miércoles, 24 de diciembre de 2025

2025: El año de la liberación

 


Vuelvo a cerrar la gestión de “Agua de Mote” de la manera en la que vengo haciéndolo desde hace quince años (2010): caracterizando, a mi modo de ver, el que concluye (2025). Finalmente parece, ojalá así sea, que el oprobioso régimen que llevó al desastre a Bolivia quedó definitivamente atrás. Veamos cómo llegamos a ello:

2010: “El año del rodillazo”. Aquel que propinó Evo Morales Ayma a un rival circunstancial en un partido amistoso. Abuso de poder, irrespeto a las normas.

2011: “El año del MASking”. En referencia a la cinta con la que las fuerzas al mando del señor Sacha Llorenti sellaron las bocas de los indígenas de tierras bajas en su marcha por el TIPNIS.

2012: “El año de la caca”. Tomado de una frase de Morales Ayma para graficar, según él, las relaciones del Estado boliviano con el de Estados Unidos.

2013: “El año de la extorsión”. Cuando una parte del personal de Gobierno estableció un consorcio de carácter extorsivo, ofreciendo intercesión judicial a los presos en general, no sólo a los políticos.

2014: “El año del Estado plurinominal”. Las ya ilegales elecciones de entonces, lo fueron más aún con la mala denominación impresa en la papeleta electoral. Sin embargo, como de costumbre, no pasó nada.

2015: “El año de Petardo”. La mascota adoptada por marchistas potosinos fue todo un símbolo de la democracia por entonces.

2016: “El año NO-Evo”. La ciudadanía se expresó mayoritariamente en contra de la reelección indefinida del tirano.

2017: “El año del Nulo”. Nueva, y contundente, derrota del régimen. Esta vez en las elecciones judiciales.

2018: “El año de la doble pérdida”. Bolivia perdió definitivamente el mar con el fallo de la Corte Internacional de Justicia y perdió la democracia con la sentencia del Tribunal Constitucional allanando la elección indefinida del tirano, a título de un supuesto “derecho humano” a la misma. El primer caso tuvo, este año, su correlato con el fallo contrario a Bolivia en el caso Silala.

2019: “El año de la gesta democrática de Bolivia”. La ciudadanía, que había soportado estoicamente años de arbitrariedades del autócrata ya no permaneció impávida ante el evidente fraude electoral y el tirano tuvo que tomar las de Villadiego. Lo que vino luego, como gestión de gobierno, es otra historia.

2020: “El año de la Calamidad”. Llegó la pandemia, con sus terribles consecuencias en términos de pérdidas de nuestros seres queridos.

2021: “El año del aguante”. Se pidió a la ciudadanía aguantar el embate de la pandemia mientras se gestionaban las vacunas.

2022: “El año de la emancipación de Arce”. Hasta abril del año pasado, el Presidente era una especie de Cámpora o Medvedev, es decir, un muñeco obediente a los designios del Jefazo, al extremo de ganarse el sobrenombre de “Tilín”. Pero la marioneta adquirió vida propia, de forma más parecida a la de Lenin Moreno, aunque éste lo hizo apenas fue posesionado, propiciando un juicio contra Rafael Correa que anuló toda posibilidad de éste a participar en las elecciones anteriores.

2023: “El año de la bifurcación”. “¿Hará algo similar con Morales Ayma?”, preguntaba al cierre de la caracterización previa. “Se veía venir”, podría apuntar un transeúnte cualquiera. Y aunque todavía hay quienes insisten en que se trata de una tramoya destinada a distraer a la opinión pública para, llegado el momento, simular el “sana-sana” y montarse en las elecciones a caballo ganador –si así fuese, la levaron demasiado lejos–, más bien parece que se trata de una ruptura en serio, “una bifurcación” como la llamaría el profeta Linera. Esto podría arrojar el aplastamiento total de una de las facciones o la anulación mutua de ambas, lo que abriría una ventana de oportunidad al crecimiento de una opción proveniente del campo democrático.

2024: “El año del agotamiento”. Coincidentemente con el agotamiento de las reservas -las de gas y las RIN- se agotó el modelo masista de gestión político-económica. Comenzó, en realidad, en 2016 y se fue agudizando hasta llegar a su estado actual. Podría decirse que sin gas que abone una chorrera de dólares al Estado no hay tal “modelo”: pero, para peor, los ingentes ingresos que ello supuso fueron dilapidados de la forma más ruin posible. Con prácticamente 20 años en el usufructo del poder, el régimen masista deja a Bolivia, en puertas de su bicentenario como república independiente, en una situación extremadamente delicada, pero, al mismo tiempo, ante la oportunidad de cambiar de rumbo y dejar atrás el ignominioso periodo masista.

2025: “El año de la liberación”. El antiguo régimen no solo fue derrotado, prácticamente fue borrado del mapa. Los tres primeros lugares resultantes de las elecciones generales fueron ocupados por expresiones políticas de oposición (hasta ese momento), dos de las cuales dirimieron el “el título” en segunda vuelta dándole la victoria a don Rodrigo Paz Pereira, quien, una vez en funciones, asistido por un equipo “top”, está reencaminado al país en materias económica y social. La democracia está de vuelta.

Cordiales abrazos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Tiempos. responsabilidad, decisiones


 


Ha transcurrido un mes de la gestión gubernamental liderada por Rodrigo Paz Pereira. Le quedan dos, en términos convencionales de “beneficio de la duda” que se suelen considerar en estos trances.

Por tanto, precipitarse a reclamar por “incumplimientos” o, directamente, descalificar al nuevo gobierno, no es apropiado, por decir lo menos.

Pero un mes, en las circunstancias en las que el Presidente asumió el cargo -respaldado por un equipo competente- parece una eternidad. La relatividad es ley.

Hay tanto por recomponer y tan grande es el desastre, particularmente económico-financiero, que dejó el régimen masista que para hacerse cargo de tal situación hay que tener un sentido muy profundo de compromiso con el país. Se agradece y, en cierto sentido, resulta hasta desconcertante que haya gente dispuesta a cargar semejante fardo.

Al mismo tiempo, sin embargo, se abre una amplia ventana de oportunidades de la que, si las acciones gubernamentales logran reencaminar el rumbo del país, disfrutará la siguiente gestión y la población en general.

Esto no quiere decir, como algunos sostienen, que el actual sea un “gobierno de transición”, puesto que su misión trasciende el mero hecho de pasar la posta al próximo con una pista libre de piedras. No se puede realizar dicha proeza si no se logra cambiar profundamente la estructura institucional -corrupta, prebendalista, patrimonialista- que dejó el antiguo régimen, Y las primeras señales que dan Presidente y sus colaboradores van en esa dirección. Eso no es solo “transición”; es reforma -¿Calificaría usted como “gobierno de transición” al de Paz Estenssoro entre 1985 y 1989?-

Más allá de lo conceptual, es perceptible un nuevo aire en la sociedad: un optimismo moderado, consiente de las limitaciones que la realidad impone, se deja sentir en el ambiente.

Probablemente por ello, la reciente encuesta del Grupo Mori, difundida por Unitel, otorga a don Rodrigo Paz Pereira un altísimo grado de aprobación. El dato, por otro lado, implica una responsabilidad para no defraudar a la ciudadanía que le da este impresionante voto de confianza.

El tiempo comienza a hacer su trabajo y la impaciencia puede ser aprovechada por los retrógrados para calentar el caldo de cultivo de la violencia. La responsabilidad no siempre se adecúa a las urgencias y eso puede afectar a las decisiones (o a la administración de éstas).

En la planificación con enfoque hacia resultados de las empresas privadas se aplican instrumentos que evalúan el alcance de las acciones en relación al cumplimiento de las metas.

OKR (Objetivos y Resultados Clave) y KPI (Indicadores Clave de Desempeño) van señalando el camino de la consecución de logros y de los ajustes que, en su caso, se requiriesen.

Esto lo conocen, sin duda, quienes tienen en la actualidad (los que se fueron no tenían idea de nada, salvo de saquear al Estado) de conducir las diversas áreas del Gobierno, pero la administración de la cosa pública tiene ciertas distancias con la privada. No obstante, mientras más se acerque a ésta lo hará con mayor eficacia y eficiencia.

Lo lamentable es que, aparentemente, desde otra instancia del Estado, alentado por corrientes regresivas, inclusive con nombre y apellido de su operador, se está gestando un boicot para paralizar la gestión gubernamental.

Para superar esta contingencia quizás sea pertinente que se vaya pensando en acercamientos, sino alianzas, con elementos más afines que, superando algunos resentimientos, le den certidumbre a la población. Menudo desafío.

sábado, 29 de noviembre de 2025

El opasitor

 

Personaje de escasas luces intelectuales pero dotado de un extraordinario talento para la manipulación emocional, el señor Edmand Lara, a la sazón Vicepresidente de Bolivia, ha hecho de las suyas a menos de un mes de haber asumido el cargo. Ya lo vino haciendo durante la época electoral, con la diferencia de que ahora sus acciones “hacen estado”, es decir que tienen carácter de autoridad.

Lo hace munido del teléfono móvil, a través de la aplicación Tik Tok, desde la cual lanza diatribas, insensateces, chismes, confidencias personales, quejas, chantajes, y todo tipo de ridiculeces 24/7 en un ejercicio enfermizo por llamar la atención, victimizarse y autoelogiarse; cosa que sin el dichoso dispositivo no pasarían de ser cotilleos de lavandería. Ciertamente, un público carente de pensamiento crítico, incondicional del “influencer”, se encarga de expandir tales bellacadas y, al hacerse noticia, los medios las reproducen con algo de reserva profesional.

En tal sentido, el sujeto se parece a los adolescentes y jóvenes −en ellos es frecuente y hasta comprensible− que padecen de dependencia de las redes, particularmente de Tik Tok y son propensos a una especie de síndrome de abstinencia en caso de que se les privara durante diez minutos del aparato o que de pronto, se quedaran sin “megas”, pudiendo derivar, inclusive, en transtorno del sueño o enfermedades neurológicas más graves, debido a la compulsión por estar enganchados a la red.

El problema es que el individuo al que nos referimos no es adolescente ni joven, en el sentido biológico de la palabra −y desde hace tres semanas ejerce nada menos que el segundo cargo del Estado, primero en la línea de sucesión a la Presidencia−. Es que, sencillamente no califica, psicológica y mentalmente, para asumir tan delicados cargos y lastimosamente no hay en nuestra normativa constitucional un mecanismo “express” para destituirlo por incapacidad manifiesta para ostentarlos.

Desde el minuto uno de la posesión, el blanco elegido de sus dardos tiktoqueriles ha sido el Presidente, a quien lo tiene entre ceja y ceja −¿envidia, desesperación, “venganza”?−. Afortunadamente, dichas calenturas no han hecho más que afirmar la autoridad del Primer Mandatario. Es decir que la figura más reconocible de la oposición es el propio desertor del verde olivo.

También desde entonces, por la propia exposición (presencia) que incumbe al puesto, el susodicho combina lo virtual con la acción efectiva, aunque siempre mediada por la dichosa aplicación, para “performatizar” su proyección política, llena de caprichos como el de vestir el uniforme policial −manifiesto acto de corrupción por falsedad material e ideológica, además de traer a la memoria horrorosos recuerdos de tiempos de golpes y contragolpes; o, al menos, un acto de muy mal gusto−.

De ahí a la mentira más abyecta hubo poco trecho. Afirmar que el video que puso en su cuenta para contar su desdicha marital, cuernos de por medio, era producto de un “hackeo”, cuando todas las pericias coinciden en que el mismo era auténtico, es decir que fue el propio Vice quien lo produjo y publicó, lo pinta de cuerpo entero: estamos ante un chantajista, manipulador y mentiroso compulsivo que juega a ser la víctima en sus delirios tiktoqueros.

Y, para rematar (re−matar), convoca, entre líneas, a las FFAA a una aventura golpista. Si bien tiene su propia entidad, no tengo duda de que, por detrás, hay hilos que los mueven: basta con ver quiénes baten palmas a cada provocación suya. Y el opasitor no lo niega.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Buenos auspicios


La primera jornada del mandato gubernamental de don Rodrigo Paz Pereira tuvo dos elementos externos que marcaron aquel día: la copiosa lluvia que enmarcó la posesión, durante la mañana, y el “saludo” luminoso con que el GAMLP honró al nuevo Presidente durante la noche.

Lejos de deslucir el evento, tal como el propio gobernante lo refirió en su discurso -no estaba previsto que lo hiciera horas antes, lo que dice bien de su capacidad de improvisación, en el buen sentido del término- la precipitación fue interpretada como una “limpia” del estropicio que dejó el antiguo régimen.

Quedó simpático el gesto edil de resaltar el apellido paterno de Primer Mandatario omitiendo el artículo del nombre de nuestra ciudad; duró unas horas y fue suficiente como anuncio de una nueva y promisoria era, pero, como creo que sucederá, no debe repetirse. La tentación del culto a la personalidad es una debilidad de ciertos líderes y, sobre todo, de las huestes que los aúpan. Entiendo que Paz Pereira no está en tal tesitura y eso es otra buena señal, además de marcar una enorme diferencia con un pedófilo que fue comparado con Dios por sus seguidores y que el susodicho asumió como cierto.

La concepción del imaginario de los auspicios procede de la antigua Roma. Se refería a la interpretación de signos “divinos”, principalmente el comportamiento de las aves, para la toma de decisiones importantes como ir a la guerra, convocar a asamblea o fundar ciudades.

Los augures eran los encargados de interpretar dichas señales. Para el caso, la ciudadanía actuó como tales.

Ahora bien, como se dijo que el comportamiento de las aves y los auspicios podían ser tanto buenos como malos. Para lo segundo, se hablaba de “aves de mal agüero”. Creo que también, sobre todo los días posteriores a la asunción del mando, están apareciendo y, curiosamente, no desde afuera. Pero no es este el momento de hablar de ello.

Los buenos, también se fueron sucediendo durante la etapa previa a la toma de posesión: una apertura “express” a los más importantes organismos institucionales, una tendencia a la baja de la cotización del dólar, una sensación de esperanza de mejores días, la reposición de símbolos patrios…

E, inmediatamente después, el arribo de cisternas para paliar el suministro de carburantes. Como si, por arte de magia, se hubieran acabado las marejadas (fenómeno marítimo al que muchas veces el antiguo régimen atribuyó a la escasez de carburantes). Y, horas más tarde, la posesión de un gabinete a la altura de las álgidas circunstancias. Un tsunami de aire fresco.

Como en cualquier otra situación, la gestión del flamante gobierno experimentará tropiezos (chamboneadas propias) y zancadillas (tanto internas como externas). En principio cuenta con una disponibilidad social favorable que va a “blindar” las amenazas que se le vayan presentando, pero si las acciones del Gobierno no se materializan en una mejora sostenible de las actuales condiciones, tal blindaje podría ir perdiendo espesor.

Hay motivo para el optimismo moderado; soplan bueno vientos. Refrendarlos es la delicada misión de Paz Pereira y su equipo gubernamental. Amén.

viernes, 31 de octubre de 2025

La economía es lo urgente; la institucionalidad, lo importante; lo simbólico, el ser


 


Si el presidente electo, don Rodrigo Paz Pereira, se hubiese expresado con la claridad que lo viene haciendo los días previos a su posesión, no hubiese dudado en emitir mi voto a su favor, pero su discurso previo lindaba con la ambigüedad, contaminado, además, por el ruido de las delirantes ofertas de su acompañante de fórmula, un sujeto de avería. Lo que no quiere decir que voté por su rival en la segunda vuelta -lo hice por un tercero en la primera y con ello tuve suficiente-.

Imagino a Paz como buen ajedrecista, así fuese en sentido figurado, porque lo que hizo fue muy similar al “sacrificio” de un par de peones (unas decenas de miles de votos, entre ellos el mío) para hacer un jaque mate gracias a los cientos de miles que solían votar por el malhechor Morales Ayma. Así se entiende la extrema cautela-ambigüedad con la que se manejaba durante su campaña. La idea era, queda claro, no malquistarse con esa masa de votantes. Negocio redondo.

Desde que se conoció el veredicto popular y la inevitabilidad de su ascenso al poder, nuestro próximo Presidente, liberado del cálculo electoral, comenzó a trazar los lineamientos de su gestión de la economía -la foto en la que se lo ve flanqueado por dos portentosas torres, para seguir con la analogía ajedrezada, es extremadamente decidora-. Eso es lo urgente; va a doler, en principio, pero debe llevarnos a un nuevo ciclo de crecimiento, de la mano de la iniciativa privada.

Mientras ello ocurre, y para apoyar tal propósito, la reconstrucción institucional es de vital importancia. Recuperar la confianza en las instituciones es esencial para, por ejemplo, reducir la corrupción a su mínima expresión. Autoridades titulares (ya no interinatos) en entidades clave es una asignatura pendiente. Reparación de las injusticias cometidas por el viejo régimen, reformas constitucionales, independencia de poderes, educación (no inducción) de calidad, apertura al mundo… en este último asunto, Paz ya a ha dado muestras de su visión.

Pero lo simbólico no es algo menor. El antiguo régimen, derroche de recursos mediante, ganó la consciencia colectiva con un despliegue descomunal de simbología destructiva de la nación boliviana. Desmontar ese nocivo aparato imaginario es un deber. Hay que retomar el ser.

En tal sentido, pequeñas acciones de inicio pueden ir trazando el camino posterior. Por ejemplo, eliminar el feriado del 22 de enero, etiquetado como “Día del Estado Plurinacional”, que, en realidad refiere a la fecha de la primera posesión (2006) del prontuariado de Orinoca. Si alguno reclamara por el “derecho” al descanso -creo que, por la situación, se necesitan más días hábiles- podría trasladárselo al mucho más digno 21 de febrero (21F).

Seguidamente, se podría colocar el reloj del Palacio Legislativo en su posición original -hablo de la disposición de las horas y del movimiento de sus manecillas-. Que vuelva a mostrar el futuro en el transcurso del tiempo, en ligar de, como ocurre ahora, señalar al pasado, ir hacia atrás, falsificar la historia.

La acción más pertinente en tal predicamento debería ser la ejecución del mandamiento de aprehensión librada contra el cocalero prófugo, que luego la justicia haga su trabajo y que el individuo purgue la pena que ésta determine.

 El resto vendrá por añadidura.

jueves, 2 de octubre de 2025

¡Suéltame, pasado!




 Cada vez que nos internamos en las redes –en internet, en general– dejamos un rastro denominado “huella digital”. Solo por observar (acceso pasivo) ya podemos ser “rastreados” y tales visitas pueden ser expresadas en “metadatos”: día, hora, tiempo de permanencia, sitios frecuentados, código del equipo utilizado, etcétera.

Si tal cosa ocurre en tal modo de uso, es obvio que al participar activamente –reacciones, comentarios, respuestas, compartidos, adjuntos, “estados”, actividades varias, etcétera– esa huella se hace más clara y quien se lo proponga puede, con relativa facilidad, elaborar un registro diacrónico de nuestros pasos, los malos, inclusive, por el ciberespacio.

Si nuestras intervenciones fueron borradas, si las páginas desaparecieron, si sufrieron censura, la búsqueda se complejiza, pero quien maneje herramientas para hacer de detective digital conseguirá llegar, si se lo propusiera, hasta el punto de origen de nuestras publicaciones.

En realidad, nunca desaparecen. Por ello, es buena idea que, antes de dejar esa huella imborrable estemos completamente seguros de que no nos iremos a arrepentir de haberlo hecho. ¡Claro!, es difícil pensar que dentro de 15 o 20 años tales huellas nos vayas a jugar en contra.

Todo esto viene a cuento –usted ya lo habrá inferido– por el caso que ha puesto en aprietos a la candidatura de Jorge Quiroga Ramírez: el hallazgo de mensajes de carácter racista con consignas explícitas respecto a lo que tendría que hacerse, de acuerdo a quien las puso, con personas naturales de una región del país.

Ciertamente, quien lo reveló tuvo toda la intención –intencionalidad– de encontrar el pelo en la sopa del acompañante de Quiroga. ¡Y lo encontró! Es obvio que se tomó el tiempo y los recursos necesarios para llegar a su objetivo: desportillar la imagen de la dupla; lo que no impide sorprenderse, como lo han hecho muchos, ante el contenido del par de frases vertidas desde la cuenta de “X” por el titular de la misma, cuando esta red se llamaba “Twitter”, hace unos 10 años.

Por aquella época, el señor –el joven– Juan Pablo Velasco ni en sus sueños más húmedos se habría imaginado que llegaría a ser candidato a la Vicepresidencia. Y, como se sabe, en tal instancia, la vida –tanto pública como privada– es sometida a escrutinio.

Las dos verificadoras que se ocupan de detectar la veracidad, la falsedad e incluso la “engañidad” de la información que circula sobre todo en las redes han emitido, independientemente, el criterio de autenticidad del caso. Que la cuenta registrada, además, ante el TSE, haya sido borrada no hace más que reforzar la idea de que ciertamente su titular fue puesto en evidencia.

Créame que para escribir esta columna he esperado hasta el límite en que puedo remitirla al medio que la acoge un pronunciamiento oficial, un documento membretado, una conferencia de prensa expresamente convocada para este asunto. Nada de ello, hasta el momento –y ya ha pasado una semana– ha ocurrido.

Lo que sí ha sucedido han sido declaraciones aisladas que solo pretenden zafar del tema y una fuerte campaña de desprestigio a las verificadoras y de explicaciones de un procedimiento que, así lo aseguran, echa por tierra lo que se conoce formalmente. Si así fuera, ¿por qué la Alianza Libre no emite, al menos, un comunicado oficial?

Por lo pronto, tengo la impresión de que el aludido está, como lo dirían Les Luthiers, en modo “¡Suéltame, pasado!”.

Culebrones azules




 Entre el tabú y el morbo, la Historia de Bolivia –imagino que también la de otras naciones– está plagada de historias sobre las relaciones íntimas de los presidentes con sus amantes. Y no es que el resto de los mortales no las puedan tener; lo que sucede es que estas “aventuras” no están sometidas al escrutinio público, quedan en el dominio de lo privado.

De las primeras, algunas se ventilan con relativa discreción y otras derivan en descomunales escándalos por sus particulares características, y no siempre se trata de relaciones extramatrimoniales –presidentes solteros o divorciados han llegado al poder–.

Juan José Toro ha publicado sendos artículos al respecto y autores como El Chueco Céspedes (Las dos queridas del tirano) o Raúl Salmón (Juana Sánchez) han versado sobre el tema. Ambos, ¿casualmente?, sobre, probablemente, la relación de este tipo más icónica en estos 200 años. Pasado el tiempo, y con los protagonistas ya en otra dimensión, estos casos se tornan “sabrosos”, inclusive. Lo que no ocurre con los más frescos, que lindan con la sordidez y la ilegalidad, para no hablar de inmoralidad –y no me refiero a situaciones de infidelidad ni cosa por el estilo–.

Todavía llegan ecos de las “canas al aire” del cuatro veces presidente y del general que transitó de la dictadura a la democracia. A propósito de generales, sobre el General del pueblo hay referencias de su amplia descendencia no reconocida.

Con todo, aquellos hechos del pasado parecen “normales” al lado de los que llevan el sello masista en su comisión. En mi criterio, cuatro aspectos son lo que los diferencian: el rol de la(s) mujer(es) en estas relaciones, la ausencia del componente afectivo, el trato político–económico y, como ya lo dije, la ilegalidad, el delito.

Hace unos años (2016) escribí un artículo titulado “Evo, el culebrón” en alusión al escándalo Morales–Zapata. Escándalo, no por la relación misma –Morales Ayma era y es soltero–, sino porque la dama se benefició de una serie de canonjías en virtud a su “proximidad” al Primer Mandatario y padre del hijo que fue concebido cuando ella era menor de edad. Dos ministros aseguraban por entonces que “habían tocado la pancita” de la susodicha y luego adoptaron la posición oficialista: “Es un invento del ‘Cártel de la mentira’”.

Pasado el tiempo, un fiscal determinó que el niño no existió y se cerró el caso. Pero el estuprador volvió a incurrir en delitos similares, aunque las menores guardaran cierto perfil bajo, a excepción de la que ahora goza de asilo en Argentina, de quien parece, más bien, fue la madre quien obtuvo favores políticos.

Y ahora se ventila en tribunales de justicia un caso que involucra al Presidente saliente, también masista. Acá no se habla de pedofilia, la dama en cuestión tuvo un meteórico ascenso en puestos públicos merced a su noviazgo con el hijo de aquel. Pero el hijo, la verdadera víctima en estas situaciones, no había sido “para el junior”, como diría la caserita; sino para quien, en una situación regular, tendría que haber sido el abuelo de la criatura. Aun así, todo podría pasar por un entuerto, producto de una calentura mediada por una promoción burocrática, gentileza de un hombre casado; lo reprochable, si se llega a confirmar –cosa muy probable– es que el Presi haya cometido, como reza la demanda en contra suya, el delito de “abandono de mujer embarazada”, traducido en que no cumple con la pensión para la manutención del pequeñín.

Y así, la pasmada sociedad espera un nuevo episodio de este nuevo culebrón azul.

miércoles, 3 de septiembre de 2025

El vice del César

 



Luego del inicial entusiasmo, “sorpresa” incluida, derivado de los guarismos electorales, sobre todo respecto a la transparencia con la que fue llevado el proceso -resultados previos y oficiales en tiempo récord, entre otras virtudes; ¡Bien merecido el reconocimiento que el GAMLP otorgó al Dr. Hassenteufel!- ingresamos a una etapa de análisis más fino con miras al verificativo de la segunda vuelta, una experiencia inédita en nuestra historia, en la que algunos aspectos, no imputables a la institución rectora, sino al sistema político, llaman la atención.

Se pensaría que la (aparente) desaparición del instrumento que prácticamente había monopolizado el poder durante los últimos veinte años -en mi anterior columna me adelanté a celebrarlo- daría lugar a un régimen postpopulista; sin embargo, viendo la membresía partidaria de algunos miembros del próximo parlamento, queda la sensación de que el partido que los auspició permitió que se camuflaran en sus listas; quedó al descubierto, también, que los votos que alimentaron a la fórmula ganadora provienen de sectores corporativos que recurrentemente apoyaron -y se conjuncionaron- al MAS, en las figuras de Morales Ayma y Arce Catacora.

De ninguna manera estoy insinuado que ello está mal por definición. A algún lado debían dirigirse esos votos -si no iban al “nulo”-. Eso es lo que no terminaba de “casar” en las encuestas que, por otra parte, tampoco estuvieron muy alejadas de la realidad. La duda que tengo es si tal cosa ocurrió por consigna, es decir por una transferencia acordada y negociada, o por decantación natural hacia la opción más cercana al populismo, vía el candidato a la Vicepresidencia-. En cualquier caso, podría tratarse de un voto “prestado” que en otro momento podría retornar a manos del franquiciante.

Y, justamente, la deliberación relativa a la decisión a tomar en octubre se ha centrado no en la figura de los candidatos a Presidente, sino en sus compañeros de dupla, los candidatos a Vice, o a uno en particular, aunque la comparación con su par sea inevitable.

¿Cuánto peso tendrá tal consideración para inclinar la balanza en favor de uno u otro presidenciable? En principio, por la importante distancia numérica, al PDC le bastaría con volcar los “nulos” de la primera vuelta a su favor, dado que responden al mismo componente político ya citado, con el matiz de que se trata del extremo evismo. “Libre” lo intenta, pero, definitivamente, su votación de sustento proviene de un público contrario a esa corriente, público más afín seguramente, al que respaldó a Unidad y a Súmate en la primera vuelta. Suponiendo que consiguiera su adhesión, tampoco le alcanzaría para ganar.

Es ahí donde entra el factor de los “vices”. Por lo que se ha visto hasta el momento, el acompañante de Paz Pereira es un sujeto de cuidado cuyas desbocadas intervenciones podrían espantar a una parte -urbana, clase media- de su propio electorado; pero, otra vez, eso que espanta a unos resulta atractivo para otros -refuerza su gen populista autoritario-.

Por su parte, el segundo de Quiroga Ramírez ha dado pasos acelerados hacia la comprensión del rol del cargo vicepresidencial y ha superado su etapa “frívola”, lo que, eventualmente le daría una ventaja cualitativa sobre el rival. ¿Podrá convertirla en cuantitativa?

Haciendo analogía con la célebre máxima que alude a la honradez de la mujer del César, diríamos que “El vice del César no solo debe ser virtuoso; sino parecerlo”.

Y al expolicía no lo siento muy virtuoso y menos me lo parece.

miércoles, 20 de agosto de 2025

Del "cambio" al recambio

 


Como boliviano y demócrata me congratulo y congratulo a la ciudadanía y a parte de las autoridades electorales por el hito alcanzando el domingo 17. La luz venció a las sombras, tanto en la propia realización del hecho electoral como, en conjunto, por los resultados que emergieron de las urnas.

Justamente por ello, me encuentro en el dilema de escoger uno de dos grandes temas que me llaman para convertirlos en columna. Lo que he decidido es abordar el inmediato (el que se revela a partir de los resultados) y posponer el mediato (algunas observaciones a ciertos procedimientos y actitudes que se dieron durante el proceso).

Como tocada por el Hado propicio, Bolivia recupera la senda democrática que había sido prácticamente borrada por el régimen que, aupado, paradójicamente, gracias a la generosidad de la propia democracia, hace 20 años, se ocupó de socavarla sin miramientos. Ya no cabe -lo hemos venido haciendo sostenidamente- abundar en detalles sobre dicho atentado perpetrado bajo el alar del “cambio”, muletilla de la que sus ideólogos se colgaron.

Solo a efectos de contraponer lo que viene de lo que fue, podríamos decir que se aproxima el recambio -o, mejor, el re-cambio- y esta sola enunciación me (nos) ilusiona.

La conformación del nuevo Poder Legislativo ya prefigura un relativamente sólido muro de contención a cualquier intento de retorno del “ancien régime” (¡Qué ganas de decir esto que tenía!). Esto no quiere decir, en modo alguno, que se diluyan las diferencias político-programáticas de las expresiones partidarias que lo compondrán. No obstante, en decisiones de gran importancia para la el país deberán llagar a consensos, pactos, que las viabilicen.

Hay medidas, acuerdos, que no deberían generar mayor discrepancia al interior de Parlamento (me gusta llamarlo así); algunos en el cortísimo plazo, otros, en el mediano. Esta agenda de crisis debería considerar compromisos como los siguientes:

Carreteras expeditas 365 día al año. Está comprobado que no hay mayor daño autoinfligido al movimiento económico interno que el causan los bloqueos a nuestras carreteras -además de ser uno de los factores que ha determinado la cuasi exclusión de Bolivia del corredor bioceánico-. El Parlamento debería emitir una ley-express al respecto facultando al Ejecutivo la prevención y, en su caso, la intervención pronta ante cualquier apresto de bloqueo carretero.

Aunque corresponde al titular del Ejecutivo, gane quien gane, éste deberá manifestar, en lo posible de manera notariada, su voluntad de no postular a la reelección. De esa manera, las acciones o proyectos de ley que la Presidencia remita al Congreso no generarán resistencia ante sospechas de “medidas reeleccionistas”. Por su parte, para ratificar dicha voluntad, deberá comenzar el trabajo para la convocatoria a Constituyente con ese y otros importantes motivos. Mi pregunta-provocación es ¿Puede la Constituyente, a tiempo de cumplir su misión, proponer su propia disolución para que, a futuro, las reformas constitucionales, sobre todo la reforma total, sean menos pesadas?

De inmediato, iniciar acciones para la elección de los nuevos miembros del Tribunal Electoral, de tal manera que vuelva a ser la referencia de confianza y transparencia que alguna vez tuvo la Corte Nacional Electoral. Esto es, que esté conformado, en su totalidad, por ciudadanos probos, evitando, por ejemplo, las “tahuichis”.

En la misma dirección institucionalizadora, debería, a la brevedad posible, encarar el proceso de elección-selección-designación congresal de las máximas autoridades en instituciones y empresas públicas -prácticamente, estos 20 años han sido interinas y políticamente nombradas-: Contraloría, YPFB, INE, ASFI…

Bienvenidos de nuevo, República, Democracia y Estado de Derecho.

miércoles, 6 de agosto de 2025

Mi Bolivia, mi Bolivia, mi Bolivia...




 Es 6 de agosto y comienzo a escribir. Resuena en mi cabeza, más de tres décadas después, el pregón de Toto Arévalo luego de la clasificación de la “Verde” al Mundial de 1994. Tal hazaña no solo fue un hito deportivo; fue el resultado de un proceso de cohesión social alrededor del ascenso de la selección. Tal fenómeno, para seguir abordándolo desde lo futbolístico, tuvo un contexto singular: una cantera de formación -la Academia Tahuichi-, una dirigencia con claridad estratégica, una generación madura en el momento exacto, unos individuos talentosos, provenientes, en buena medida del oriente boliviano, junto a quienes venían de otras regiones y con el aporte del los nacionalizados, todos bajo la dirección técnica de un vasco. La fortuna jugó su rol: un paro de jugadores permitió disponibilidad para concentraciones más efectivas.

Pienso, sin embargo, que sin las condiciones sociales y políticas de ese periodo, aún consiguiendo la clasificación, el éxito futbolero solo hubiese sido una suerte de escapismo a la situación general del país -como, seguramente lo sería, si la selección actual lograra el pase al próximo Mundial, cosa que, por supuesto, la deseo, como todos nosotros-.

¿Y cuáles, además de las específicamente futbolísticas, fueron esas condiciones? A mi juicio, el escenario sociopolítico que sobrevino a la suscripción de los Acuerdos del 9 de julio de 1992, que enrumbaron a Bolivia hacia la modernización institucional democrática con políticas de Estado acordadas con todos los actores políticos de entonces. No se explican la Participación Popular ni la Reforma Educativa sin aquellos acuerdos. En última instancia, todo esto podría simplificarse con pocas palabras: Estabilidad y visión a largo plazo.

Cohesión no es, en modo alguno, homogeneidad. Es, aunque suene a cliché, la muy manoseada idea de “unidad en la diversidad”: poder ponerse de acuerdo en un puñado de propósitos sobre el destino nacional, respetando las particularidades “pluri-multi” de nuestra nación, la boliviana.

Durante décadas, el de la reivindicación marítima fue un elemento cohesionador, muchas veces mal utilizado por regímenes en crisis para sortear sus propias dificultades.

Nuestros múltiples mestizajes, nuestras variadas sinergias, nuestra lengua franca, nuestras tradiciones y cultura -las generales, para diferenciarlas de las localizadas- nuestro sincretismo animista-judeocristiano, nuestra comunión con el medioambiente… son algunos elementos a reconocer y valorar. Y, si nos clasificamos a todos los mundiales por venir, tanto mejor.

Lo digo desde el alma boliviana que me posee. Soy paceño, de madre pandina, hija de cruceño, y de padre chuquisaqueño, quien hablaba en quechua como si fuera su lengua materna -aún le reprocho el no habérmela “heredado”; prefirió que aprendiese inglés, lo que me sirvió para optar a una beca- . En mi casa se comía cuñapé, somó y masaco -todos hechos por ella- y toda la variedad de “picantes” charquinos. El chairo y el plato paceño vinieron luego. Mis progenitores llegaron a la sede del Gobierno porque La Paz era la “tierra prometida”, como lo fue Florencia en el Renacimiento. Antes de la independencia, lo era Potosí (aunque, por razones climáticas, pienso, Sucre (La Plata) era el centro administrativo y familiar). Hoy eso es Santa Cruz… mañana, ¿El Alto?

Mi primer trabajo lo tuve a los ocho años y, con mi primer sueldo, compré un charango, instrumento criollo proveniente del laúd y la bandurria y muy similar al timple canario. Al pulsarlo, cosa que hago a menudo, vibra esa bolivianidad hualaycha, chola -soy más cholo de lo que podría creerse- pero combinado con otros timbres, se hace universal, cosmopolita. Tengo una composición que le vendría bien a don “Bicente”. Espero producirla en breve.

De chango solía esperar la edición anual de Almanaque Mundial, que contenía tablas de desempeño económico, como ser la producción de minerales; iba rápidamente al estaño y Bolivia estaba siempre en segundo lugar, por debajo de Malasia. Quería verla en primer lugar. Claro, tenía el chip del extractivismo (la renta del subsuelo), tan inserto en todos los bolivianos. Bendición y maldición al mismo tiempo.

Presencié, como lo conté en otros escritos, los fastos del Sesquicentenario, en plena dictadura militar, pero en mi recuerdo los veo mucho más vivos que los del Bicentenario. Por entonces, excepción a la regla mediante -para mayores de 21 años-, participé en un concurso televisivo sobre historia de Bolivia –“Cita con la Historia”, y me hice de un premio con el nombre de uno de del próceres de la independencia, Ignacio Warnes, y unos buenos pesos…

Mi Bolivia, mi Bolivia, Mi Bolivia…

domingo, 27 de julio de 2025

Evo, el "Dios" caído (publicado por "Péndulo Político", Correo del Sur)

 


No hay un solo Juan Evo Morales Ayma; hay, al menos, cuatro: la persona, el personaje, el mito y el (semi)dios. Eso explica que la persona se refiera a los otros tres en tercera persona, ¿Ha probado usted referirse a sí mismo como si lo estuviese haciendo a otro? Yo lo he intentado, y no lo he logrado; supongo que se debe a que no tengo una personalidad escindida.

Para el caso de la persona -JEMA- tal dispersión actúa más bien como un mecanismo de defensa. El individuo en cuestión no es un peligro en tanto sujeto natural; al contrario, es un ser acomplejado, inseguro, de baja autoestima. ¿No era éste el perfil del Hitler aún anónimo?

El tránsito -de la de notoriedad pública a la posesión del poder casi omnímodo-   hacia el personaje, es una carrera por revertir aquellos déficits -mecanismo de compensación-. Es entonces que se inviste de ropajes al estilo del “traje nuevo del emperador”. Y se comienza a construir el mito.

A manera de sazón, traigo un pasaje de una entrevista que María de los Ángeles Baudoin, de junio de 1995 (“La otra cara de Evo”, suplemento Ventana, La Razón) en el que le hace esta pregunta: “¿Eres egocéntrico?”, a lo que el entrevistado le contesta “¿Qué es eso?”. Una vez que explicado el significado, el aludido dice “Sí, es un vicio”.

En la medida en que sus acciones van erosionando la democracia, se le atribuyen facultades extraordinarias: imbatibilidad electoral, energía ilimitada, omnipresencia, campeón de su propio torneo, figura mundial… en el proceso, el dirigente sindical se ha convertido en el indígena vengativo. Mucha de esta construcción proviene de afuera. Recuerdo a Hugo Chávez diciendo que “su indio” domina “más de siete idiomas”, cuando bien sabemos que ni siquiera habla una lengua “originaria”. Y su castellano no es precisamente magistral.

Finalmente, por obra y gracia de sus “amarrahuatos” y con la aquiescencia del propio Morales, se forma una especie de culto, de adoración religiosa, de Iglesia; endiosamiento, en suma. La “Casa Grande”, el museo… García Linera diciendo que seres como el señor Morales Ayma aparecen una vez cada mil años.

¿Logró su propósito de minar por completo la democracia? Casi. La democracia residual que resistió la arremetida de su régimen, logró importantes hitos que frenaron el ímpetu destructivo de la institucionalidad democrática. Lo que me lleva a relativizar un eventual potencial peligro desde su reducto ligado al poder paralelo (ilegal) y alejado del formal. Un recuento de sus derrotas sirve para lo que sigue.

Esto, es el proceso de desmontaje del mito. Antes de anotar los momentos más evidentes de su debilidad, mientras estuvo en el ejercicio del gobierno, es interesante mencionar que, en arranques de “mea culpa”, sus adláteres del pasado inmediato reconozcan que la construcción de la imagen portentosa de su consentido objeto de culto no tiene base de sustento alguna.

Para hacer algo de memoria, recordemos algunos tropezones de Morales Ayma en los momentos que más poder ostentaba: su intento de “gasolinazo” confiando en su “espalda” política le daba para sostenerlo. No duró ni tres días y tuvo que retroceder. En ese tiempo, tal cosa era contradictoria con el discurso de prosperidad con el que llenaba la boca. Al respecto, ahora hay disponibilidad social para ajustes de esa índole. La marcha por el TIPNIS supuso otro retroceso para el “le meto nomás”, así como lo fue la reversión del Código de Procedimiento Penal, los sucesivos triunfos del voto blanco/nulo en las dos primeras elecciones judiciales, etc. Y el sopapo definitivo: el 21-F que precipitó la caída del régimen, pese a sus interpretaciones forzadas sobre un supuesto “derecho humano” y el fraude monumental que operó en 2019.

Ergo, si con todo el poder en sus manos fue impelido a recular, ahora que no lo posee es mucho menos peligroso, más allá de sus bravuconadas.

Hace mucho que Morales Ayma dejó de ser símbolo de inclusión para convertirse en símbolo del estancamiento político. Luego, sobrevive políticamente en su reducto y ya no gravita en toda la esfera pública. En gran medida vive de su propio recuerdo que, con un nuevo gobierno que se respete, terminará por desaparecer.

Los últimos meses, Morales Ayma ha intentado por todas las formas posibles de forzar su habilitación como candidato a presidente para las ya cercanas elecciones. En el camino ha perdido todas las batallas, llegando incluso a perder el partido que consideraba de su propiedad. Podrá, seguramente, colocar, a última hora, a sus alfiles en alguna lista de parlamentarios y eso será la más a lo que podría aspirar. Se le acabaron los recursos -los legales, quiero decir-. Todo lo demás es vocinglería, violenta ciertamente.

Hoy se está viendo la peor versión del caudillo caído en desgracia. Pero, por ello mismo, hay que mantener cierta cautela. Dicen que las últimas erupciones de un volcán (JEMA lo fue antaño) en vías de apagón son las más violentas. Más allá de eso, lo que quedará será puro cascarón y volverá la persona vulnerable, aunque, probablemente, soberbia.

Yo diría que antes que un peligro para la democracia, el actual Morales Ayma es un mal ejemplo de perdedor. El susodicho es, en realidad, un peligro para las niñas.

jueves, 24 de julio de 2025

Disponibilidad social, la llave para la transformación

 





A veces, la historia avanza no porque haya grandes consensos, sino porque se agota la paciencia. Y Bolivia, tras casi dos décadas de hegemonía azul, parece haber llegado a ese punto. No estamos ante un simple proceso electoral, sino ante el probable desenlace de un largo ciclo de poder que —como todo ciclo prolongado— termina más por desgaste que por mérito ajeno. El MAS, en todas sus versiones, ha entrado en la zona crepuscular. Y el país, lejos de temer el cambio, parece desearlo con una intensidad contenida.

Curiosamente, este contexto abre una ventana inesperada. Hay momentos en que reformas estructurales —largamente postergadas, difíciles de explicar o de digerir— encuentran un terreno más fértil no porque la gente las entienda mejor, sino porque las quiere más. Y las quiere porque, simplemente, ya no soporta más de lo mismo.

En otras palabras: se abre una rara oportunidad. Lo que hace diez años habría provocado bloqueos, paros y violencia explícita, hoy podría contar con una inusual disponibilidad social. No es una cuestión de convencimiento técnico, sino de hartazgo político.

¿Privatizar empresas deficitarias? ¿Reestructurar el aparato estatal? ¿Revisar la Ley de Pensiones? ¿Despolitizar la justicia? Todas esas propuestas, impensables bajo un gobierno masista —más por dogma que por análisis— podrían hoy encontrar eco incluso entre sectores populares. Porque cuando el péndulo político finalmente se detiene, el país no solo gira de color: también cambia de humor.

Pero cuidado: esta apertura no será indefinida. Es un instante fugaz, un parpadeo de la historia. Si el próximo gobierno —posiblemente salido de la actual oposición— no actúa con inteligencia y rapidez, ese capital simbólico se diluirá como tantas veces ha pasado. No basta con que el MAS se vaya; hace falta que el nuevo proyecto convenza y enamore. Y que lo haga no con retórica grandilocuente, sino con reformas concretas, visibles y sostenibles.

Es cierto: no hay mandato más difícil que gobernar después de un ciclo largo de abuso del poder en todo sentido. La esperanza es tan grande como la desconfianza. Pero también es cierto que pocas veces hay tanto espa




cio para mover las placas tectónicas del país sin provocar terremotos sociales -roguemos porque sea así-. Bolivia no está simplemente en puertas de una elección. Está en una etapa de “reseteo” emocional. Y eso —si se lo entiende bien— puede ser la llave para transformar, no solo administrar.

No se trata de venganza ni de revancha. Se trata de reconstrucción. Y para eso, la nueva dirigencia necesitará algo más que programas: necesitará coraje, imaginación y una lectura aguda del momento. Porque la ciudadanía, cuando se cansa de unos, también otorga a otros licencias breves, intensas e irrepetibles para cambiar las cosas en serio.

Así estamos. Al borde de una transición que, si se la asume con claridad, puede ser más que un cambio de nombres. Puede ser —por fin— el comienzo de un país distinto. Uno donde los grandes cambios ya no dependan del aplauso callejero, sino de la convicción colectiva de que seguir igual es lo único inaceptable.

miércoles, 9 de julio de 2025

De regreso al futuro


 


A comienzos del siglo XV, el mundo de aquel entonces ya se había sacudido de la larga noche de la edad media y comenzaba a vivir sus años dorados. Florencia, próspera y orgullosa, se erguía como el centro de la actividad cultural de Europa. Quien quisiera hacerse de un nombre en el campo del arte debía radicar en esta ciudad dado el ambiente estimulante para el desarrollo artístico, en buena medida debido al impulso que las autoridades daban su desarrollo.

En ese marco, el Consejo de la Ópera del Duomo, convocó a un concurso para solucionar el problema de la catedral que, durante 80 años había quedado abierta a la intemperie porque no había constructor capaz de dotarle de una cúpula que no se viniera abajo en poco tiempo debido a su descomunal dimensión. Luego de las respectivas consideraciones, finalmente fue Bruneleschi quien se adjudicó la obra y, años más tarde, la entregó, para beneplácito de los florentinos.

En materia de construcciones y esculturas, el esplendor del Renacimiento ocurrió, en parte, gracias al redescubrimiento de antiguas técnicas romanas que habían quedado olvidadas, y muchas de las obras fueron destruidas al paso de las invasiones de los bárbaros.

Siguiendo nuestro ejemplo, Bruneleschi y otros, se habían interesado en el famoso Panteón, cuya reconstrucción fue hecha por el emperador Adriano en el siglo II. Al estudiar la manera en que se logró construir una cúpula de gigantescas proporciones, las pudo aplicar en la catedral y, con ello, solucionar el reto.

Puedo decir que los bárbaros interrumpieron el futuro -y la edad media no hizo gran cosa para reimpulsarlo- hasta que el Renacimiento superó el milenio perdido y proyectó a la humanidad hacia grandes aportes en varias disciplinas, algunos de los cuales se inspiraron en otros tantos logros producidos en la antigüedad clásica.

Pues bien. En Bolivia, los bárbaros -con los instrumentos de la democracia, al comienzo, y con el secuestro de ésta, luego- tomaron el poder hace veinte años y arrasaron con toda la construcción institucional que se venía diseñando con miras al futuro. En octubre de 2025 escribí el artículo “Vivir bien (a cuenta de las futuras generaciones)” (https://pukacosa.blogspot.com/2015/10/vivir-bien-cuenta-de-las-proximas.html) en el que, entre otras cosas, afirmaba: “Los últimos años, el régimen, vía propaganda, ha vendido la idea de una jauja atribuida a su genial líder, cuando en realidad se trata de una bonanza con pies de barro”. Dicho y hecho. Hoy, las nuevas generaciones cargan el peso de semejante barbaridad (o barbarie) y para volver a mirar al futuro hará falta un tiempo, ojalá breve, de sacrificio y austeridad, luego del cual retomaremos el camino al porvenir.

Para ello habrá que regresar al futuro donde lo dejamos, sin que esto signifique aplicar tal cual los avances institucionales que fueron implementados entonces -muchas cosas cambiaron, sobre todo en materia tecnológica, desde aquellas veces- sino más bien, retomar el “espíritu” con el que se concibieron. Solo a modo de ejemplo:

En Economía. Llámenle como quieran, pero el mecanismo que se conocía como “Bolsín” fue el mejor para establecer el mercado de moneda local con la divisa.

En Educación. Explorar la reforma educativa, proveniente del Congreso de la Educación de 1992 y plasmada en ley en 1995, con su visión local/global y su fuerte énfasis en la evaluación -absolutamente negada por la gestión del régimen saliente- de la calidad educativa.

En Justicia. Elección de Magistrados no es participación popular en la justicia; más cerca de ese concepto fue el de “jueces ciudadanos” que se aplicó por un breve periodo.

Repito: no se trata de una actualización mecánica. Es hora de volver al futuro.

lunes, 7 de julio de 2025

De vigas y pajas

 



Décadas atrás, cuando trabajaba en la campaña de un candidato a la Presidencia, recibí una llamada por teléfono fijo. La persona, a quien había conocido en otro contexto, me solicitaba una reunión reservada, casi secreta. Acordamos día y hora y, puntualmente, se apareció en la oficina. Tomando todos los recaudos que me había solicitado, empezó su alocución.

Me ofrecía “abundante documentación” sobre varias irregularidades que habría cometido el padre de uno de los candidatos oponentes, en función pública, insinuando que, con tales “pruebas”, se podía afectar la candidatura del hijo.

Por supuesto que no me mostró algo de aquello. Lo que quería era venderme información y seguramente esperaba, ansioso, que le preguntara sobre el precio de tan “generoso” hallazgo. Lejos de hacerlo, le pedí que se retirara, no sin antes recordarle que el candidato era el hijo, no el padre.

Supongo que el oficioso traficante anduvo con el mismo cuento por otras campañas, pero como nunca vi publicaciones al respecto, imagino que recibió una respuesta similar a la mía, lo que habla bien de un sistema de partidos que conocía límites a la hora de atacar a los rivales.

La pasada semana saltó a la luz la renuncia de una candidata a senadora a raíz de una “denuncia” vinculada a actividades ilegales de su padre, quien se encontraría cumpliendo pena de prisión en otro país.

Podría decirse que, por tratarse de un punto de eventual vulnerabilidad dadas las formas poco honorables del juego político en la actualidad, hubiese sido mejor no arriesgase a la postulación, aunque la renuncia, de algún modo, evita el objetivo real del avezado vocero -luego desautorizado por su jefe de campaña- cual era afectar al candidato a Presidente.

¿Merecía tal despropósito una respuesta/contrataque de parte de la campaña aludida? El propio candidato se encargó de restarle importancia, pero no faltó el torpe que devolvió gentilezas aludiendo al padre del vicepresidenciable contrario, cosa que ya se conocía y no había pasado a mayores, insinuando que la condición de éste era la fuente de financiamiento de la campaña de enfrente.

En buena hora, ambos personajes fueron criticados, aunque lo ejemplarizador hubiese sido apartarlos de sus respectivas alianzas. Algo es algo, sin embargo.

Esto también nos previene de que un hecho ampliamente conocido como es la participación del padre de un tercero en disputa en los hechos que culminaron en el asesinato de los esposos Andrade, en el Chapare. El hijo, seguramente, se encontraba cursando la secundaria; por tanto, no debería mezclarse en la pugna. ¡Hay tantas otras cuestiones personales que sí deben ser dichas!

Menos álgida, pero más extendida, es la tendencia a ver la paja en ojo ajeno que la viga en el propio, en el fragor de la batalla electoral.

Por tanto, ingresando a la etapa más dura, en términos de la definición electoral, habrá que calcular con precisión el calibre de los dardos a lanzarse unos a otros -si bien lo racional es que la discusión gire en torno a planes, programas y proyectos (tarea de los candidatos), la campaña es una breve toma de posiciones del contrario mediante diversas tácticas entre las que se cuentan las “bajas” por información sensible sobre los ocasionales rivales-, dado que, eventualmente, de darse una segunda vuelta -lo más probable es sea así- habrá que pactar, puesto que no se puede gobernar con “pajas”.

jueves, 12 de junio de 2025

Figuras sin definir (signos)

 




A diferencia de las elecciones post-2005 caracterizadas por una cerrada manipulación de los órganos del estado en favor del MAS, que permitieron que el señor Morales violara la Constitución a su gusto -ya en 2013, el TCP borró del mapa una gestión del susodicho para habilitarse a un nuevo mandato, y luego, el mismo ente, desconociendo el referéndum del 21 de febrero de 2016, volvió a habilitarlo, arguyendo un inventado derecho humano a la reelección indefinida-, las corrientes se presentan un poco más abiertas, gracias, en buena parte, a la fragmentación del propio MAS.

Si bien la figura de Morales Ayma se resiste, criminalmente inclusive, a cumplir los recurrentes, a escala nacional e internacional, fallos que dejan claramente establecida su inhabilitación, no es la que domina el escenario, salvo por el uso que hace de minorías eficaces para convulsionar al país.

También ocurrió que consecutivamente hubo un candidato de la oposición que impidió, al dispersar el voto, que otro mejor perfilado, llegara al menos a la segunda vuelta. Con esa lección, en 2019, el electorado concentró su voto en Mesa, pero el fraude montado por el régimen se interpuso en un probable triunfo de éste si se avanzaba al “balotage”. Luego, producto del desencanto con el gobierno de transición, la ciudadanía le regaló al MAS el actual periodo. Muy tarde para arrepentimientos.

Estamos, una vez más ante la posibilidad de que Bolivia se desembarace del régimen masista. He ahí la gran responsabilidad que la sociedad tiene en sus manos.

Entretanto, permítanme abordar un asunto marginal que va a pasar a formar parte de las agrias anécdotas de este proceso electoral, asunto que, en lo particular, o no lo había notado, o no lo hubo antes: el surgimiento de sujetos, por así decirlo, “pintorescos” que le han dado un toque bizarro al momento electoral que vivimos.

A la primera figura sin definir, como dice la canción de Soda Stereo, la podríamos caracterizar en la de la persona que le calienta el asiento – la cama, alternativamente- para para que ésta la ocupe una vez resueltas las trabas que le impiden hacerlo, digamos la certificación de solvencia. También podríamos llamarla “El candidato fantasma”, lo que le da un aura de misterio. Nunca hizo una aparición pública, pero, a objeto de registrarse como candidato a la Presidencia, cumplió con todos los requisitos para ello. Me pregunto qué siente este buen hombre al jugar tan curioso papel.

La segunda figura es la del personaje que, hecho un mar de lágrimas, comenzó a vociferar y a actuar contra gil y mil. Este individuo se convirtió en el terror de las siglas, amenazando a casi todas con borrarlas del espectro político. Protagonismo enfermizo o desubicación descomunal, el caso es que al exponerse tan ampliamente, salieron a la luz detalles curiosos de su personalidad -líos de faldas y una larga estadía estudiantil en la UAGRM-, lo que parece haber morigerado su comportamiento.

De yapa, tenemos a la dama que, como dueña de una sigla, se dio a la tarea de ofrecerla a cuanto paisano con ganas de candidatear se le asomara. ¡Hasta que, aparentemente, se sacó la lotería!

Ante la carencia de opciones, la sigla “casó” con el cocalero a quien años atrás había tildado de “asesino” y pasó de ello a defenderlo con uñas y, sobre todo, dientes, profiriendo amenazas de gran calibre haciéndole coro a su nuevo jefazo.

El podio del absurdo está ocupado por los tres. Signos.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Soniandrónicopa (MAS de lo mismo)


Las rencillas internas motivadas por intereses particulares entre jerarcas del régimen harían pensar que, finalmente, dado que su principal figura ha quedado fuera del escenario -aunque sigue dando batalla mediante llamados a la convulsión si no se sale con su gusto-, Bolivia se habría, por fin, librado del monstruo que le infligió un daño inconmensurable.

Nada más lejano de lo cierto: el monstruo ahora aparece con tres cabezas visibles y algunas encubiertas. Vale decir que tres personajes criados a imagen y semejanza de Evo Morales Ayma pretenden continuar en el poder. Se trata de una dispersión relativa que, probablemente, tienda a reconcentrarse en una posible segunda vuelta, si acaso logra meter una de sus cabezas en ella. Lo hará por puro instinto de conservación en aras de reproducirse. De ocurrir algo así estaremos atestiguando lo impensable hace no mucho: el “voto útil” masista. Siendo optimista, y con un voto opositor también reunido, no le alcanzaría para ello. Todo depende de que el soberano caiga en cuenta de que, a pesar de la imagen joven/renovador/mujer que presenta este Cerbero es solo una extensión del proyecto más nefasto que se produjo en nuestro país. Y por más que, a efectos electorales, intenten diferenciarse, son exactamente igual de funestos para el futuro.

A su turno, sin éxito, cada uno de estos “evitos” intenta darle otra cara al “proceso”. En realidad, es la misma cara -con caras no del todo “nuevas”, puesto que vienen de medrar del Estado más de una década-. Al que más le cuesta romper el cordón umbilical con el jefazo es al señor Rodríguez.

Para certificar lo dicho hay que ver dos aspectos: sus “propuestas” y los sujetos que los rodean. En cuanto a lo primero, las tres cabezas pregonan una fe ciega en la “mátrix”: el infame proceso de cambio.

Rodríguez lo hace explícitamente: “No venimos a romper lo construido” cuando de lo que se trata es, precisamente, de desembarazarse de toda la podredumbre que ha generado el régimen durante veinte años. “Potenciar las empresas públicas”, las causantes de un desangramiento de recursos, es una de las “grandes ideas” compartidas dentro monstruo tricápita, así como el mismo léxico rancio: “organizaciones sociales”, “Estado plurinacional”, “revolución cultural”, etc.

Vayamos a lo segundo: el entorno.

Sonia está rodeado de los restos del tilinismo: empleados públicos, empezando por ministros y terminando en supernumerarios cuyo voto no si quiera está asegurado, a menos que ejerza un control-chantaje. De las tres, es la cabeza más pequeña, pero tiene algo que las otras no: un manejo residual de los órganos públicos, incluidos los más sensibles en el proceso electoral: el TSE y el TCP -el intruso desagradable- y cierto margen de operación para un desaconsejable fraude.

Rodríguez es la creatura del infame García Linera, cuyo distanciamiento del jefazo parece ser circunstancial, a decir de la candidata a Vicepresidenta en la dupla: “Sigo considerando mi jefe a Evo”. Cabe mencionar que dos promotores de la candidatura de Rodríguez se encuentran con “licencia”: Mario Cronenbold, siempre al borde de la sospecha e Israel Quino, consejero político de aquel, investigado por abuso sexual.

Finalmente, el de Copa: Iván Lima, evista-arcista-copista, principal gestor del putrefacto estado de la justicia actual y de otras maravillas, nada menos que su Jefe de Campaña; y el émulo de Linera, un campeón de la acomodación, nada menos que su acompañante de fórmula.

El monstruo en cuestión se llama Soniandrónicopa. MAS de lo mismo.