Si bien ya van dos entregas que hasta el momento suman 40 nombres, en realidad se trata de una sola lista, ésta que el Departamento de Estado de EEUU ha divulgado, a título de medida administrativa, sobre el veto migratorio a ciertos ciudadanos bolivianos.
“¿Medida administrativa?
¡las winflas!” diría mi padre, que en paz descanse. Cada día, en casi todo el
mundo, hay miles de personas a las que, por distintas razones, se les niega el
visado para ingresar a Estados Unidos, y nadie fuera de su círculo próximo se
entera de sus nombres.
Cuando se los hace
públicos conllevan un mensaje más allá del meramente migratorio y cuando los
nombres corresponden a las figuras públicas cuyos actos trascienden los límites
del país de origen de los mencionados en tal lista para afectar la seguridad,
en este caso vinculada al narcoterrorismo, del país emisor de aquella.
Dejando de lado los
eufemismos -más allá de la propia lista, en comunicados más explícitos se alude
a las razones de tal medida-, el combo lleva implícita una sentencia
extraterritorial, un señalamiento de los implicados como criminales, en
distintos grados de responsabilidad, desde peces gordos hasta los funcionales
por ambiciones materiales.
Lleva también un misil
teledirigido al gobierno del país de residencia de estos incómodos
conciudadanos. Cuando se emitió la primera parte, lo asocié a una especie de
“ayuda” que EEUU brindaba gentilmente al Presidente y a sus colaboradores para
desviar el foco de atención sobre los mismos respecto al escándalo
“Cerimedo-Beller” que toca incluso al entorno familiar del primer mandatario;
una suerte de “spin control” que, evidentemente, atenuó momentáneamente tal
acontecimiento. Incluso diría que cuando brotaba nuevamente, EEUU doblaba la
apuesta lanzando la segunda parte.
Ahora que, profusión de
audios mediante, el caso compite por los titulares, ¿triplicará USA la apuesta
con una tercera parte? ¿qué nombres aparecerían esta vez?
Me he preguntado sobre que
si no estallaba el caso “C-B”, El Departamento de Estado hubiese publicado la
lista o se la hubiera guardado para un momento más “oportuno”.
El asunto es que, de
manera paralela, aunque sincronizada, los dos relatos están en curso, aunque el
gobierno se ha mostrado más diligente en responder al mensaje de la lista
encerrando a una parte de los señalados, que en aclarar las implicaciones que
el “Efecto Cerimedo” ha ocasionado en la estructura gubernamental.
Y, de paso, en lo que me
toca -no piense mal, hablo de mi labor de columnista- ha resuelto la
caracterización que del año hago al final de la gestión: 2026: “El año de las
listas”.



.jpg)

