A las 21:00 del martes 23 de febrero de 2016, la entonces presidenta del Tribunal Supremo Electoral, Katia Uriona, flanqueada por los vocales Exeni y Costas, ambos con sus rostros desencajados, anunciaba la victoria del “No” (a la elección indefinida de Evo Morales) en el referéndum constitucional con el que dicho sujeto pretendía modificar el artículo de la CPE que se lo impedía. Inmediatamente después, la ciudadanía tomaba las calles como si se tratase de la clasificación de Bolivia al Mundial.
Tal anuncio se
produjo ante las dudas que el recuento de votos generaba, puesto que la
diferencia a favor del “No” se iba reduciendo “misteriosamente” -unas horas más
y, con seguridad, la tendencia “se revertía” y el “Sí” aparecía triunfante
dadas las malas artes de un Órgano Electoral obediente al régimen-. Algo de
conciencia tuvo la señora Uriona que no dejó pasar más tiempo, como lo
pretendían el resto de los vocales, y puso fin a la espera para iniciar la
fiesta de la democracia.
En lo tocante a
mi persona, un canal de televisión me invitó a dar mis apreciaciones al
respecto, para lo que tuve que dejar por un momento el festejo y, ya en el
estudio, me encontré con que tenía que vérmelas con un, hasta hace poco,
“analista” muy requerido por los medios, acérrimo cohonestador de las fechorías
de Morales, por aquel entonces, y de Arce, luego. Recuerdo que este individuo
perdió los estribos y sólo atino a insultarme. Yo, feliz de la vida.
Antes de ocuparse
de labores gubernamentales propiamente dichas, apenas inaugurado su tercer
mandato (segundo en la contabilidad garcialinerista, avalada por una forzada
sentencia constitucional) la voracidad de poder de Morales Ayma, ya sin
argumentos para burlarse de la CPE, y con el impulso que le dio la elección,
montó el referido referéndum, seguro de que arrasaría en el mismo dado el
control que ejercía sobre el TSE. Con tal seguridad, aseveró que si perdía “así
fuera por un voto” se retiraría a su chaco “con su quinceañera” al final del
periodo. En principio, reconoció su derrota; pero su entorno ya estaba tramando
el “plan B”.
En el recuento
del acontecimiento central de cada año que suelo hacer a fin de gestión,
caractericé a 2016 como “El Año No-Evo” describiéndolo como “Quien se creía
imbatible y convocara a un referéndum para legitimar su afán reeleccionista fue
barrido por la voluntad popular el 21 de febrero de este año. Pero 2016, el
“Año No-Evo”, lo ha sido en toda la forma. Se podría decir que la mezcla
explosiva -corrupción, abuso de poder, ineficiencia, ineptitud, etc.- que
activó apenas llegado al Palacio Quemado, estalló en sus manos causando daños
irreversibles a su proyecto de permanencia indefinida en el poder”.
Y acá estamos, en
2026, respirando nuevos aires democráticos cuyo antecedente más relevante
-luego vino la “revolución pitita”- es el hecho que referimos. Los burdos
intentos de torcer la decisión ciudadana, primero con aquello del “derecho
humano a la reelección indefinida”, otra aberración jurídica validada por el
Tribunal Constitucional Plurinominal -algunos de cuyos miembros fueron
premiados con cargos diplomáticos- y, luego, con el fraude monumental, sumados
al grosero gobierno de Arce Catacora, terminaron condenando al retrete de la
historia al MAS y a sus “movimientos sociales” para siempre -al menos así lo
espero-.
Celebro, pues,
ese “veintiunoefe” que inició el camino para liberarnos del oprobio al que nos
tenía sometidos un régimen delincuencial que sin pudor alguno intentó de formas
absolutamente perversas quedarse en el poder eternamente. Nosotros, la
ciudadanía, se lo impedimos. ¡Salud!


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