera pacientemente a ser leído el libro Exile on Main Street - A Season in Hell with The Rolling Stones, del autor Robert Greenfield (Exilio en la calle principal - Una temporada en el infierno con los Rolling Stones). Lectura obligada dado que desde principios de año la oficina de prensa del grupo viene amenazando con una reedición del disco de título homónimo (Exile on Main St) de 1972 que incluirá una decena de canciones recién “descubiertas” entre las cintas de las sesiones de aquella grabación. Viene prometiendo también la edición de un libro —¿definitivo?— sobre el mito que lo rodea y una película, para mayor abundamiento.

La leyenda proviene de las circunstancias y los rumores que impelieron a la banda a dejar el Reino Unido para exiliarse (de ahí el nombre del producto, aunque fue la segunda opción) en el sur de Francia, en el área de la Costa Azul, para lo que alquilaron un caserón conocido como Villa Nellcote durante el verano de 1971. Las circunstancias: problemas con el fisco británico que se queda con más del 80% de los ingresos del grupo. Los rumores: los excesos que, se dice, ocurrían dentro de la villa y sus alrededores. En medio, la boda de Jagger en Saint Tropez, aunque el verdadero (anti)héroe de esta historia es Keith Richards.

Publicaciones de la época como la revista argentina Pelo titulaban: “¿Los echan o se van? Algo está pasando con los Rolling Stones. ¿Por qué se van a Francia?”. Lo cierto es que entre los Rolling y Francia (donde descansa en Paz Jim Morrison) se inicia un largo romance.

Mayo: Cannes, Francia. Los “muchachos” presentan el documental Stones in Exile, dirigido por Stephen Kijack, para que sus seguidores se den otro pantagruélico festín audiovisual. La reedición del álbum comienza a circular y, a su escucha, me pregunto ¿cómo pudieron tan buenas piezas quedar al margen del trabajo original? En fin, se me ocurre que todas éstas son simples “probaditas” para lo que podría venir con motivo del aniversario número 50 de la banda (2012).

Exilio: A la manera de un bonus track en un disco compacto, de un extra feature en un DVD o de un “fuera de programa” en un acto político —la parte más sabrosa de éstos, me voy con la mente puesta en aquellos compatriotas que ante la ausencia de garantías para un debido proceso, unos, o ante la persecución de que son objeto, otros, optaron por el exilio. Quien sabe lo que es tener a un miembro de la familia en el exilio sabrá entenderlo.

miércoles, 26 de mayo de 2010

La Paz y don Miguel




Hace unos días fue reabierta la plaza "España" en la ciidad de La Paz. El monumento a Miguel de Cervantes luce ahora refulgente, merced a un trabajo de pulimento y barnizado que lo dejaron como recién erigido.

El maestro de las letras español y La Paz tienen una curiosa relación extraliteraria. Antes de que escribiera su insigne obra, Don Quijote de la Mancha, el "Manco de Lepanto" solicitó a S.M. Felipe II, Rey de España, que lo designara como Corregidor de esta ciudad.

La petición no prosperó y a Cervantes no le quedó otra que seguir escribiendo. Sin embargo, durante los fastos por el cuarto centenario fundación de "Nuestra Señora de La Paz", el municipio lo nombró "Corregidor Perpetuo de La Paz", nombramiento que, hasta donde sé, no ha sido retirado.

¿Que hubiera pasado si Miguel De Cervantes venía a ejercer el cargo a la ciudad del Illimani? ¿Habría escrito El Quijote? o en caso de que efectivamente lo hubiese hecho, ¿Lo hubiera ambientado en estas montañas?.

jueves, 20 de mayo de 2010

Que la parca se vaya al Mercedes!



El concierto había terminado y un vulgar Volkswagen modelo "Brasilia" salía del garage desl estadio "Hernando Siles" abriéndose paso entre la multitud que acaba de presenciarlo. A pocos metros, estacionado y rodeado de gran cantidad de admiradoras, aguardaba un coche Mercedes Benz -a manera de señuelo-.

La treta funcionaba una vez más. Dentro de mi Brasilia con vidrios polarizados estábamos los miembros de Soda Stereo (Gustavo Cerati, Charly Alberti y Zeta Bossio) y yo -al volante- rumbo al "Afershow party" en la discoteca "Pacha", al grito de ¡Full joda muchachos!.

Era nuestra manera de no poner en riesgo la integridad física de los músicos. Por el dichoso "Brasilia" habían pasado ya Charlie García y parte de su banda y los Enanitos Verdes, y luego lo harían algunos más.

La anécdota se me vino a la cabeza de pronto cuando se supo que un accidente cerebro-vascular dejó a Cerati a las puertas de la muerte. Me acordé, también, de que, junto a Soda, en Buenos Aires, trabajamos en la traducción al inglés de la canción "La Cúpula" ("I will rescue you, I will rescue you") -no sé si llegaron a grabar la versión anglo-. Lo que nunca se me olvidó fue la fecha del concierto que montamos en La Paz: 2 de septiembre; por la sencilla razón que coincide con la de mi cumpleaños.

Los trajimos en un momento muy significativo: en su tránsito del pop a un rock de gran elegancia (a días de haber lanzado "Doble Vida", estrenando canciones como "La Cúpula (lo que sangra)", "Corazón delator" y "La ciudad de la furia").

En una temporada en la que muchos artistas de otra generación están dejando esta tierra, no parece ser el turno de alguien relativamente joven como Gustavo. Que la parca se vaya al Mercedes.

jueves, 13 de mayo de 2010

El Zorrenti



En septiembre de 2003, al conjuro de “No a la venta de gas a Chile”, se registraron diversas acciones de desafío al orden constitucional que afectaron al normal desenvolvimiento de la sociedad. A efectos del presente texto, no realizaré una relación de los hechos sucesivos que concluyeron con la interrupción del periodo constitucional del Presidente de entonces.

Antes bien, quiero concentrarme en uno de los episodios más ilustrativos del estado de convulsión de tal época: la toma, de parte de algunos lugareños, como rehenes de una considerable cantidad de turistas que habían ido a presenciar la fiesta de la exaltación en la localidad de Sorata.

La bárbara acción conmovió a la opinión pública, no solo a la local sino a también a la internacional porque entre los rehenes se encontraban algunos visitantes extranjeros, y tuvo un desenlace luctuoso que contribuyó a la precipitación de los acontecimientos ulteriores.

Infructuosamente agotado el diálogo, surgió la presión diplomática que reclamaba la liberación de quienes provenían de otras latitudes.

El ministro de Defensa de aquel tiempo, Carlos Zorro Sánchez Berzaín comandó personalmente el operativo de rescate que se había ejecutado “limpiamente” y que parecía que habría de concluir de igual manera cuando en el camino de regreso a la Sede de Gobierno, a la altura de Warisata, se produjo una refriega que dejó como saldo siete muertos y 17 heridos entre uniformados y civiles. El hecho más conmovedor fue el deceso de una niña que fue alcanzada por una bala perdida.

Sistemáticamente, por diversas actitudes que consideraba abusivas, dedicaba mis espacios de opinión a disparar contra el mencionado hombre fuerte del partido en ejercicio del gobierno; pero en aquella oportunidad juzgué que su intervención fue la adecuada en función del bien común y la responsabilidad que tiene un gobierno de garantizar la seguridad de los ciudadanos.

Entre abril y mayo de 2001, al conjuro de “Procesadora de cítricos”, pobladores de Caranavi bloquearon el camino que conecta este municipio con la Sede de Gobierno. A efectos de este texto no me voy a detener en la evaluación de la gestión del conflicto por parte del régimen que, en expresiones del propio Presidente era “un asunto particular” o en las del Vicepresidente, “un complot de la derecha con el patrocinio de la Embajada de los estados Unidos”. Me voy a centrar en la resolución asumida por el ministro de Gobierno, Sacha Llorenti quien, al igual que el Zorro Sánchez, decidió poner término a una situación extrema que afectaba al conjunto de la ciudadanía, muy distinto, por cierto, a lo hecho por Quintana y Rada en Pando y Chuquisaca respectivamente –terrorismo de estado-. El saldo: dos muertos y veintinueve heridos, entre uniformados y civiles.

Por tanto, o bien Llorenti reivindica lo actuado por Sánchez Berzaín en el aquel acontecimiento concreto; o bien ambos son unos “carniceros” y Llorenti tendría que estar haciéndole compañía allá donde se encuentre. Me inclino por lo primero. La pequeña diferencia es que Sánchez Berzaín no fue un activista de los Derechos Humanos.

Terminó el taller de apreciación musical

Ayer terminó, bajo mi guía, el taller de apreciación musical en la escuela de radio "La Voz de mi deseo". He aquí algunos comentarios:

jueves, 6 de mayo de 2010

Apariencias



Años ha, cuando todavía llevaba a mi hijo a fiestas de cumpleaños, me tocó ser testigo de un momento embarazoso en la vida de un amenizador de esta clase de reuniones; concretamente, un mago.

Resulta que el ilusionista en cuestión, apenas comenzada su rutina, se encontró con quien se encargaría de agriarle la actuación: una niña que, seguramente a fuerza de haber visto cien veces los mismos trucos, se ponía a revelar los secretos de cada uno a voz en cuello. Grande debió ser el esfuerzo del prestidigitador para no mandar a callarla tal vez porque no obstante ser puesto en ridículo por la avispada chiquilla, el resto de los pequeños parecía disfrutar del espectáculo. Los padres nos mirábamos perplejos y no atinábamos a hacer nada, más allá de esperar que el número acabara pronto.

La anécdota precedente ilustra, a mi modo de ver, el desarrollo de un montaje análogo en términos del proyecto de poder encarnado en la figura del Jefe de Estado (Evo Morales). A partir de -compartiéndola, inclusive- la caracterizació n que hiciera el Jefe de Gobierno (García Linera) sobre la cualidad estatal previa al proceso de cambio -Estado aparente- nos encontramos, en contrapartida a la reorientación de éste, dentro de una democracia aparente.

Junto con la propensión hacia el establecimiento de un Estado elefantiásico, el régimen ha tenido la astucia de montar una ilusión democrática formidable y, a la manera del mago, continuará repitiendo trucos, ampliamente develados por demócratas reales, porque ante la credulidad de una clientela política de grandes proporciones le tiene sin cuidado lo que aquellos digan. En los alrededores están otras presencias organismos multinacionales, por ejemplo- que conocen el número pero, muy pulcros ellos, callan prudentemente.

Y es que en apariencia todo está en orden (democrático) y el régimen puede exhibirlo sin ruborizarse; Hay Poder Legislativo, hay Poder Judicial con sus respectivos componentes: La Corte Suprema âen la terminología clásica-, el Consejo de la Judicatura, el Tribunal Constitucional. Hay elecciones para todo gusto, hay libertad de prensa, hay nuevo Defensor del Pueblo, ¡Hay Constitución!

No se necesita ser un experto en teoría de la democracia para advertir que tan maravillosa -mágica- apariencia cubre una sórdida realidad de autoritarismo, persecución, amedrentamiento, control político, centralismo, violación a los derechos humanos (que están por debajo de los derechos de la pachamama Morales dixit) y formas encubiertas de acallar la libertad de expresión.

El pase mágico más reciente de este triste espectáculo ha sido la nominación -que no elección- del Defensor del Pueblo.

Cabe recordar que apenas llegado al gobierno, el régimen cuestionó la existencia de tal instancia bajo el argumento hecho consigna de Qué necesidad hay de Defensor del Pueblo si el pueblo llegó al gobierno. Argumentos parecidos se formularon sobre otras instituciones. Con el tiempo, los operadores del populismo cayeron en cuenta de que más astuto que eliminarlas es funcionalizarlas a su imagen y semejanza.

Del Estado aparente a la democracia aparente, podría ser el nombre del numerito.