miércoles, 8 de junio de 2016

Revanchismo y saña



Así como en los cálculos del régimen no cabía la posibilidad de perder el referéndum del 21F, a pocos –y no me incluyo entre éstos- se les habría pasado por la cabeza pronosticar la feroz reacción del mismo una vez divulgados los resultados oficiales de dicha consulta.

Apoyado en mis propios textos previos al evento publicados en este mismo espacio, voy a comenzar desbaratando la patraña oficialista de que su derrota se debió al “triunfo de la mentira” (por lo que –según el sofisma gubernamental- debe procederse a una suerte de “reparación” moral convocando a otro referendo sobre la misma materia, es decir, la modificación del artículo 168 de la CPE -artículo que, por otra parte, ya fue vulnerado para el anterior período presidencial, merced a una forzada interpretación del mismo por parte del Tribunal Constitucional y como parte de una “estrategia envolvente”, sofisma por “trampa” con el que el “licenciado” García justificó el atropello-).

Según la versión del régimen, fue exclusivamente por culpa del caso de tráfico de influencias (conocido como Zapata-Gobierno-CAMCE) que comenzó a conocerse el 3 de febrero, que el “Sí” perdió dejando a los actuales mandatarios fuera de carrera para las próximas elecciones presidenciales.

En mi texto “Consistencia del NO”, publicado el 1 de octubre de 2015, cuatro meses antes del estallido de dicho asunto, anotaba que: “Es un sólido rechazo a la corrupción, a la deshonestidad, a la mentira y a otras “virtudes” de las que el régimen ha hecho su estandarte”. En ese momento, las encuestas, inclusive las más próximas al régimen, le daban al “No” una notoria ventaja sobre el “Sí”, lo que obligó al régimen a efectuar varios ajustes a su campaña, ajustes que efectivamente puso en ejecución.

En el segundo, “Quien por su gusto padece…”, publicado el 4 de febrero –pero, esto es lo importante, escrito el 2 de febrero, como se estila en el columnismo, o sea un día antes del “Zapatazo”) describe un estado de desconcierto en el régimen al no poder volcar las cosas a su favor faltando menos de veinte días para el verificativo de la consulta, pese a que había puesto toda carne en el asador, sacado a su comodín, multiplicado la entrega de obras con presencia del #1 y el #2, y aumentado descomunalmente su presupuesto de propaganda. Fue el propio régimen el que se metió en el embrollo y no supo, ni sabe ahora, cómo salir del mismo.

Lo que sí pudo haber ocasionado el conocimiento público de este caso de tráfico de influencias fue evitar que el “Sí” acortara –o incluso, con una “ayudita” de sus amigos del TSE, superara al “No”- pero el tiempo le jugó en contra. Quién sabe si el referendo se efectuaba un mes después, la historia hubiese sido otra –Un triunfo apretado del “Sí” o, por qué no, un triunfo aún más abultado del “No”- ¡Pero hasta la fecha de la consulta la puso el régimen.
Vale decir que no nos vengan con cuentos, con “aquí lo puse y no aparece”, con “definición a penales”, o con cualquier otra barbaridad jurídica originada en las cabezas febriles de malos perdedores.

Malos perdedores que echan fuego contra quienes pusieron en evidencia sus tropelías, que persiguen y estigmatizan –“Cártel de la mentira”- a quienes creen en la libertad de expresión, que averiguan cualquier episodio embarazoso de sus víctimas –cualquier rato aparecerá un compañero de colegio de Eduardo León diciendo que éste le hacía “bullying”- a manera de mensaje a quienes se atrevan a hurgar en la letrina del régimen. Ahora vienen por Diego Ayo; y mañana vendrán por usted si hoy no hacemos causa común por la libertad, los derechos humanos y la democracia.

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