Ni conformismo ni consuelo
de tontos: Lo logrado por el seleccionado nacional de fútbol hace de sus
protagonistas, merecedores de honores por todo lo alto. Si bien no se llegó a
la siguiente instancia -el dominio y la entrega de los jugadores fueron
manifiestos- la página que escribieron tendrá un lugar entre las grandes gestas
no solo del deporte, sino de la lucha del ser boliviano por superarse ante las
adversidades -eso que llaman “resiliencia”-.
Si hubiese alguien que
sostenga que no se cumplió el objetivo, le digo que, contrariamente, se lo
superó -por supuesto que si se conseguía la clasificación lo habría hecho con
creces-.
Para sostener esto, me
remito al proceso, algo que no solemos considerar en los comentarios
triunfalistas. Dos directores técnicos habían dejado a la selección al borde
del colapso, hasta que, criteriosamente, se llamó a Villegas para tomar sus
riendas. El recién llegado recibió un equipo prácticamente desahuciado.
Consciente de ello -pueden revisar los archivos de aquel momento- el estratega
no ofreció la clasificación. Se diría que el objetivo era sacar a la Verde del
foso en el que se encontraba… y la llevó a las puertas de la Gloria. ¿No es eso
épico?
Sobre el partido mismo,
apelo a esa especie de pretexto que siempre sale a flote para justificar un
infortunio… “se nos cerró el arco”, que en este caso no fue una metáfora; los
números del partido (salvo el resultado) lo demuestran: posesión de la pelota,
número de “corners”, pases y disparos al arco, dan cuenta de la predominancia y
calidad individual y colectiva del grupo.
Por supuesto que hubo
imprecisiones -¡y nos costaron caro!- pero en la no-lógica del fútbol pasan
estas cosas -comparación odiosa, pero fíjense en lo que le pasó a Italia-.
Desde la percepción del hincha se podrán cuestionar algunas decisiones del
“profe” -yo mismo creo que un par de jugadores desentonaron un poco- pero, ¿qué
tan distintas hubieran sido las cosas si se tomaban otras? No lo sabemos.
Tenemos un plantel con un potencial
brillante -que puede dar grandes satisfacciones en la próxima Copa “América” y
en la siguiente clasificatoria al mundial-. Si el proceso se sostiene, les
(nos) esperan mayores satisfacciones.
Brindemos a estos
ejemplares valores -no quiero llamarlos “muchachos”- el recibimiento que se
merecen: cálido, pletórico de honores, agradecido. Nos dieron una lección de
dignidad.





