miércoles, 15 de abril de 2026

Papa caliente

 


El Papa está caliente, serenamente caliente, y con justa razón. Los dichos y acciones del señor Donald Trump, presidente de Estados Unidos, han rebasado todo límite de la sensatez y, me animo a agregar, del buen gusto -a decir verdad, el magnate en función gubernamental es uno de los mayores exponentes del mal gusto).

Para quien juzga dicotómicamente, al emitir una crítica dirigida a Trump, quien la manifiesta es, mecánicamente, colocado como pro régimen iraní (o pro-Hamas, o pro-Maduro…) y fin de la discusión… hasta el buen León queda como terrorista.

Rebasar todo límite, así sea simbólicamente, pero demencialmente a la vez, es difundir por tu red personal o institucional -que lo hagan tus fans, tus cortesanos o tus marqueteros no es lo mismo- una postal en la que el del penacho rojizo reemplaza al nazareno es, cuando menos, una vileza. ¿Les parecerá eso aceptable a los grupos religiosos que ensalzan la figura humana del republicano? ¿No les incomoda, al menos, su deificación (suplantación)? Tengo la impresión de que muchos de ellos son corresponsables de tal impostura. La lucha contra una teocracia (uno de los pretextos de la guerra, junto con la de evitar la expansión nuclear iraní, aunque el verdadero móvil es el económico) no puede ser resuelta con la instalación de otra, personificada por Donald.

Otra trasposición de límites, más terrenal, fue la amenaza trumpista de hacer desaparecer toda la civilización persa en cuestión de horas. Una disputa geopolítica, en la actualidad, no debe incluir semejantes despropósito: hay una población civil, que incluye aquella que, justamente, lucha contra la dictadura teocrática y se supone que algo de afinidad tiene con occidente que, de cumplirse los improperios trumpistas, desaparecería junto al resto de los habitantes de la región; pero al mismo tiempo desnuda el verdadero interés del orate estadounidense: le importa un bledo el asunto político interno de Irán, lo de la proliferación nuclear es un buen pretexto, pero el botín es otro. Pregunto. ¿Eso me coloca del lado de “los malos”? En absoluto. Me (nos) coloca del lado de la conciencia y de la paz.

El Papa ha reaccionado en tal sentido -no soy, en modo alguno, más papista que el Papa- poniendo los puntos sobre las íes. Y no es para menos: la locura desatada por el Presidente de Estados Unidos que, al igual que el de Rusia con respecto a Ucrania, prometía liquidar la guerra en 48 horas, debe tener un contrapeso de sensatez. Trump se ha encontrado con la horma de su zapato, y esto le va a pasar factura -tanto interna como externa-. El Jefe de Gobierno del Reino de España -otro no sospechoso de papista- ya ponderó la actitud papal y anunció la más cordial bienvenida cuando próximamente León visite los alrededores de Castilla y León.

Por lo pronto, el del tupé ha retirado la grosera imagen, con un argumento pueril, pero ya cometió blasfemia.

Tengo la impresión de que las admoniciones del pontífice tendrán un efecto importante en el decurso de los conflictos promovidos por Trump; no por voluntad de éste, sino por la adhesión mayoritaria de la comunidad global al llamado pacifista del Vaticano.

Hay un Papa caliente.

miércoles, 1 de abril de 2026

Honores

 


Ni conformismo ni consuelo de tontos: Lo logrado por el seleccionado nacional de fútbol hace de sus protagonistas, merecedores de honores por todo lo alto. Si bien no se llegó a la siguiente instancia -el dominio y la entrega de los jugadores fueron manifiestos- la página que escribieron tendrá un lugar entre las grandes gestas no solo del deporte, sino de la lucha del ser boliviano por superarse ante las adversidades -eso que llaman “resiliencia”-.

Si hubiese alguien que sostenga que no se cumplió el objetivo, le digo que, contrariamente, se lo superó -por supuesto que si se conseguía la clasificación lo habría hecho con creces-.

Para sostener esto, me remito al proceso, algo que no solemos considerar en los comentarios triunfalistas. Dos directores técnicos habían dejado a la selección al borde del colapso, hasta que, criteriosamente, se llamó a Villegas para tomar sus riendas. El recién llegado recibió un equipo prácticamente desahuciado. Consciente de ello -pueden revisar los archivos de aquel momento- el estratega no ofreció la clasificación. Se diría que el objetivo era sacar a la Verde del foso en el que se encontraba… y la llevó a las puertas de la Gloria. ¿No es eso épico?

Sobre el partido mismo, apelo a esa especie de pretexto que siempre sale a flote para justificar un infortunio… “se nos cerró el arco”, que en este caso no fue una metáfora; los números del partido (salvo el resultado) lo demuestran: posesión de la pelota, número de “corners”, pases y disparos al arco, dan cuenta de la predominancia y calidad individual y colectiva del grupo.

Por supuesto que hubo imprecisiones -¡y nos costaron caro!- pero en la no-lógica del fútbol pasan estas cosas -comparación odiosa, pero fíjense en lo que le pasó a Italia-. Desde la percepción del hincha se podrán cuestionar algunas decisiones del “profe” -yo mismo creo que un par de jugadores desentonaron un poco- pero, ¿qué tan distintas hubieran sido las cosas si se tomaban otras? No lo sabemos.

Tenemos un plantel con un potencial brillante -que puede dar grandes satisfacciones en la próxima Copa “América” y en la siguiente clasificatoria al mundial-. Si el proceso se sostiene, les (nos) esperan mayores satisfacciones.

Brindemos a estos ejemplares valores -no quiero llamarlos “muchachos”- el recibimiento que se merecen: cálido, pletórico de honores, agradecido. Nos dieron una lección de dignidad.


miércoles, 18 de marzo de 2026

Del silencio atronador al sonido de la confianza




 Pese al consenso en sentido de que las recientes elecciones generales se desarrollaron de manera transparente y ordenada -en buena medida por el liderazgo del Dr. Hassenteufel- no faltaron episodios deshonrosos que no llegaron a afectar el proceso, pero que dejaron mal sabor de boca en su momento: Cada aparición mediática del exvocal Tahuichi -increíblemente hoy de candidato a alcalde de El Alto- por ejemplo, ponía en vilo la estabilidad de los comicios.

El caso más ingrato fue el de la sanción a varios medios por lo que el ente rector consideraba como publicaciones propagandísticas fuera del plazo legal. En tal categoría incluyó a algunas columnas, entrevistas y otros contenidos estrictamente periodísticos. Curiosamente, fue el entonces vocal, hoy presidente del TSE, Gustavo Ávila, quien comunicó este atropello; un exceso, cuando menos.

Lo menciono porque nos encontramos en medio del silencio electoral y queda el mal recuerdo de aquel exabrupto. En puertas de las elecciones autonómicas (prefiero este denominativo al de “subnacionales”) lo previsible sería abordar el tema; versar, por ejemplo, sobre los debates que, más allá de que es imposible entrar en profundidades programáticas dada la cantidad de candidatos, que me recuerdan a las elecciones de COTEL de antaño,  son un indicador de la salud de la democracia. Por ello las ausencias de Reyes Villa (candidato a alcalde de Cochabamba) y de Revilla (candidato a gobernador de La Paz) son un gesto de desprecio a ésta: justamente aquello que criticábamos duramente al antidemocrático Morales Ayma. Puede ocurrir que tal desplante no haga mella en sus números, pero el ejercicio democrático tiene rituales que se deben respetar.

Me acojo, entonces, al silencio electoral esperando que sea lo suficientemente atronador para que no se repitan situaciones como las mencionadas.

Esto me da la oportunidad para referirme a algo más amable: luego de un largo tiempo de escasa actividad, nuevamente la escena musical recibió, y lo seguirá haciendo, una oferta nutrida y variada en materia de géneros y trayectorias. Y, lo más destacable, un público que asiste masivamente a los conciertos, lo que da una señal de confianza y estabilidad más allá del espectáculo.

La producción de conciertos masivos de carácter internacional vivió entre 1988 y 2000 una época prolífica cuya lista de nombres es realmente impresionante, considerando las condiciones económicas del país. Precisamente fue la debacle económica la que llevó a restringir sensiblemente la visita de grandes figuras de la música; no es que se hubiera cortado su llegada, pero su presencia fue más bien esporádica.

Se pensará que pasada aquella crisis y ante la bonanza proveniente del gas se reactivó el negocio. Lo hizo, de algún modo, pero también fue el tiempo en el que se multiplicaron los fraudes, como en las elecciones, y la desconfianza del público creció debido a las suspensiones -no todas atribuibles a los organizadores- lo que supuso otro obstáculo para quienes, de buena fe, se arriesgan a producir esta clase de eventos. Más tarde, llegó la pandemia, lo que afectó a todas las actividades económicas. De la casi desaparición, primero tímidamente y ahora abundantemente, la producción de conciertos volvió recargada.

Tal fenómeno me trajo a la memoria el comentario que me hizo Mauro Bertero, en junio de 1989, finales del gobierno de Paz Estenssoro y en puertas del de Paz Zamora, previo al primer concierto de Air Supply en La Paz (luego non visitaron dos veces más). Bertero, bien acomodado en la primera fila de una platea habilitada para el efecto en la curva sur del estadio “Siles” repleta de asistentes: “Esta es una muestra de confianza en la economía del país”.

Yo le llamaría “El sonido de la confianza”.

jueves, 5 de marzo de 2026

Los infames

 



No, no voy a versar sobre la novela histórica que Verónica Ormachea publicó hace aproximadamente diez años; el título que elegí para esta ocasión es más bien una premeditada llamada de atención sobre el comportamiento de ciertos sujetos en circunstancias delicadas del acontecer social local.

Pero, ya que lo mencioné, aprovecho para recomendar la lectura de “Los infames” y “Escape a los Andes”, de Raúl Peñaranda y Robert Brockmann, obras que dialogan a propósito de un tema apasionante de nuestra historia. Hágalo sin que los actos del régimen israelita en relación a Palestina o, incluso, Irán, condiciones su apreciación literaria.

Algo más. Casualmente, me encuentro leyendo las últimas páginas de la más reciente bio-novela de Ormachea, “Neruda en su laberinto pasional”, que estuvo en mi lista de espera durante largo tiempo, y realmente la considero digna de ser llevada al cine, como también lo sería una versión mezclada de los libros sobre Mauricio Hochschild; una suerte de “La lista de Hochschild”.

Ya en lo que nos trae a la realidad, estos días me invadieron ingratas imágenes y palabras provenientes de la llamada “Guerra del gas” (2003), que fuera la culminación de una serie de acciones destinadas a desgastar el segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada que, evidentemente, había perdido casi todo sostén popular. Puede haber sido que, en principio, la reacción social encontrara algún asidero para justificarse -la intención de exportar gas natural vía Chile con muy poco margen de utilidad para el Estado, sumada a demandas de tipo político que ya venían acumulándose-. Sin embargo, la violencia promovida por el lumpen se masificó y encontró una respuesta mucho más dura de parte de las fuerzas represivas que buscaban retomar el control de caminos e instalaciones y rescatar a ciudadanos retenidos en lugares como Sorata, si mal no recuerdo-. El caso es que el detonante para semejante estado de anomia fue un rumor que se expandió a la velocidad de la luz: corrió la voz de que “los chilenos” estaban en nuestro territorio, en El Alto concretamente, y habían venido a “llevarse nuestro gas”. Monumental dislate que, en las condiciones ya descritas, prendió rápidamente en la cabeza de una cantidad importante de habitantes de aquella ciudad.

Quien mejor supo capitalizar estos “movimientos” fue uno de sus instigadores, el señor Morales Ayma -el otro era el señor Quispe Huanca, finalmente desplazado por aquel- quien, dos años más tarde se hizo, por la vía electoral, Presidente de Bolivia, exprimiendo prácticamente hasta secarla la Ley de Hidrocarburos promulgada por Hormando Vaca Díez, ante la negativa de Carlos Mesa a hacerlo.

Sin llegar a tales extremos, a partir de la crisis de seguridad resultante del accidente de una aeronave que transportaba papel moneda, se volvieron a escuchar, de boca de los infames, una sarta de disparates, absurdos, inconsistencias y no pocas consignas políticas de mala leche que en otro contexto serían risibles, pero que en medio de la tragedia sonaban deplorables.

Solo a manera de referencia menciono algunos:

“La plata (que transportaba la aeronave) era un envío de Rodrigo Paz a Trump para que atrape a Evo Morales”

“Esa plata es lo que Rodrigo Paz nos roba a los bolivianos”

“Es producto del narcotráfico”

“Es dinero ilegal”

De poco sirvieron las explicaciones racionales, aunque algo contradictorias, de las autoridades. Lo que está claro es que estas operaciones se realizan de tanto en tanto y con la discreción que, justamente por seguridad, corresponde -ya me imagino un comunicado del BCB dando detalles públicos de cantidades, número de vuelo, horarios, etc.-

Aunque no las justifican, las patrañas proferidas podrían atribuirse a ignorancia, desconocimiento o inclusive a consignas políticas, dichas por personas particulares, aunque amplificadas mediante redes y medios interesados en socavar la credibilidad del gobierno, no tienen mayor alcance -la ciudadanía ha aprendido, en alguna medida, a no tragarse todo lo que se difunde por las redes o por otros medios-.

Lo que es inadmisible es que una autoridad, para el caso el inefable Edman Lara, no solo se hagan eco de la infamia, sino que hagan uso conscientemente de imágenes manipuladas para sembrar sospechas sobre la procedencia de los billetes que viajaban en el Hércules. El sujeto en cuestión actuó como un instigador más de los hechos delincuenciales registrados en inmediaciones del siniestro y merece nuestra más enérgica condena.

21F, 10 años

 



A las 21:00 del martes 23 de febrero de 2016, la entonces presidenta del Tribunal Supremo Electoral, Katia Uriona, flanqueada por los vocales Exeni y Costas, ambos con sus rostros desencajados, anunciaba la victoria del “No” (a la elección indefinida de Evo Morales) en el referéndum constitucional con el que dicho sujeto pretendía modificar el artículo de la CPE que se lo impedía. Inmediatamente después, la ciudadanía tomaba las calles como si se tratase de la clasificación de Bolivia al Mundial.

Tal anuncio se produjo ante las dudas que el recuento de votos generaba, puesto que la diferencia a favor del “No” se iba reduciendo “misteriosamente” -unas horas más y, con seguridad, la tendencia “se revertía” y el “Sí” aparecía triunfante dadas las malas artes de un Órgano Electoral obediente al régimen-. Algo de conciencia tuvo la señora Uriona que no dejó pasar más tiempo, como lo pretendían el resto de los vocales, y puso fin a la espera para iniciar la fiesta de la democracia.

En lo tocante a mi persona, un canal de televisión me invitó a dar mis apreciaciones al respecto, para lo que tuve que dejar por un momento el festejo y, ya en el estudio, me encontré con que tenía que vérmelas con un, hasta hace poco, “analista” muy requerido por los medios, acérrimo cohonestador de las fechorías de Morales, por aquel entonces, y de Arce, luego. Recuerdo que este individuo perdió los estribos y sólo atino a insultarme. Yo, feliz de la vida.

Antes de ocuparse de labores gubernamentales propiamente dichas, apenas inaugurado su tercer mandato (segundo en la contabilidad garcialinerista, avalada por una forzada sentencia constitucional) la voracidad de poder de Morales Ayma, ya sin argumentos para burlarse de la CPE, y con el impulso que le dio la elección, montó el referido referéndum, seguro de que arrasaría en el mismo dado el control que ejercía sobre el TSE. Con tal seguridad, aseveró que si perdía “así fuera por un voto” se retiraría a su chaco “con su quinceañera” al final del periodo. En principio, reconoció su derrota; pero su entorno ya estaba tramando el “plan B”.

En el recuento del acontecimiento central de cada año que suelo hacer a fin de gestión, caractericé a 2016 como “El Año No-Evo” describiéndolo como “Quien se creía imbatible y convocara a un referéndum para legitimar su afán reeleccionista fue barrido por la voluntad popular el 21 de febrero de este año. Pero 2016, el “Año No-Evo”, lo ha sido en toda la forma. Se podría decir que la mezcla explosiva -corrupción, abuso de poder, ineficiencia, ineptitud, etc.- que activó apenas llegado al Palacio Quemado, estalló en sus manos causando daños irreversibles a su proyecto de permanencia indefinida en el poder”.

Y acá estamos, en 2026, respirando nuevos aires democráticos cuyo antecedente más relevante -luego vino la “revolución pitita”- es el hecho que referimos. Los burdos intentos de torcer la decisión ciudadana, primero con aquello del “derecho humano a la reelección indefinida”, otra aberración jurídica validada por el Tribunal Constitucional Plurinominal -algunos de cuyos miembros fueron premiados con cargos diplomáticos- y, luego, con el fraude monumental, sumados al grosero gobierno de Arce Catacora, terminaron condenando al retrete de la historia al MAS y a sus “movimientos sociales” para siempre -al menos así lo espero-.

Celebro, pues, ese “veintiunoefe” que inició el camino para liberarnos del oprobio al que nos tenía sometidos un régimen delincuencial que sin pudor alguno intentó de formas absolutamente perversas quedarse en el poder eternamente. Nosotros, la ciudadanía, se lo impedimos. ¡Salud! 

miércoles, 4 de febrero de 2026

La tercera vuelta

 


Durante los años posteriores a la asunción al poder del MAS, las elecciones subnacionales se convirtieron en una especie de segunda vuelta cuyo objeto era evitar que el régimen central tomara el control absoluto de todos los niveles de dominio político. Las autonomías funcionaron como una especie de contrapeso al centralismo secante y dieron algo de respiro a la democracia. Mientras el MAS ganaba holgadamente en los comicios nacionales -con todo el órgano electoral a sus órdenes- fuera de occidente, a excepción del municipio de La Paz que se mantuvo “invicto”, solo podía repetir tales guarismos en áreas dispersas y ciudades intermedias -aunque, progresivamente, fue conquistando, no siempre de forma transparente, más alcaldías y gobernaciones-.

Buena parte del éxito de las regiones fue su oposición manifiesta al centralismo encarnado por el régimen. Tal discurso generó algo de equilibrio en la correlación de fuerzas, pero siempre bajo la advertencia de un trato desfavorable a quienes no se alineen al oficialismo. Con todo, esa resistencia local impidió un absolutismo mas pronunciado que el que se vivió hasta hace poco.

Al percatarse del su poco peso en ciertos puntos, el MAS optó por tres fórmulas para disminuir la sensación de derrota: la cooptación, el paralelismo y la neutralización. A manera de ejemplos, sobre la primera el caso de Gatty Ribeiro, elegido alcalde de Cobija en representación de una organización opositora, rápidamente fue cooptado por el MAS y actuó en nombre del oficialismo. Lo último que se supo de él es que había huido a Brasil a raíz de innumerables acusaciones de corrupción durante su gestión masista. Se recuerda, sobre la segunda, el caso de Helena Argirakis, quien como otros en otros lugares fue nombrada “delegada presidencial” en Santa Cruz, a manera de Gobernadora paralela. Y sobre, la tercera, menciono a René Joaquino, figura política local en ascenso, neutralizada por el MAS al acceder a una diputación por el partido de Gobierno.

Ahora el panorama es distinto. La tercera vuelta no tiene como ingrediente una resistencia al Gobierno. No se ha escuchado, hasta el momento -salvo de parte del señor Lara, quien promociona a algunos de sus seguidores- ataques directos al Presidente, ni muestras de una oposición orgánica en contra de su gobierno. No obstante la gran cantidad de siglas y candidatos, todo parece moverse en torno a lo estrictamente local y, los discursos radicales “anti” no son perceptibles. Parecería una aceptación tácita del nuevo orden nacional, tanto así que no hay una clara representación del oficialismo, como tampoco de las “oposiciones”; en cada municipio y en cada departamento hay acuerdos que no necesariamente se repican el los demás.

Ante la ausencia de partidos, en sentido estricto, las personas cubrirán el vacío. Pero, ojo, el antiguo régimen, que aún muestra reflejos, ahora opta por el “entrismo”, es decir por mimetizarse en otras expresiones, contrarias inclusive, para intentar reagruparse en el camino. Está en su derecho, digamos, pero mejor no aventurarse a apoyar a fórmulas en las que se detecte su presencia.

Finalmente está presente el fantasma de la dispersión que podría generar gobiernos locales débiles e incluso ingobernables. La pelota está en la cancha de los votantes, en cuyas manos está, una vez más, concentrar lo más posible su voto en las figuras más aptas para administrar los escasos recursos que les tocará manejar… mientras llega el 50/50.

La novelara

 


Se aproxima el emblemático hito de los 100 días, tiempo que generalmente se da el gobierno y se le da al gobierno para plantar los cimientos que deberán sostener el resto de su mandato.

Amén de unos cuantos sobresaltos -la pulseta con la COB, el contrabando de GLP y el aún vigente caso “maletas”, principalmente- la gestión ha puesto su sello y las señales -más que hechos concretos propiamente dichos- parecen deparar mejores días para Bolivia; reconozco, por supuesto, la acción “heroica” de haber quitado la subvención a los carburantes.

Es en la propia sociedad donde la sensación, con toda la carga de subjetividad que esto implica, de relativo optimismo se ha instalado fuertemente. Esto tiene su lado bueno en tanto construya confianza, que podría generar inversión y productividad impulsadas por el mercado, mientras el Estado implementa las condiciones (infraestructura, políticas educativas, leyes de incentivos, seguridad jurídica, etc.) para que ello suceda. Algunos indicadores han comenzado a mostrar que la tendencia negativa se está revirtiendo. Pero también, en la medida en que la gestión no consiga enrumbar dicho capital de credibilidad, las ahora en la sombra huestes retrógradas comenzarán a producir conflictos.

Me permito, ya ingresando al ”post 100”, sugerirle al Presidente que vaya dejando de lado las muletillas a las que nos tiene acostumbrados. Ya se entendió la idea y ya no suena bien machacar con esas frases.

Dicho en breve, el gobierno de Paz Pereira ha superado con relativa holgura la prueba. Esa siembra debe fructificar.

Hasta aquí, lo central, lo serio. Lo anecdótico, sin embargo, ha ocupado más espacio que el que merecería y así ha sucedido porque quien, haciendo de la autodegradación un deporte, se ha ocupado de ello es el propio vicepresidente, el inefable Edmand Lara.

Si bien su predicamento lamentoso y ridículo incorpora ruido al espacio público, no ha incidido mayormente en el curso de las acciones del Ejecutivo. Hacen bien el Presidente y sus colaboradores en ignorar las groseras provocaciones de dicho sujeto. Caer en el juego del “capitán” sería empeñar el Gobierno a sus delirios.

Como reza el título, lo suyo es una “novelara”, la suya en compañía de su pareja marital, muy defectuosa, a la que no le faltan elementos de melodrama -desmayos, llantos, infidelidades, rabietas, amenazas, arrepentimientos, delirios de persecución, disfraces de variados personajes, mal gusto, despistes, etc.- En algún sentido, el brulote es un éxito. El individuo baila en la boca de medio mundo; inclusive ha dado un giro “for export” para solaz de los televidentes peruanos.

Si la idea es que hablen de uno, así sea para que ser ridiculizado, Lara lo está haciendo de maravilla. Por lo demás, ya en términos de política, el berrinche le está causando el proceso más rápido de autodestrucción, hecho certificado por una encuesta que sitúa en un nivel ínfimo la aprobación ciudadana a su figura.

Así las cosas, reducidos a la anodinia, el individuo y su pareja seguirán en plan circense mientras en el plano de la gran política y de la economía, las decisiones que importan seguirán, esperamos, sosteniendo el vaso medio lleno.