jueves, 22 de julio de 2010

¡Vaya sábado!



Por si se le hubiera olvidado –la dinámica informativa actual hace que lo que se consideraba “histórico” dos días antes pase al olvido ante, por ejemplo, un hecho de tránsito de descomunales proporciones, suceso providencial que ocupa la atención pública facilitando el soslayo de algo que a alguien (al poder, en este caso) le resulte incómodo sustentar- le hago recuerdo de cómo estuvo el pasado sábado 17 de julio: fue un día gélido y ventoso, gris y hostil a la salud, tanto que obligó a las autoridades centrales de Educación a revisar la determinación, no acatada en varios municipios, de dar por finalizada la vacación una semana antes para prolongarla otra más; así como, en su respectivo tiempo ocurriera con Napoleón y Hitler, el “General Invierno” venció al “Estado Plurinacional”.

Este clima desagradable era el marco perfecto para simbolizar lo que estaba ocurriendo sincrónicamente en el Parlamento –o como se le quiera llamar; técnicamente sigue siéndolo- donde los acólitos del régimen hacían la pantomima de deliberar sobre la última ley del paquete enviado por el Ejecutivo.

Quiso la fatalidad que la fecha coincidiera con la de otro día aciago, aquel 17 de julio de 1980 en que García Meza y Arce Gómez asestaban un cruento golpe a la naciente democracia boliviana y que, para convincente réplica, fueran unos señores de apellidos García Linera y Arce Zaconeta quienes hicieran lo propio contra una democracia a la que se dedicaron a debilitar durante los ocho años precedentes.

Lo hicieron por encargo de su insaciable jefe. Lo pongo en estos términos –me refiero, obviamente, al Jefe del Estado- porque, para no desentonar con tan crudo ambiente, en acto público, el hombre hacía una graciosa concesión a los militares golpistas (metiéndolos a tos en el mismo saco) eximiéndolos de responsabilidades en las dictaduras que encabezaron, con la indulgencia de que lo hicieron por “encargo del Imperio (Estados Unidos)”. O sea que el Tío Sam encargó a Juan José Torres ¡¡¡instalar una asamblea al estilo de los soviets!!!; pero, más complicado resulta explicar el bloqueo del Imperio a la dictadura de García Meza, Arce Gómez y Cia. ¡Ruido de vuvuzuelas!

El hecho es que, con la promulgación de la última “ley estructural” se ha consumado el golpe blando contra la democracia, la institucionalidad y el espíritu autonómico.
Si bien cada una de estas leyes puede ser analizada aisladamente, es el conjunto de ellas, el paquete (incluida la ley transitoria de autonomías) lo que debe considerarse para caracterizar el proyecto que apuntala que, a mi modesto entender, no es otro que la prórroga ad aeternum del señor Morales. Todo lo demás es accesorio funcional a tal propósito.

Dos acuciosas ciudadanas se me adelantaron, por razones de frecuencia de publicación, en transmitir esta percepción: Erika Brockmann Quiroga en su artículo “Revocatorio y Safco a la carta” (La Prensa) del mismo día que nos ocupa y Susana Seleme Antelo en “Cinco leyes, un funeral” (El Deber).
La primera advierte sobre los blindajes de que goza el régimen ante eventuales interpelaciones ciudadanas y la segunda lo hace respecto del retroceso, en términos democráticos y autonómicos, del dichoso paquete.

¡Vaya sábado!

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