miércoles, 5 de agosto de 2015

Bolivia



Entrañable república, estás de aniversario y el hecho de que en este momento sea en tu nombre que se realizan actos solemnes y festivos recordando tu creación es prueba de que, lejos de denominaciones eventuales, trasciendes el tiempo y has ingresado en la cuenta regresiva que culminará en diez años cuando  apagues doscientos cirios, ocasión que, si el devenir lo dispone, me tendrá, como ahora, haciéndote honores desde mis letras.

Dejando de lado el apóstrofe con el que me dirigí a la república a manera de salutación, me defino como un boliviano de y por derecho cuyas raíces están profundamente arraigadas en esta parte del mundo, alimentándose de su(s) cultura(s) y de su historia, y cuyas antenas –como reza el nombre de la columna de Gonzalo Chávez- están conectadas al resto del orbe, captando las señales provenientes de diversas latitudes.

Como tantos otros hijos de esta república, éste lo es de padres provenientes de distintos lugares -una suerte de intramestizaje dentro del macromestizaje que caracteriza al país-. Lo he dicho muchas veces: padre chuquisaqueño, madre pandina, vástago paceño. Dicho de otra manera: aquel, del departamento en el que se fundó la república, aquella, del último departamento que se creó en la república y éste, del departamento cuya urbe que se consolidó como sede del gobierno de la república.

“No hallando vuestra embriaguez una demostración adecuada a la vehemencia de sus sentimientos, arrancó vuestro nombre y dio el mío a todas vuestras generaciones. Esto, que es inaudito en la historia de los siglos, lo es aún más en la historia de los desprendimientos sublimes. Tal rasgo mostrará a los tiempos que están en el pensamiento del Eterno, lo que anhelabais, la posesión de vuestros derechos, que es la posesión de ejercer las virtudes políticas, de adquirir los talentos luminosos y el goce de ser hombres. Este rasgo, repito, probará que vosotros erais acreedores a obtener la gran bendición del cielo –la Soberanía del Pueblo- única autoridad legítima de las naciones”, decía Bolívar en su mensaje del 26 de mayo de 1826 al Congreso Constituyente.

Bolivia tiene glorias en abundancia pero, ¿se puede achacar, entonces, a la república las variadas desventuras que ha sufrido a lo largo de estos casi dos siglos? ¿no es, acaso, ello, atribuible a gobiernos en particular y a circunstancias, en general?

Lo paradójico de la presente celebración republicana es que sean quienes la denostaron, al punto de renegar de ella –e incluso proponer su eliminación del calendario festivo-, los que se cuelgan refulgentes medallas. ¿No deberían, por discreción, brillar por su ausencia?. O lo suyo es pura impostura o se rindieron a la evidencia histórica. Me gustaría pensar que sucedió lo segundo.

Es esencial, pues, reivindicar el espíritu republicano que, como se ha dicho previamente, trasciende el tiempo, para sacudirse del esperpento jurídico que ha pretendido, sin éxito –aunque se lo hubiera introducido en la CPE, La Calancha mediante- imponerse a la sustancia histórica del país.

Corresponde entonces, siguiendo a Jorge Lazarte, reponer plenamente, en la siguiente Constitución –o en la reforma de la vigente- la cualidad republicana de Bolivia: “Restablecer la condición de ‘república’ a la organización política del país, y definir a Bolivia como ‘República’ que marcó la ruptura política institucional con el Imperio español. La república entendida cono transferencia de la soberanía política del soberano al pueblo. De un lado, República no es el estado sino el país… Bolivia entendida como ‘república’, ‘res-pública’ en tanto espacio de lo colectivo por encima de los particularismos”.

¡Viva la república!

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