miércoles, 24 de junio de 2026

Del estado de excepción al estado de gracia

 


Estuve meditando acerca del “timing”, término anglo que no tiene una traducción en una sola palabra en castellano, por eso decimos “taiming” y suponemos que hablamos de lo mismo: control y administración del tiempo. Pero la idea, pienso, va más allá de solo eso. Creo que implica la noción misma de tiempo, a su percepción, a su relatividad.

Durante la crisis de los 50 -me refiero a días, no a años, aunque quienes estuvieron en medio del conflicto lo hayan sentido como tales- se entrecruzaron tres timings: el de los golpistas, un variopinto conglomerado de pintorescos personajes al servicio de Evo Morales; el del Gobierno, apegado a su legitimidad electoral; y el de la ciudadanía, maniatada por ambos flancos.

Para los primeros, la peregrina idea de exigir la renuncia del Presidente tuvo 48 horas tan elásticas que se estiraron -y éstos no tenían problema, mientras fluyeran recursos, en alargarlas hasta que florezca el chuño-.

Para los gobernantes, un juego de nervios y de cálculo para ir desgastando la intentona de asonada sin causar bajas en las filas subversivas que, como se sabe, es el expediente al que recurren los “movimientos sociales” para victimizarse y justificar sus propios delitos, atentados y bloqueos criminales. El “ritual de sangre”, del que hablaba Quintana. El Gobierno apostó a que los golpistas cayeran en sus propias contradicciones, ante la impaciencia de la población que le pedía acciones directas. Cuando el golpe implosionó apretó el botón del estado de excepción, ratificado por el Legislativo por amplia mayoría -dato no menor-. En el camino, se dieron injustos fallecimientos producto de la falta de humanidad de los delincuentes que tomaron las vías y el Ejecutivo tuvo una crisis de gabinete. El reemplazo en el ministerio de Defensa fue determinante para encaminar la salida, incruenta, hacia la liberación del país.

En cuanto a la ciudadanía -trabajadores con conciencia, gremialistas, transportistas, empresarios, estudiantes…- cada día de asedio equivalió a una semana en términos de su trabajo, de su bienestar emocional y de su economía en general. De hecho, a muchas empresas y emprendimientos individuales, debido al daño causado durante los 50 días les tomará no menos de un año recuperarse y retomar la senda del crecimiento. Otros no tendrán esa “suerte”, puesto que la mafia inmisericorde acabó con sueños y vidas promisorias.

Una de las mejores caracterizaciones del timing que he escuchado no proviene de un filósofo, en lo conceptual, ni de un administrador, en lo operativo, sino de un tiktoker (un tic tacker, diría). “Una gran virtud es esperar; esperar el momento adecuado. Una vez que tienes todo estructurado en tu cabeza, saber perfectamente cómo lo vas a ejecutar; pero esperar al momento adecuado es difícil. Solo se aprende con los años. La diferencia entre el éxito y el fracaso muchas veces depende exclusivamente del timing”.

Por delante, queda la reconstrucción sobre los escombros dejados por el narcoterrorismo. Pero que nadie se confunda, la estoica resistencia de los bolivianos no debe ser interpretada como un respaldo explícito al Presidente y a sus colaboradores; es una pulsión democrática a toda prueba. El Gobierno debe sopesar lo actuado y activar el cumplimiento de la ley.

Se avecina el momento de la aprobación de diez leyes que configurarán el nuevo ciclo de administración estatal. No se puede permitir que los restos que quedaron del grupículo insurrecto se rearticulen para torpedearlas.

Ahora debemos ingresar en estado de gracia (periodo excepcional de inspiración, paz, creatividad o fluidez donde todo parece salir bien y sin aparente esfuerzo). Nos lo merecemos.

jueves, 11 de junio de 2026

Habemus Mundial

 


La publicación de esta columna coincide con la apertura del torneo ecuménico del fútbol. Buen pretexto para distenderse y “mirar a otro lado”, al menos por unos días.

No digo el año, pero me tocó nacer a poco de la conclusión del Mundial de Chile, aquel en el que Brasil obtuvo su segundo título. Del primero que tengo conciencia es de aquel que se realizó en México, en el que, precisamente el mismo Brasil de Pelé obtuvo el “tri”. 

Del anterior, Inglaterra, en el que el título se quedó en casa de los inventores del fútbol moderno, el football, no tengo un recuerdo vívido. Lo curioso es que éste fue el único, hasta la fecha, que ornamentó su vitrina durante cuatro años.

Brasil se quedó a perpetuidad con la Copa “Jules Rimet” y desde el Mundial de Alemania 74 se disputa la Copa “FIFA”. En 1983, la primera sufrió su segundo robo que, a diferencia del previo, sin mayores consecuencias, acabó fundida y convertida en lingote. De ella solo se conserva la base de lapislázuli. 

Bien entrada la década de los 90, algunos medios, creo que tengo un recorte en mi archivo, siguieron llamando “Jules Rimet” al trofeo–la fuerza de la costumbre, se diría–.

A mi juicio, y no soy el único que piensa así, en los mundiales de Alemania 74 y Argentina 78, la selección más perfecta fue la de Holanda (Países Bajos), conocida como “La naranja mecánica” por la precisión de su juego de conjunto, con el liderazgo de Johan Cruyff.

Pero ahí estuvieron Breitner y Müller, amén de Beckenbauer, el Kaiser, para reescribir el destino, en el primer caso, y Kempes y Bertoni, en el segundo. 

La leyenda negra reza que el régimen militar argentino se las arregló para que, a lo largo del torneo, el arbitraje y algún “acuerdo” (con el seleccionado del Perú) posibilitaran el pase de los locales hasta la final, pero en ella, Argentina se hizo grande sin tacha alguna.

A propósito del Mundial del 74 y de Argentina, en las eliminatorias de la región, disputadas in 1973, el seleccionado albiceleste formó un combinado alterno al titular, que se había entrenado en La Quiaca y que derrotó a nuestra selección, en La Paz, por la cuenta de 0-1, con gol de Fornari.Hago, porque esto se volvería las mil y una noches de lo contrario, un largo salto de tiempo hasta 1993-1994. Por razones obvias.

Bolivia acudió a tres citas mundiales, las dos primeras como invitada, siendo eliminada a las primeras de cambio, en algún caso con marcador abultado, y la tercera por derecho y méritos propios. En el medio, nuestra selección estuvo más de una vez a un “casi” de lograr un lugar en el gran evento –la más reciente, justamente este año–. 

De hecho, para las eliminatorias de entonces, Azkargorta recibió buena parte de la base que había dejado Habegger, un gran técnico. Eso, sumado a las pautas motivacionales del vasco, a una huelga futbolera que le dio tiempo de preparación al conjunto y una generación con los astros alineados, consiguieron el sueño de la clasificación.

En esta versión, ese “casi” nos vuelve a dejar en calidad de mirones sin camiseta propia. En mi caso, de manera literal: en materia de clubes, me pongo, eventualmente, la de los equipos de mi predilección en algunas ligas, mientras no se enfrenten a mi club local. En cuestión de selecciones, la única con la que me luzco es la de mi Bolivia. Lo que no quiere decir que, por defecto, pueda apoyar a alguna otra que está en competencia.

Y bueno. Que se abra el telón y que las emociones nos ayuden a atravesar el duro trance que estamos soportando por el afán subversivo de unos delincuentes sin piedad.

viernes, 29 de mayo de 2026

El estuprador y el SAP (Síndrome de Abstinencia de Poder)

 




Partiendo de lo general, para luego aterrizar en lo particular ya anunciado en el título, recojo una caracterización básica del Síndrome de Abstinencia: se trata de un conjunto de reacciones físicas y mentales que sufre una persona con adicción a una sustancia cuando deja de consumirla o reduce significativamente la cantidad habitual.

En lo que respecta al caso que nos ocupa, esa sustancia se llama “poder” y su dependencia y posterior S.A.P. afecta a sujetos que lo pierden y se manifiesta en perversas maneras para volver a conseguirlo a como dé lugar dada la adicción al mismo.

Sus síntomas son inconfundibles: micrófonos compulsivos, nostalgia autoritaria, marchas “espontáneas” financiadas por la espontaneidad ajena y una extraña incapacidad para aceptar que el calendario avanza.

Lo llamativo es que, en reiteradas ocasiones, el adicto, a quien llamaremos “el estuprador”, la población lo repudió dejando en claro que no puede acceder, bajo circunstancia alguna, a la sustancia en cuestión.

 Los hechos, muchos de ellos decididamente delictivos, que la minoría que lo respalda en su demencial delirio tienen a una parte de Bolivia en ascuas dada la virulencia de sus manifestaciones, el vandalismo y la ridiculez de sus consignas -más allá de las mismas, los “movilizados” no tiene idea de porqué cometen semejantes estropicios-.

El estuprador vive convencido de que Bolivia no puede sobrevivir sin él en la silla presidencial. Lo surrealista del asunto es que la Constitución, los tribunales, el referéndum y hasta la aritmética política le dicen “no”.

El S.A.P se le presenta como cualquier adicción dura. El estuprador extraña mandar. No añora la responsabilidad que conlleva el cargo, sino el placer químico de que las quinceañeras le sean ofrecidas como “agradecimiento” a las prebendas que reparte a dirigentes de “organizaciones sociales”, las mismas que ahora bloquean a discreción causando estragos a la economía y cometiendo delitos de lesa humanidad. El estuprador no busca volver porque Bolivia lo necesite; quiere volver porque el poder es la única droga que lo satisface. En su enajenación, habla de conspiraciones cósmicas, traiciones internas y enemigos imperiales con la desesperación de quien perdió las llaves del reino.

Y así seguimos, atrapados entre discursos incendiarios y amenazas de convulsión social, mientras el país intenta resolver problemas delicados como la economía, el empleo o el combustible. Pero el S.A.P no entiende de prioridades nacionales. El síndrome sólo conoce una receta: volver, aunque sea arrastrando al abismo a toda la sociedad.

El estuprador no soporta más tiempo entre cocales -así sean su razón política- y sabe que el tiempo es su pero enemigo -pensar que en cinco años su salud mental y física sufrirá el deterioro producto del “asilo” al que él mismo se ha sometido-. Es ahora o nunca, piensa, y está dispuesto a sacrificar, no la suya, sino las vidas de sus seguidores, para encaramarse en el poder. Ahí es donde el S.A.P y la bipolaridad confluyen.

El estuprador debe aceptar que sus delirios no tienen cabida en un país que ha decidido avanzar y sacudirse de la iniquidad que dejó a su paso por el poder. 

¡A reformar se dijo!

 



Producto del encuentro de actores sociopolíticos realizado en Cochabamba, a propuesta del Presidente, y con carácter de urgencia, se comenzó a trazar la ruta que deberá llevar a Bolivia hacia una reforma parcial de la Constitución Política del Estado.

Una expresión que me quedó de las clases de aritmética en la época escolar es la de “no contiene”, para referirnos a un guarismo menor que se intenta dividir con uno mayor, cosa posible con la obtención de resultados en decimales, no así para el caso de resultados en números enteros -no sé si me he expresado adecuadamente, pero usted sabe a lo que me refiero-. El asunto es que la COPOLMA (“Constitución Política Masista”, como la denominó Francesco Zaratti) ya no contiene al modelo de Estado que se está gestando luego del fracaso del languideciente “Estado Plurinacional”.

En tal sentido, lo lógico es perfilar una reforma total, pero tal propósito afronta el obstáculo del tiempo ya que tomaría no menos de dos años, dada su rigidez -la COPOLMA debe ser una de las constituciones más rígidas del mundo-. Por tanto, la parcial luce como la opción correcta ante la urgencia de aprobar leyes que, sin tales reformas, podrían ser recurridas por inconstitucionalidad. Así y todo, el proceso tomaría al menos seis meses, debiendo, además, concluir con un referéndum que, en caso de resultar perdidosa la opción de aprobación, echaría por la borda todo el esfuerzo por ajustarla a la nueva era estatal, sobre todo en términos de la economía.

No puedo dejar de lado la irregular forma en la que se fue gestando la CPE vigente, que data de 2009 y ha envejecido rápida y malamente, al grado de que ya no refleja mínimamente el actual estado de las cosas: la reforma de 2004 (la segunda que se operó en la de 1967), incluyó la figura de la Asamblea Constituyente, un “clamor de las organizaciones sociales” ligadas al entonces creciente descontento con la “partidocracia”; en 2006, ya instalado el MAS en el poder, se eligió a los constituyentes y se instaló, en Sucre, en ambientes del teatro “Gran Mariscal”; pasaron meses hasta que el trabajo propiamente dicho comenzó, una vez superado el obstáculo, huelgas de hambre de por medio, por el sistema para la aprobación de los artículos -El MAS defendía la mayoría simple; el resto, los dos tercios-. Los desacuerdos se multiplicaron y el acoso de unos y otros hacia la asamblea determinó su traslado a un cuartel en cuyas inmediaciones su produjo una masacre; ante la creciente violencia, la asamblea traslado sus sesiones al auditorio de la UTO, en Oruro, donde sin que se debatiesen los artículos, se aprobó un texto absolutamente grosero que fue “afinado” por una comisión congresal reunida en el edificio de la Lotería, en la Paz. Como era del interés del expresidente Morales, éste se comprometió a no repostularse a condición de que se convocara a referéndum para su aprobación o no. Por amplio margen, la ciudadanía respaldo el nuevo texto constitucional y entró en vigencia en 2009.

Un dato no menor -el régimen su ufanaba del carácter anticolonial de su engendro- fue la indisimulada intervención de operadores del populismo español en su redacción, al colmo de que uno de ellos lo usó como tesis doctoral.

En rigor, dados tales antecedentes, la CPE masista no debería haberse siquiera considerado, pero el pueblo, en su sabiduría, le dijo “sí”, pero no pude disimular mi satisfacción cuando ni el propio Morales pudo modificarla para habilitarse a la reelección indefinida, aunque siguió intentándolo por medios discutibles. En el camino ya había violado “su” Constitución varias veces (“yo le meto nomás”).

Para concluir, citaré algo de lo que escribió Jorge Lazarte, quien fuera uno de los constituyentes, en 2009: “En suma, todo parece indicar que no será posible implementar la NCPE sin violarla. La raíz de esta cuadratura se encuentra en el sesgo ideológico del nuevo texto constitucional, que ha sobrepuesto la primacía de los derechos colectivos diferenciados y etnitizados a la igualdad de los derechos ciudadanos”.

“De todos modos, a la larga no será sostenible una Constitución que contiene los principios de su propia inviabilidad, que solo podrá ser salvada con reformas sustanciales”.

miércoles, 15 de abril de 2026

Papa caliente

 


El Papa está caliente, serenamente caliente, y con justa razón. Los dichos y acciones del señor Donald Trump, presidente de Estados Unidos, han rebasado todo límite de la sensatez y, me animo a agregar, del buen gusto -a decir verdad, el magnate en función gubernamental es uno de los mayores exponentes del mal gusto).

Para quien juzga dicotómicamente, al emitir una crítica dirigida a Trump, quien la manifiesta es, mecánicamente, colocado como pro régimen iraní (o pro-Hamas, o pro-Maduro…) y fin de la discusión… hasta el buen León queda como terrorista.

Rebasar todo límite, así sea simbólicamente, pero demencialmente a la vez, es difundir por tu red personal o institucional -que lo hagan tus fans, tus cortesanos o tus marqueteros no es lo mismo- una postal en la que el del penacho rojizo reemplaza al nazareno es, cuando menos, una vileza. ¿Les parecerá eso aceptable a los grupos religiosos que ensalzan la figura humana del republicano? ¿No les incomoda, al menos, su deificación (suplantación)? Tengo la impresión de que muchos de ellos son corresponsables de tal impostura. La lucha contra una teocracia (uno de los pretextos de la guerra, junto con la de evitar la expansión nuclear iraní, aunque el verdadero móvil es el económico) no puede ser resuelta con la instalación de otra, personificada por Donald.

Otra trasposición de límites, más terrenal, fue la amenaza trumpista de hacer desaparecer toda la civilización persa en cuestión de horas. Una disputa geopolítica, en la actualidad, no debe incluir semejantes despropósito: hay una población civil, que incluye aquella que, justamente, lucha contra la dictadura teocrática y se supone que algo de afinidad tiene con occidente que, de cumplirse los improperios trumpistas, desaparecería junto al resto de los habitantes de la región; pero al mismo tiempo desnuda el verdadero interés del orate estadounidense: le importa un bledo el asunto político interno de Irán, lo de la proliferación nuclear es un buen pretexto, pero el botín es otro. Pregunto. ¿Eso me coloca del lado de “los malos”? En absoluto. Me (nos) coloca del lado de la conciencia y de la paz.

El Papa ha reaccionado en tal sentido -no soy, en modo alguno, más papista que el Papa- poniendo los puntos sobre las íes. Y no es para menos: la locura desatada por el Presidente de Estados Unidos que, al igual que el de Rusia con respecto a Ucrania, prometía liquidar la guerra en 48 horas, debe tener un contrapeso de sensatez. Trump se ha encontrado con la horma de su zapato, y esto le va a pasar factura -tanto interna como externa-. El Jefe de Gobierno del Reino de España -otro no sospechoso de papista- ya ponderó la actitud papal y anunció la más cordial bienvenida cuando próximamente León visite los alrededores de Castilla y León.

Por lo pronto, el del tupé ha retirado la grosera imagen, con un argumento pueril, pero ya cometió blasfemia.

Tengo la impresión de que las admoniciones del pontífice tendrán un efecto importante en el decurso de los conflictos promovidos por Trump; no por voluntad de éste, sino por la adhesión mayoritaria de la comunidad global al llamado pacifista del Vaticano.

Hay un Papa caliente.

miércoles, 1 de abril de 2026

Honores

 


Ni conformismo ni consuelo de tontos: Lo logrado por el seleccionado nacional de fútbol hace de sus protagonistas, merecedores de honores por todo lo alto. Si bien no se llegó a la siguiente instancia -el dominio y la entrega de los jugadores fueron manifiestos- la página que escribieron tendrá un lugar entre las grandes gestas no solo del deporte, sino de la lucha del ser boliviano por superarse ante las adversidades -eso que llaman “resiliencia”-.

Si hubiese alguien que sostenga que no se cumplió el objetivo, le digo que, contrariamente, se lo superó -por supuesto que si se conseguía la clasificación lo habría hecho con creces-.

Para sostener esto, me remito al proceso, algo que no solemos considerar en los comentarios triunfalistas. Dos directores técnicos habían dejado a la selección al borde del colapso, hasta que, criteriosamente, se llamó a Villegas para tomar sus riendas. El recién llegado recibió un equipo prácticamente desahuciado. Consciente de ello -pueden revisar los archivos de aquel momento- el estratega no ofreció la clasificación. Se diría que el objetivo era sacar a la Verde del foso en el que se encontraba… y la llevó a las puertas de la Gloria. ¿No es eso épico?

Sobre el partido mismo, apelo a esa especie de pretexto que siempre sale a flote para justificar un infortunio… “se nos cerró el arco”, que en este caso no fue una metáfora; los números del partido (salvo el resultado) lo demuestran: posesión de la pelota, número de “corners”, pases y disparos al arco, dan cuenta de la predominancia y calidad individual y colectiva del grupo.

Por supuesto que hubo imprecisiones -¡y nos costaron caro!- pero en la no-lógica del fútbol pasan estas cosas -comparación odiosa, pero fíjense en lo que le pasó a Italia-. Desde la percepción del hincha se podrán cuestionar algunas decisiones del “profe” -yo mismo creo que un par de jugadores desentonaron un poco- pero, ¿qué tan distintas hubieran sido las cosas si se tomaban otras? No lo sabemos.

Tenemos un plantel con un potencial brillante -que puede dar grandes satisfacciones en la próxima Copa “América” y en la siguiente clasificatoria al mundial-. Si el proceso se sostiene, les (nos) esperan mayores satisfacciones.

Brindemos a estos ejemplares valores -no quiero llamarlos “muchachos”- el recibimiento que se merecen: cálido, pletórico de honores, agradecido. Nos dieron una lección de dignidad.


miércoles, 18 de marzo de 2026

Del silencio atronador al sonido de la confianza




 Pese al consenso en sentido de que las recientes elecciones generales se desarrollaron de manera transparente y ordenada -en buena medida por el liderazgo del Dr. Hassenteufel- no faltaron episodios deshonrosos que no llegaron a afectar el proceso, pero que dejaron mal sabor de boca en su momento: Cada aparición mediática del exvocal Tahuichi -increíblemente hoy de candidato a alcalde de El Alto- por ejemplo, ponía en vilo la estabilidad de los comicios.

El caso más ingrato fue el de la sanción a varios medios por lo que el ente rector consideraba como publicaciones propagandísticas fuera del plazo legal. En tal categoría incluyó a algunas columnas, entrevistas y otros contenidos estrictamente periodísticos. Curiosamente, fue el entonces vocal, hoy presidente del TSE, Gustavo Ávila, quien comunicó este atropello; un exceso, cuando menos.

Lo menciono porque nos encontramos en medio del silencio electoral y queda el mal recuerdo de aquel exabrupto. En puertas de las elecciones autonómicas (prefiero este denominativo al de “subnacionales”) lo previsible sería abordar el tema; versar, por ejemplo, sobre los debates que, más allá de que es imposible entrar en profundidades programáticas dada la cantidad de candidatos, que me recuerdan a las elecciones de COTEL de antaño,  son un indicador de la salud de la democracia. Por ello las ausencias de Reyes Villa (candidato a alcalde de Cochabamba) y de Revilla (candidato a gobernador de La Paz) son un gesto de desprecio a ésta: justamente aquello que criticábamos duramente al antidemocrático Morales Ayma. Puede ocurrir que tal desplante no haga mella en sus números, pero el ejercicio democrático tiene rituales que se deben respetar.

Me acojo, entonces, al silencio electoral esperando que sea lo suficientemente atronador para que no se repitan situaciones como las mencionadas.

Esto me da la oportunidad para referirme a algo más amable: luego de un largo tiempo de escasa actividad, nuevamente la escena musical recibió, y lo seguirá haciendo, una oferta nutrida y variada en materia de géneros y trayectorias. Y, lo más destacable, un público que asiste masivamente a los conciertos, lo que da una señal de confianza y estabilidad más allá del espectáculo.

La producción de conciertos masivos de carácter internacional vivió entre 1988 y 2000 una época prolífica cuya lista de nombres es realmente impresionante, considerando las condiciones económicas del país. Precisamente fue la debacle económica la que llevó a restringir sensiblemente la visita de grandes figuras de la música; no es que se hubiera cortado su llegada, pero su presencia fue más bien esporádica.

Se pensará que pasada aquella crisis y ante la bonanza proveniente del gas se reactivó el negocio. Lo hizo, de algún modo, pero también fue el tiempo en el que se multiplicaron los fraudes, como en las elecciones, y la desconfianza del público creció debido a las suspensiones -no todas atribuibles a los organizadores- lo que supuso otro obstáculo para quienes, de buena fe, se arriesgan a producir esta clase de eventos. Más tarde, llegó la pandemia, lo que afectó a todas las actividades económicas. De la casi desaparición, primero tímidamente y ahora abundantemente, la producción de conciertos volvió recargada.

Tal fenómeno me trajo a la memoria el comentario que me hizo Mauro Bertero, en junio de 1989, finales del gobierno de Paz Estenssoro y en puertas del de Paz Zamora, previo al primer concierto de Air Supply en La Paz (luego non visitaron dos veces más). Bertero, bien acomodado en la primera fila de una platea habilitada para el efecto en la curva sur del estadio “Siles” repleta de asistentes: “Esta es una muestra de confianza en la economía del país”.

Yo le llamaría “El sonido de la confianza”.