martes, 1 de marzo de 2016

El malquerido



¿Se ha enterado el régimen de que fue derrotado en el referéndum del 21-F? Hago esta inocente pregunta porque a juzgar por sus actos posteriores al mismo parecería que el recuento continuara o que la consulta fue un sueño de opositores trasnochados. Es más, un parroquiano que se hubiera perdido el resultado de las urnas pensaría que el “Sí” se impuso con el 70% proclamado por Morales y García antes del verificativo referendario.

Lo que se escuchó de parte del derrotado caudillo en lugar de una admisión clara, que dé certidumbre al país, de que la ciudadanía decidió poner coto a sus afanes prorroguistas, fue una retahíla de negaciones y amenazas, coronadas por un desafío a someterse a un referéndum revocatorio, prueba de que el combustible político del régimen es la campaña permanente, en desmedro de la gestión y de la honestidad.

Sé que sus allegados –vulgarmente llamados “amarrahuatos”- tiemblan ante la sola idea de mirarle fijamente a los ojos; pero, así fuera con la cabeza gacha, tendría que haber alguien que le quite la venda de los ojos y le diga: “Señor presidente, con todo respeto, ¿no ve que hemos perdido? Así como lo escucha, hemos perdido, usted ha perdido, el MAS ha perdido, el vicepresidente ha perdido”.

Porque, de otra manera, el régimen continuará actuando como si tuviera el poder, cuando, en realidad, ya no lo tiene; por lo menos el poder que ahora descansa en una mayoría ciudadana. Ciertamente conservan los “dos tercios” en el Parlamento, pero ya no les acompaña la ciudadanía (“legitimidad de origen” y “legitimidad de ejercicio”, ¿le suena, Sr. García?).

La pregunta para un referéndum como el reciente tenía carácter abstracto en el sentido de que no se refería a una o dos personas en particular sino a los cargos –independientemente de quien los ocupara al momento-. Cuando Morales personaliza el sentido de la pregunta y, desaprensivamente, sentencia que es para saber si la gente lo quiere o no lo quiere, la convierte en una pregunta plebiscitaria y se juega entero para luego ser derrotado junto a su acompañante.

Entonces, aplicando el razonamiento del mandatario, tenemos que no sólo han sido derrotados, sino que, además, la ciudadanía no los quiere –que, incluso, en algún grado, los desprecia-.

Señor Morales, aquí le va un cable a tierra: usted es malquerido en este país; y lo es, junto a sus valedores, porque su nombre está asociado a la más descomunal corrupción que haya experimentado jamás el Estado, está vinculado al más grosero abuso de poder registrado en tiempos democráticos, está estigmatizado por una degradación moral sin parangón en Bolivia. Su régimen ha superado, ampliamente, cualquier precedente en alguno de esos sentidos.

Pero, en vez de una autocrítica sincera y una admisión con algún sentido de honorabilidad, le escuchamos cargar contra las redes sociales e insinuar que volverá a candidatear en 2019.
Su caso, señor malquerido, es inverso al del bien amado, ese personaje de novela que, siendo alcalde, hace construir un cementerio pero como para “estrenarlo” se necesitaba un muerto y para su “mala suerte”, por la gracia de Dios, el anhelado cadáver no aparecía, a pesar de que se intentaba provocar muertes, el cementerio, finalmente se inaugura, siendo, precisamente, el alcalde su primer morador.

Usted está construyendo algunas edificaciones para satisfacer su ego. No digo que no le alcance el tiempo para disfrutarlas, pero lo hará por breve lapso. ¿Sabe por qué? Porque la ciudadanía le ha dicho –actualizado a la fecha de publicación de esta columna- que le restan 3 años, 10 meses, 28 días y algunas horas (un total de 1 439 días) para completar su mandato. Ni un día más, ni un día menos. Espero que lo entienda y lo cumpla.

4 comentarios:

Chiqui Crémer dijo...

Clarito como el agua. Muy bien Puka

Chiqui Crémer dijo...

Clarito como el agua. Muy bien Puka

Giovanni dijo...

Muy bueno.

Unknown dijo...

Mis felicitaciones, usted expresa total y claramente lo que la mayoría del pueblo siente.