miércoles, 20 de octubre de 2021

El (re)cuento del tío

 

                                                Viñeta: ABECOR

No se supone que los recursos públicos se utilicen para que los funcionarios del gobierno hagan el ridículo; pero los empleados al servicio del régimen de Morales Ayma parecen no entenderlo así y se esmeran en malgastar nuestro dinero para denigrarse hasta la rediaxia (palabra que acabo de inventar porque no hay una que exprese el grado de miseria humana en la que se arrastran, causando no lástima, sino risa).

El humillante espectáculo con el que pretenden engatusar a la ciudadanía no hace más reafirmar que lo que ellos tratan de negar, y lo más risible es que creen que lo hacen de maravilla. ¡Tontos y retontos!

No les bastó con embarrar siglos de prestigio de la Universidad de Salamanca que, inopinadamente, se prestó a la patraña por unos pesos. La desportillada institución no pidió disculpas al país, como debía haberlo hecho, pero admitió que su panfleto no tenía el alcance de la auditoría de la OEA, cuyo carácter vinculante fue solicitado –y, conocido el texto, no aceptado- por el propio señor Morales Ayma cuando la encomendó.

Fracasada la táctica “Salamanca”, superándose a sí mismo en capacidad de torpeza/gag, esa que nos hace reír por lo estúpida, a un tío del régimen se le ocurrió hacer un “recuento” de los resultados de las fraudulentas elecciones de hace dos años cuando el sistema de transmisión rápida fue intervenido cuando la tendencia marcaba que debía realizarse la segunda ronda electoral. Sin contar con que usurpó funciones de otro poder del Estado, el sujeto no ha sabido qué hacer con su “hallazgo” (¿hubo alguno?) y lo único que consiguió fue seguir embarrándose para deleite de la platea. Reducido a jocosa caricatura, desata su ira contra el más débil personaje de aquella: el caricaturista.

Más grotesco aún es el acto de embrollamiento al que se han expuesto estos tíos al urdir, con su TCP que, sin mencionar específicamente el asunto de la sucesión presidencial, bendecido en su momento por el propio TCP, emite una sentencia y un comunicado que el régimen, conocedor del texto con anticipación, “interpreta” la sucesión de 2019 como contraria a la Constitución, cuando, justamente por lo que deja de decir, tal pronunciamiento la avala. Pero lo tristemente jocoso viene cuando la muchachada de los moralitos quiere separar el supuesto origen inconstitucional de la sucesión de los actos jurídicos posteriores, entre los cuales se (re)cuenta la convocatoria a elecciones cuyo acto material (la votación) da origen al gobierno en funciones. Cantinflesco sofisma de autoinvalidación.

¿Seguimos?

No conforme con revolcarse en porquería en medio de las risotadas de los espectadores, el régimen lleva su numerito al foro panamericano y recibe una elegante invitación a irse de paseo. ¡Nada menos que uno de los involucrados en el fraude desafiando a debatir a quienes lo pillaron en falta! “Vaya a debatir con su abuela”, faltó que le dijeran a tiempo de dar por cerrado el tema.

Queda claro que el régimen ensaya, y representa al mismo tiempo, una versión torpe del (re)cuento del tío suponiendo que la ciudadanía se dejará timar. No se percata de que, en su miseria moral, solo exhibe una enfermiza afición por hacer el ridículo.

Miseria moral: desconocer el resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016 y pretender que la reelección indefinida es un derecho humano, patraña a la que la CIDH no se prestó y dio un revés a las aspiraciones prorroguistas ad infinitum del tío que tomó las de Villadiego dejando instrucciones para incendiar el país en su ausencia.

Háganse un favor a sí mismos: Si algo de vergüenza les queda, dejen de hacer semejantes mamarrachadas.


miércoles, 6 de octubre de 2021

39 años: Nadie se cansa, nadie se rinde

 


La presente columna viene precedida de otras que abordaron el mismo acontecimiento: un año más desde que, en 1982, la democracia llegó para –así lo sentimos pese a las indisimuladas acciones del régimen de Morales Ayma para destruirla- para quedarse.

Este recorrido de 39 años puede ser considerado, según cómo se lo mire, largo, en comparación con otros periodos sin interrupciones de carácter dictatorial, o corto, en tanto proceso histórico.

Pero si lo juzgamos por sus hitos, sus primeros 20 sentaron cimientos sólidos que resisten los embates de quienes, desde el poder, intentan socavarlos.

El primer gran hito es justamente el del 10 de octubre de 1982, fecha histórica que corona un arduo periodo de intentos democratizadores con duros tropezones –una elección con más votos que votantes, golpe militar contra Guevara Arce, golpe militar contra Lydia Gueiler-. Entre los antecedentes hay que ponderar las figuras de los militares institucionalistas David Padilla Arancibia y Guido Vildoso Calderón.

El segundo, siempre a mi juicio, es el acortamiento del mandato del Dr. Hernán Siles Zuazo, agobiado por la crisis económica –deuda externa, hiperinflación, devaluación- “heredada” de los regímenes dictatoriales, y por una despiadada oposición que no había aprendido las lecciones de noviembre del 79 y de julio del 80. Con una grandeza pocas veces vista en quien ocupa la silla presidencial, Siles dio un paso al costado.

El tercero, es la estabilización económica, a un considerable costo social, que se resume en dos frases de Paz Estenssoro: “Bolivia se nos muere” y “Esta es una coyuntura que puede durar 20 años”.

En cuarto, es el de la construcción institucional de la democracia, comenzando por la de la entonces Corte Nacional Electoral que, en determinado momento, llegó a tener la confianza absoluta de la sociedad. Los acuerdos del 19 de julio de 1992 (Gobierno de Paz Zamora) trazaron el camino que condujo a otros hitos.

El quinto, es el de la Participación Popular, mecanismo que otorgó a los municipios recursos y poder que hasta entonces no los tenían. La descentralización se abría paso y lo rural se integraba al concierto político. Fruto de la primera reforma a la Constitución de 1967, se introducen las categorías “multiétnica” y “pluricultural” de nuestra república; el reclamo de la primera marcha indígena se inscribía en letras constitucionales. No menos importantes fueron el voto a los 18 y la creación del Tribunal Constitucional, el Consejo de la Judicatura y la Defensoría del Pueblo.

La agenda de reformas institucionales quedó trunca ante el advenimiento de un ciclo de contracción de la economía –factura de la dependencia de los recursos naturales- y las acciones gubernamentales se centraron en el intento de evitar mayores daños al erario. Esto desgastó a la política y la válvula de escape fueron las reformas de 2004. La llamada “desmonopolización” de la política y la constitucionalización de institutos de democracia semidirecta: Asamblea Constituyente y Referéndum.

Lo que nos lleva a 2005, el sexto hito. Las elecciones de aquel año fueron el triunfo de la democracia y, ¡quién lo diría!, el comienzo de su actual agonía. Pero, como reza la arenga de octubre/noviembre de 2019, “Nadie se cansa, nadie se rinde”.

Colofón: el Gobierno constitucional transitorio podría haber sido considerado el séptimo hito si no hubiese sido tan desastroso, si solo se hubiera dedicado a lo que le correspondía hacer.

Pero de ahí a que el régimen de Morales Ayma quiera, con cada vez menor credibilidad, tacharlo de “gobierno de facto” dista una enorme brecha. El único argumento que aún le queda es que un uniformado le colocó la banda presidencial a la señora Áñez. Quiero recordarle al régimen de Morales Ayma que la Constitución vigente fue aprobada en grande por el MAS en un recinto militar en las afueras de Sucre, luego de la muerte de tres ciudadanos y de un centenar de heridos, ¿hace ello de la misma una Constitución de facto? En la lógica del régimen de Morales Ayma, sí. Empate técnico.


miércoles, 22 de septiembre de 2021

Operación "Plátano maduro"




 En los cálculos previos a las elecciones autonómicas (“subnacionales”), el régimen de Morales Ayma, erróneamente, las tomó como un correlato de las generales y las supuso en el bolsillo pensando en el ejercicio del poder total(itario). Su campaña se basó en amenazas de cortar ingresos y proyectos a ciudades y departamentos si acaso sus habitantes osaban dar la victoria a candidatos de oposición, sobre todo cuando las encuestas, luego ratificadas en los resultados electorales, mostraban mayor intención de voto hacia candidatos no oficialistas en las grandes urbes y en varios departamentos –esto, sumado la imposición de candidatos en el MAS, causante de fisuras en su seno-.

Durante la fase de impugnaciones, se puso en cuestión la habilitación, por motivos de residencia, de dos candidatos a alcaldías: César Dockweiler a la de La Paz y Manfred Reyes Villa a la de Cochabamba. Si se inhabilitaba al segundo, por analogía, tendría que inhabilitarse al primero; por tanto, el régimen tomó la decisión política para que su instrumentalizado Poder judicial diera luz verde al señor Reyes Villa, quien, como se sabe, corrió mejor suerte que el señor Dockweiler en los comicios.

Si Morales Ayma y su pandilla querían sacarse de encima al actual alcalde de Cochabamba, el momento era aquel; el argumento jurídico era sólido. En cambio, la forma en la que se lo quiere apartar del cargo ahora es absolutamente absurda, y los es más aún cuando el burgomaestre goza de una legitimidad indiscutible y que, en el breve tiempo que tiene de gestión ha demostrado estar a gran distancia, en términos positivos, de sus desastrosos antecesores recientes (Castellanos y Leyes).

Menciono el asunto porque es el más delicado; pero no es el único, no todos son del mismo tipo. El régimen de Morales Ayma está decidido a destruir lo que queda de democracia para tomar las instituciones a las que no pudo acceder por la vía democrática y, colateralmente, emitir normas cada vez más restrictivas de la libertad.

Luego de una aparente admisión de su catastrófica derrota en las elecciones autonómicas, la arremetida totalitaria es evidente: asedio a la marcha indígena, golpe a la dirigencia de los cocaleros de Los Yungas, elaboración de leyes atrabiliarias, intimidación al alcalde de La Paz y al expresidente Mesa, agresiones a periodistas mientras cumplen sus funciones, insistencia enfermiza en un supuesto “golpe de Estado” y un largo etcétera de acciones de carácter autoritario.

Si bien algunos de éstas se venían gestando anteriormente, ha sido en los últimos 15 días que se han acelerado y agudizado. Y no parece casual que ocurra así. El recientemente elegido por enésima vez como máximo dirigente de los cocaleros del Chapare se reunió con el tirano venezolano –poco antes lo hizo con el cubano-. No fue para jugar badmington, supongo. El caso es que en Cararacas recomendó la ingesta de “plátano maduro” a los revolucionarios, y todo el aparato judicial-político del régimen de Morales Ayma comenzó a apretar el acelerador -¡hay que ver con cuánta diligencia se emiten comparendos y se aprueban leyes de tinte persecutorio!-

Entretanto, los organismos que velan por los derechos humanos expresan su preocupación, lo que parece no hacer mella al régimen, cuyo camino hacia el totalitarismo fue (re)definido fuera del país.

Como otras veces, se precisa de la coordinación entre las fuerzas democráticas ciudadanas para evitar la escalada dictatorial. De no ocurrir esto, los bolivianos acabaremos con un plátano en el cu…ello.

miércoles, 8 de septiembre de 2021

El MIR ha muerto, ¡larga vida al MIR!

 



Ayer, la expresión más representativa de la lucha por y la posterior construcción de la democracia en Bolivia, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR) celebró 50 años de presencia en la historia política del país.

Nació en la clandestinidad y llegó a sus bodas de oro en una especie de clandestinidad. Con su personería jurídica cancelada hace años, una suerte de muerte legal, como salidos de las catacumbas, cientos de militantes –no quiero sobrestimar la cantidad, pero a escala nacional, pudo haber superado el millar- se manifestaron públicamente en plazas y calles de diversas localidades para dejar testimonio del patrimonio político que, por mucho que se trate de ignorarlo o denigrarlo, está más vigente que nunca, no de manera orgánica sino por la necesidad que tiene Bolivia de reencaminar la democracia, cuyo ejercicio se encuentra secuestrado por un proyecto de carácter autoritario y excluyente.

Es decir, puede ser que formalmente no haya MIR, pero hay un mirismo cuya irradiación hacia el campo democrático es lo que se requiere para superar este periodo de déficit democrático. Fíjese que no hablo de personas; mi inquietud se dirige hacia una serie de grupos que emergen en tiempo de elecciones y cuentan con personería jurídica, pero les falta lo que al “muerto” le sobra: una idea de Estado, una explicación del nuestro país, un legado…

Ya fuera en su forma institucional (con sigla vigente y organización activa) o en su manifestación testimonial, la expresión política de la que hablamos es como una rosa de los vientos que puede señalar el camino a organizaciones que oponen resistencia al régimen del jefazo.

Fundado hace medio siglo como resistencia al gobierno de facto que se instauró en agosto de 1971, al MIR le cupo administrar el aparato estatal en diversas circunstancias; la más feliz fue aquella en la que un mirista que, en virtud de la aplicación del artículo 90 de la anterior Constitución, mostrando que se puede concertar entre opuestos, accedió a la Primera Magistratura. En esa misma línea, ya en pleno ejercicio del poder, tuvo la grandeza de involucrar a todos los actores políticos del momento en la firma de un acuerdo nacional por la modernización del Estado y sus instituciones, entre ellas la Corte Nacional Electoral (9 de julio de 1992). Otras participaciones del MIR en la administración pública fueron menos afortunadas.

Lejos del fervor crítico de la oposición de aquel tiempo, la gestión 1989-1993 brilla con la luz de la esperanza en días mejores para Bolivia; yo la denomino “Los años que crecimos en Paz”. En opinión del sacerdote y periodista Eduardo Pérez Iribarne, “Jaime Paz hizo un gobierno serio y responsable; no me atrevería a calificarlo como muy bueno, pero lo hizo responsablemente. Y fue un tiempo de paz social, lo manejó muy bien” (Radio Fides, 30 de julio de 2003). Por su parte, Ricardo Sanjinés, en su texto sobre 25 años de democracia, apunta: “Hay coincidencia en afirmar que el de Jaime Paz fue un gobierno bueno, constructivo, sin traumas ni perseguidos. Pero tuvo mala prensa por algunos estamentos donde hubo corrupción”.

No se puede, en fin, hablar de democracia sin considerar a sus constructores, el MIR, entre los fundamentales. En ese sentido, varios de sus miembros sufrieron el exilio, la persecución, la tortura, atentados contra su vida y la masacre que dejó a mártires. Honor y gloria para ellos.

Hay una profunda huella por retomar, misión que queda en manos de nuevas generaciones que quieran recibir tan inmenso legado. El MIR ha muerto, ¡larga vida al MIR!

miércoles, 25 de agosto de 2021

El jefazo, al estilo Capone

 


Instituciones de orden mundial de expertos en materia de derechos humanos y democracia (CIDH y GIEI) remitieron al Estado boliviano sendos documentos, que se suman a otros –OEA, Europarlamento- en la misma línea, pronunciándose sobre las consultas que les fueran hechas, el primero por Colombia, en tanto garante de la Constitución Política vigente desde 2009, respecto a si la reelección indefinida puede ser considerada como un derecho humano y, el segundo, a instancias del gobierno constitucional transitorio de la expresidenta Janine Áñez, sobre los hechos acontecidos durante el periodo transcurrido entre las elecciones de octubre de 2019 y los primeros días del gobierno de transición.

El de la CIDH puso fin a la patraña que el señor Morales Ayma y sus corifeos habían ideado para habilitar a éste como candidato no obstante la propia CPE y, doblemente contundente, la voluntad popular expresado en el referéndum del 21 de febrero de 2016, le negaran tal pretensión. La opinión consultiva de carácter vinculante cayó como un mazazo sobre el oficialismo que, por un momento, quedó aturdido.

Pero, como confiando en que el del GIEI resultara favorable a su ocurrencia de “golpe”, generando una especie de “empate técnico” entre uno y otro –incluso, el portavoz presidencial adelantaba “sorpresas” adversas para “gobierno de facto”, cosa extraña porque el documento estaba ya en manos del Gobierno- intentó minimizar el alcance del primero. Como se sabe, el informe del GEIE reparte responsabilidades, casi a partes iguales a los dos gobiernos del periodo mencionado.

Si bien el objeto de consulta es diferente, ambos coinciden en que el hecho desencadenante de todo lo sucedido posteriormente es el del incumplimiento, por parte del régimen de Morales Ayma, del mandato emergente del 21-F, es decir de la imposibilidad de postular al jefazo para los comicios de 2019. Éste y otros elementos señalados en uno y otro dictamen asfaltan el camino para poder enjuiciar a Morales Ayma tanto en caso de corte como por la vía ordinaria (varias acciones de sus seguidores, a instancias suyas, ocurrieron cuando ya no fungía como Presidente).

Enterado de esto, cual matoncito engreído, un encolerizado jefazo volvió a desbocarse para hacer gala del control que ejerce sobre los operadores de justicia y de otras instancias del Estado, espetando frases como “vengan de donde vengan procesos, vamos a seguir ganando”.

Este tipo de displicencia ante la posibilidad de ser juzgado es análoga a la del gánster Al “Scarface” Capone quien, con su banda de sicarios, aterrorizaba a la ciudad de Chicago. Morales Ayma hace alarde de su poder y desafía a la ciudadanía a que lo enjuicie, seguro de que ningún proceso en contra suyo prosperará –se jacta precisamente de que nunca lo hizo- y vuelve a amenazar con hacer arder Chuquiago.

Capone tenía bien aceitadas a varias autoridades lo que le permitía pavonearse ante cualquier insinuación de juicio en su contra. Hasta que, por obra de un grupo federal de investigación, conocido como “Intocables” debido a una mala traducción de “untouchables” (intachables, insobornables) consiguió llevarlo a estrados judiciales. Durante el juicio, Capone sigue mostrándose socarrón y amenazante pues sabe que el jurado ha sido comprado para declararlo inocente. Enterado de esto, el juez opta por cambiar de jurado y Capone es hallado culpable y es condenado a 11 años de presidio.

Morales Ayma, “el jefazo” para los amigos, no debería estar tan seguro. Una de las recomendaciones del GIEI es, precisamente, el cambio de los actuales operadores. Y en un escenario con gente proba en la administración de justicia, lleva las de perder.

miércoles, 11 de agosto de 2021

Estatuas de mármol e ídolos de barro

 


El patrimonio estatuario de la ciudad de Nuestra Señora de La Paz cuenta con un importante número de piezas, muchas de ellas emblemáticas, la mayor parte en honor a figuras históricas. No todas permanecen en el lugar en el que fueron erigidas originalmente.

La alegórica figura mitológica de Neptuno, por ejemplo, fue trasladada de la Alameda al Montículo, donde encontró su ubicación final, probablemente por una decisión administrativa sin otro motivo que el paisajístico. Otros ejemplares tuvieron que hacer periplos con varias escalas hasta llegar a su sitio actual; tal es el caso de la “Cabeza de Zepita” (como reza la canción de Monroy Chazarreta): la inmensa testa de piedra de Andrés de Santa Cruz y Calahumana, Mariscal de Zepita, fue emplazada en la llamada “Plaza de los Héroes” (San Francisco) y, desde su aparición, una parte de la sociedad le declaró su antipatía por considerarla “antiestética”. Esas voces le ganaron la batalla al Mariscal, y su cabeza fue exiliada –eventualmente, “botada” en algún depósito- hasta ocupar el un espacio en la zona “Amor de Dios”. Por razones similares, la del Ekheko transitó por varias zonas. Otra historia tiene el monumento al “Soldado Desconocido”, magistral obra de Emiliano Luján, que fue sustituido por otro hasta retornar a su emplazamiento original luego de años de proscripción.

Un caso particular, y lo pongo en este orden porque tiene relación con el más reciente hecho que motiva a hablar sobre las estatuas, es el de la efigie de John F. Kennedy, que sufriera un atentado con explosivos reivindicado por el EGTK. Retirada de la plaza homónima, pasó largo tiempo en un depósito de la alcaldía hasta ser “relocalizada” en un parque infantil –con una soldadura en uno de sus pies, producto, precisamente, del atentado-.

Pero, así como algunas estatuas tienen un “carácter itinerante”, otras encontraron su lugar casi eterno en el espacio que ocuparon desde su erección y, en el imaginario paceño, resulta casi imposible ubicarlas en otras coordenadas. Tal es el caso, por mencionar algunos, de Simón Bolívar (Plaza Venezuela), Alonso de Mendoza (Churubamba), Confucio (San Jorge) Alexander von Humboldt (plaza homónima) Eduardo Avaroa (grafía original del apellido del defensor de Calama), Vicenta Juaristi Eguino (en la llamada plaza Eguino, en lugar de Juaristi), Isabel la Católica (plaza homónima), etc. Buena parte de los monumentos alusivos a personajes no nativos de Bolivia, fue encargada y obsequiada a la ciudad por representaciones diplomáticas de las naciones de las cuales provienen.

Y así llegamos a Colón, cuya serena imagen en mármol, enaltece el prado paceño. De la dimensión histórica, con luces y sombras del descubridor podríamos escribir páginas enteras. Es tan universal su presencia, que Ulrich Beck ubica su llegada a las costas caribeñas como el inicio de la globalización. En más de uno de mis viajes me he sorprendido con un Colón erigido, incluso donde menos se esperaría, como en Syracuse, EEUU, hay uno en pleno centro citadino.

Que un individuo enajenado le arranque la nariz o que un Mariscal de Chaparina llame a derribarlo no le quita mérito a la aventura que, producto de la serendipia, conectó para siempre al mundo.

El cubano Alejo Carpentier, tiene una obra –El Arpa y la Sombra- poco amable con el Almirante, pero en una parte pone en su voz estas líneas: “Hora de la verdad, que es hora de recuento. Pero no habrá recuento. Solo diré lo que, acerca de mí, puede quedar escrito en piedra mármol”. Mármol que honra.

Mientras tanto, los ídolos de barro –dictadores y aspirantes a serlo- se derriten sin necesidad de aplicarles combazos.