jueves, 1 de enero de 2015

El segundo tiempo

Tanto por la proximidad entre ambas como por lo que está en juego, bien se puede decir que el periodo que va entre las elecciones nacionales, ya efectuadas, y los comicios denominados “subnacionales” (que engloban alcaldías, concejos municipales, gobernaciones y asambleas legislativas departamentales), ya ha consumido la primera etapa con ventaja para el régimen que, además de hacerlo por méritos propios – que los tiene- contó con el inestimable apoyo de un árbitro absolutamente parcializado a su favor.

La oposición, por su lado, no mostró la disciplina táctica que el momento requería y dejó escapar, en primera instancia solamente –como veremos más adelante-, la oportunidad de evitar la anunciada decisión del oficialismo de reformar la Constitución para posibilitar la eternización del caudillo en el poder, haciendo uso de los dos tercios que, forzadamente, alcanzó en el parlamento.

El segundo tiempo, ya en pleno desarrollo, es clave desde la perspectiva democrática, para posibilitar un equilibrio en la distribución del poder que permita contener los excesos de una administración con fuerte tinte centralista y autoritario. Lamentablemente, las condiciones del tiempo complementario son prácticamente las mismas del anterior por lo que dicha tarea es harto compleja.

Sin embargo, no todo está perdido. La propia naturaleza de las venideras elecciones puede favorecer, así sea de manera en principio aritmética, la idea de un bloque opositor capaz de evitar, esta vez de forma concluyente, la permanencia indefinida del caudillo (y, por consiguiente, de régimen) en función de gobierno.

El horizonte es éste: Con sus 2/3 en el Congreso, el régimen no va a tener dificultad para aprobar una ley de reforma constitucional, pero un bloque opositor bien coordinado puede, en la instancia de referéndum (art. 411, título II de CPE) frenar tal cosa.

La experiencia de las elecciones judiciales es ejemplar en este sentido: cuando hay consciencia colectiva, el régimen lleva las de perder. Siguiendo una ruta crítica similar, el tiempo suplementario podría resultar gratificante para los y las demócratas del país.

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