miércoles, 18 de diciembre de 2019

2019: Año de la gesta democrática de Bolivia

                                         Carla Saucedo

Una vez más, por décimo año consecutivo, hago la caracterización, muy personal –aunque sospecho que esta vez coincidiré con casi todos- del año que se va; como suele ocurrir, resumiré las gestiones pasadas hasta llegar a la reciente. Repasaré por última vez las nueve primeras, no solo porque el espacio se está quedando corto, sino porque 2019 ha comenzado una nueva historia, dejando atrás la época, así los espero, del autoritarismo, el narcotráfico, la desinstitucionalización y la corrupción –la frase final que usé para cerrar mi cierre de 2018 fue “la lucha por su recuperación (de la democracia) ya ha comenzado”. Permítamelo, entonces…
2010: “el año del rodillazo”. Ocurrió durante un partido de fútbol en la cancha Zapata; el equipo presidencial se enfrentaba al municipal. Con pelota detenida –agravante en hechos de este tipo- el expresidente Morales Ayma propinó un alevoso rodillazo en la zona del bajo vientre (en los testículos, vamos) a un rival. La escena se propagó por todas partes causando repulsa generalizada. Esta acción retrató, con precisión, su irrespeto de las reglas –del fútbol, en particular, y de la administración del Estado, en general-.
2011: “el año del MASking”. Fue el periodo en el que el antiguo régimen, arguyendo luego que se había roto la cadena de mando, desató una brutal represión contra los marchistas del Tipnis en la región de Chaparina. Una de las formas de tal represión consistió en sellar las bocas de los indígenas de tierras bajas con la cinta conocida como “masking”.
2012: “el año de la caca”. Con tal sustantivo adjetivado –caca- el expresidente se refirió a las relaciones de Bolivia con Estados Unidos, haciendo gala de su florido lenguaje diplomático.
2013: “el año de la extorsión”. Lo caractericé así debido al escándalo de proporciones gestado desde las propias entrañas del antiguo régimen. Recordemos que al interior de éste se organizó un consorcio mafioso dedicado a extorsionar a reos prometiéndoles influir en la justicia para absolverlos o favorecerlos de alguna manera.
2014: “el año del Estado Plurinominal”. Hace cinco años, el Gran Impostor, se postuló ilegalmente a los comicios presidenciales –sus peleles del TCP así lo ordenaron y sus serviciales del TSE lo ejecutaron-. Estos últimos mandaron a imprimir la totalidad de las papeletas de votación con el rótulo de “Estado Plurinominal de Bolivia”. Un acto electoral que debió haber sido declarado nulo.
2015: “el año de Petardo”. Un can adoptado por marchistas potosinos, a quienes acompañó en su periplo a la sede del Gobierno, captó la simpatía de la ciudadanía hastiada de la manera cómo el antiguo régimen ostentaba su poder basado en el autoritarismo. Petardo simbolizó la lucha por la democracia y la repulsa a la corrupción masista.
2016: “el año NO-Evo”. Hoy conocido como 21F, el referéndum convocado por el régimen masista con el propósito de desconocer el artículo 168 de la Constitución para forzar la reelección del Gran Hermano, resultó un revés para tales aspiraciones. La ciudadanía decidió que el sujeto volviera a su cato de coca el 22 de enero de 2020, como él mismo lo había manifestado.
2017: “el año del nulo”. En línea con el hecho precedente, la población dio una paliza al viejo régimen en las “elecciones judiciales”. No obstante la contundencia del rechazo y de los mensajes adversos a aquel Gobierno, éste impuso, como lo había hecho anteriormente, a sus operadores judiciales.
2018: “el año de la doble pérdida”. El vetusto régimen perdió el juicio en La Haya y con ello se cerró toda posibilidad de salida al mar –al menos por el lugar y las condiciones exigidas por Bolivia- y, por otra parte, la democracia fue secuestrada con la venia de esos operadores judiciales.
Y llegamos a 2019 como “Año de la gesta democrática de Bolivia”. Una serie de eventos afortunados, que devinieron luego del grosero fraude electoral cometido por Morales Ayma y su círculo mafioso, cuya protagonista fue la ciudadanía asqueada por 14 años de abusos, racismo, corrupción, persecución, narcotráfico, impostura, extorsión y violaciones a la Madre Tierra, entre otros. Los mafiosos tomaron las de Villadiego y, ante el vacío de poder, asumió, en estricta aplicación de la sucesión constitucional, la mujer cuyo gobierno tiene la misión de llevar a Bolivia hacia una elecciones limpias y verdaderamente democráticas. ¡Salud, lectores y lectoras!

miércoles, 4 de diciembre de 2019

¡Nunca más!


Estoy consciente de la ingenuidad que supone poner un título como el presente, expresión más bien retórica, “una carta a Papa Noel”, diríase. Pero, además, poco original, trillada; pero, a pesar de todo ello, pertinente, necesaria para procurar no tropezarse con la misma piedra.

Tengo en mente, a tiempo de redactar estas líneas, a los bolivianos que no han nacido aún para que, en su época de actuar como ciudadanos, no se dejen engatusar por falsos redentores que, en nombre de los menos favorecidos, resultan beneficiados con la democracia para, una vez encumbrados, gobernar contra ella en el afán de perpetuarse en el poder recurriendo, en el caso de que la Constitución se los limitase, a las más viles acciones de manipulación de los poderes de Estado cooptados por un régimen de carácter totalitario y, en el caso de saberse disminuidos electoralmente, recurrir al peor de los pecados sociales: el fraude.

Porque lo ocurrido excede los límites de la política. La confianza entre partes, la seguridad jurídica, la convivencia entre diferentes, la fe democrática, son bienes públicos que al ser corrompidos afectan a todo el tejido social.

El antiguo régimen, al haber incurrido en fraude electoral –ruptura del valor de transparencia, que deviene del principio de igualdad- genera también una ruptura de orden moral: si quien es el encargado de regular el orden social (el Estado) es el primero en engañar, entonces todo vale. Vale la estafa, vale el acoso, vale el irrespeto, vale la discrecionalidad, vale la delincuencia…
La ciudadanía, cuyo umbral de paciencia respecto a los abusos de poder a los que la sometía el antiguo régimen parecía no llegar a su límite, finalmente, aupada por el ímpetu de la juventud, decidió no dejar pasar el timo.
De haberlo permitido, poca o ninguna esperanza le quedaba al país para retomar la senda de la democracia. ¿Se imagina usted las elecciones subnacionales bajo la administración del Grupo de Choque? ¿Y luego de eso?
En su fe marxista, los operadores del antiguo régimen no imaginaron que la sociedad, dentro de una economía (la estructura) aparentemente sólida –y no por mérito exclusivo de sus funcionarios-, iba a plantear una resolución del entuerto por el camino de lo institucional.
Un grupo de poder, como lo fue el antiguo régimen, acostumbrado a aplacar a sus críticos mediante represalias de diversa índole, montó en desconcierto al no poder hacerlo esta vez. Mientras los acontecimientos se precipitaban –transitando rápidamente del pedido de “respeto al voto” al de “renuncia del tirano”- los jerarcas hacían maletas, una manera implícita de admitir la comisión del monstruoso fraude, del atentado a la fe ciudadana.
Las cosas bien podrían haberse resuelto hasta ese punto. Pero resultó que, cual bestia herida, el evadido decidió desestabilizar la transición incitando a la delincuencia y al boicot de la pacificación. Ladino, el sujeto.
Entre el enmarañado tenor de sus declaraciones, el exmandatario insinúa su retorno al poder “cuando llegue el momento” mientras instruye a sus huestes que ahoguen a los bolivianos. La figura que se me viene a la mente es la de Juan Pereda Asbún luego del fraude que montó para “ganar” las elecciones de 1978, rematado por un golpe de Estado. Una eventual habilitación de tal personaje como candidato, ahora o en los próximos cien años, sería como haber permitido que el tal Pereda se presentase en una elección posterior a la del fraude que cometió. Si a eso sumamos que los bolivianos nos enferma el prorroguismo, el plato está servido. Pero los poderosos de turno no aprenden. Ojalá fuera la última vez que la sociedad da una lección a quienes se quieren (se quieran) perpetuar.
¡Nunca más! ¡Nunca MAS!

De alucinaciones y piratas

                                               Viñeta: Página Siete


Los llamados “vuelos de la muerte” fueron una práctica corriente en Argentina durante la dictadura de Jorge Rafael Videla. Cientos de ciudadanos tenidos por “comunistas” por el solo hecho de ser contestatarios al régimen de entonces (1976-1981 y su continuación hasta 1983). Como sucede con este tipo de controles políticos, una denuncia anónima era suficiente para que las fuerzas de Seguridad aprehendiesen a los sospechados de subversivos y para que algunos, selectivamente, corriesen la suerte de acabar desaparecidos.

Un familiar que padeció las represalias, por la pura circunstancia de estar en el lugar y momento equivocados, vivió para contar que apilaban indistintamente a hombres y mujeres en el mismo ambiente con los ojos vendados y la boca amordazada, de modo que solo se valían del contacto directo con sus manos para establecer cierta comunicación.

Quienes no tuvieron la fortuna de este pariente, eran despojados de sus ropajes, cargados en aviones y lanzados al mar para, una vez muertos y devorados, darlos por “desaparecidos”. Las mujeres que sufrieron esta cruel manera de acabar con su vida era, además, vejadas sexualmente antes de ser arrojadas al océano.

Durante uno días, Bolivia tuvo la (in)grata visita de un grupo de aventureros que, en plan de activistas de derechos humanos, cuya estrambótica versión de la situación local luego del abandono de su cargo que hiciera el expresidente Morales es una suerte de adaptación de lo sucedido en el país del cual provienen a los hechos que acontecieron en el nuestro. ¡Con la diferencia de que en Argentina sucedieron realmente!

Es probable que la patota que nos vino a observar, liderada por un porteño megalómano, no se haya podido reponer del trauma de la dictadura militar que, entre otras cosas (Galtieri, 1982) mandó al sacrificio a una generación de jóvenes a las Malvinas (Falkland, para los británicos). Eso parece hablar de procesos no resueltos en el vecino austral que pretenden ser redimidos por estos sujetos en cruzando su frontera al norte.

Es evidente que el grupículo, piratas sus propios integrantes, vino con el propósito de fraguar historias de piratas para luego difundirlas por la región. Y para ello, cuenta con medios –tanto financieros como de prensa-. Los primeros se develaron en su ostentoso modo de vida que lucieron a su paso –¡claro que para el espectáculo mediático había que aparentar un estilo popular!- Sobre los segundos, un puñado de páginas orgánicas del “socialismo del siglo XXI”, replicaron sin pudor alguno las alucinaciones de sus amigotes.

Donde fracasaron estrepitosamente fue en los medios responsables y en la opinión pública que, coincidentemente, las pulverizaron. Es que semejantes groserías no resisten un mínimo análisis.
Ya a su arribo al aeropuerto de Santa Cruz –tramoya incluida- la delegación pirata anunciaba su dudosa “misión”: desvelar el exterminio de “hermanos indígenas” que, según su guión, se está produciendo en Bolivia, y denunciar el “golpe de Estado” y las violaciones a los derechos humanos con testimonios de los mutilados.

Después de eso, era obvio que se informaría algo igualmente desopilante, pero nadie imaginó que fuera tan fantasioso: “policías violando mujeres muertas” y “personas siendo arrojadas al vacío desde helicópteros”.

En buenas cuentas, el paso de esta muchachada trajo una dosis de morbo ideológico cuya acción resultó contraproducente para sus supuestos fines, dadas las patéticas historias, mal adaptadas de su propio pasado, que se le ocurrió contar. Se cae, por enésima vez, la intención de deslegitimar la retoma del rumbo democrático en Bolivia.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Señor Fraude



No es sobre el proceder del régimen en el reciente remedo de elección, cuando habilitó, contra todo principio jurídico, a un personaje descalificado por la ciudadanía mediante un referéndum para, consumada la violación a la Constitución –“su” Constitución-. Y, aun así, al no reunir una cantidad de votos que le permita prolongar su permanencia en el poder, permitirse dar la orden de disponer la alteración de la tendencia electoral para favorecer a su patrón, que quiero escribir.

Esa maquinación no merece ser llamada como reza el título de esta entrega porque no fue tal: fue un burdo y descarado fraude que afectó la sensibilidad democrática de la ciudadanía que no da tregua en su lucha por la anulación de dicha impostura.
Entonces, ¿a qué o quién denomino “Señor Fraude”? Pues, nada más ni nada menos que al individuo responsable de todo el zafarrancho que tiene en vilo a Bolivia, al Presidente saliente.

Este hombre es producto de una construcción de imagen que ha acabado por borrar de él todo viso de autenticidad –si es que alguna vez la tuvo- sustituyéndola por una cáscara de oropel que deslumbra a los incautos que lo siguen. Me explico: en lugar de poner en duda una serie de atributos ficticios, es común que se dé por sentado que el caballero es aquello que, por supuesto, no es –o no en la medida que supondría serlo-. En tal sentido el propio señor es un fraude, un Señor Fraude. Veamos…

¿Indígena? Sí, pero de conveniencia. El susodicho, como es de conocimiento público, cimentó su carrera en el sindicalismo –en el cocalero, para más señas, con todas sus implicaciones-. Su metamorfosis a “lo indígena” (no se formó políticamente en ninguna de las expresiones indigenistas del continente) es producto de la necesidad de posicionarlo como tal –con indudable éxito- para llegar al poder con la etiqueta de “Primer Presidente Indígena de Ámerica”, ignorando a personalidades mucho más merecedoras de tal denominación como Benito Juárez o, en nuestro medio, Andrés de Santa Cruz y Calahumana o Franz Tamayo que, si bien no llegó a ejercer, fue elegido para el cargo. Con todo lo modernista que era, Tamayo hablaba a la perfección la lengua aymara, lo que nos lleva a…

¿Aymaraparlante? Nones. Por mucha publicidad que le haya hecho el difunto Chávez a su “indio”, el compañero, pese a su triste empeño por demostrar lo contrario, no articula más que unas cuantas expresiones de orden protocolar –saludo, despedida, una que otra arenga- que cualquier ciudadano de estas tierras sabe pronunciar. Las veces que alguien intenta entablar con él una conversación en la lengua de Túpac Katari. El caballero no habla aymara y, mucho menos, es la reencarnación de Túpac Katari.

¿Trompetista? Mmmmm. Platillero, sí (en realidad, para serlo no se requiere haber estudiado ocho años en Viena), pero, aunque hay fotografías de esta especie de mimo musical, dudo mucho de su habilidad como trompetista -¿le ha escuchado usted tocar, individualmente, este instrumento?- Rodeado de gente, uno puede pasar por lo que se quiera. Me puse a buscar en youtube alguna interpretación suya y lo más cercano que encontré fue una distinción que recibe de parte de una asociación de músicos quienes le entregan una trompeta, luego el público empieza a corear “¡que la toque, que la toque!” y el personaje, visiblemente abochornado, no le saca ni un graznido. No pido una magistral interpretación de “El vuelo del moscardón” de Korsakov; me conformaría con “Los pollitos dicen”. Entretanto, huele a fraude.

¿Futbolista? Vamos… cualquier entendido en balompié sabe que el cuate apenas da unos pelotazos y que sus “rivales” no son tales, sino unos simples monigotes que se prestan a proyectar una imagen de Maradona de Orinoca. Resulta risible –vergonzoso para quienes impulsaron el asunto- que se hubiera querido enrolar a un equipo de la Liga profesional –Sport Boys-. ¡Cómo sufrí cuando el mundialista Néstor Clausen, su DT de entonces, tenía que decir que “no era mala idea”! Fraude por doquier.

Y podría continuar, pero el espacio ya no alcanza. Le toca a usted hacerlo.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Y se va la segundita...



De manera solícita, la ciudadanía acudió a las urnas, aun sabiendo que uno de los postulantes a la Primera Magistratura no tenía nada que hacer en la papeleta electoral por estar inhabilitado constitucionalmente –inhabilitación refrendada, además, por un referéndum que zanjó toda duda al respecto-.

Conocidos los datos oficiales al 85%, cuando se detuvo el conteo, los bolivianos ya entraron en modo “segunda vuelta” dado que los guarismos indicaban que, de manera irreversible, por la tendencia, la diferencia entre el candidato legal y el advenedizo, no le alcanzaba a este último para consumar su fechoría en primera vuelta. Es más, en el conjunto de la votación, una abrumadora mayoría votó en su contra.

Ciertamente, el primero logró capitalizar el descontento que, fruto de tanto abuso y corrupción, generó el régimen, descontento que se materializó en un rotundo “no” el 21 de febrero de 2016 y en votos, el 20 de octubre, dando paso a una inédita “segunda vuelta” a la que acudiremos en diciembre.
No deja de ser llamativo el hecho de que en la convocatoria a la primera vuelta electoral, el tristemente célebre Tribunal Supremo Electoral hubiese omitido incluir la fecha de la segunda y que cuando se le consultó por dicho “olvido” arguyó que lo haría si efectivamente se daba tal situación –pensando mal, al TSE, como al resto del régimen, jamás le pasó por la cabeza tal posibilidad-. Tiempo más tarde, el señor García Linera, candidato ilegal a la Vicepresidencia, indicaba que su sigla tenía un “voto oculto” (¿eufemismo por “fraude”, tal como “estrategia envolvente” por “cochinada”?).

Así y todo, el régimen muerde el polvo y, por mucho que asegure que se impuso en la primera, luciendo unas muecas intentado fingir sonrisas, deberá concurrir a la segunda, en la cual los auspicios no juegan a su favor.

En los hechos, el régimen ha perdido estrepitosamente, no solo porque sus postulantes son ilegales, ilegítimos e inmorales, sino porque gozó de toda clase de ventajismo avalado por sus lacayos del órgano electoral –ya habrá tiempo para reencauzar democráticamente dicha entidad-, así como por el grosero dispendio de recursos públicos para fines particulares, y por amenazar permanente mediante una campaña del miedo para que los votantes no apoyen al candidato legal mejor ubicado. Aprovechó, impúdicamente, el aparato estatal para montar una campaña sin precedentes por la asimetría respecto a aquella que dispuso de su propia logística de apoyo para llegar al día de la votación.

La ciudadanía camina hacia la segunda vuelta con los ánimos renovados, mostrándose resuelta a no dejarse timar nuevamente por el régimen dictatorial que ya está ejerciendo el poder de manera ilegal y que quiere reproducir la patraña las veces que se le antoje. Los jóvenes le han dado a dicho espíritu un ingrediente de poderosa motivación para no desmayar en la lucha por la democracia. Su presencia en todos los actos por el respeto al voto ha sido fundamental para sostener la ruta hacia diciembre. Ver a nuestros hijos ejerciendo sus derechos ciudadanos permite afirmar que el país tiene futuro, que la esperanza está en alza.

Escribo todo esto en medio de la incertidumbre ocasionada por el comportamiento de régimen –vía sus operadores del TSE- de forzar a como dé lugar un resultado distinto del que viabiliza la próxima vuelta. Sin embargo, la ciudadanía acudirá el segundo domingo de diciembre a cumplir su deber ciudadano y, con ello, volver a decirle “No” al sátrapa. Bolivia tendrá, a partir de enero, poderes separados que garantice pesos y contrapesos en la toma de decisiones públicas, vale decir que se instalará una República con su respectivo estado de derecho.

miércoles, 9 de octubre de 2019

Voto "por defecto"



Si usted sigue con cierta frecuencia mis entregas catorcenales, podrá certificar que no me he referido de manera directa a la carrera electoral en la que se encuentran embalados ocho duplas legales y una ilegal; tampoco, ni por asomo, he comentado las encuestas, justamente porque en las mismas figura el binomio trucho –legitimándolo-. Pero, como se suele decir, alea jacta est, y a plantarle cara a esta situación. A cruzar el Rubicón.

La etapa que está por concluir es resultado de un forzado montaje con diversos vicios, tanto de origen como de puesta en ejecución.

Entre los de origen, se encuentran antecedentes como la declaración constitucional 003/13 que, violando la Constitución, viabilizó la postulación de los señores Morales Ayma y García Linera para el periodo en curso (2015-2020) burlando la propia Carta Magna y la palabra empeñada por el primero –el segundo la llamó “estrategia envolvente”- al momento de viabilizar aquella (2009), comprometiéndose a no postularse tras culminar el anterior. Lejos de conformarse con cinco años (de ejercicio ilegal) más del poder, Morales, como veremos más adelante, afinó los mecanismos de control sobre los tribunales Constitucional y Electoral, para volver a torcer las leyes y colarse –pese a estar inhabilitado- en la nómina de candidatos a la Presidencia. Otro antecedente, de igual o mayor magnitud, es el resultado concluyente del referéndum del 21 de febrero de 2016, mediante el cual la ciudadanía expresó su rechazo a una nueva candidatura del personaje que ya había abusado de su confianza en las elecciones de 2014; en principio, el régimen aceptó el veredicto del 21F pero pocos días después, con las instituciones judiciales a sus órdenes, comenzó el trámite para pisotear la voluntad popular una vez más.

Entre los de ejecución, correlato de los anteriores, están la Sentencia Constitucional 084/2017 que declara como “derecho humano” supraconstitucional la repostulación –indefinida, se infiere- del susodicho y determina una ilegal “habilitación” como candidato para el periodo 2020-2025. 

Asimismo, figuran todas las acciones –manipulación de la Ley de Organizaciones Políticas, reuniones en la residencia presidencial con los vocales electorales, convocatoria a “primaras” (vinculantes, aunque resultaron no ser tales), campaña con recursos públicos (entregas de obras transmitidas por el canal estatal), un sospechoso incremento del padrón en algunas regiones, etc-. Todo ello avalado por los órganos al servicio del poder.

¿Y así iremos a votar? Pues, aunque el régimen juega de local y con árbitro “bombero” comprado, hay que dar batalla democrática. Lamentablemente, como ocurrió en la anterior, esta elección no brinda las condiciones para optar libremente por quien tenga el mejor programa o por quien tenga mayores coincidencias conceptuales con uno. No hay, en tal escenario, nueve posibilidades. Lo que hay es una encrucijada muy obvia: acentuación del autoritarismo o recuperación de la democracia. 
No lo asumimos así hace cinco años, y las consecuencias saltan a la vista.

En lo que a mí concierne, he decidido emitir un voto “por defecto”, que consiste en marcar en la casilla de quien, al día del sufragio, se encuentre en primer lugar entre los candidatos legales, así dicha persona no goce de mi simpatía en términos político-ideológicos.

A pocos días de la cita con las urnas, hay una tendencia en tal sentido. Si dicha tendencia se sostiene hasta el 20 de octubre, no me temblará el pulso para darle soporte; si ésta cambiara, actuaré de igual manera con quien haya concentrado el mayor caudal de apoyo ciudadano hasta entonces. ¡Por la democracia!

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Amargo MAS




El próximo martes se va a cumplir un año de la emisión del fallo de la Corte Internacional de Justicia, con sede en La Haya, Holanda, en relación a la demanda del Estado Plurinacional de Bolivia a la República de Chile, en torno a compromisos no honrados por esta última que, según el reclamo de Estado Plurinacional, le daría el derecho de negociar una salida al mar por territorio antes perteneciente a la República de Bolivia. “Obligación” (de negociar/dialogar por parte del demandado) y “soberanía” (boliviana, en el lugar “recuperado”) eran los términos excluyentes que el régimen esperaba obtener de la CIJ, términos que, como se sabe, no asomaron siquiera en el documento de derecho internacional que, al ser de última instancia, tiene carácter definitivo.

Como argumento jurídico, cuya autoría reconocida por propios y extraños es de don Ramiro Orías, el texto de la demanda es impecable; pero todos los concernidos en el tema sabían que su conversión en procedimiento contencioso era una apuesta de altísimo riesgo que el régimen quiso correr; lo que supone que en caso de una derrota diplomática de tal dimensión también estaba dispuesto a asumir su responsabilidad y a hacerse cargo de las consecuencias.

Sin embargo, durante el trámite del juicio internacional, el régimen o, más propiamente, el señor Evo Morales Ayma, dejando de lado todo sentido sensatez, mesura y sobriedad, se empeñó en darle una orientación partidaria al tema, desnaturalizando el espíritu con el que inició –el de la unidad- y generando dudas sobre el propósito real de la demanda. Como alguna vez lo escribí, Morales Ayma hizo marketing personal con el mar.

Innecesariamente beligerante, obscenamente grosero, tal individuo olvidó que el trámite corría por la vía jurídico/diplomática y que sus muestras de soberbia no eran precisamente lo que el momento aconsejaba. Entretanto, Chile, con sus propios tropiezos, actuaba como el “agredido”, mientras hacía “lobbies” de alta capacidad de influencia.

Pero el mayor pecado cometido por Morales Ayma y sus huestes fue el haber creado, deliberadamente, un ambiente triunfalista que excedió cualquier límite: una cosa es un moderado y sano optimismo, y otra la exacerbación de las pasiones con actos y expresiones absolutamente desmedidos.

Entre los más inverosímiles se encuentra el de la unión de varios retazos de tela de color azul –ingenuo quien crea que eso no tenía una intencionalidad político-partidaria propagandística- para hacer una larga tira a la que llamaron “banderazo” que pretendía ser registrado en el libro de los récords “Guinness”. Ni a eso se llegó, menos a “bañarnos en el mar”. Lo que sí ocurrió es que ese tiempo, como consta en la prensa, el rollo de 50 metros de tela azul subió de precio, de 200 a 500 bs.

Asimismo, en el paroxismo de la ridiculez, los empleados de la Agencia Nacional de Hidrocarburos se disfrazaron de jueces de la Corte de la Haya, causando vergüenza ajena a su paso durante el desfile por el Día del Mar.

Podría enumerar un puñado de disparates más, pero, por razones de espacio, solo lo haré con uno más, el de antología: el anuncio de Morales Ayma, en su discurso de Año Nuevo, en el que aseguraba que Bolivia “tendrá mar en 2018”. El caso es que no lo tuvo –ni lo tendrá, al menos no por el lugar y las condiciones que pretendía-.

La víspera del día del fallo, el 30 de septiembre del año pasado, publiqué las posibles opciones que nos esperaban. Lo hice de esta manera: “Triunfo diplomático absoluto: “Obligación” y “soberanía”. Triunfo diplomático parcial: “Obligación” o “soberanía”. Derrota diplomática absoluta: Ni “obligación”, ni “soberanía””.

Ocurrió lo último. Lo demás son patrañas.