miércoles, 30 de noviembre de 2022

El ocaso del jefazo

 

Que el Jefazo siga ocupando largos espacios en la prensa no quiere decir que su figura no esté en declive. El grueso de la tinta que genera el sujeto es, a diferencia de los buenos tiempos de ejercicio del poder absoluto, o fútil o rabioso.

El síndrome de abstinencia de poder está haciendo estragos en el hombre y la adicción a los medios –hacer noticia a como dé lugar- le juega en contra. Que incursionó en la cría de tambaquíes (¿en qué anda eso? ¿solo era para la foto?), que organiza un campeonato de medio pelo que lleva su nombre, que se compró un plantel de la división profesional de fútbol… cualquier cosa con tal de figurar.

Digamos que lo mencionado fuera puramente anecdótico –aunque, como se conoce, le está trayendo cola- en lo que se considera puramente suyo, la política, le está yendo peor que en la guerra; lo viene siendo desde 2016, en realidad. Ese lento e irreversible proceso de extinción ha tenido este último periodo, que comenzó con la demanda cruceña y el paro consiguiente, le ha pasado una factura que no se paga echando barro a cuanto ciudadano osare no acatar sus designios. No se da cuenta de que quien se está embarrando hasta el cuello es él mismo.

Manteniendo la obsecuencia de sus valedores en su reducto chapareño, casualmente la región productora de la coca destinada al narco, ha perdido el respaldo residual que aún le quedaba dentro del régimen. La marioneta ha adquirido vida y vuelo propios, y un ejército de servidores públicos, en un país en el que en gran medida se accede al cargo público por “merecimientos políticos” y conversiones de acuerdo al sol que nace, se cuadrará ante el basquetbolista y negará tres veces al futbolero. Quienes mejor encarnan, en el Ejecutivo, esta nueva idolatría son el ministro de Obras Públicas y su tropa de choque.

Pero la verdadera revuelta antijefazo ha ocurrido en el Legislativo. La mayor parte de las bancadas masistas, tanto en la cámara baja como en la alta, desobedeció la instrucción del cocalero en jefe de bloquear la ley del censo y, sobre todo en Senadores, salió por el tubo.

Fiel a su lógica amigo-enemigo, el hermano Evo ha destilado vinagre contra sus fraternos tildándolos de traidores. Lo interesante de esto es que, lo hayan hecho por amor al país o por puro contestones al compañero en cuestión, el resultado ha sido óptimo y el susodicho ha quedado, nuevamente, como un sediento de sangre.

Lo evidente es que desde 2016 al personaje no le sale una buena: perdió el referéndum, se descubrió el fraude que urdió, salió furtivamente del país, no fue habilitado a candidato a senador –menos a Presidente-, la CIDH lo tiene en la mira… Y ahora “esto”: que el “evismo” se quede en minoría absoluta en el parlamento.

Podría decirse que, en otros ámbitos, el de los negocios, por ejemplo, le está yendo mejor; pero no parce ser el caso.

Solo por mencionar los legales, tienen, al menos, observaciones. El campeonato cocalero fue un evento de carácter comercial, no de beneficencia o filantropía; por tanto, está sujeto al pago de impuestos y el SIN se lo ha recordado. La movida de Blancaflor, al parecer, no está clara en términos de transferencia y podría traer cola. De otros negocios, no voy a hablar.

Total, que el ocaso del jefazo es más que patético, aunque, ensimismado como es, será el último en advertirlo. Y, en la medida en se vaya extinguiendo, saldrán a la luz todas sus tropelías junto a todo el daño que causó a la institucionalidad democrática, a los derechos humanos y al tejido social; a Bolivia, en suma. Y no habrá quien salga en su defensa. Amén.


miércoles, 16 de noviembre de 2022

La f(r)actura

 



Hoy, miércoles 22, debía haberse llevado, según el primer anuncio al respecto, el Censo Nacional de Población y Vivienda. No ocurrió así porque, a pesar de que el Gobierno aseguró que prácticamente todo estaba en orden para su verificativo, inopinadamente, bajo la pantalla del Consejo de Autonomías, emitió un decreto, sin una fecha concreta, para la realización del censo en 2024.

Si bien, por una parte, el INE quedó como una entidad absolutamente inepta, quedó claro que el cálculo político del régimen fue decisivo para determinar tan extrema postergación, generando justificadas susceptibilidades en la ciudadanía en general, pero en la de Santa Cruz en particular, por tratarse de la región que más ha crecido en términos poblacionales y, por tanto, en una redistribución de curules parlamentarios su cuota debe aumentar -así son las reglas del juego- Surgieron también cuestionamientos de carácter económico y sospechas de fraude con miras a las elecciones de 2025.

Aunque solo a título de inventario, pues lo hecho, hecho está, podríamos preguntarnos qué hubiera pasado si el régimen realizaba esta su propuesta de llevar a cabo el censo en marzo de 2024 y, sobre la base de datos preliminares, proceder a la redistribución de recursos en septiembre de ese año, aunque sin mencionar le redistribución de curules. Habiendo sido, en principio, ésta (la de los recursos) la principal demanda de Santa Cruz, hubiese sido sencillo detectar (si el paro se dejaba sin efecto) que el móvil era auténtico, y si continuaba, que había un trasfondo de disputa de poder.

La torpeza del régimen –inventando “mesas técnicas” cuando ya se tenía la línea a imponer (el ministro de Gobierno lo confirmó), suavizando con el eslogan de un consenso que no hubo nunca y, peor aún, ejerciendo un terrorismo de Estado digno de las más oscuras dictaduras- cohesionó más a la ciudadanía y obró un segundo cabildo de proporciones extraordinarias, luego de 22 días de ejemplar resistencia, del cual surgieron otros lineamientos coyunturales y uno –punto 2 del cabildo- de fondo. La escalada del conflicto que no fue oportunamente resuelto llevó, como el manual prescribe, a otro escenario, no tan dramático en el corto plazo como ocurrió en 2003 y 2019, pero irreversible en el mediano y largo. Esa es la cuantiosa, en términos políticos, factura que recibe Arce de parte de la ciudadanía, no solo cruceña sino nacional.

Aunque no fue mencionado explícitamente, ese replanteamiento de la relación con Estado del que se habló, lleva, así coincide la mayor parte de los analistas, descartando opciones por el desastre, al debate, esta vez más seriamente que otras veces, sobre el federalismo.

Hace un año, ya escribí, en uno de sus rebrotes, sobre este asunto recurrente en nuestra historia desde la creación misma de Bolivia y cuyo pico ocurrió en la así denominada “Guerra Federal”, a finales del siglo 19 que, paradójicamente, acabó acentuando la forma unitaria de Estado. “Federal es una forma de Estado, con sus debilidades y sus fortalezas respecto a otras –la unitaria, principalmente- y no es el demonio que algunos quieren hacer creer”, escribí entonces.

La forma de Estado vigente (art 1, CPE), a nuestra consideración resumible en “unitaria con autonomías” fracasó justamente porque el componente autonómico no pudo avanzar dado que el centralismo se las ingenió para controlar, mediante socios políticos, hasta la asfixia a los niveles “subnacionales”, abriendo el camino para reinstalar el debate sobre el federalismo.

El régimen debe pagar la factura si quiere evitar la fractura.


miércoles, 2 de noviembre de 2022

Santa Cruz, epifanía ciudadana

 




En sentido filosófico –porque en origen es religioso y místico, aunque lo que voy a exaltar tiene mucho de éste- una epifanía es, según Andrea Imaginario, “una profunda sensación de realización al comprender la esencia o la naturaleza de las cosas”.

Cuando veo la manifestación de la ciudadanía cruceña traducida en un paro por una causa tan cara a su historia y a su porvenir, no puedo pensar en otro término que no sea ese, epifanía.

Solo en tal estado, el conjunto de ciudadanos que la enarbolan puede sostener durante un tiempo tan prolongado una medida de tal naturaleza. A escala nacional, experimentamos al similar en 2019 ante la serie de aberraciones constitucionales cometidas por el régimen de Morales Ayma, siendo el fraude colosal la gota que derramó el vaso. Aquél se había mofado de las sogas que usaba la gente para “clausurar” el paso vehicular y sus adláteres apostaban a que dicha expresión de protesta no duraría ni dos días –Putin también pensó que en dos días acabaría con Ucrania- y luego de veintiuno terminó huyendo como buen pusilánime que cuando tenía todo el poder aseguraba que “solo muerto dejaría el palacio”.

Reza el dicho popular, atribuido por unos a Tamayo y por otros a Salamanca, que “se pueden sembrar nabos en las espaldas del pueblo”, pero cuando la ciudadanía se percata de las protuberancias brotando en su lomo señalará a los causantes de éstas y pedirá las cuentas respectivas.

Una vez más, el régimen salió a ningunear la acción ciudadana focalizada esta vez en Santa Cruz y su lectura de la situación no podía estar más errada. Hasta en declaraciones recientes –las del extraviado ministro de Gobierno, por ejemplo- se apunta al “capricho de una persona”, en referencia al actual Gobernador del departamento. ¡Pero qué visión más chata! El sustrato de la causa cruceña es mucho más profundo que el de un liderazgo circunstancial.

Ocurre que para que dicha causa vuelva a manifestarse de manera explícita hace falta, de tanto en tanto, un catalizador y, para el caso, se trata de la gambeta que hizo el régimen para postergar el censo hasta quién sabe qué fecha de 2024 –curioso decreto que no especifica una, sino un rango-.

La intencionalidad política (y económica, pero sobre todo política) del régimen al intentar engañar de forma tan grosera a Santa Cruz hizo que moros y cristianos de la sierra y el llano, olvidando toda clase de diferencias, se unieran y, al unísono, le plantaran al régimen la abrogatoria del malhadado decreto.

Lejos de dar una explicación coherente sobre el porqué de la postergación para el largo plazo del verificativo censal, luego de asegurar que prácticamente todo estaba listo para hacerlo este 16 de noviembre, el régimen respondió movilizando a sus esbirros hacia la zona del conflicto –haciendo una pantomima de cumbre para legitimar su postura- y haciendo lo que mejor hace: generar violencia –al extremo de utilizar a la institución policial para tal efecto, al igual que lo hizo para atacar al mercado de coca legal-.

Pero ni así lograron reducir al ciudadano. Una causa compartida por todos genera cohesión social; pero lo visto en Santa Cruz va más allá de eso y, en mis términos, se convierte en epifanía ciudadana.

Desde los ocho departamentos que junto al agredido conforman Bolivia debemos expresar, en sendos actos, el más enérgico desagravio a Santa Cruz y expresar el más vehemente repudio al régimen fascistoide por su miserable accionar ante la justa causa de no postergar más allá de 2023 el Censo Nacional de Población y Vivienda.