jueves, 23 de julio de 2026

Tocando madera

 


Si encontrar mercados para artículos exportables implica un colosal esfuerzo, conservarlos es doblemente exigente, al tiempo que meritorio dados los compromisos contractuales, la logística, el control de calidad y, dependiendo del tipo de mercadería, especificidades propias de cada ítem.

En mis días de secundaria, mi profesor de historia, Mario Salinas -lo nombro porque, pese a que busqué con denuedo información que lo corroborase, no la encontré- contaba que en un relativamente lejano pasado, Bolivia exportaba guayabas a Inglaterra. Pero sucede que, al llegar a puerto, la fruta era echada al océano, mientras que las cajas que la contenían eran llevadas a centros de venta donde se las comercializaba. Ya habrá deducido usted lo que pasaba: el material de tales contenedores era alguna especie de las muchas de maderas preciosas que se dan en nuestro país. La “demanda de guayabas” concluyó cuando los exportadores bolivianos cambiaron el material de empaque. Cierto o no, el caso ilustra la generosidad forestal de nuestro suelo. También sirve para remarcar que las regulaciones en el sector maderero le han dado a éste la carta de sostenibilidad.

En tiempos de añorado ATPDEA, junto a los rubros de la joyería, artículos de cuero y textiles, incluidas las confecciones, el de la madera trabajada (muebles y, curiosamente, puertas) se abrió un “huequito” en el mercado estadounidense. Si bien en términos monetarios no fue un ingreso significativo, de haberse mantenido el mecanismo de preferencias arancelarias, hoy estaríamos hablando de montos importantes por tal concepto. Como se sabe, por las rencillas personales de Morales Ayma con la embajada de EEUU, este país decidió cancelar el beneficio.

Pero hasta estos días, la madera de procedencia boliviana no había sido objeto de una acusación tan ligera como la que hizo el fiscal chileno que la relacionó con el tráfico de drogas.

Hasta ahora, me abstuve de emitir juicio alguno al respecto. Esperé a tener mayores elementos para hacerlo y éstos llegaron cuando, desde Bolivia, se desmintió la versión del vecino. Pero, en el camino, no sin intencionalidad política, hubo quienes lo adelantaron causando un daño gravísimo al sector maderero boliviano que, repito, no había sido estigmatizado tan duramente en toda su existencia.

El caso “narcomaderas”, como lamentablemente va a pasar a la posteridad, entremezcla todas las formas posibles de manipulación de la información. Llegué a escuchar la patraña de “1 800 toneladas de droga”, cuando en realidad se trata de 1 080 toneladas de tablones retenidos en la aduana de Arica por la supuesta impregnación de cocaína en los mismos -supuestamente 100 toneladas-. Si bien el narcotráfico ha ideado las formas más “creativas” de burlar los controles aduaneros, el sentido común parece decir que tal truculencia es, al menos, improbable. Ahí entran los análisis periciales que demuestran la inexistencia de la sustancia en la carga de referencia.

Pero ya no es solo el fiscal quien sostiene la acusación; en una suerte de reacción corporativa se ha pronunciado también el delegado presidencial para la región quien asegura que las “investigaciones” siguen en curso y emite una serie de alusiones a los “narcotraficantes”.

Entretanto, cuando el país requiere con urgencia divisas provenientes de las exportaciones, las de madera han decrecido en 60% a causa del malintencionado proceder de autoridades chilenas.

Más allá de las obvias implicaciones económicas del caso, sus alcances ya alcanzan los terrenos diplomático, jurídico y político, además de afectar la honra de empresarios, hoy al borde de la quiebra.

Queda tocar madera para que la verdad salga a flote y se reparen los daños y perjuicios causados no solo a personas sino a nuestro propio país.

miércoles, 8 de julio de 2026

Rolling Stones: marca indeleble

 

“Ahora en 1994, mitad leyenda, mitad realidad concreta, los Rolling Stones continúan cautivando auditorios y vendiendo discos. La gira actual es una mezcla de alta técnica, viejas y modernas canciones y tiene una parafernalia logística de última tecnología que ocupa más de doscientas personas”.

En tales términos, el diplomático, ya fallecido, Agustín Saavedra Weise, se refería al grupo más longevo en actividad entonces (1994). Haciendo una excepción a las temáticas que abordaba en su columna, el embajador destinaba su espacio periodístico a ensalzar a una banda de rock, algo que a muchos podría parecerle un desperdicio, una ligereza impropia de un intelectual.

Más de veinte años después, Saavedra podría publicar el mismo contenido y nadie pondría en duda su actualidad. El hecho es que mañana, 10 de julio de 2026, los Rolling Stones publicarán su nuevo álbum, adelantando una probable gira; el 12, celebran su sexagésimo cuarto aniversario -tomando como punto partida su primera actuación documentada con ese nombre, aunque ya llevaban como dos años tocando y probando otros nombres-, y, por si fuera poco, el 26, Mick Jagger cumplirá 83 años, en gran estado físico y en pleno uso de sus facultades mentales y artísticas. Considerando la volatilidad del negocio musical y el estilo de vida que se les atribuye a algunos de sus exponentes, estos guarismos son, en sí mismos, récords absolutos.

Ya en 1994 podía considerarse como una anomalía que “esos viejos” se atrevieran a emprender giras tan desgastantes -que ya no necesitaban hacerlas por necesidad económica-. La que refiere Saavedra es la que siguió a la publicación del álbum “Voodoo Lounge”, de la que yo mismo fui parte del público asistente en su tramo sudamericano -Santiago de Chile, 1995-.

El álbum que verá la luz mañana se llama “Foreign Tongues” y sucede a “Hackney Diamonds”, editado hace tres años y ganador de varios reconocimientos, entre ellos un “Grammy”.

Ocurre que, desde hace unas cuatro décadas, la entidad llamada Rolling Stones ha trascendido de ser solo una “band” a convertirse en “brand”; es decir que conserva su carácter de banda mientras se gestiona como marca.

La marca abarca una serie de negocios conexos que convergen en la música y la larga historia del grupo. Nada queda al azar -lo hemos visto durante la campaña promocional del álbum en cuestión-.

Una historia que atraviesa siete décadas en las que el mundo ha soportado guerras, desastres naturales, cambios tecnológicos, cambios políticos: Vietnam, Guerra del Golfo, el conflicto permanente en medio oriente, más recientemente la Guerra de Rusia contra Ucrania; las transmisiones vía satélite, la llegada a la luna, el internet y las redes sociales, los discos compactos, los dvd, Spotify, la inteligencia artificial; la caída del muro de Berlín, diecisiete mundiales de fútbol, incluido el actual…

Y acá están estos veteranos dando batalla. La huella que dejan en la cultura, más allá de la marca comercial, es indeleble.

Bienvenido, “Foreign Tongues”.