miércoles, 21 de junio de 2017

Judiciales: engendro maloliente



A estas alturas, el régimen ya debe tener claro que, dado su acelerado desgaste, ya no le basta un chasquido de dedos para aoperativizar sus decisiones políticas. El fiasco de una nueva convocatoria al engendro llamado “elección judicial” cuyos resultados, pasado un lustro desde que se realizaran por vez primera es el de una hediondez insoportable.

Aparentemente, con la doble porstergación -primero de la admisión de postulates y, luego, de la fecha de tal “elección”- pareciera que las aguas se calmaron; pero algo que en origen estuvo mal concebido difícilmente será enderezado: el trasfondo mismo de este proceso no se movido un milímetro y, con la agudeza de la opinión pública, la ciudadanía continúa refiriéndose al mismo como “elección de MASistrados” en el entendido de que los “elegidos” serán aquellos que el régimen disponga en su “preselección”. Además, ¿que jurista de renombre se expondría a ser manoseado previamente -lo ocurrido con Carlos Bohrt es elocuente- o a que por actuar fuera de la línea oficial termine enjuiciado y con sus derechos conculcados -caso Cusi-?

Confiado en que el común de la gente tiene una memoria de cortísimo plazo e inclusive netamente inmediatista, el régimen planta nabos en las espaldas de la ciudadanía con un desparpajo digno de admiración (o de indignación). Lo cierto es que el día a día de esta pantomima electoral es la crónica de un accidentado camino en el que el masismo se ha pegado otro tiro más en sus entrañas.

Para graficarlo, y a manera de refrescar la siempre frágil memoria, transcribiré, en orden cronológico, algunos titulares de la prensa independiente que no dejan duda sobre lo expuesto en esta oportunidad:

“Gobierno admite que hubo cuoteo en el Órgano Judicial” (El Deber, 4 de abril); “MAS repite fórmula de 2011 en selección de magistrados” (El Deber, 20 de abril); “Excluyen a Colegio de Abogados de comisión de preselección” (Los Tiempos, 25 de abril); “Opositores: reglamento favorece al MAS” (Los Tiempos, 28 de abril); “Nueva elección parte precedida por una reforma ‘fallida’ de la justicia” (Página Siete, 30 de abril); “La elección judicial se realizará sin padrón auditado” (Correo del Sur, 6 de mayo); “Señalan diez razones para desconfiar de las judiciales” (El Día, 7 de mayo); “Rafael Quispe anunció campaña por voto nulo” (El Diario, 8 de mayo); “El MAS minimiza ausencia de candidatos a magistrados” (Los Tiempos, 9 de mayo); “La ‘U’ advierte con abandonar la evaluación a los candidatos” (Página Siete, 10 de mayo); “Gobierno no garantiza libre desempeño de nuevos magistrados” (El Diario, 11 de mayo); “Denuncian actitud prebendal del Gobierno” (Los Tiempos, 12 de mayo); “UD ve injerencia del MAS en la fase de entrevistas” (El Diario, 13 de mayo); “La UMSA analiza si retira su apoyo o no” (El Deber, 14 de mayo); “Oficinas desiertas esperan a aspirantes al Órgano Judicial” (El Diario, 15 de mayo); “Cuatro delegados eran empleados y tienen procesos judiciales” (El Diario, 17 de mayo); “Observan a cinco notables por tener vínculos políticos” (El Día, 18 de mayo); “UMSA en duda para selección de maguistrados” (El Diario, 19 de mayo); “Elecciones judiciales: dos, de tres postulantes, tienen vínculos con el Gobierno” (Eju.tv, 20 de mayo); “Preselección desierta, piden los opositores” (El Deber, 21 de mayo); “Piden a los juristas criticados que se defiendan” (Los Tiempos, 23 de mayo); “Ven estrategia para reelegir a Evo en la elección judicial” (El Día, 26 de mayo); “Exjerarcas nutren la lista judicial” (El Deber, 28 de mayo); “Abogados piden que CEUB se retire del proceso de selección” (El Diario, 3 de junio); “Docentes apoyaron decisión de UMSA (de retirarse)” (El Diario, 5 de junio); “Funcionarios, magistrados y un agresor, entre los inscritos” (Página Siete, 10 de junio); “Judiciales: incurren en irregularidades e ignoran al CEUB” (Página Siete, 13 de junio); “24 organizaciones civiles piden detener elecciones judiciales” (Página Siete, 16 de junio); “Las 4 causas que suspendieron las judiciales” (El Deber, 17 de junio); “Tratar la repostulación, el trasfondo de las judiciales” (El Deber, 18 de junio); “Disidentes del MAS: Vergonzosa preselección” (Página Siete, 19 de junio); “Ven ‘parche’ en la reforma parcial de la elección judicial” (Los Tiempos, 20 de junio).


Huelgan comentarios.

miércoles, 7 de junio de 2017

El (in)discreto encanto de la "borguesía"



No siempre ocurre, pero lo hizo tras la publicación de mi anterior columna, “En la Bolivia de ‘Borgues’”. Recibí una apreciable cantidad de mensajes y llamadas, además de comentarios de personas que me abordaban espontáneamente en las calles, todos ellos expresando elogios hacia la misma, cosa que, por supuesto, agradezco pero, sin embargo, no alcanzo a detectar qué diferenció a dicho texto del resto de los que escribo –“quizás el tono poco solemne del mismo”, me digo-.


Comoquiera que fuese, y aunque no suelo hacer “segundas partes” de mis artículos, decidí darle una vuelta de tuerca adicional al tema sin esperar una tan singular acogida como la que tuvo la primera.


Resulta, entonces, que una derivación lógica de la Bolivia de Borgues sea su correlato en términos materiales, es decir en la relativamente reciente prosperidad personal y de grupo que ostenta la nomenclatura del poder y su reproducción –algo más modesta- entre los amigos del régimen.


Así como de la fusión entre “bolivariano” y “burguesía” en Venezuela se acuñó el concepto “boliburguesía”, que hace referencia al vivir bien de los jerarcas de la revolución del “socialismo del siglo XXI” y de sus amigotes –empresarios, aventureros y toda suerte de mafiosos de cuello blanco-: lujo oriental, Hummers, yates, whisky etiqueta azul, viajes de compras a Miami y todo un catálogo de excentricidades más propias de un magnate del boxeo como Don King que de un dizque revolucionario de izquierda, parece lógico llamar “borguesía (plurinacional)” a la derivada del personaje inventado por uno de los propios miembros de tan selecto grupo, vale decir de “Borgues”, el cronista de hormonas amazónicas.


Si de identificar al sumun de la boliburguesía se trata, me inclino por señalar a las hijas de Hugo Chávez Frías, el finado dictador, quienes no tienen reparo en exhibir groseramente lo frívola opulencia financiada con la fortuna heredada del occiso. ¿Va la hija de Morales Ayma por ese camino?


Por lo pronto, la borguesía plurinacional tiene a Gabriela Zapata como su máxima exponente. Aún caída en desgracia conserva los tics de su raudo ascenso a las cimas del régimen: más falsa que billete de treinta dólares, arribista, ostentosa, inculta, manipuladora, ricachona; masista de éxito, en suma. Menos espectaculares, otras caras, entre conocidas y no tanto, han engrosado sus patrimonios y “refinado” sus gustos, particularmente algunos funcionarios que, como bien los describe María Galindo, han dejado a sus esposas/compañeras –aquellas que los acompañaron en sus tiempos de miseria- por chotas más blancas/retocadas.


Ello nos habla de un hecho innegable: en países como el nuestro, la manera más expedita de forzar la movilidad social es a través de la toma del poder y la disposición de los recursos estatales en favor del grupo –luego devenido en oligarquía-. Primero discretamente, y más tarde obscenamente, los neorricos exhiben sus trofeos: desde el emblemático reloj suizo hasta la petit mansión –comprada a algún burgués de capa caída- en zona exclusiva de la ciudad.


Conozco el caso, por testimonio fehaciente, de un connotado operador del régimen que está, literalmente, enfermo por ser el primero en tener el último modelo de dispositivo inteligente tan pronto como éste sale al mercado –y ninguno es marca “Quipus”; no señor, esa marca no da estatus-.


No hay que negar que la borguesía plurinacional aplica, en sumo grado, eso del “vivir bien”. Predica con el ejemplo, sin duda

miércoles, 24 de mayo de 2017

En la Bolivia de "Borgues"



Si por algo hay que agradecerle al régimen en estos casi once años de iniquidades, es por haber proporcionado al universo una pléyade de personajes en busca de autor que refulgen en el firmamento; cada quien a su turno y con su respectiva ocurrencia, a cual más grosera.

Lo curioso del asunto es que fue precisamente uno de estos sujetos quien acuñó el nombre de la hipotética pluma que novelaría las aventuras, desdichas e imposturas –las suyas y las des colegas-: en un picante intercambio de mensajes telefónicos con la novia de su jefe, lo denominó “Borgues”, una suerte de Borges alter-nativo que se ocuparía tanto de sus fortunas como de sus miserias.

En este instante, Borgues está anotando que en tiempos de la justicia “neoliberal, imperialista y vendepatria”, los dos patriarcas del Estado plurinominal (y los secuaces de uno de ellos) fueron beneficiados por sendos fallos que los habilitaron para continuar con sus carreras políticas hasta asumir el poder sin visos de querer soltarlo mientras no queden en calidad de osamenta.

En efecto, El Tribunal Constitucional neoliberal ordenó la restitución del curul parlamentario al cocalero desaforado, entre otras cosas por faltón, con el goce con carácter retroactivo de su dieta. Asimismo, la “justicia colonizadora” benefició con la libertad al entonces terrorista porque su caso había caído en retardación; sus fechorías quedaron en la impunidad y hoy, desde su alto cargo, se permite dar lecciones de moral y buenas costumbres.

Borgues medita sobre ello porque con todo lo cuestionable que pudiese haber sido el sistema judicial del período democrático republicano, éste fue infinitamente más equilibrado que el que, a título de “revolución judicial”, mediante la aberrante “elección de magistrados”, diseñó el régimen para tener una justicia sumisa a sus designios y sin posibilidad de actuar con un mínimo de autonomía, como se patentizó en los juicios al tribuno Gualberto Cusi y a dos de sus colegas.

Y así, de soslayo, Borgues, que no tiene que hacer mucho esfuerzo para construir sus personajes porque éstos están prácticamente (contra)hechos, sigue en su tarea de observador.

Borgues ha visto cómo, en un acto de total descaro, luego del mega escándalo de corrupción en el FONDIOC, al régimen no se le ocurrió mejor idea que la refundarlo… y lo primero que hace es posesionar como su director a un sujeto –muy escrupuloso él- que oficializaba, papel membretado y todo, los diezmos que obtenía de los contratistas que empleaba cuando manejaba otra institución plurinominal.

Con asco y pesar, don Borgues ha apuntado el caso de un degollador de canes, apologista de la tortura y –nos venimos a enterar- padre desnaturalizado e irreponsable que, ¡válganos!, llegó a ocupar por algunas horas el cargo de Presidente subrogante del país. Hoy se desempeña como ministro.

Para no ser malagradecido con el personaje que le dio entidad, Borgues le dedica unos guiños protagónicos en su obra “Borguivia”. Detecta en él una privilegiada vocación por la mala leche y cuenta que -como si él mismo hubiese provocado el paro de los choferes con el sólo objeto de posponer la lectura de sentencia en contra de la novia del régimen- el mismo día en que, con saludo militar incluido, era posesionado como embajador tropicalísimo, que no amazónico, la dama en cuestión escuchaba la condena a la que será sometida por aceptar regalos de ostentosa cuantía y no saber explicar el origen de los mismos; salvo por un cuento chino que nadie supo tomar en serio, como no pudo hacerlo con una “entrevista” patrocinada por el propio régimen.


En fin, Borgues seguirá obteniendo el generoso material que le otorga la propia realidad, ahora más sorprendente que la ficción.

miércoles, 10 de mayo de 2017

10 familias



Palabras claves: corrupción, nepotismo, patrimonialismo, oligarquía.

Al observar la desfachatez con la que el régimen asume sus fechorías, no puedo menos que preguntarme si su podredumbre la llevaba ya en el origen de su ser político -antes aún de acceder al Gobierno- o es el resultado de su prolongado ejercicio del poder –pérdida progresiva de la vergüenza y de las formas-.

Estoy comenzando a inclinarme por la primera opción, en el entendido de que si no lo llevas en los genes políticos, difícilmente has de caer en tanta abyección. Buen esfuerzo ha debido significar para el régimen aguantarse un tiempo de simulación de ciertas formas para, al cabo de unos años, mostrarse tal como son: una pandilla        de aventureros que, en nombre de los postergados, se sostiene sobre la base de una generosa repartija de canonjías, a modo de prebendas.

Aunque, de forma genérica, la mayoría de los vicios desarrollados en el ejercicio del poder tienen relación con la corrupción, cada una de sus manifestaciones tiene particularidades “operativas” que las diferencian de otras.

Weber introdujo el concepto de “patrimonialismo” para referirse al hecho de disponer de los bienes públicos –por parte de quienes ejercer el poder- cual si se tratase de su propiedad privada; entre otras cosas, la discrecionalidad en la otorgación de puestos burocráticos a sus allegados –no necesariamente familiares- para la captura, con carácter de beneficio privado, de espacios públicos. La “nomenclatura” gobernante se apropia, discrecionalmente, de aquello –erario público incluido- que, en derecho, es de administración transitoria mientras dure el mandato que la sociedad le confiara. Tiempos demasiado prolongados en el usufructo del poder estimulan la inclinación hacia en patrimonialismo al extremo de que quienes lo practican comienzan a actuar como dueños del Estado. Por ello, uno de los  principios esenciales de la democracia es la alternancia.

Paralelamente al patrimonialismo, la oligarquización, tendente a una extendida permanencia –atornillarse- en la “poderósfera”, consistente en el establecimiento de un puñado de grupos –corporativos, familiares, económicos- con el fin, precisamente, de reproducir el poder. Los intereses de dicho(s) grupo(s) pasan a sobreponerse al interés colectivo.

El nepotismo, apenas una manera –no las más perniciosa- de generar patrimonialismo y oligarquización (mediante redes familiares) es, sin embargo, la más evidente, dada la recurrencia de ciertos patronímicos en la administración pública. Que, técnicamente, se trate de la coincidencia de miembros de la misma familia en una institución, no tiene mayor significación cuando, por admisión o por denuncia, el aparato estatal está capturado por un puñado de familias.

La información al uso nos da cuenta de diez familias –yo creo que no están todas las que son, ni son todas las que están-. Malpensando, advierto la omisión de las dos “familias reales”, potenciales dinastías –está por verse- que asumen el Estado para sí mismas.

El sólo hecho de que se detecten clanes operando al interior del régimen da cuenta de su carácter arbitrario, ocupado, antes que del interés colectivo, del particular (extensible al de corporaciones y ciertos agentes económicos afines al régimen) y determinado a conservar sus privilegios “colocando”, de manera estratégica, a sus consanguíneos en espacios de influencia distribuidos en los poderes del Estado.


El proyecto de poder encarnado por el régimen no es otro que el del poder en sí mismo, para su propio beneficio y para condenar  a quienes no comulgan con él. A los hechos me remito.

miércoles, 26 de abril de 2017

¡Anular!



“Once bitten, twice shy” es una frase en inglés a la que no encuentro una equivalente en nuestra lengua –podríamos equipararla con “no tropezar dos veces con la misma piedra”, sin embargo-. El sentido de la misma tiene que ver con el sentimiento  de rechazo que surge cuando uno es impelido a hacer algo por segunda vez no obstante haber sido mala la experiencia la primera que se la hizo. 

Aquella vez ya había advertido sobre la aberración conceptual de elegir vía voto universal a los magistrados judiciales. Algo hiperbólicamente, sostuve que es como convocar a elecciones para elegir a los miembros del Alto Mando militar y que, como resultado de las mismas, un soldado raso, el más votado en tales comicios, fuese investido como Comandante en Jefe.

Presentada por el régimen como “la solución” a la problemática de la justicia en el país, la dichosa elección, en su primera versión, no sólo que no fue tal sino que agravó la crisis a extremos nunca antes sufridos por la ciudadanía, víctima del vergonzoso servilismo de los “masistrados” hacia sus patrocinadores gubernamentales. Apartarse un milímetro de la línea oficial significó para algunos de ellos ser sometidos al escarnio público orquestado por los operadores del régimen.

Cuando Cristina Kirchner quiso aplicar la gracia en Argentina se encontró con que la Corte Suprema de su país le recordó que tal cosa es inconstitucional –a diferencia de lo que sucede en Bolivia, donde el régimen la introdujo en la Constitución-. Y el tener cualidad constitucional, dado el estrepitoso fracaso del burdo experimento, complica la situación para extirparlo de raíz: se necesita abrir la CPE para hacerlo.

Nos encontramos entonces, para seguir con otra expresión en inglés, ante una situación “Catch 22” –jodidos si lo hacemos, jodidos si no lo hacemos-. Abrir la Constitución para eliminar el absurdo sería también darle al régimen la oportunidad de introducir su anhelado artículo de reelección indefinida para habilitar al caudillo a las próximas y subsiguientes elecciones generales. No hacerlo, condena a la ciudadanía a repetir la barbaridad de votar por operadores del régimen “seleccionados” para seguir cometiendo toda suerte de actos de obsecuencia para con éste.

La primera vez, el régimen actuó con la delicadeza de un jugador de rugby; ahora se muestra más sofisticado pero su esquema es el mismo: masistrados al fin y al cabo. Por benevolencia podría alegar que se le dé el beneficio de la duda, pero ya lo tuvo en la primera y nadie es tan ingenuo como para tropezar con esa misma piedra. Once bitten…

Es más, el régimen perdió la votación. Tal resultado implicaba anular ipso facto aquellos comicios, pero el MAS decidió, contra el sentido común, imponer a sus operadores quienes, salvo un par de excepciones, habían obtenido ridículos guarismos electorales. Dicho cuoteo ha sido, recientemente, admitido por García, el Vicepresidente.

En esencia, aunque esté mejor maquillada, la convocatoria actual es MAS de lo mismo porque, insisto, la aberración es la propia elección. El régimen necesita tener a la justicia prosternada a sus designios y, ya ha dado muestras de ello, tiene un esquema ya planificado para que ello suceda.

¿Qué nos queda? ¡Anular! y que, a diferencia de lo ocurrido hace años, exigir, si es que el régimen vuelve a perder –cosa muy probable; incluso con mayor diferencia- que la próximas elecciones judiciales, que le van a costar al erario nacional la desproporcionada suma de 150 millones de bolivianos, sean declaradas sin efecto.

Por todo esto, sumado otros argumentos que varios ciudadanos están esgrimiendo es este sentido, yo votaré Nulo… ¿Y usted?

miércoles, 12 de abril de 2017

...por viejo que por diablo



Seríamos tendenciosos si cargásemos las tintas de los intentos reeleccionistas y rereeleccionistas y rerereeleccionistas sobre las testas de los gobernantes adscritos al denominado “socialismo del siglo XXI” soslayando que al lado opuesto también se cuecen habas al respecto.

En 2010, Álvaro Uribe, presidente de Colombia por entonces y liberal de manual, estuvo tentado de prorrogarse más allá de lo que las leyes de su país lo permitían. Escogió el mecanismo del referéndum para tal propósito. Sin embargo, para llevarlo a efecto, el proyecto debía pasar a consulta en la Corte Constitucional –equivalente al Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia-. De hecho, Uribe estaba culminando su segundo período constitucional y, enmarcado la Carta Magna colombiana, el órgano de control dictaminó que una segunda reelección socava los principios de la misma, agregando que, además, viola principios como la separación de poderes, la igualdad, la alternancia democrática y el sistema de pesos y contrapesos. La contundencia de esta sentencia persuadió a Uribe de hacer mutis por el foro y posibilitar la candidatura de su sucesor, el actual Presidente quien, a propósito, ejerce su segundo mandato consecutivo y sería muy honorable si no se le ocurriera repetir la grosería de su antecesor.

Estos días una situación aún más grosera está aconteciendo en Paraguay, donde un expresidente, actualmente Senador,  destituido del cargo luego de un proceso de “impeachment”, y el Presidente conservador de ese país acordaron introducir la figura de la reelección en la Carta paraguaya, acción por la que hace algunos días se armó la de San Quintín en las inmediaciones del Congreso, en Asunción. Lo que han conseguido ambos políticos es que su ya deteriorada imagen se manche aún más.

Al final, parece ser que la motivación perpetuadora es independiente del signo ideológico de su portador y tiene que ver más con un mesianismo que lo lleva a asumirse como “el ungido” y a quien la gente debe rendir pleitesía, caso agradecerle que haya nacido. Inversamente, tenemos casos como el de Lula –hagamos abstracción de sus hechos de corrupción- quien a tiempo de acabar su segundo mandato estaba en la cúspide su popularidad y sin embargo ni siquiera sugirió la opción de hacerse reelegir, o el de Correa quien, más astutamente, difirió elegantemente sus ansias reeleccionistas, oficiando, en el camino, como el poder detrás de su delfín, Lenin.

Justamente sobre este particular es que el sacerdote afín al llamado “proceso de cambio” y crítico de sus operadores, Xavier Albó, ha exhortado a Evo Morales a sacarse molde de la solución ecuatoriana (“Evo puede aprender de Ecuador”, La Razón, 9 de abril) y no insistir en su rerereelección: “Una primera enseñanza para Evo y Álvaro es que pueden seguir vinculados al poder manteniéndose a un lado”, escribe el jesuita.

Otra descarga de fuego amigo la ha recibido Morales de parte del exembajador Jerjes Justiniano quien advierte que si éste consigue habilitarse para las elecciones de 2019 estaría poniendo en riesgo su propio liderazgo y poniendo en peligro al dichoso “proceso de cambio”: “No puede arriesgarse electoralmente, sencillamente porque un grupo de acólitos quiere seguir medrando del poder”, requinta el cruceño.

Tanto Albó como Justiniano son, en sus respectivos círculos, viejos lobos que han visto de todo en esta vida y sus admoniciones –difícilmente catalogables como “neoliberales” o “imperialistas”- provenientes del interior del régimen, suenan realmente preocupadas, pues más sabe el diablo por viejo que por diablo. Amén.

miércoles, 29 de marzo de 2017

Plurintríngulis




“El Tribunal Constitucional declara constitucional el preaviso”. “El Tribunal Constitucional declara insconstitucional el preaviso”.

Lo obrado por el TCP es un ejemplo perfecto de lo que en epistemología se conoce como “antinomia”; es decir, una contradicción irresoluble. Con ella, el Órgano constitucional nos ha proporcionado un elemento muy pertinente a ser llevado a las aulas para su consideración. Pero no es –strictu senso- de derecho ni de filosofía que quiero versar, aunque mis criterios estén salpicados de consideraciones provenientes de ambos campos.

La situación planteada a partir de la reciente Sentencia Constitucional que afecta al artículo 12 de la Ley General del Trabajo, es una más en la tragicomedia en la que está sumido el país desde hace diez años. Tragedia, en tanto se confirma la insoportable incompetencia de los operadores de justicia –recordemos que fueron “elegidos” a partir de un cuoteo disfrazado de selección que luego intentó ser legitimado mediante voto popular en el que la mayoría ciudadana optó por anularlo; no obstante dicho rechazo, el régimen persistió en acomodarlos sin sonrojarse por los ínfimos porcentajes que dichos “masistrados” obtuvieron. Comenté, en su oportunidad, que varios de ellos sumaron menos votos que los que consigue un colegial que se postula al consejo estudiantil-. Comedia, ya que la figura no deja de ser risible; ojalá fuera una subjetividad mía, pero a mi paso he ido escuchando cómo algunos conciudadanos se mofan del exabrupto.

En mi criterio, y no debo estar muy lejos de la realidad, ocurrió que, al sentirse presionado por la COB con no iniciar acercamientos con el régimen en tanto no se anule la resolución previa que mantenía la vigencia del preaviso, éste hizo lo de costumbre: un fonazo a sus muchachos del TCP para obrar en dicho sentido. Obediente, como corresponde en un Estado desintitucionalizado, el Tribunal borró con el codo lo que acababa de escribir con la mano; pero, en el apuro por complacer a sus jefes se le fue la mano originando un intríngulis de Padre y Señor mío.

Con la anulación del preaviso, se llevaron también lo concerniente a la temporalidad del contrato y según se ha sabido –no soy abogado laboralista, por ello recurro a fuentes secundarias- hicieron lo propio con la figura del desahucio.

Quien sí es laboralista, es el exministro de Trabajo, Gonzalo Trigoso, que ha echado el grito al cielo ante el desliz del TCP, lo mismo que el Ministro de Justicia, Héctor Arce.

Total, que un aire de inseguridad jurídica se cierne, amenazador, sobre las relaciones obrero-empresariales. Curiosamente, los representantes laborales, causantes, con sus presiones, del atolondramiento de los “masistrados”, podrían estar dejando en la estacada a sus bases. Por su parte, los empresarios, algo confundidos, se encuentran emparedados entre dos partes en conflicto. El Gobierno, como ya se ha dicho, se muestra como víctima de su propio proceder al haber sido también, a su manera, corresponsable del zafarrancho.

Seguramente, haciendo uso de su mayoría parlamentaria, el régimen planteará alguna salida a este desaguisado –verbigratia, una “ley interpretativa” o, más radicalmente, una nueva LGT-. Pero, entretanto, el entuerto seguirá trayendo cola y ahondando este proceso de envilecimiento de la justicia, una justicia que, de tan sometida a los designios del poder, puede llegar a cometer excesos contraproducentes para el propio poder, como en el caso que abordamos.

En cualquier caso, dado que fue el propio régimen el que se fabricó este lío, la oposición debe estar regocijándose al contemplar cómo los “hermanos” se despedazan entre ellos.