viernes, 25 de junio de 2010

Poncho de 36 varas



Mientras tuvieron al frente a una oposición más o menos convencional, Evo y sus muchachos no escatimaron recursos –económicos, jurídicos, políticos, mediáticos, militares y simbólicos, además de inconfesables tropelías- para aplastarla. En principio bastaba con relacionar a sus exponentes con el pasado inmediato para descalificarla ante la opinión pública; luego vinieron los “movimientos sociales” para amedrentarla mediante cercos y enfrentamientos violentos y, por último, ocurrió el avasallamiento as la institucionalidad democrática mediante designaciones –designios, más bien- impuestas por el Ejecutivo. En esas condiciones llegó diciembre de 2009 y el espectacular votaje para el oficalismo. A partir de entonces, se pensaría, gobernar iba a ser una taza de leche.

El telón de fondo de esta relación de momentos fue, a no dudarlo, toda la energía empleada por el régimen en evacuar una malparida Constitución. Yo la hubiera preferido abortada porque, tal como se preveía, su interpretación está a punto de colapsar el Estado Plurinacional.

En un foro organizado por la Asociación Boliviana de Ciencia Política para analizar las leyes de l Órgano y la del Régimen electoral, el senador Maldonado, del MAS, justificó la ambigüedad de un artículo con el argumento de que “se sobreentiende que…”. Pues, con el mismo razonamiento, diversos sectores están comenzando a “sobreentender” los que les atañe de la Constitución. Y el Gobierno no tiene mejor idea que achacar a la USAID de haberse infiltrado en ellos.

Una combinación que puede resultar explosiva en el breve plazo es la de una visión fundamentalista sobre el medio ambiente y la extraterritorialidad reclamada por 36 “naciones”; ambos, componentes “sobreentendidos” nom solo en la Constitución masista sino en los discursos del Presidente previos a enero de 2010.

Luego de cuatro años de demagogia, Morales vira en la práctica –aunque hacia afuera sostiene el discurso pachamamista- hacia posturas más racionales, próximas al desarrollo sostenible y al dominio originario del Estado sobre los recursos y el suelo. Para su información, no es eso lo que se sobreentiende en la CPE que, en su parte normativa, se quedó en una lluvia de ideas sin el necesario esfuerzo de ajuste a las reales posibilidades de aplicación. Los ambientalistas dogmáticos, entre ellos mi amigo Pablo Cingolani, han pasado de mimados a perseguidos por el Gobierno.

Advierten aquellos que la adhesión del Estado Plurinacional a la IIRSA (Iniciativa de Integración de la Infraestructura Regional de Sud América) va a ocasionar un megadesastre ambiental, que la explotación de hidrocarburos en el norte de La Paz causará una catástrofe de grandes proporciones, que las represas hidroeléctricas significarán un apocalipsis amazónico y que la expansión de la frontera cocalera ya ha causado un daño irreversible a la Madre Tierra –esto último, cierto-.

Ahora entra el segundo componente de este cóctel mortífero: las naciones sostienen que el Estado Plurinacional lo hace sin la consulta previa a los “propietarios” de los territorios en cuestión, no ha respetado sus usos y costumbres y menos reconocido su autogobierno en el proyecto de Ley Marco de Autonomías. En todo caso, no deberían hacer tanto escádalo puesto que en la CPE, sobreentendida o de manera explícita, están tales prescripciones. Y la CPE está por encima del resto de las leyes… ¿o no?.

Total,que como manifiesta el politólogo marcelo Varnoux en el magnífico estudio “Reflexión Crítica a la Nueva CPE”, en la parte que le toca abordar, podríamos estar, en el sentido literal de la frase, en la “puertas del infierno” o, vistp desde otra perspectiva, el régimen se ha metido, por puro gusto, “en poncho de 36 varas”.

1 comentario:

Connie Vidaurre dijo...

Se sobrentiende que andamos en picada...