sábado, 29 de noviembre de 2025

El opasitor

 

Personaje de escasas luces intelectuales pero dotado de un extraordinario talento para la manipulación emocional, el señor Edmand Lara, a la sazón Vicepresidente de Bolivia, ha hecho de las suyas a menos de un mes de haber asumido el cargo. Ya lo vino haciendo durante la época electoral, con la diferencia de que ahora sus acciones “hacen estado”, es decir que tienen carácter de autoridad.

Lo hace munido del teléfono móvil, a través de la aplicación Tik Tok, desde la cual lanza diatribas, insensateces, chismes, confidencias personales, quejas, chantajes, y todo tipo de ridiculeces 24/7 en un ejercicio enfermizo por llamar la atención, victimizarse y autoelogiarse; cosa que sin el dichoso dispositivo no pasarían de ser cotilleos de lavandería. Ciertamente, un público carente de pensamiento crítico, incondicional del “influencer”, se encarga de expandir tales bellacadas y, al hacerse noticia, los medios las reproducen con algo de reserva profesional.

En tal sentido, el sujeto se parece a los adolescentes y jóvenes −en ellos es frecuente y hasta comprensible− que padecen de dependencia de las redes, particularmente de Tik Tok y son propensos a una especie de síndrome de abstinencia en caso de que se les privara durante diez minutos del aparato o que de pronto, se quedaran sin “megas”, pudiendo derivar, inclusive, en transtorno del sueño o enfermedades neurológicas más graves, debido a la compulsión por estar enganchados a la red.

El problema es que el individuo al que nos referimos no es adolescente ni joven, en el sentido biológico de la palabra −y desde hace tres semanas ejerce nada menos que el segundo cargo del Estado, primero en la línea de sucesión a la Presidencia−. Es que, sencillamente no califica, psicológica y mentalmente, para asumir tan delicados cargos y lastimosamente no hay en nuestra normativa constitucional un mecanismo “express” para destituirlo por incapacidad manifiesta para ostentarlos.

Desde el minuto uno de la posesión, el blanco elegido de sus dardos tiktoqueriles ha sido el Presidente, a quien lo tiene entre ceja y ceja −¿envidia, desesperación, “venganza”?−. Afortunadamente, dichas calenturas no han hecho más que afirmar la autoridad del Primer Mandatario. Es decir que la figura más reconocible de la oposición es el propio desertor del verde olivo.

También desde entonces, por la propia exposición (presencia) que incumbe al puesto, el susodicho combina lo virtual con la acción efectiva, aunque siempre mediada por la dichosa aplicación, para “performatizar” su proyección política, llena de caprichos como el de vestir el uniforme policial −manifiesto acto de corrupción por falsedad material e ideológica, además de traer a la memoria horrorosos recuerdos de tiempos de golpes y contragolpes; o, al menos, un acto de muy mal gusto−.

De ahí a la mentira más abyecta hubo poco trecho. Afirmar que el video que puso en su cuenta para contar su desdicha marital, cuernos de por medio, era producto de un “hackeo”, cuando todas las pericias coinciden en que el mismo era auténtico, es decir que fue el propio Vice quien lo produjo y publicó, lo pinta de cuerpo entero: estamos ante un chantajista, manipulador y mentiroso compulsivo que juega a ser la víctima en sus delirios tiktoqueros.

Y, para rematar (re−matar), convoca, entre líneas, a las FFAA a una aventura golpista. Si bien tiene su propia entidad, no tengo duda de que, por detrás, hay hilos que los mueven: basta con ver quiénes baten palmas a cada provocación suya. Y el opasitor no lo niega.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Buenos auspicios


La primera jornada del mandato gubernamental de don Rodrigo Paz Pereira tuvo dos elementos externos que marcaron aquel día: la copiosa lluvia que enmarcó la posesión, durante la mañana, y el “saludo” luminoso con que el GAMLP honró al nuevo Presidente durante la noche.

Lejos de deslucir el evento, tal como el propio gobernante lo refirió en su discurso -no estaba previsto que lo hiciera horas antes, lo que dice bien de su capacidad de improvisación, en el buen sentido del término- la precipitación fue interpretada como una “limpia” del estropicio que dejó el antiguo régimen.

Quedó simpático el gesto edil de resaltar el apellido paterno de Primer Mandatario omitiendo el artículo del nombre de nuestra ciudad; duró unas horas y fue suficiente como anuncio de una nueva y promisoria era, pero, como creo que sucederá, no debe repetirse. La tentación del culto a la personalidad es una debilidad de ciertos líderes y, sobre todo, de las huestes que los aúpan. Entiendo que Paz Pereira no está en tal tesitura y eso es otra buena señal, además de marcar una enorme diferencia con un pedófilo que fue comparado con Dios por sus seguidores y que el susodicho asumió como cierto.

La concepción del imaginario de los auspicios procede de la antigua Roma. Se refería a la interpretación de signos “divinos”, principalmente el comportamiento de las aves, para la toma de decisiones importantes como ir a la guerra, convocar a asamblea o fundar ciudades.

Los augures eran los encargados de interpretar dichas señales. Para el caso, la ciudadanía actuó como tales.

Ahora bien, como se dijo que el comportamiento de las aves y los auspicios podían ser tanto buenos como malos. Para lo segundo, se hablaba de “aves de mal agüero”. Creo que también, sobre todo los días posteriores a la asunción del mando, están apareciendo y, curiosamente, no desde afuera. Pero no es este el momento de hablar de ello.

Los buenos, también se fueron sucediendo durante la etapa previa a la toma de posesión: una apertura “express” a los más importantes organismos institucionales, una tendencia a la baja de la cotización del dólar, una sensación de esperanza de mejores días, la reposición de símbolos patrios…

E, inmediatamente después, el arribo de cisternas para paliar el suministro de carburantes. Como si, por arte de magia, se hubieran acabado las marejadas (fenómeno marítimo al que muchas veces el antiguo régimen atribuyó a la escasez de carburantes). Y, horas más tarde, la posesión de un gabinete a la altura de las álgidas circunstancias. Un tsunami de aire fresco.

Como en cualquier otra situación, la gestión del flamante gobierno experimentará tropiezos (chamboneadas propias) y zancadillas (tanto internas como externas). En principio cuenta con una disponibilidad social favorable que va a “blindar” las amenazas que se le vayan presentando, pero si las acciones del Gobierno no se materializan en una mejora sostenible de las actuales condiciones, tal blindaje podría ir perdiendo espesor.

Hay motivo para el optimismo moderado; soplan bueno vientos. Refrendarlos es la delicada misión de Paz Pereira y su equipo gubernamental. Amén.