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miércoles, 8 de julio de 2026

Rolling Stones: marca indeleble

 

“Ahora en 1994, mitad leyenda, mitad realidad concreta, los Rolling Stones continúan cautivando auditorios y vendiendo discos. La gira actual es una mezcla de alta técnica, viejas y modernas canciones y tiene una parafernalia logística de última tecnología que ocupa más de doscientas personas”.

En tales términos, el diplomático, ya fallecido, Agustín Saavedra Weise, se refería al grupo más longevo en actividad entonces (1994). Haciendo una excepción a las temáticas que abordaba en su columna, el embajador destinaba su espacio periodístico a ensalzar a una banda de rock, algo que a muchos podría parecerle un desperdicio, una ligereza impropia de un intelectual.

Más de veinte años después, Saavedra podría publicar el mismo contenido y nadie pondría en duda su actualidad. El hecho es que mañana, 10 de julio de 2026, los Rolling Stones publicarán su nuevo álbum, adelantando una probable gira; el 12, celebran su sexagésimo cuarto aniversario -tomando como punto partida su primera actuación documentada con ese nombre, aunque ya llevaban como dos años tocando y probando otros nombres-, y, por si fuera poco, el 26, Mick Jagger cumplirá 83 años, en gran estado físico y en pleno uso de sus facultades mentales y artísticas. Considerando la volatilidad del negocio musical y el estilo de vida que se les atribuye a algunos de sus exponentes, estos guarismos son, en sí mismos, récords absolutos.

Ya en 1994 podía considerarse como una anomalía que “esos viejos” se atrevieran a emprender giras tan desgastantes -que ya no necesitaban hacerlas por necesidad económica-. La que refiere Saavedra es la que siguió a la publicación del álbum “Voodoo Lounge”, de la que yo mismo fui parte del público asistente en su tramo sudamericano -Santiago de Chile, 1995-.

El álbum que verá la luz mañana se llama “Foreign Tongues” y sucede a “Hackney Diamonds”, editado hace tres años y ganador de varios reconocimientos, entre ellos un “Grammy”.

Ocurre que, desde hace unas cuatro décadas, la entidad llamada Rolling Stones ha trascendido de ser solo una “band” a convertirse en “brand”; es decir que conserva su carácter de banda mientras se gestiona como marca.

La marca abarca una serie de negocios conexos que convergen en la música y la larga historia del grupo. Nada queda al azar -lo hemos visto durante la campaña promocional del álbum en cuestión-.

Una historia que atraviesa siete décadas en las que el mundo ha soportado guerras, desastres naturales, cambios tecnológicos, cambios políticos: Vietnam, Guerra del Golfo, el conflicto permanente en medio oriente, más recientemente la Guerra de Rusia contra Ucrania; las transmisiones vía satélite, la llegada a la luna, el internet y las redes sociales, los discos compactos, los dvd, Spotify, la inteligencia artificial; la caída del muro de Berlín, diecisiete mundiales de fútbol, incluido el actual…

Y acá están estos veteranos dando batalla. La huella que dejan en la cultura, más allá de la marca comercial, es indeleble.

Bienvenido, “Foreign Tongues”.

miércoles, 18 de marzo de 2026

Del silencio atronador al sonido de la confianza




 Pese al consenso en sentido de que las recientes elecciones generales se desarrollaron de manera transparente y ordenada -en buena medida por el liderazgo del Dr. Hassenteufel- no faltaron episodios deshonrosos que no llegaron a afectar el proceso, pero que dejaron mal sabor de boca en su momento: Cada aparición mediática del exvocal Tahuichi -increíblemente hoy de candidato a alcalde de El Alto- por ejemplo, ponía en vilo la estabilidad de los comicios.

El caso más ingrato fue el de la sanción a varios medios por lo que el ente rector consideraba como publicaciones propagandísticas fuera del plazo legal. En tal categoría incluyó a algunas columnas, entrevistas y otros contenidos estrictamente periodísticos. Curiosamente, fue el entonces vocal, hoy presidente del TSE, Gustavo Ávila, quien comunicó este atropello; un exceso, cuando menos.

Lo menciono porque nos encontramos en medio del silencio electoral y queda el mal recuerdo de aquel exabrupto. En puertas de las elecciones autonómicas (prefiero este denominativo al de “subnacionales”) lo previsible sería abordar el tema; versar, por ejemplo, sobre los debates que, más allá de que es imposible entrar en profundidades programáticas dada la cantidad de candidatos, que me recuerdan a las elecciones de COTEL de antaño,  son un indicador de la salud de la democracia. Por ello las ausencias de Reyes Villa (candidato a alcalde de Cochabamba) y de Revilla (candidato a gobernador de La Paz) son un gesto de desprecio a ésta: justamente aquello que criticábamos duramente al antidemocrático Morales Ayma. Puede ocurrir que tal desplante no haga mella en sus números, pero el ejercicio democrático tiene rituales que se deben respetar.

Me acojo, entonces, al silencio electoral esperando que sea lo suficientemente atronador para que no se repitan situaciones como las mencionadas.

Esto me da la oportunidad para referirme a algo más amable: luego de un largo tiempo de escasa actividad, nuevamente la escena musical recibió, y lo seguirá haciendo, una oferta nutrida y variada en materia de géneros y trayectorias. Y, lo más destacable, un público que asiste masivamente a los conciertos, lo que da una señal de confianza y estabilidad más allá del espectáculo.

La producción de conciertos masivos de carácter internacional vivió entre 1988 y 2000 una época prolífica cuya lista de nombres es realmente impresionante, considerando las condiciones económicas del país. Precisamente fue la debacle económica la que llevó a restringir sensiblemente la visita de grandes figuras de la música; no es que se hubiera cortado su llegada, pero su presencia fue más bien esporádica.

Se pensará que pasada aquella crisis y ante la bonanza proveniente del gas se reactivó el negocio. Lo hizo, de algún modo, pero también fue el tiempo en el que se multiplicaron los fraudes, como en las elecciones, y la desconfianza del público creció debido a las suspensiones -no todas atribuibles a los organizadores- lo que supuso otro obstáculo para quienes, de buena fe, se arriesgan a producir esta clase de eventos. Más tarde, llegó la pandemia, lo que afectó a todas las actividades económicas. De la casi desaparición, primero tímidamente y ahora abundantemente, la producción de conciertos volvió recargada.

Tal fenómeno me trajo a la memoria el comentario que me hizo Mauro Bertero, en junio de 1989, finales del gobierno de Paz Estenssoro y en puertas del de Paz Zamora, previo al primer concierto de Air Supply en La Paz (luego non visitaron dos veces más). Bertero, bien acomodado en la primera fila de una platea habilitada para el efecto en la curva sur del estadio “Siles” repleta de asistentes: “Esta es una muestra de confianza en la economía del país”.

Yo le llamaría “El sonido de la confianza”.

domingo, 5 de febrero de 2023

3 de febrero de 1959: “El día en el que murió la música”

 



 

Pero febrero me hizo estremecer 
Con cada diario que entregaría
Malas noticias en la puerta
No pude dar un paso más

No puedo recordar si lloré
Cuando leí acerca de su novia que dejaba viuda
Pero algo me tocó muy profundamente
El día que la música murió 

 

Nada más pertinente que abrir estas líneas con la segunda y tercera estrofas de la letra de la canción “American Pie” del cantautor Don McLean –probablemente más conocida entre nosotros por la versión de Madonna-.

En ellas, el narrador expresa su consternación ante el acontecimiento que vamos a recordar. Lo hace a manera de despedida de una era, de una suerte de adiós a la inocencia, de la sospecha de que nada volvería a ser igual que, a lo largo de la pieza, va sumando otras circunstancias tormentosas -que no hacen a la efeméride en cuestión- siempre seguidas del estribillo “Bye, bye, Miss American Pie” (Adiós, Señorita American Pie – en referencia al pie de manzana, símbolo de la cultura estadounidense-).

Tendría que tener alrededor de 75 a 80 años para pretender haber sentido lo que McLean menciona en su canción pero, no obstante tener algunos menos, considero que aquella vez, 3 de febrero de 1959, sucedió “algo” que remeció no sólo a los gringos, sino a todo el occidente que comenzaba a adoptar nuevas formas musicales, esta vez popularizadas por jovencitos con aire inocentemente rebelde. Salvando escalas y distancias, imagino que personas que ni siquiera estaban en proyecto el 11 de septiembre de 2001, podrán hablar con mucha familiaridad sobre lo acontecido aquel día –en 2042, por poner un año- porque seguirá en el aire la sensación de que aquel día sucedió “algo”.

Sin que tuviera aun en mente escribir esto, los últimos días de 2018 se me dio por escuchar una y otra vez canciones de Buddy Holly & The Crickets y volví a sentir esa frescura que me produjo cuando lo hice por primera vez, además de convencerme de que el hombre era un fantástico compositor de piezas de dos minutos y medio como máximo. En una de esas audiciones le conté su historia que es la que viene a continuación, no sin antes mencionar lo que ella me dijo luego de conocerla: “(después de escuchar la obra de Holly)… ¿Qué más podría haber hecho?). Ciertamente, el corpus musical de Holly parece una generosa obra artística. Nos ocuparemos también de Ritchie Valens y mencionaremos a The Big Bopper.

Del catálogo legado por el artista texano podría decirse que sirvió para su introducción a la “nueva” música a muchos aspirantes a astros del pop-rock. Si pensamos en los Beatles, por ejemplo, puede afirmarse que mientras, tanto vocal como expresivamente, Paul McCartney imitaba a Little Richard, Lennon lo hacía respecto de Buddy Holly. Mientras McCartney forzaba sus cuerdas vocales con “Long Tall Sally”, Lennon las acariciaba en “Words of Love”. Si bien no hay un registro de “Rave on” por los de Liverpool –estoy seguro de que la tuvieron que haber ensayado algún momento- escuchando “Oh Yoko” del álbum “Double Fantasy” (1980) queda claro que Lennon está haciendo un guiño al estilo y timbre vocales de Holly. Los Rolling Stones no quedaron indiferentes a la influencia del americano y lo plasmaron en su salvaje versión de “Not fade away” (1964), con la que, además, abrieron los conciertos de su gira “Voodoo Lounge” (1994-1995) –en la que, dicho sea de paso, me anoté-.

Otras versiones que me vienen a la memoria son: “It´s so easy” (Linda Ronstadt), “Well all right” (Blind Fate, Santana), “Not fade away” (Black Oak Arkansas), “Heartbeat” (The Knack), “Raining in my heart” (Leo Sayer), “That’ll be the day” (Keith Richards) y “Rave on” (Status Quo).

Ritchie Valens pasó a la historia del rock and roll por haber hecho la versión para dicho género de la tradicional canción mexicana “La Bamba”. La película homónima de 1987 cuenta la dura vida y la muerte del muchacho cuando se encontraba en pleno ascenso en su carrera artística. Dado el hecho de que la pieza estaba cantada en español –un español algo desteñido- se le reconoce a Valens haber contribuido a la popularización de nuestra lengua en Estados Unidos.

J.P. Richardson, más conocido como “The Big Bopper”, se desempeñaba como disc jockey y cantante. Su tema emblemático fue “Chantilly lace” que incluye la frase inicial “Hello baby” modulada a su manera, y que se convirtió en su marca registrada.

El 3 de febrero de 1959, Big Bopper tenía 28 años; Holly, 22 y Valens, 17.

El infortunio hizo que la avioneta en la que se trasladaban durante su gira de aquella temporada. Aquel fue el “día en el que murió la música”.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Un enano gigante (Publicado en Página Siete)

 


Eran tiempos de aprendizaje en la producción de espectáculos masivos como actividad empresarial sostenible –que luego se consolidaría, se sofisticaría y se inflacionaría- cuando, con diferencia de pocas semanas entre uno y otro, los tres primeros, además de memorables, conciertos con los estándares técnicos y logísticos de su momento, se realizaron en La Paz; corría el año 1988: el de Charly García, el 19 de junio, el de Soda Stereo, el 2 de septiembre y de los Enanitos Verdes –lo pongo al final porque tiene que ver con el homenaje a su creador y líder- el 22 de julio.

Las condiciones que permitieron el arribo, en su época de mayor predicamento, de semejantes expresiones del rock-pop latino (argentino, en particular) y muchas que siguieron en fila, fueron esencialmente económicas: un contexto favorable que posibilitó sus llegadas.

Mi vinculación con Rockway, la organización que gestionó y produjo la mayor parte de los shows internacionales de entonces, me permitió conocer y entablar algún grado de proximidad con algunos exponentes de la escena musical –no lo conseguí con Cerati, quien prefería mantener distancia con los circunstanciales anfitriones, por ejemplo- entre ellos con Marciano Cantero, con quien sostuve contacto hasta hace un par de semanas –el penúltimo con motivo de su cumpleaños y el último con una consulta de disponibilidad de tiempo para una eventual nueva visita a nuestro país-.

Cantero no gozó del relumbre que tuvieron Spinetta o Cerati; pero para un país cuyas canteras de creadores de rock/pop provienen principalmente de la capital y de Rosario, que un “enano” procedente de Mendoza haya ingresado al circuito de los elegidos, lo hace un gigante por derecho propio.

En cuanto a vivencias compartidas con el gran Marciano, tanto en La Paz como en Buenos Aires, rescato la del VHS –toda una joya entonces- de un concierto de The Doors que le obsequié (y que una crónica periodística de un medio argentino recogió) y que siempre se encargaba de agradecerlo. Quedan algunas fotos, dedicatorias, afiches y vinilos como testimonio de una carrera descollante.


domingo, 3 de febrero de 2019

3 de febrero, hace seis décadas: “El día que la música murió”





Pero febrero me hizo estremecer 
Con cada diario que entregaría
Malas noticias en la puerta
No pude dar un paso más

No puedo recordar si lloré
Cuando leí acerca de su novia que dejaba viuda
Pero algo me tocó muy profundamente
El día que la música murió 

Nada más pertinente que abrir estas líneas con la segunda y tercera estrofas de la letra de la canción “American Pie” del cantautor Don McLean –probablemente más conocida entre nosotros por la versión de Madonna-.
En ellas, el narrador expresa su consternación ante el acontecimiento que vamos a recordar. Lo hace a manera de despedida de una era, de una suerte de adiós a la inocencia, de la sospecha de que nada volvería a ser igual que, a lo largo de la pieza, va sumando otras circunstancias tormentosas -que no hacen a la efeméride en cuestión- siempre seguidas del estribillo “Bye, bye, Miss American Pie” (Adiós, Señorita American Pie – en referencia al pie de manzana, símbolo de la cultura estadounidense-).
Tendría que tener alrededor de 75 a 80 años para pretender haber sentido lo que McLean menciona en su canción pero, no obstante tener algunos menos, considero que aquella vez, 3 de febrero de 1959, sucedió “algo” que remeció no sólo a los gringos, sino a todo el occidente que comenzaba a adoptar nuevas formas musicales, esta vez popularizadas por jovencitos con aire inocentemente rebelde. Salvando escalas y distancias, imagino que personas que ni siquiera estaban en proyecto el 11 de septiembre de 2001, podrán hablar con mucha familiaridad sobre lo acontecido aquel día –en 2042, por poner un año- porque seguirá en el aire la sensación de que aquel día sucedió “algo”.
Sin que tuviera aun en mente escribir esto, los últimos días de 2018 se me dio por escuchar una y otra vez canciones de Buddy Holly & The Crickets y volví a sentir esa frescura que me produjo cuando lo hice por primera vez, además de convencerme de que el hombre era un fantástico compositor de piezas de dos minutos y medio como máximo. En una de esas audiciones le conté su historia que es la que viene a continuación, no sin antes mencionar lo que ella me dijo luego de conocerla: “(después de escuchar la obra de Holly)… ¿Qué más podría haber hecho?). Ciertamente, el corpus musical de Holly parece una generosa obra artística. Nos ocuparemos también de Ritchie Valens y mencionaremos a The Big Bopper.
Del catálogo legado por el artista texano podría decirse que sirvió para su introducción a la “nueva” música a muchos aspirantes a astros del pop-rock. Si pensamos en los Beatles, por ejemplo, puede afirmarse que mientras, tanto vocal como expresivamente, Paul McCartney imitaba a Little Richard, Lennon lo hacía respecto de Buddy Holly. Mientras McCartney forzaba sus cuerdas vocales con “Long Tall Sally”, Lennon las acariciaba en “Words of Love”. Si bien no hay un registro de “Rave on” por los de Liverpool –estoy seguro de que la tuvieron que haber ensayado algún momento- escuchando “Oh Yoko” del álbum “Double Fantasy” (1980) queda claro que Lennon está haciendo un guiño al estilo y timbre vocales de Holly. Los Rolling Stones no quedaron indiferentes a la influencia del americano y lo plasmaron en su salvaje versión de “Not fade away” (1964), con la que, además, abrieron los conciertos de su gira “Voodoo Lounge” (1994-1995) –en la que, dicho sea de paso, me anoté-.
Otras versiones que me vienen a la memoria son: “It´s so easy” (Linda Ronstadt), “Well all right” (Blind Fate, Santana), “Not fade away” (Black Oak Arkansas), “Heartbeat” (The Knack), “Raining in my heart” (Leo Sayer), “That’ll be the day” (Keith Richards) y “Rave on” (Status Quo).
Ritchie Valens pasó a la historia del rock and roll por haber hecho la versión para dicho género de la tradicional canción mexicana “La Bamba”. La película homónima de 1987 cuenta la dura vida y la muerte del muchacho cuando se encontraba en pleno ascenso en su carrera artística. Dado el hecho de que la pieza estaba cantada en español –un español algo desteñido- se le reconoce a Valens haber contribuido a la popularización de nuestra lengua en Estados Unidos.
J.P. Richardson, más conocido como “The Big Bopper”, se desempeñaba como disc jockey y cantante. Su tema emblemático fue “Chantilly lace” que incluye la frase inicial “Hello baby” modulada a su manera, y que se convirtió en su marca registrada.
El 3 de febrero de 1959, hace exactamente seis décadas, Big Bopper tenía 28 años; Holly, 22 y Valens, 17.
El infortunio hizo que la avioneta en la que se trasladaban durante su gira de aquella temporada. Aquel fue el “día en que la música murió”.


jueves, 5 de julio de 2012

"Cincuenstones"



Dejo, por un momento, de ocuparme de los temas de nuestra agobiante coyuntura para abordar algo más amable; una de mis debilidades, en realidad. Y lo hago ahora porque la fecha lo amerita.

Nadie, ni ellos mismos, ni sus más fieles seguidores –mucho menos sus detractores de la primera hora- hubo imaginado en 1962 que, 50 años más tarde, los Rolling Stones estarían siendo celebrados, a lo largo y ancho del orbe, justamente por haber llegado al medio siglo de carrera. Eso hago, efectivamente, en esta columna conmemorativa: ¡Celebrar!

Para ser preciso, el quincuagésimo aniversario de la banda va a ser este jueves 12 de julio, pues se considera a la primera presentación documentada como tal, ocurrida en esta fecha aquel 1962, como el punto de partida de su historia oficial. El club “Marquee” de Londres fue su cuna artística.

Aunque discontinua a partir de los 80’s, una permanencia de cinco décadas en el ambiente de la industria del espectáculo y ramas afines  –algo muy parecido a una moledora de carne por el hambre de novedad de sus consumidores- es una proeza por sí misma; y Rolling  Stones, una industria en sí misma -así no guste a los “puristas” del género-.

Así como nadie está pensando conscientemente en la Revolución Francesa pero nuestra contemporaneidad no se explica sin ella, tampoco pueden entenderse ciertos códigos actuales sin considerar  aquello que comenzó hace prácticamente 60 años y continuó con los Stones como parte de la ola. El punto es que estos respetables caballeros han seguido rodando y tal parece que les quedan ganas de darse una última vuelta de tuerca.

Así alguien no haya oído hablar de estos venerables “cincuenstones”, tiene incorporado, aún sin saberlo o ser consciente de ello, algo de lo que se gestó en aquel tiempo, como lo tiene de “Libertad, Igualdad, Fraternidad”.

Por algún curioso designio decidí, un día ya lejano, dedicar parte de mi atención a “estudiar” todo lo concerniente a estos ingleses que ya cargan medio siglo artístico sobre sus espaldas; de alguna manera han empujado mi propia existencia.

¡Lo aseguro con la felicidad de saber que dentro de unas semanas yo también seré un “cincuenstone”! ¡Larga Vida a los Rolling Stones!


martes, 28 de febrero de 2012

Esto no es un obituario



“Realmente, ¿quieren escuchar o quieren gritar? No vine para escucharlos gritar a ustedes; gritemos cuando sea el momento, todos juntos, al final; pero no ahora, porque… no sé, tranquilícense, que sea una fiesta en paz y con un poco de armonía con la música. Les agradezco mucho”.

Habían transcurrido un poco más de 20 minutos de su presentación en el ya desaparecido festival Internacional de la Cultura de Sucre hace prácticamente 10 años, en 2002. La excitación de la audiencia hacía que ésta se manifieste en exclamaciones de todo tipo y a altos decibeles, lo que era comprensible, dado que a quien tenían al frente, sobre el escenario era una leyenda de la música que pisaba suelo nacional por primera vez. Esa energía era la acumulada en décadas de espera y se la canalizaba de esa manera.

Pero el tiempo de los oyentes y el tiempo del músico habían tenido su propio ritmo en cada caso. Probablemente 30 años antes, el artista más bien habría animado a la audiencia a “darle polenta” pero su evolución lo había alejado de los públicos bullangueros, futboleros.

La audiencia local, en su mayoría, esperaba las canciones emblemáticas de Almendra y Pescado Rabioso… y el hombre venía a presentar su más reciente trabajo hasta entonces “Silver Sorgo” (2001) y entre aquellos primeros momentos y éste habían pasado muchas cosas, entre ellas Jade y Socios del Desierto (siempre con el “Spinetta” casi como artículo gramatical).

Y sí. Por si no habías caído en cuenta, era de Spinetta y de su único concierto dado en estas tierras sobre lo que hablábamos, un Flaco maduro, algo intolerante, poco comunicativo; muy enfocado en su música.

No escribo un obituario porque medio mundo ya lo ha hecho; yo mismo pronuncie algo parecido a uno en una entrevista que me hicieron a horas de la partida de uno de los pilares, junto a Lito Nebbia y los Manal, del rock de estos lados. “Nos encontró desprevenidos; estábamos más predispuestos para recibir la noticia sobre la muerte de…” atiné a decir. Tan desprevenidos, digo ahora, que aún sabiendo que se encontraba internado en un nosocomio porteño, hablábamos de su posible vuelta al país –a La Paz, específicamente- cosa que, ¡adivina!, ya es imposible.

Es curioso, muy humano por otra parte, que luego de la desaparición física de sus autores, les damos otros sentidos a sus textos. Esto me ha pasado con la letra de “Cementerio Club”, del disco Artaud (Pescado Rabioso 1973), misma con la que cierro estas líneas:

Justo que pensaba en vos, nena, caí muerto
¿Qué le dio al pequeño dios
del centro gris del abismo?
Sólo sé que no soy yo a quien duerme
Sólo sé que no soy yo a quien duerme

Dime nena, ¿Adónde ves ahora
algo en mí que no detestes?
Qué solo y triste voy a estar en este cementerio
Qué calor hará sin vos en verano

viernes, 17 de febrero de 2012

Serrat, hace 19 años...


Foto: David Mercado

Hace unas semanas, re-publiqué esta foto en la que se me ve en los camarines (back stage) junto a Joan Manuel Serrat minutos antes de su primera presentación en La Paz el 17 de febrero de 1993, hace 19 años exactamente. Mi presencia no fue casual y me nos aún forzada... llevaba acompañando "arriba y abajo" al catalán dos días en calidad de "asistente" -y dos días más hasta su partida- dadas una circunstancias que abrieron tal posibilidad... no lo busqué pero ante la oportunidad ¡no opuse ninguna resistencia! Supongo que casi dos décadas después puedo decirlo sin que suene a "fanfarroneada".


Foto: David Mercado

Serrat brindó dos conciertos, ambos con sonido de regular para abajo dado que los "teatros" disponibles eran los menos indicados para la música, dos coliseos con cúpula metálica: el del colegio La Salle y el de la calle México.

En el plan original estaba el siempre apropiado Teatro al Aire Libre pero la alcaldía de entonces, en manos de Condepa, ponía como condición que Carlos Palenque hablara en medio del concierto. No way... el propio contrato lo impedía.

Con todo, quienes estuvieron en alguno de los conciertos lo recuerdan con felicidad y ha quedado en la memoria el momento en que Serrat dedicó su canción "Para la libertad" a Marcelo Quiroga Santa Cruz.



Al tenor de la dedicatoria que me dejó, "Para Puca, un recuerdo agradecido y entrañable", se diría que la vida había tomado café conmigo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Gracias, Ojo del Alma

Como un bálsamo. Así sentí que fueron las jornadas de producción para la presentación de Comunidad en el programa "El Ojo del Alma" a emitirse el sábado 1 de octubre (9:00 am, por la teledifusora ATB).


Digo esto porque el trato que nos brindaron su conductora, Paola, su productora, Cinthya, y el personal técnico fue impecable; nada que ver con esa actitud de "te estamos haciendo el favor", tan frecuente en el ambiente. Y no es que nos hayan tratado como a estrellas... simplemente lo hicieron con respeto y entrega, lo que hace la diferencia.






He disfrutado -y creo que así lo ha hecho cada uno de los miembros de la banda- cada instante de la movida. Gracias, pues, a quienes lo hicieron posible... y a Virginia Araníbar por las fotos!!!!!









miércoles, 11 de mayo de 2011

"Tubular bells"


"Tubular bells" (Campanas Tubulares) es una obra que me produce una fascinación indescriptible; sé de memoria cada uno de movimientos de esos aproximadamente 45 minutos de su desarrollo -este límite temporal estaba condicionado por la duración máxima que podía registrar un disco Long Play- y conozco cada timbre, cada paisaje de sonido (soundscape) de la pieza.

Estos días los he dedicado a la audición, por enésima vez, de las cuatro versiones: TB I, TB II, TBIII y TB con orquesta sinfónica. TBIII es casi una parodia electrónica, explicable sólo por sacarle una última tajada a la veta. Pero las otros tres son soberbias, aunque la I será siempre mi favorita.

En 1973, Mike Oldfield hizo este aporte a la música; casi pasó inadvertido pero el uso de la apertura como leit motiv de la película "El exorcista" lo catapultó a las estrellas...

¡Un eargasm!....

PD: He puesto esta foto para que no quede duda.

lunes, 2 de mayo de 2011

La noche que canté con Charly


Como han pasado más de dos décadas del hecho, me tomo la libertad de rememorarlo sin otra pretensión que la de compartir una anécdota, como si se la contara a mi hijo o a mis (futuros) nietos. Me cuidé de no hacerlo hasta ahora para no caer en la torpeza –deshonestidad- de utilizar la figura de una personalidad epónima –y he departido con muchísimas- para fines de autopromoción en cualquiera de mis actividades. Estamos lo suficientemente creciditos; por lo que espero que a nadie se le ocurra ver en este post un afán de ese tipo.

El sábado 18 de junio de 1988, luego de inspeccionar, junto a técnicos y agentes, las instalaciones del teatro al aire libre de La Paz, así como los sistemas de audio –bastante precarios comparados con lo que se tiene a disposición en la actualidad, debo decir- para el concierto de Charly García, quien llegaba por primera vez a la ciudad, iniciando la era de los conciertos de este tipo en Bolivia (soy, en alguna medida, un precursor en esta materia, la misma que ya es toda una profesión para quienes se dedican a ello en la actualidad), nos dirigimos al hotel donde la banda y el propio García esperaban para la fiesta que les habíamos prometido.

A eso de las 21:30, partimos hacia el boliche de moda por entonces, el “Caras y Caretas”, cuyos administradores, conocedores de que la troupe iba a recalar por ahí, montó un pequeño escenario provisto de lo necesario para hacer algo de ruido: amplificadores, guitarra, bajo, batería… No habíamos hecho una solicitud de exclusividad, ni habíamos cursado invitaciones… debía ser una sorpresa… ¡Y vaya que lo fue!, no solo para quienes se encontraban en el local, sino para mí mismo, como veremos luego.

El rumor cundió por las cercanías… y la gente abarrotó el “Caras…”, al extremo de ya no permitir el ingreso de más curiosos. Muchos quedaron afuera.

Luego de algunos tragos, parte de la banda tomó “espontáneamente” el escenario, Charly en guitarra, Fernando Lupano en bajo, Fernando Samalea en batería, Fabián Quintiero en un elemental tecladito y mi buena amiga Hilda Lizarazu en la voz. Los afortunados presentes no lo podían creer: estaban presenciando un show sorpresa del mismísimo Charly García…. De pronto –un miembro de la banda, probablemente Lupano, con quien mejores migas hice, le habría dicho de mi afición por los Rolling- y el hombre, haciendo una llamada con el dedo dirigida a mi persona, dijo por el micrófono: “¡Vení!”.

“¿Yo, maestro?”, probablemente fue lo que pensé ese instante, pero estaba claro que era a mí a quien se refería. Ocupé un lugar en el escenario, García me cedió el micrófono y el grupo, con Charly a la guitarra, comenzó a tocar “Jumpin’ Jack Flash” y un servidor a cantarla alternando con el mero mero. Seguimos con “Brown Sugar” y acabamos coreando “Raros peinados nuevos” (oh oh oh oh óoooh). ¡Full joda, muchachos!

La mejor prueba de que lo que acabo de contar estaba absolutamente fuera de cálculo es que no tengo –salvo la que se ve arriba, en la que mi antebrazo le cubre el rostro- fotos de aquel momento. Pero su intensidad permanece.

viernes, 22 de abril de 2011

Con la mano en la Biblia (según Vox Dei)

Suena, mientras redacto este breve post, la obra cuya tapa tengo entre manos: "La Biblia, según Vox Dei"; trabajo conceptual del grupo argentino sobre los textos sagrados, todo un atrevimiento, sobre todo tratándose de un género, el rock, que no era bien visto, menos comprendido, por gruesos sectores sociales e institucionales -La Iglesia, entre ellos-.

Es que estamos en 1971. Pero la propuesta de Vox Dei conquistó a propios y extraños desde el comienzo -si eso es bueno o malo para un disco de rock es otro asunto-. El punto es que la idea fue bendecida por la propia Santa Madre (la primera edición llevaba unos textos de Monseñor Giacelli en los que elogiaba, sobre todo, los versos "Cuando todo era nada, era nada el Principio, Él era el Principio y de la noche hizo luz"; el prelado se dirigía a Ricardo Sulé con estos términos: "A mí me hubiera costado tres horas explicar qué es Dios, y vos lo conseguiste con apenas un silogismo").

En la reedición de 2oo5, que es la que tengo conmigo, Soulé se aproxima a la obra en estos términos: "Intentar poner en palabras sobre el papel los sucesos de la vida, siempre fue tarea de los escritores. Sin embargo, los aprendices, desde tiempos muy antiguos, venimos intentándolo aún habiendo ya corrido no muy claros destinos. Digo esta a manera de disculpas, ya que es difícil para mí escribir sobre La Biblia según Vox Dei porque significó en mi vida algo muy decisivo".

¡Vivificante Semana Santa!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Virtuosismo y rutina (Alejo Carpentier, 1952)




En principio, no soy enemigo del virtuoso. El virtuoso –de acuerdo con una expresión italiana que data, si no me equivoco, del siglo XVII- es aquel músico o artista que ha llegado a tener “el completo dominio de una técnica”. Lo que significa, con otras palabras, que ha pasado a la categoría de maestro en su oficio. Y como maestro, se permite lo que no puede permitirse un aprendiz, en cuanto a la utilización de sus facultades naturales y su poder de ofrecernos, en cualquier momento, una ejecución trascendental.

Pero el virtuosismo, cuando se sistematiza, suele acompañarse de un vicio debido a un proceso de deformación profesional. El virtuoso, ufano de su virtuosismo, acaba por querer demostrar a todos que es el más virtuoso de todos los virtuosos. ¿Y cómo demostrarlo, sino ejecutando con mayor maestría y relumbre, lo que otros ejecutaron antes que él? ¿Y cómo lograr que el público se dé cuenta de lo que quiere probar, si la prueba no se hace a base de obras que el público conoce muy bien?... Por tanto, si el virtuoso es pianista, tocará los conciertos más manidos; si es tenor lírico, se atendrá a las óperas que tienen romanzas que todo el mundo tararea. Y si es director de orquesta, andará por las capitales del planeta con un repertorio de diez sinfonías, ocho oberturas y cinco poemas sinfónicos, saliendo al escenario, cada vez, con una expresión entendida, que equivale a guiñar el ojo a sus oyentes, y decirles: “¡Ahora verán ustedes cómo me suena la Quinta de Chaikovsky!... ¡Ahora sabrán ustedes cómo debe tocarse la Sinfonía Heroica!… ¡Ahora sabrán ustedes lo que es la Obertura de Egmont!”… Exactamente como cuando los grandes cocineros dicen: “Ustedes sabrán realmente lo que es una perdiz estofada que yo preparo”.

De ahí que el virtuoso, que sabe entusiasmarse por su dominio técnico y su inteligencia de los textos, nos resulte enojoso, a veces, cuando leemos sus programas, en frío, lejos de las salas de concierto donde ejerce el poder de seducción sobre los públicos. Siempre es la misma sonata, el mismo concierto, la misma sinfonía que tocaron, el mes pasado, el virtuoso alemán, el virtuoso polaco y el virtuoso austríaco. Y así, en otro dominio, actúan también –hay que reconocerlo- la bailarinas famosas.

Sin virtuosismo no hay danza de alta jerarquía. Más aún: la danza es probablemente la forma de arte que exige el mayor grado de virtuosismo por parte del intérprete. Pero, esto entraña el eterno vicio que empequeñece, en cierto modo, la figura del virtuoso. Mientras mejor es el ballet, y más renombre tiene las estrellas, más monótono habrá de ser el repertorio. No hace falta publicar previamente los programas. Ya sabemos que habrá Lago de los Cisnes y Cisne Negro, Las Sílfides, Coppelia, Giselle, Pas de quatre y Don Quijote. No niego que tales ballets sean los más firmes puntales de la danza académica, y que el trozo de bravura que es El Cisne de Saint-Saëns deba figurar , desde los tiempos de Anna Pavlova, en el repertorio de toda gran danzarina –como todo gran pianista debe saberse los conciertos fundamentales. Pero… ¿acaso no existen otros ballets?... Me dirán los empresarios que los mencionados son “los que el público prefiere”. ¿Y qué saben ustedes, señores, si esos son los que el público prefiere, puesto que no le han mostrado los muchos otros que han venido a enriquecer el repertorio coreográfico, desde hace treinta años?...

ALEJO CARPENTIER
5 DE OCTUBRE DE 1952

martes, 15 de febrero de 2011

Rolling Stone # 155, febrero 2011



La última edición de la Rolling trae consigo una sección en la que emblemáticas personalidades de la música mencionan las diez canciones más influyentes en sus respectivas vidas.

A manera de ilustración, Keith Richards se decanta por las raíces:

1. "Stagolee" Jesse Fuller, 1958

2. "When did you leave heaven" Big Bill Broonzy, 1951

3. "It Hurts me too" Elmore James, 1957

4. "Blues Hangover" Slim Harpo, 1960

5. "Key to the Highway" Little Walter, 1958

6. "Piece of my heart" Erma Franklin, 1967

7. "In a dis ya time" The Itals, 1998

8. "Innocent people cry" Gregory Isaacs, 1974

9. "Memphis, Tennessee" Chuck Berry, 1958

10. "32-20" Robert Johnson, 1936

miércoles, 8 de diciembre de 2010

martes, 7 de diciembre de 2010

Seguridad Social, lago Titikaka 1995



Montamos el escenario en medio del agua, trasladamos los equipos en balsas y.... a rodar. Detalle: El baterista olvidó sus baquetas y las reemplazamos por ramas del lugar.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Vienen llegando...


Foto: Portada de la revista "El Musiquero" con El trío (Lito Vitale, Bernardo Baraj y Lucho Gonzales)/ Entrevista a Juan Carlos Baglietto.

El miércoles 8 y el jueves 9, los reconocidos músicos argentinos Lito Vitale y Juan Carlos Baglietto brindarán sendos conciertos en el teatro del colegio Calvert de La Paz.

A modo de aguardar su presencia, me remito a la entrevista que la revista "El Musiquero" publicó allá por 1988; las frases más sabrosas de baglietto tienen que ver con su modo de cantar.

A la pregunta de si había tomado alugunas lecciones de canto, responde:

"Sí, tres veces con tres tipos... uno me quería hacer cantar como Raphael porque en esa época mataba Raphael, el otro me quería hacer cantante lírico y el otro era un retrolo que directamente ¡me quiso fifar! (risas)".

"Yo he llegado a la conclusión de que no canto con la garganta sino con los huevos".

Bienvenidos....

viernes, 19 de noviembre de 2010

Para escuchar (Comunidad)

"POR AMOR"



"LA EXPEDICIÓN"



"PHUSAÑA"



"CODIFICADO"