miércoles, 6 de diciembre de 2017

El fallo fallido y la nueva minoría



Ha querido la historia que fuera el último tramo de este año cuando confluyesen dos hechos políticos de consideración que, en mancuerna, han cambiado el escenario público drásticamente.

Si a principios de gestión me hubieran dicho que algo así iba a ocurrir, sencillamente no lo hubiera tomado en cuenta. Pese a los pataleos de ahogado del régimen luego del reférendum del 21-F y su catastrófico resultado para las intenciones de éste de forzar la candidatura del caudillo en las venideras elecciones generales, además de las varias vías aún más retorcidas para burlar la voluntad ciudadana expresada en la mencionada consulta, aquella por la que finalmente optó sólo puede ser analizada en el marco de un estado corporativo como el que el régimen ha diseñado para su permanencia en el poder.

El fallo del TCP es tan espurio como lo fueron los infames Decreto-ley con los cuales se manejaban las sucesivas dictaduras para imponer su mano dura. Es evidente que el hipotético Guardián de la Constitución está sometido a los designios de la “dictadura inédita” ejercida por el régimen. El propio aspirante a Supremo Protector Vitalicio se ha hecho mofa del sistema democrático cuyo sostén es la separación de poderes. Este olímpico desprecio por la institucionalidad democrática es, asimismo, la admisión más elocuente de que el TCP actuó para complacer a su jefazo al primero admitir, y luego emitir el absurdo fallo respecto del recurso de inaplicabilidad urdido por operadores del entorno presidencial.

¿Qué puede ocurrir con este engendro una vez que la democracia sea restablecida? Pues lo mismo que ocurrió con los Decretos-ley. Quedará sin efecto y archivado –junto con quienes lo tramaron-.

Lo que de verdad lamento es que los tribunos salientes hubieran desperdiciado una singular oportunidad para irse con una pizca de decencia. Pero prefirieron hacerlo con la ignominia que los seguirá el resto de sus miserables vidas.

Por otra parte, recuérdese que las “elecciones” judiciales estaban programadas para octubre pero la falta de interés de profesionales probos para prestarse a la farsa devino en su postergación para acabar de llenar las postulaciones con los amigos de la casa azul. Total, que todo ocurrió en las últimas semanas de 2017.

Contrariamente a la euforia que produjo al régimen el fallo fallido, el resultado del plebiscito del 3D ha sido su INRI. Los guarismos han puesto en evidencia a una nueva minoría que por mucho que se esfuerce –dispendiosos gastos mediante y con todo el aparato estatal a su disposición- en mostrarse multitudinaria, en el mejor de los casos llega a un tercio de la población. Las caras de velorio de los jerarcas del régimen en su día D lo dicen todo.

Saben ellos que no fue una encuesta a la que se puede descalificar como “tendenciosa” o “financiada por la derecha”. Es la emergencia de una conciencia democrática sin parangón durante los últimos treinta años, muy similar a la lucha por la conquista de la democracia iniciada a mediados de los setentas.

Y la emergencia no es sólo cuantitativa; es también cualitativa. Dejando de lado los textos jocosos –algunos bastante subidos de tono- que la ciudadanía se tomó el tiempo de escribir en las papeletas del plebiscito, una abrumadora mayoría de ellos lleva un mensaje claro de hastío contra dictadura de Morales Ayma. Queda claro, también, que el régimen –de dientes para afuera- no se da por aludido.

Ciertamente los dos hechos expuestos van en sentidos opuestos. Todo lo que el régimen digita corporativamente le resulta favorable a sus intereses, pero las veces que a la ciudadanía le toca expresarse en las urnas el rechazo es creciente –por segundo año consecutivo-.

La Presidenta del TSE, ha planteado un conflicto de poderes que debilita el fallo del TCP y lo llama a ajustarse a la Constitución y a la calidad de vinculante del resultado del 21-F.

martes, 5 de diciembre de 2017

Portafolio de evidencias

El presente modelo de portafolio de evidencias está diseñado para una actividad de cartografía mental (mapa mental).

1. Desde su ingreso a la Universidad, el estudiante debe familiarizarse con la técnica del PE y asimilarlo como imprescindible. Para esto, se le hará conocer su pertinencia para la valoración de sus trabajos y actividades.

2. El docente explica a los estudiantes las características de la actividad o trabajo que será valorada mediante esta técnica. Para el caso, las pautas para la elaboración de un mapa mental en regla.



3.  Se orienta al estudiante sobre el valor como evidencia que tiene este material.

4. Se le dan pautas sobre la presentación y archivo del mismo.

5. Se le brinda información sobre aspectos formales de la actividad.

6. Más tarde, se somete el producto acabado a valoración mediante la aplicación de una rúbrica.

jueves, 23 de noviembre de 2017

¡Por el nulo!



La irritación y reacción neurótica de personeros del régimen, comenzando por el mismísimo number one, pueden ser interpretadas como un signo de absoluta pérdida de (auto)control sobre el rumbo de su proyecto de eternización en el poder, cargándose a la democracia en el intento. Las chapuceras acciones que ha emprendido para tal propósito no han hecho sino desnudar su miseria ética y su olímpico desprecio por la ciudadanía que entonó, vía referéndum, una cacharpaya para el Caudillo. Como suelo acotar sobre este tema, quien convocó a la consulta sobre la habilitación extraconstitucional para que el Capo se presente como candidato a Presidente de forma sucesiva cuantas veces se le atoje, no fueron la oposición, ni la CIA, ni el Espíritu Santo; fue el propio régimen quien lo hizo, pero lejos de acatar la decisión del Soberano, se empeñó en desconocerla con las acciones mencionadas anteriormente.

Tan sensible está el régimen a la repulsa ciudadana que cualquier cosa lo pone guardia. El cuasi-adolescente berrinche en que montó el Jilliri Irpiri tras enterarse que hay otro personaje ocupando el primer lugar en audiencia en la red Twitter, es un caso digno de diván considerando que el sujeto está próximo a cumplir 60 años. Pero, lejos de causar indignación, dicha actitud más bien ha inspirado lástima.

Hay cosas peores, podríamos apuntar. En su afán por desviar la atención –Banco Unión, por ejemplo- y, Presidencia y Ministerio de Gobierno, en acción coordinada se declaran víctimas de una conspiración orquestada por diplomáticos que, según el régimen, tendrían que pedir permiso hasta para el color de corbata que deben llevar. El Ministro de Romero es un campeón para inventar intentos de magnicidio -lo hace cada vez que las papas queman- exponiéndose, inclusive, al ridículo, como cuando “reveló” que una adolescente quería acabar con la vida del Excelentísimo. Y así, de papelón en papelón.

En lo que nos concierne por estos días –el plebiscito del 3 de diciembre-, el nerviosismo del régimen ha sido la tónica de la coyuntura. Querer repetir el engaño de 2011 sólo le ha traído una ola de repulsa ciudadana similar o mayor a la expresada el 21-F. El botón de muestra que las anteriores elecciones dejaron al país es el desastroso estado de la justicia del “Estado plurinacional”. Astutamente -¿creen que la ciudadanía es estúpida?- dicen que ahora la cosa será diferente.

A ver, si has usado las mismas mañas para la “preselección”, es decir meter a tus llunkus -¿le suena un tal Pastor Mamani?- y beneficiarlos con un cargo en la Magistratura aunque consigan menos votos que los que se reúnen para un consejo estudiantil, la cosa no puede sino tener el mismo resultado: el desastre. Ahora, si por diferente entendemos “peor”…
Para colmo de su aturdimiento, el régimen ha sufrido el llamado “efecto búmeran”. En uno de los casos referidos, comenzaron a circular decenas de fotos de miembros del Gobierno en compañía de “agentes del Imperio”.

Sobre el plebiscito del subsiguiente domingo, tres cuartos de lo mismo. La descomunal campaña del régimen contra el voto nulo no ha hecho más que expandir la consigna mucho más allá de lo que los grupos ciudadanos –con contados recursos- soñaron llegar.
Y con el pronunciamiento conjunto de cinco importantes líderes políticos, el círculo parece completarse: ciudadanía y expresiones políticas democráticas –más una manito del régimen- el voto nulo (y, eventualmente, el blanco) ha ganado un espacio inmenso que, seguramente, se verá plasmado en la votación del 3D.


Dicho en otros términos, el régimen se verá eclipsado por el nulo.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Una estatua ecuestre para el Jefazo


¿Se necesita ser psiquiatra para caer en cuenta de que el señor Presidente ha ido perdiendo, progresiva e irremediablemente, la chaveta? Con el debido respeto a los galenos de dicha especialidad, me tomo el atrevimiento de responder que no. Son tan evidentes los signos de chifladura del sujeto que podría alegarse “insanía mental” para declararlo “inhábil para ejercer el cargo” pero, para fortuna suya, esa no es una causal de cese de sus funciones –La CPE habla genéricamente de “impedimento”, y está claro que su condición de orate no le impide seguir haciendo de las suyas-.

En concreto, el aludido ha ido agudizando su ya manifiesta megalomanía hasta llegar a la fase delirante en la que se encuentra hoy por hoy. No es exagerado decir que este individuo se asume como ser inmortal y se sitúa muy por encima del resto de los humanos –literalmente, inclusive, si consideramos su cotidiana traslación en helicóptero como para dar a entender que hasta para inaugurar un tinglado, el ungido baja de los cielos-.

En su afán por la vanagloria personal, que parece ser su preocupación más importante, el señor mandó a construir un museo dedicado a su gallarda figura, allá en su pago natal, un repositorio que succiona recursos estatales consignados a su mantenimiento, recursos que estarían mejor justificados si se destinaran a una causa noble –no pongo “más noble”, porque dicho depósito no lo es en absoluto-. Ya se verá, cuando esta absurda época pase, qué hacer con dicha edificación aunque me adelanto a sugerir que habría que readecuarla para destinarla a centro de salud, por ejemplo.

En la misma línea, el Supremo ordenó demoler un inmueble patrimonial para erigir en su lugar un adefesio que seguramente en su enfermiza vanidad, epitomiza el descomunal poder que ha acumulado. Es la historia de “El bien amado” al revés: Odorico manda a hacer un cementerio esperando inaugurarlo tras la primera muerte en Sucupira y termina “inaugurándolo” en calidad de occiso al ser él el primer finado; en cambio, la pesadilla del Jefazo debe ser que sea otro y  no él quien ocupe la susodicha monstruosidad. Lamentablemente, no se podrá hacer mucho respecto de esa (s)obra cuando la democracia retorne a Bolivia. Ella  permanecerá como un mal recuerdo para nuestro país.

Su Excelencia se encuentra en estado de paroxismo y la más reciente manifestación del mismo ha sido su referencia a la Constitución Bolivariana (1826) para proyectar su deseo de ser gobernante vitalicio –él se ve a sí mismo en tal condición y sólo espera cumplir algunas “formalidades” para ratificarlo-.

Dicen que a los loquitos –éste es del tipo peligroso- hay que seguirles la corriente para no acabar policontuso. Sigámosle la corriente, entonces.

¿Sabe usted, señor Presidente, qué le falta para la gloria absoluta? Por supuesto, Gran Hermano: Una estatua ecuestre como las muchas que tiene Bolívar. ¿Cómo la quiere, Presidentísimo? Le voy a dar algunas opciones.

Según algunos conocedores de la tradición monumental, una estatua en la que el caballo se encuentra con dos patas, las delanteras, levantadas, significa que el jinete (en este caso, usted) murió en combate, en pleno campo de batalla; Si el equino tiene levantada una sola pata, significa que usted murió a consecuencia de las heridas que le infligieron en la batalla; y si el corcel tiene las cuatro paras sobre el suelo, significa que usted falleció de muerte natural.


¿Qué está esperando, Excelentísimo? Decídase de una vez. Debe hacerlo “cuestre lo que cuestre” (Les Luthiers dixit).

miércoles, 25 de octubre de 2017

Lluvia de recursos abstractos de "inaplicabilidad"



La sola admisión, por parte del Tribunal Constitucional, del recurso abstracto de “inaplicabilidad” presentado por el régimen, ha colocado al Estado al borde de la precariedad jurídica. No quiero ni imaginar lo que sucedería si dicho órgano da lugar a la malsana intención de Morales Ayma de perpetuarse en el poder.

Mucho temo, sin embargo, que, aunque el malhadado recurso parece afectar parcialmente a la CPE –impuesta y promulgada, vuelvo a insistir, por quien ahora la niega- en realidad está afectando a toda ella, por lo que si ocurriese lo que nadie, excepto el interesado y sus corifeos, quiere, Bolivia estaría llegando a una situación preconstitucional, es decir al abismo del “todo vale”.

Un tribunal constitucional, allá donde haya estado de derecho, es el guardián de la Ley de leyes dotado de la facultad llamada “control de constitucionalidad”. Su función es garantizar que los artículos de la misma se apliquen en toda actuación de carácter jurídico -¡No para que no se apliquen!-. Uno recurre al TC cuando tiene fundados argumentos de que un determinado instrumento legal no se ajusta a lo que la CPE estipula cualquiera de sus, para el caso boliviano, 411 artículos. Si la falta queda demostrada, el TC declara la nulidad del asunto en cuestión; caso contrario, lo ratifica.

¡Qué diantres es eso de recurso de “inaplicabilidad”! ¡Qué es eso de argüir el derecho humano del personaje que lleva más de una década en el poder a eternizarse en el mismo! –orinándose, además, en la voluntad popular soberana que, expresada en referéndum, le puso coto a dicho afán-.

Decía al comienzo que la sola admisión del engendro coloca a Bolivia en un estado de precariedad jurídica –el TC debía, sin mayor trámite, rechazar la falacia del régimen por su ofensivo contenido- ¡Pedir al encargado de garantizar la aplicación de la CPE que declare su inaplicabilidad! Falacia que no resiste el menor análisis.

Y en estado de precariedad jurídica, cuando no de ausencia de Constitución, pueden darse toda clase de aberraciones. El TC, lamentablemente, ya ha sentado, al admitir la falacia, jurisprudencia, por lo que se han abierto las compuertas para la comisión de tantas como se quiera, ¡utilizando los propios términos del régimen! ¡Y si el TC no las admite estaría contradiciendo la primera admisión! ¡Y si, más adelante, declara procedente la patraña del régimen, tendría que declarar procedentes las subsecuentes!

Pongo un par de ejemplos, de muchos que pueden darse: Como se sabe (Art. 167) para acceder a la candidatura a la Presidencia se debe contar con 30 años cumplidos el día de la elección. Con los mismos argumentos –falaces- del régimen, muchachos y muchachas quinceañeros pueden alegar su derecho humano a candidatear a dicho cargo y, por tanto, solicitar la inaplicabilidad del mencionado artículo. Siendo consecuente con su anterior actuado, el TC debe admitir ipso facto todos los recursos en tal sentido.

Una situación análoga puede ocurrir respecto del Art. 209, que prescribe que para candidatear a cargos electivos, con excepción de los del órgano judicial, las personas deberán ser postuladas a través de partidos, pueblos indígenas y agrupaciones ciudadanas. El TC prácticamente está invitando a que ciudadanos y ciudadanas que no cuentan con tales auspicios, en nombre de sus derechos humanos, soliciten la inaplicabilidad de aquel para poder postularse de manera independiente.

¡A ese grado del absurdo hemos llegado con la admisión, por parte del TC, del sofisma del régimen!


¡Vega pues la lluvia de recursos abstractos de “inaplicabilidad”, que todos serán admitidos por gentileza del TC!

miércoles, 11 de octubre de 2017

Constitución "cara conocida"



Gracias al régimen estoy a punto de quedar como un perfecto charlatán en mi desempeño como docente. Sucede que, como corresponde al tema de la clasificación de las constituciones según lo más o menos complejos que sean sus mecanismos de modificación o reforma, los estudiantes aprenden la clásica distinción entre flexibles, semirrígidas y rígidas.

Llegado el momento de tocar la Constitución vigente desde 2009, a manera de hiperbolizar la cuestión, les digo que habría que inventarle una nueva categoría, incluso más extrema que “súper rígida” o “pétrea” –dos denominaciones actualmente aceptadas- para clasificarla, ya que no sólo por la complejidad misma para su reforma, sino porque su propio “inspirador”, a tiempo de promulgarla le auguró una intangibilidad de, al menos, quinientos años.

Transcribo, a la letra, el artículo pertinente (411) que, a menos que mi ejemplar de la CPE sea la de otro país, dice:

“I. La reforma total de la Constitución, o aquella que afecte a sus bases fundamentales, a los derechos, deberes y garantías, o a la primacía y reforma de la Constitución, tendrá lugar a través de una Asamblea Constituyente originaria plenipotenciaria, activada por voluntad popular mediante referendo. La convocatoria del referendo se realizará por iniciativa ciudadana, con la firma de al menos el veinte por ciento del electorado; por mayoría absoluta de los miembros de la Asamblea Legislativa Plurinacional; o por la Presidenta o el Presidente del Estado. La Asamblea Constituyente se autorregulará a todos los efectos, debiendo aprobar el texto constitucional por dos tercios del total de sus miembros presentes. La vigencia de la reforma necesitará referendo constitucional aprobatorio.
II. La reforma parcial de la Constitución podrá iniciarse por iniciativa popular, con la firma de al menos el veinte por ciento del electorado; o por la Asamblea Legislativa Plurinacional, mediante ley de reforma constitucional aprobada por dos tercios del total de los miembros presentes de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Cualquier reforma parcial necesitará referendo constitucional aprobatorio”.

Es decir que, una vez agotados los mecanismos formales, largos y engorrosos, hasta para modificar una palabra, se trate de una reforma parcial o una total, requiere de aprobación –para entrar en vigencia- o rechazo –para dejarla sin efecto- vía referéndum.

El propio promulgador de la CPE masista –que rige para todos- juró ya tres veces en sendos actos de posesión “cumplir y hacer cumplir la Constitución y la leyes”, pero varias otras adoptó la malgarejesca actitud de invocarla o renegar de ella a conveniencia.

Resulta que ahora, el régimen –burlándose, en el camino, de la voluntad popular expresada en el referendo del 21 de febrero de 2016- envía un recurso al TCP para negar su propia criatura y éste lo admite diligentemente, cuando debía haberla expulsado por un tubo.
Todos mis estudiantes, los actuales y los precedentes, unos 350 los últimos cinco años, deben pesar que les tomé el pelo y que les conté una historia de piratas (algo de eso tiene el proceso de aprobación de la CPE, hay que admitirlo) o algo parecido, pues daría la impresión, por los actos del régimen, de que bastaría una carta notariada para cambiar (o cercenar) esta Carta Magna, alegando, además, pueriles argumentos como el de los derechos humanos de un caudillo para permanecer indefinidamente en la primera magistratura.

Disculpen, estimados estudiantes; no tengo la culpa de tanta mala fe oficialista, pero tengo una nueva categoría para la CPE por la manera en la que la trata el régimen: Constitución “cara conocida”.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

El régimen y el té piñata de los huerfanitos



Hace mucho que dejó de asombrarme la astucia del régimen para volver a tomar aire cada vez que el agua le ha cubierto la testa. Pero lo de estos días ha superado, con creces, como se ha dicho alguna vez, la ficción kafkiana, haciendo de su autor un escritor costumbrista.

Que la independencia de poderes es un invento estadounidense. Que la alternabilidad es un arma de la derecha. Que los caprichos del Supremo están por encima de los derechos humanos. Que si Merkel puede, nosotros también… ¡Mucha dosis! ¡Párenla, por favor! ¡No nos avergüencen ante el mundo!

…Y la cereza de la torta –así no responda a un orden estrictamente cronológico-: El impresentable recurso abstracto de inconstitucionalidad para violar –con algo de mantequilla- la Constitución. Sí, desconocer la Constitución de la que el propio régimen se ufanaba de haberla impuesto –a bala, inclusive- sobre los “neoliberales”, sobre los “enemigos de la patria”, sobre los “proimperialistas” y sobre quién sabe qué otros malos bichos empeñados en legarles un país democrático a las futuras generaciones de bolivianos. Es más, proclamó la vigencia  no menor a 500 años de la misma y, para ello, le puso candados más infranqueables que los que protegen la bóveda del Banco Central –donde, dicho sea de paso, “archivó” los emblemas presidenciales republicanos-.

Lo más grosero del asunto, antes de que el desubicado y alienado ministro de Defensa lanzara un exabrupto de colosales dimensiones (ver una de las frases del segundo párrafo), es que el régimen sustenta su disparate en los derechos humanos (que le asisten al señor Morales Ayma). ¿De quién fue la grandiosa idea? ¿A quién debo erigir el monumento a tamaña genialidad?

Pero, ¿qué (@&@¡0$ tienen que ver los derechos humanos con la ambición de un individuo de eternizarse en poder? Una cosa son los derechos humanos –inherentes a la dignidad de la persona- y otro los derechos políticos –fruto de la evolución de la sociedad democrática-. Podemos, incluso, atender el engendro leguleyesco como un recurso desesperado por forzar la vigencia de los derechos políticos de dicho individuo, pero en ningún caso invocar los derechos humanos para buscar tan avieso propósito.

Pongamos, entonces, que se trata de derechos políticos. Sin embargo, sucede que los mismos –además, sobreabundantemente estirados para beneficiar al caudillo- no son “naturales”, sino que emergen de acuerdos que se dan las sociedades democráticas y, así como tienen gran amplitud, también tienen límites acordados en cada Estado, por lo que hay diferencias entre unos y otros. Para el caso boliviano, el contrato social vigente determina el derecho a una reelección sucesiva, es decir que el periodo en curso ya es una violación a dicho contrato.

Algo más sobre la invocación a los derechos humanos: bajo tal argumento, Su Excelencia también podría reclamar el derecho que le asiste a postularse para Canciller en Alemania o para Presidente en Chile. ¿No ve que no contiene?

Es que, convendrá usted conmigo, el régimen es capaz de matar a su madre –lo está haciendo, literalmente, con la Madre Tierra- para ir al té piñata de los huerfanitos, apropiarse del contenido de la piñata y acusar al imperio de utilizar las piñatas para hacer sufrir a los niños.

Señores del Tribunal Constitucional: ustedes ya están de salida; ahora tienen una oportunidad extraordinaria para hacerlo con algo de dignidad, para poder volver a mirar a los ojos a sus hijos, para salir a la calle sin ser repudiados. Sean, por una vez, probos.