sábado, 8 de agosto de 2026

Bolivia, en mi corazón

 



Por designio del destino, la publicación de estas líneas coincide con los fastos por el aniversario de la creación de nuestra república.

El bicentenario se celebró con austeridad, debido a las paupérrimas condiciones económicas en que quedó el país luego de dos décadas de gobiernos del MAS, además de que nos encontrábamos sumidos en las campañas electorales que, lejos de unificar, invitan a tomar partido por una u otra opción; y, por si fuera poco, el solapamiento del “Estado plurinacional” sobre la forma republicana, que es, al fin y al cabo, la que se conmemora, atentaron contra una gran oportunidad para, al menos por unos días, Bolivia se convirtiese en el centro de las miradas del orbe.

En términos de simbolismo, no es lo mismo cumplir 200 que 201 como, en términos personales, no es lo mismo cumplir 50 que 53. El primer año post-bicentenario es el inicio del camino hacia los 250 -hace un mes los estaba festejando Estado Unidos-.

Si algo hay que agradecerle al bicentenario es que marcó la proscripción, por decisión popular, del MAS en todas sus expresiones, abriendo las puertas hacia un renovado sentimiento de esperanza.

Sin embargo, la nefasta herencia que dejó en el Estado el masismo, sumada a los desaciertos cometidos por el nuevo régimen en estos meses, configuran lo que sostuve hace un tiempo: que lo viejo no termina de irse y lo nuevo no acaba de instalarse. Lo delicado de esto es que con el tirano Morales Ayma moviéndose a sus anchas en su reducto chapareño -desafiando, inclusive, a que el Presidente, “si es machito”, se dé una vuelta por sus dominios cocaleros- cada tropiezo del gobierno abona al discurso regresivo de los restos del antiguo régimen que, eventualmente, podrían converger para reponer, por la vía que fuera, el narcoestado. Está claro que, durante los años del MAS, los cárteles -que el evismo llamaba “emisarios”- actuaban con total libertad. Tras la detención y posterior extradición de Marset, quien, a mi juicio, actuaba como el “garante” de la pax entre las bandas criminales, éstas se han desbocado y su guerra por el control territorial está causando una seguidilla de asesinatos cometidos por sicarios de uno y otro bando.

Esa “gran nación” de la que nos habla la cueca, ese “amor desenfrenado de libertad” que proclamaba Bolívar, siguen portando, en su sencilla definición, un profundo arraigo ciudadano. Pero el lirismo sin un correlato que dé certidumbre sobre el porvenir, queda solo en eso.

Es posible que, al tiempo que usted esté leyendo este texto, el Presidente ya hubiese concluido la lectura de su discurso que si bien, no es de gestión como lo era antes hasta que se alteró la secuencia electoral -elecciones en el primer domingo de julio y posesión el 6 de agosto- será valorado, en el sentido que se quiera, por sus contenidos más que por las formas. El análisis se encargará de validarlo o de observarlo.

En lo que a nosotros toca, seguiremos contribuyendo, desde el llano, a proyectar a Bolivia, en diversos ámbitos, a la construcción de su anhelado bienestar democrático y económico, a la promoción de su diversidad cultural y a su sostenibilidad.

Por mejores días… ¡Felicidades, Bolivia!

jueves, 23 de julio de 2026

Tocando madera

 


Si encontrar mercados para artículos exportables implica un colosal esfuerzo, conservarlos es doblemente exigente, al tiempo que meritorio dados los compromisos contractuales, la logística, el control de calidad y, dependiendo del tipo de mercadería, especificidades propias de cada ítem.

En mis días de secundaria, mi profesor de historia, Mario Salinas -lo nombro porque, pese a que busqué con denuedo información que lo corroborase, no la encontré- contaba que en un relativamente lejano pasado, Bolivia exportaba guayabas a Inglaterra. Pero sucede que, al llegar a puerto, la fruta era echada al océano, mientras que las cajas que la contenían eran llevadas a centros de venta donde se las comercializaba. Ya habrá deducido usted lo que pasaba: el material de tales contenedores era alguna especie de las muchas de maderas preciosas que se dan en nuestro país. La “demanda de guayabas” concluyó cuando los exportadores bolivianos cambiaron el material de empaque. Cierto o no, el caso ilustra la generosidad forestal de nuestro suelo. También sirve para remarcar que las regulaciones en el sector maderero le han dado a éste la carta de sostenibilidad.

En tiempos de añorado ATPDEA, junto a los rubros de la joyería, artículos de cuero y textiles, incluidas las confecciones, el de la madera trabajada (muebles y, curiosamente, puertas) se abrió un “huequito” en el mercado estadounidense. Si bien en términos monetarios no fue un ingreso significativo, de haberse mantenido el mecanismo de preferencias arancelarias, hoy estaríamos hablando de montos importantes por tal concepto. Como se sabe, por las rencillas personales de Morales Ayma con la embajada de EEUU, este país decidió cancelar el beneficio.

Pero hasta estos días, la madera de procedencia boliviana no había sido objeto de una acusación tan ligera como la que hizo el fiscal chileno que la relacionó con el tráfico de drogas.

Hasta ahora, me abstuve de emitir juicio alguno al respecto. Esperé a tener mayores elementos para hacerlo y éstos llegaron cuando, desde Bolivia, se desmintió la versión del vecino. Pero, en el camino, no sin intencionalidad política, hubo quienes lo adelantaron causando un daño gravísimo al sector maderero boliviano que, repito, no había sido estigmatizado tan duramente en toda su existencia.

El caso “narcomaderas”, como lamentablemente va a pasar a la posteridad, entremezcla todas las formas posibles de manipulación de la información. Llegué a escuchar la patraña de “1 800 toneladas de droga”, cuando en realidad se trata de 1 080 toneladas de tablones retenidos en la aduana de Arica por la supuesta impregnación de cocaína en los mismos -supuestamente 100 toneladas-. Si bien el narcotráfico ha ideado las formas más “creativas” de burlar los controles aduaneros, el sentido común parece decir que tal truculencia es, al menos, improbable. Ahí entran los análisis periciales que demuestran la inexistencia de la sustancia en la carga de referencia.

Pero ya no es solo el fiscal quien sostiene la acusación; en una suerte de reacción corporativa se ha pronunciado también el delegado presidencial para la región quien asegura que las “investigaciones” siguen en curso y emite una serie de alusiones a los “narcotraficantes”.

Entretanto, cuando el país requiere con urgencia divisas provenientes de las exportaciones, las de madera han decrecido en 60% a causa del malintencionado proceder de autoridades chilenas.

Más allá de las obvias implicaciones económicas del caso, sus alcances ya alcanzan los terrenos diplomático, jurídico y político, además de afectar la honra de empresarios, hoy al borde de la quiebra.

Queda tocar madera para que la verdad salga a flote y se reparen los daños y perjuicios causados no solo a personas sino a nuestro propio país.

miércoles, 8 de julio de 2026

Rolling Stones: marca indeleble

 

“Ahora en 1994, mitad leyenda, mitad realidad concreta, los Rolling Stones continúan cautivando auditorios y vendiendo discos. La gira actual es una mezcla de alta técnica, viejas y modernas canciones y tiene una parafernalia logística de última tecnología que ocupa más de doscientas personas”.

En tales términos, el diplomático, ya fallecido, Agustín Saavedra Weise, se refería al grupo más longevo en actividad entonces (1994). Haciendo una excepción a las temáticas que abordaba en su columna, el embajador destinaba su espacio periodístico a ensalzar a una banda de rock, algo que a muchos podría parecerle un desperdicio, una ligereza impropia de un intelectual.

Más de veinte años después, Saavedra podría publicar el mismo contenido y nadie pondría en duda su actualidad. El hecho es que mañana, 10 de julio de 2026, los Rolling Stones publicarán su nuevo álbum, adelantando una probable gira; el 12, celebran su sexagésimo cuarto aniversario -tomando como punto partida su primera actuación documentada con ese nombre, aunque ya llevaban como dos años tocando y probando otros nombres-, y, por si fuera poco, el 26, Mick Jagger cumplirá 83 años, en gran estado físico y en pleno uso de sus facultades mentales y artísticas. Considerando la volatilidad del negocio musical y el estilo de vida que se les atribuye a algunos de sus exponentes, estos guarismos son, en sí mismos, récords absolutos.

Ya en 1994 podía considerarse como una anomalía que “esos viejos” se atrevieran a emprender giras tan desgastantes -que ya no necesitaban hacerlas por necesidad económica-. La que refiere Saavedra es la que siguió a la publicación del álbum “Voodoo Lounge”, de la que yo mismo fui parte del público asistente en su tramo sudamericano -Santiago de Chile, 1995-.

El álbum que verá la luz mañana se llama “Foreign Tongues” y sucede a “Hackney Diamonds”, editado hace tres años y ganador de varios reconocimientos, entre ellos un “Grammy”.

Ocurre que, desde hace unas cuatro décadas, la entidad llamada Rolling Stones ha trascendido de ser solo una “band” a convertirse en “brand”; es decir que conserva su carácter de banda mientras se gestiona como marca.

La marca abarca una serie de negocios conexos que convergen en la música y la larga historia del grupo. Nada queda al azar -lo hemos visto durante la campaña promocional del álbum en cuestión-.

Una historia que atraviesa siete décadas en las que el mundo ha soportado guerras, desastres naturales, cambios tecnológicos, cambios políticos: Vietnam, Guerra del Golfo, el conflicto permanente en medio oriente, más recientemente la Guerra de Rusia contra Ucrania; las transmisiones vía satélite, la llegada a la luna, el internet y las redes sociales, los discos compactos, los dvd, Spotify, la inteligencia artificial; la caída del muro de Berlín, diecisiete mundiales de fútbol, incluido el actual…

Y acá están estos veteranos dando batalla. La huella que dejan en la cultura, más allá de la marca comercial, es indeleble.

Bienvenido, “Foreign Tongues”.

miércoles, 24 de junio de 2026

Del estado de excepción al estado de gracia

 


Estuve meditando acerca del “timing”, término anglo que no tiene una traducción en una sola palabra en castellano, por eso decimos “taiming” y suponemos que hablamos de lo mismo: control y administración del tiempo. Pero la idea, pienso, va más allá de solo eso. Creo que implica la noción misma de tiempo, a su percepción, a su relatividad.

Durante la crisis de los 50 -me refiero a días, no a años, aunque quienes estuvieron en medio del conflicto lo hayan sentido como tales- se entrecruzaron tres timings: el de los golpistas, un variopinto conglomerado de pintorescos personajes al servicio de Evo Morales; el del Gobierno, apegado a su legitimidad electoral; y el de la ciudadanía, maniatada por ambos flancos.

Para los primeros, la peregrina idea de exigir la renuncia del Presidente tuvo 48 horas tan elásticas que se estiraron -y éstos no tenían problema, mientras fluyeran recursos, en alargarlas hasta que florezca el chuño-.

Para los gobernantes, un juego de nervios y de cálculo para ir desgastando la intentona de asonada sin causar bajas en las filas subversivas que, como se sabe, es el expediente al que recurren los “movimientos sociales” para victimizarse y justificar sus propios delitos, atentados y bloqueos criminales. El “ritual de sangre”, del que hablaba Quintana. El Gobierno apostó a que los golpistas cayeran en sus propias contradicciones, ante la impaciencia de la población que le pedía acciones directas. Cuando el golpe implosionó apretó el botón del estado de excepción, ratificado por el Legislativo por amplia mayoría -dato no menor-. En el camino, se dieron injustos fallecimientos producto de la falta de humanidad de los delincuentes que tomaron las vías y el Ejecutivo tuvo una crisis de gabinete. El reemplazo en el ministerio de Defensa fue determinante para encaminar la salida, incruenta, hacia la liberación del país.

En cuanto a la ciudadanía -trabajadores con conciencia, gremialistas, transportistas, empresarios, estudiantes…- cada día de asedio equivalió a una semana en términos de su trabajo, de su bienestar emocional y de su economía en general. De hecho, a muchas empresas y emprendimientos individuales, debido al daño causado durante los 50 días les tomará no menos de un año recuperarse y retomar la senda del crecimiento. Otros no tendrán esa “suerte”, puesto que la mafia inmisericorde acabó con sueños y vidas promisorias.

Una de las mejores caracterizaciones del timing que he escuchado no proviene de un filósofo, en lo conceptual, ni de un administrador, en lo operativo, sino de un tiktoker (un tic tacker, diría). “Una gran virtud es esperar; esperar el momento adecuado. Una vez que tienes todo estructurado en tu cabeza, saber perfectamente cómo lo vas a ejecutar; pero esperar al momento adecuado es difícil. Solo se aprende con los años. La diferencia entre el éxito y el fracaso muchas veces depende exclusivamente del timing”.

Por delante, queda la reconstrucción sobre los escombros dejados por el narcoterrorismo. Pero que nadie se confunda, la estoica resistencia de los bolivianos no debe ser interpretada como un respaldo explícito al Presidente y a sus colaboradores; es una pulsión democrática a toda prueba. El Gobierno debe sopesar lo actuado y activar el cumplimiento de la ley.

Se avecina el momento de la aprobación de diez leyes que configurarán el nuevo ciclo de administración estatal. No se puede permitir que los restos que quedaron del grupículo insurrecto se rearticulen para torpedearlas.

Ahora debemos ingresar en estado de gracia (periodo excepcional de inspiración, paz, creatividad o fluidez donde todo parece salir bien y sin aparente esfuerzo). Nos lo merecemos.

jueves, 11 de junio de 2026

Habemus Mundial

 


La publicación de esta columna coincide con la apertura del torneo ecuménico del fútbol. Buen pretexto para distenderse y “mirar a otro lado”, al menos por unos días.

No digo el año, pero me tocó nacer a poco de la conclusión del Mundial de Chile, aquel en el que Brasil obtuvo su segundo título. Del primero que tengo conciencia es de aquel que se realizó en México, en el que, precisamente el mismo Brasil de Pelé obtuvo el “tri”. 

Del anterior, Inglaterra, en el que el título se quedó en casa de los inventores del fútbol moderno, el football, no tengo un recuerdo vívido. Lo curioso es que éste fue el único, hasta la fecha, que ornamentó su vitrina durante cuatro años.

Brasil se quedó a perpetuidad con la Copa “Jules Rimet” y desde el Mundial de Alemania 74 se disputa la Copa “FIFA”. En 1983, la primera sufrió su segundo robo que, a diferencia del previo, sin mayores consecuencias, acabó fundida y convertida en lingote. De ella solo se conserva la base de lapislázuli. 

Bien entrada la década de los 90, algunos medios, creo que tengo un recorte en mi archivo, siguieron llamando “Jules Rimet” al trofeo–la fuerza de la costumbre, se diría–.

A mi juicio, y no soy el único que piensa así, en los mundiales de Alemania 74 y Argentina 78, la selección más perfecta fue la de Holanda (Países Bajos), conocida como “La naranja mecánica” por la precisión de su juego de conjunto, con el liderazgo de Johan Cruyff.

Pero ahí estuvieron Breitner y Müller, amén de Beckenbauer, el Kaiser, para reescribir el destino, en el primer caso, y Kempes y Bertoni, en el segundo. 

La leyenda negra reza que el régimen militar argentino se las arregló para que, a lo largo del torneo, el arbitraje y algún “acuerdo” (con el seleccionado del Perú) posibilitaran el pase de los locales hasta la final, pero en ella, Argentina se hizo grande sin tacha alguna.

A propósito del Mundial del 74 y de Argentina, en las eliminatorias de la región, disputadas in 1973, el seleccionado albiceleste formó un combinado alterno al titular, que se había entrenado en La Quiaca y que derrotó a nuestra selección, en La Paz, por la cuenta de 0-1, con gol de Fornari.Hago, porque esto se volvería las mil y una noches de lo contrario, un largo salto de tiempo hasta 1993-1994. Por razones obvias.

Bolivia acudió a tres citas mundiales, las dos primeras como invitada, siendo eliminada a las primeras de cambio, en algún caso con marcador abultado, y la tercera por derecho y méritos propios. En el medio, nuestra selección estuvo más de una vez a un “casi” de lograr un lugar en el gran evento –la más reciente, justamente este año–. 

De hecho, para las eliminatorias de entonces, Azkargorta recibió buena parte de la base que había dejado Habegger, un gran técnico. Eso, sumado a las pautas motivacionales del vasco, a una huelga futbolera que le dio tiempo de preparación al conjunto y una generación con los astros alineados, consiguieron el sueño de la clasificación.

En esta versión, ese “casi” nos vuelve a dejar en calidad de mirones sin camiseta propia. En mi caso, de manera literal: en materia de clubes, me pongo, eventualmente, la de los equipos de mi predilección en algunas ligas, mientras no se enfrenten a mi club local. En cuestión de selecciones, la única con la que me luzco es la de mi Bolivia. Lo que no quiere decir que, por defecto, pueda apoyar a alguna otra que está en competencia.

Y bueno. Que se abra el telón y que las emociones nos ayuden a atravesar el duro trance que estamos soportando por el afán subversivo de unos delincuentes sin piedad.

viernes, 29 de mayo de 2026

El estuprador y el SAP (Síndrome de Abstinencia de Poder)

 




Partiendo de lo general, para luego aterrizar en lo particular ya anunciado en el título, recojo una caracterización básica del Síndrome de Abstinencia: se trata de un conjunto de reacciones físicas y mentales que sufre una persona con adicción a una sustancia cuando deja de consumirla o reduce significativamente la cantidad habitual.

En lo que respecta al caso que nos ocupa, esa sustancia se llama “poder” y su dependencia y posterior S.A.P. afecta a sujetos que lo pierden y se manifiesta en perversas maneras para volver a conseguirlo a como dé lugar dada la adicción al mismo.

Sus síntomas son inconfundibles: micrófonos compulsivos, nostalgia autoritaria, marchas “espontáneas” financiadas por la espontaneidad ajena y una extraña incapacidad para aceptar que el calendario avanza.

Lo llamativo es que, en reiteradas ocasiones, el adicto, a quien llamaremos “el estuprador”, la población lo repudió dejando en claro que no puede acceder, bajo circunstancia alguna, a la sustancia en cuestión.

 Los hechos, muchos de ellos decididamente delictivos, que la minoría que lo respalda en su demencial delirio tienen a una parte de Bolivia en ascuas dada la virulencia de sus manifestaciones, el vandalismo y la ridiculez de sus consignas -más allá de las mismas, los “movilizados” no tiene idea de porqué cometen semejantes estropicios-.

El estuprador vive convencido de que Bolivia no puede sobrevivir sin él en la silla presidencial. Lo surrealista del asunto es que la Constitución, los tribunales, el referéndum y hasta la aritmética política le dicen “no”.

El S.A.P se le presenta como cualquier adicción dura. El estuprador extraña mandar. No añora la responsabilidad que conlleva el cargo, sino el placer químico de que las quinceañeras le sean ofrecidas como “agradecimiento” a las prebendas que reparte a dirigentes de “organizaciones sociales”, las mismas que ahora bloquean a discreción causando estragos a la economía y cometiendo delitos de lesa humanidad. El estuprador no busca volver porque Bolivia lo necesite; quiere volver porque el poder es la única droga que lo satisface. En su enajenación, habla de conspiraciones cósmicas, traiciones internas y enemigos imperiales con la desesperación de quien perdió las llaves del reino.

Y así seguimos, atrapados entre discursos incendiarios y amenazas de convulsión social, mientras el país intenta resolver problemas delicados como la economía, el empleo o el combustible. Pero el S.A.P no entiende de prioridades nacionales. El síndrome sólo conoce una receta: volver, aunque sea arrastrando al abismo a toda la sociedad.

El estuprador no soporta más tiempo entre cocales -así sean su razón política- y sabe que el tiempo es su pero enemigo -pensar que en cinco años su salud mental y física sufrirá el deterioro producto del “asilo” al que él mismo se ha sometido-. Es ahora o nunca, piensa, y está dispuesto a sacrificar, no la suya, sino las vidas de sus seguidores, para encaramarse en el poder. Ahí es donde el S.A.P y la bipolaridad confluyen.

El estuprador debe aceptar que sus delirios no tienen cabida en un país que ha decidido avanzar y sacudirse de la iniquidad que dejó a su paso por el poder. 

¡A reformar se dijo!

 



Producto del encuentro de actores sociopolíticos realizado en Cochabamba, a propuesta del Presidente, y con carácter de urgencia, se comenzó a trazar la ruta que deberá llevar a Bolivia hacia una reforma parcial de la Constitución Política del Estado.

Una expresión que me quedó de las clases de aritmética en la época escolar es la de “no contiene”, para referirnos a un guarismo menor que se intenta dividir con uno mayor, cosa posible con la obtención de resultados en decimales, no así para el caso de resultados en números enteros -no sé si me he expresado adecuadamente, pero usted sabe a lo que me refiero-. El asunto es que la COPOLMA (“Constitución Política Masista”, como la denominó Francesco Zaratti) ya no contiene al modelo de Estado que se está gestando luego del fracaso del languideciente “Estado Plurinacional”.

En tal sentido, lo lógico es perfilar una reforma total, pero tal propósito afronta el obstáculo del tiempo ya que tomaría no menos de dos años, dada su rigidez -la COPOLMA debe ser una de las constituciones más rígidas del mundo-. Por tanto, la parcial luce como la opción correcta ante la urgencia de aprobar leyes que, sin tales reformas, podrían ser recurridas por inconstitucionalidad. Así y todo, el proceso tomaría al menos seis meses, debiendo, además, concluir con un referéndum que, en caso de resultar perdidosa la opción de aprobación, echaría por la borda todo el esfuerzo por ajustarla a la nueva era estatal, sobre todo en términos de la economía.

No puedo dejar de lado la irregular forma en la que se fue gestando la CPE vigente, que data de 2009 y ha envejecido rápida y malamente, al grado de que ya no refleja mínimamente el actual estado de las cosas: la reforma de 2004 (la segunda que se operó en la de 1967), incluyó la figura de la Asamblea Constituyente, un “clamor de las organizaciones sociales” ligadas al entonces creciente descontento con la “partidocracia”; en 2006, ya instalado el MAS en el poder, se eligió a los constituyentes y se instaló, en Sucre, en ambientes del teatro “Gran Mariscal”; pasaron meses hasta que el trabajo propiamente dicho comenzó, una vez superado el obstáculo, huelgas de hambre de por medio, por el sistema para la aprobación de los artículos -El MAS defendía la mayoría simple; el resto, los dos tercios-. Los desacuerdos se multiplicaron y el acoso de unos y otros hacia la asamblea determinó su traslado a un cuartel en cuyas inmediaciones su produjo una masacre; ante la creciente violencia, la asamblea traslado sus sesiones al auditorio de la UTO, en Oruro, donde sin que se debatiesen los artículos, se aprobó un texto absolutamente grosero que fue “afinado” por una comisión congresal reunida en el edificio de la Lotería, en la Paz. Como era del interés del expresidente Morales, éste se comprometió a no repostularse a condición de que se convocara a referéndum para su aprobación o no. Por amplio margen, la ciudadanía respaldo el nuevo texto constitucional y entró en vigencia en 2009.

Un dato no menor -el régimen su ufanaba del carácter anticolonial de su engendro- fue la indisimulada intervención de operadores del populismo español en su redacción, al colmo de que uno de ellos lo usó como tesis doctoral.

En rigor, dados tales antecedentes, la CPE masista no debería haberse siquiera considerado, pero el pueblo, en su sabiduría, le dijo “sí”, pero no pude disimular mi satisfacción cuando ni el propio Morales pudo modificarla para habilitarse a la reelección indefinida, aunque siguió intentándolo por medios discutibles. En el camino ya había violado “su” Constitución varias veces (“yo le meto nomás”).

Para concluir, citaré algo de lo que escribió Jorge Lazarte, quien fuera uno de los constituyentes, en 2009: “En suma, todo parece indicar que no será posible implementar la NCPE sin violarla. La raíz de esta cuadratura se encuentra en el sesgo ideológico del nuevo texto constitucional, que ha sobrepuesto la primacía de los derechos colectivos diferenciados y etnitizados a la igualdad de los derechos ciudadanos”.

“De todos modos, a la larga no será sostenible una Constitución que contiene los principios de su propia inviabilidad, que solo podrá ser salvada con reformas sustanciales”.

miércoles, 15 de abril de 2026

Papa caliente

 


El Papa está caliente, serenamente caliente, y con justa razón. Los dichos y acciones del señor Donald Trump, presidente de Estados Unidos, han rebasado todo límite de la sensatez y, me animo a agregar, del buen gusto -a decir verdad, el magnate en función gubernamental es uno de los mayores exponentes del mal gusto).

Para quien juzga dicotómicamente, al emitir una crítica dirigida a Trump, quien la manifiesta es, mecánicamente, colocado como pro régimen iraní (o pro-Hamas, o pro-Maduro…) y fin de la discusión… hasta el buen León queda como terrorista.

Rebasar todo límite, así sea simbólicamente, pero demencialmente a la vez, es difundir por tu red personal o institucional -que lo hagan tus fans, tus cortesanos o tus marqueteros no es lo mismo- una postal en la que el del penacho rojizo reemplaza al nazareno es, cuando menos, una vileza. ¿Les parecerá eso aceptable a los grupos religiosos que ensalzan la figura humana del republicano? ¿No les incomoda, al menos, su deificación (suplantación)? Tengo la impresión de que muchos de ellos son corresponsables de tal impostura. La lucha contra una teocracia (uno de los pretextos de la guerra, junto con la de evitar la expansión nuclear iraní, aunque el verdadero móvil es el económico) no puede ser resuelta con la instalación de otra, personificada por Donald.

Otra trasposición de límites, más terrenal, fue la amenaza trumpista de hacer desaparecer toda la civilización persa en cuestión de horas. Una disputa geopolítica, en la actualidad, no debe incluir semejantes despropósito: hay una población civil, que incluye aquella que, justamente, lucha contra la dictadura teocrática y se supone que algo de afinidad tiene con occidente que, de cumplirse los improperios trumpistas, desaparecería junto al resto de los habitantes de la región; pero al mismo tiempo desnuda el verdadero interés del orate estadounidense: le importa un bledo el asunto político interno de Irán, lo de la proliferación nuclear es un buen pretexto, pero el botín es otro. Pregunto. ¿Eso me coloca del lado de “los malos”? En absoluto. Me (nos) coloca del lado de la conciencia y de la paz.

El Papa ha reaccionado en tal sentido -no soy, en modo alguno, más papista que el Papa- poniendo los puntos sobre las íes. Y no es para menos: la locura desatada por el Presidente de Estados Unidos que, al igual que el de Rusia con respecto a Ucrania, prometía liquidar la guerra en 48 horas, debe tener un contrapeso de sensatez. Trump se ha encontrado con la horma de su zapato, y esto le va a pasar factura -tanto interna como externa-. El Jefe de Gobierno del Reino de España -otro no sospechoso de papista- ya ponderó la actitud papal y anunció la más cordial bienvenida cuando próximamente León visite los alrededores de Castilla y León.

Por lo pronto, el del tupé ha retirado la grosera imagen, con un argumento pueril, pero ya cometió blasfemia.

Tengo la impresión de que las admoniciones del pontífice tendrán un efecto importante en el decurso de los conflictos promovidos por Trump; no por voluntad de éste, sino por la adhesión mayoritaria de la comunidad global al llamado pacifista del Vaticano.

Hay un Papa caliente.

miércoles, 1 de abril de 2026

Honores

 


Ni conformismo ni consuelo de tontos: Lo logrado por el seleccionado nacional de fútbol hace de sus protagonistas, merecedores de honores por todo lo alto. Si bien no se llegó a la siguiente instancia -el dominio y la entrega de los jugadores fueron manifiestos- la página que escribieron tendrá un lugar entre las grandes gestas no solo del deporte, sino de la lucha del ser boliviano por superarse ante las adversidades -eso que llaman “resiliencia”-.

Si hubiese alguien que sostenga que no se cumplió el objetivo, le digo que, contrariamente, se lo superó -por supuesto que si se conseguía la clasificación lo habría hecho con creces-.

Para sostener esto, me remito al proceso, algo que no solemos considerar en los comentarios triunfalistas. Dos directores técnicos habían dejado a la selección al borde del colapso, hasta que, criteriosamente, se llamó a Villegas para tomar sus riendas. El recién llegado recibió un equipo prácticamente desahuciado. Consciente de ello -pueden revisar los archivos de aquel momento- el estratega no ofreció la clasificación. Se diría que el objetivo era sacar a la Verde del foso en el que se encontraba… y la llevó a las puertas de la Gloria. ¿No es eso épico?

Sobre el partido mismo, apelo a esa especie de pretexto que siempre sale a flote para justificar un infortunio… “se nos cerró el arco”, que en este caso no fue una metáfora; los números del partido (salvo el resultado) lo demuestran: posesión de la pelota, número de “corners”, pases y disparos al arco, dan cuenta de la predominancia y calidad individual y colectiva del grupo.

Por supuesto que hubo imprecisiones -¡y nos costaron caro!- pero en la no-lógica del fútbol pasan estas cosas -comparación odiosa, pero fíjense en lo que le pasó a Italia-. Desde la percepción del hincha se podrán cuestionar algunas decisiones del “profe” -yo mismo creo que un par de jugadores desentonaron un poco- pero, ¿qué tan distintas hubieran sido las cosas si se tomaban otras? No lo sabemos.

Tenemos un plantel con un potencial brillante -que puede dar grandes satisfacciones en la próxima Copa “América” y en la siguiente clasificatoria al mundial-. Si el proceso se sostiene, les (nos) esperan mayores satisfacciones.

Brindemos a estos ejemplares valores -no quiero llamarlos “muchachos”- el recibimiento que se merecen: cálido, pletórico de honores, agradecido. Nos dieron una lección de dignidad.


miércoles, 18 de marzo de 2026

Del silencio atronador al sonido de la confianza




 Pese al consenso en sentido de que las recientes elecciones generales se desarrollaron de manera transparente y ordenada -en buena medida por el liderazgo del Dr. Hassenteufel- no faltaron episodios deshonrosos que no llegaron a afectar el proceso, pero que dejaron mal sabor de boca en su momento: Cada aparición mediática del exvocal Tahuichi -increíblemente hoy de candidato a alcalde de El Alto- por ejemplo, ponía en vilo la estabilidad de los comicios.

El caso más ingrato fue el de la sanción a varios medios por lo que el ente rector consideraba como publicaciones propagandísticas fuera del plazo legal. En tal categoría incluyó a algunas columnas, entrevistas y otros contenidos estrictamente periodísticos. Curiosamente, fue el entonces vocal, hoy presidente del TSE, Gustavo Ávila, quien comunicó este atropello; un exceso, cuando menos.

Lo menciono porque nos encontramos en medio del silencio electoral y queda el mal recuerdo de aquel exabrupto. En puertas de las elecciones autonómicas (prefiero este denominativo al de “subnacionales”) lo previsible sería abordar el tema; versar, por ejemplo, sobre los debates que, más allá de que es imposible entrar en profundidades programáticas dada la cantidad de candidatos, que me recuerdan a las elecciones de COTEL de antaño,  son un indicador de la salud de la democracia. Por ello las ausencias de Reyes Villa (candidato a alcalde de Cochabamba) y de Revilla (candidato a gobernador de La Paz) son un gesto de desprecio a ésta: justamente aquello que criticábamos duramente al antidemocrático Morales Ayma. Puede ocurrir que tal desplante no haga mella en sus números, pero el ejercicio democrático tiene rituales que se deben respetar.

Me acojo, entonces, al silencio electoral esperando que sea lo suficientemente atronador para que no se repitan situaciones como las mencionadas.

Esto me da la oportunidad para referirme a algo más amable: luego de un largo tiempo de escasa actividad, nuevamente la escena musical recibió, y lo seguirá haciendo, una oferta nutrida y variada en materia de géneros y trayectorias. Y, lo más destacable, un público que asiste masivamente a los conciertos, lo que da una señal de confianza y estabilidad más allá del espectáculo.

La producción de conciertos masivos de carácter internacional vivió entre 1988 y 2000 una época prolífica cuya lista de nombres es realmente impresionante, considerando las condiciones económicas del país. Precisamente fue la debacle económica la que llevó a restringir sensiblemente la visita de grandes figuras de la música; no es que se hubiera cortado su llegada, pero su presencia fue más bien esporádica.

Se pensará que pasada aquella crisis y ante la bonanza proveniente del gas se reactivó el negocio. Lo hizo, de algún modo, pero también fue el tiempo en el que se multiplicaron los fraudes, como en las elecciones, y la desconfianza del público creció debido a las suspensiones -no todas atribuibles a los organizadores- lo que supuso otro obstáculo para quienes, de buena fe, se arriesgan a producir esta clase de eventos. Más tarde, llegó la pandemia, lo que afectó a todas las actividades económicas. De la casi desaparición, primero tímidamente y ahora abundantemente, la producción de conciertos volvió recargada.

Tal fenómeno me trajo a la memoria el comentario que me hizo Mauro Bertero, en junio de 1989, finales del gobierno de Paz Estenssoro y en puertas del de Paz Zamora, previo al primer concierto de Air Supply en La Paz (luego non visitaron dos veces más). Bertero, bien acomodado en la primera fila de una platea habilitada para el efecto en la curva sur del estadio “Siles” repleta de asistentes: “Esta es una muestra de confianza en la economía del país”.

Yo le llamaría “El sonido de la confianza”.

jueves, 5 de marzo de 2026

Los infames

 



No, no voy a versar sobre la novela histórica que Verónica Ormachea publicó hace aproximadamente diez años; el título que elegí para esta ocasión es más bien una premeditada llamada de atención sobre el comportamiento de ciertos sujetos en circunstancias delicadas del acontecer social local.

Pero, ya que lo mencioné, aprovecho para recomendar la lectura de “Los infames” y “Escape a los Andes”, de Raúl Peñaranda y Robert Brockmann, obras que dialogan a propósito de un tema apasionante de nuestra historia. Hágalo sin que los actos del régimen israelita en relación a Palestina o, incluso, Irán, condiciones su apreciación literaria.

Algo más. Casualmente, me encuentro leyendo las últimas páginas de la más reciente bio-novela de Ormachea, “Neruda en su laberinto pasional”, que estuvo en mi lista de espera durante largo tiempo, y realmente la considero digna de ser llevada al cine, como también lo sería una versión mezclada de los libros sobre Mauricio Hochschild; una suerte de “La lista de Hochschild”.

Ya en lo que nos trae a la realidad, estos días me invadieron ingratas imágenes y palabras provenientes de la llamada “Guerra del gas” (2003), que fuera la culminación de una serie de acciones destinadas a desgastar el segundo gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada que, evidentemente, había perdido casi todo sostén popular. Puede haber sido que, en principio, la reacción social encontrara algún asidero para justificarse -la intención de exportar gas natural vía Chile con muy poco margen de utilidad para el Estado, sumada a demandas de tipo político que ya venían acumulándose-. Sin embargo, la violencia promovida por el lumpen se masificó y encontró una respuesta mucho más dura de parte de las fuerzas represivas que buscaban retomar el control de caminos e instalaciones y rescatar a ciudadanos retenidos en lugares como Sorata, si mal no recuerdo-. El caso es que el detonante para semejante estado de anomia fue un rumor que se expandió a la velocidad de la luz: corrió la voz de que “los chilenos” estaban en nuestro territorio, en El Alto concretamente, y habían venido a “llevarse nuestro gas”. Monumental dislate que, en las condiciones ya descritas, prendió rápidamente en la cabeza de una cantidad importante de habitantes de aquella ciudad.

Quien mejor supo capitalizar estos “movimientos” fue uno de sus instigadores, el señor Morales Ayma -el otro era el señor Quispe Huanca, finalmente desplazado por aquel- quien, dos años más tarde se hizo, por la vía electoral, Presidente de Bolivia, exprimiendo prácticamente hasta secarla la Ley de Hidrocarburos promulgada por Hormando Vaca Díez, ante la negativa de Carlos Mesa a hacerlo.

Sin llegar a tales extremos, a partir de la crisis de seguridad resultante del accidente de una aeronave que transportaba papel moneda, se volvieron a escuchar, de boca de los infames, una sarta de disparates, absurdos, inconsistencias y no pocas consignas políticas de mala leche que en otro contexto serían risibles, pero que en medio de la tragedia sonaban deplorables.

Solo a manera de referencia menciono algunos:

“La plata (que transportaba la aeronave) era un envío de Rodrigo Paz a Trump para que atrape a Evo Morales”

“Esa plata es lo que Rodrigo Paz nos roba a los bolivianos”

“Es producto del narcotráfico”

“Es dinero ilegal”

De poco sirvieron las explicaciones racionales, aunque algo contradictorias, de las autoridades. Lo que está claro es que estas operaciones se realizan de tanto en tanto y con la discreción que, justamente por seguridad, corresponde -ya me imagino un comunicado del BCB dando detalles públicos de cantidades, número de vuelo, horarios, etc.-

Aunque no las justifican, las patrañas proferidas podrían atribuirse a ignorancia, desconocimiento o inclusive a consignas políticas, dichas por personas particulares, aunque amplificadas mediante redes y medios interesados en socavar la credibilidad del gobierno, no tienen mayor alcance -la ciudadanía ha aprendido, en alguna medida, a no tragarse todo lo que se difunde por las redes o por otros medios-.

Lo que es inadmisible es que una autoridad, para el caso el inefable Edman Lara, no solo se hagan eco de la infamia, sino que hagan uso conscientemente de imágenes manipuladas para sembrar sospechas sobre la procedencia de los billetes que viajaban en el Hércules. El sujeto en cuestión actuó como un instigador más de los hechos delincuenciales registrados en inmediaciones del siniestro y merece nuestra más enérgica condena.

21F, 10 años

 



A las 21:00 del martes 23 de febrero de 2016, la entonces presidenta del Tribunal Supremo Electoral, Katia Uriona, flanqueada por los vocales Exeni y Costas, ambos con sus rostros desencajados, anunciaba la victoria del “No” (a la elección indefinida de Evo Morales) en el referéndum constitucional con el que dicho sujeto pretendía modificar el artículo de la CPE que se lo impedía. Inmediatamente después, la ciudadanía tomaba las calles como si se tratase de la clasificación de Bolivia al Mundial.

Tal anuncio se produjo ante las dudas que el recuento de votos generaba, puesto que la diferencia a favor del “No” se iba reduciendo “misteriosamente” -unas horas más y, con seguridad, la tendencia “se revertía” y el “Sí” aparecía triunfante dadas las malas artes de un Órgano Electoral obediente al régimen-. Algo de conciencia tuvo la señora Uriona que no dejó pasar más tiempo, como lo pretendían el resto de los vocales, y puso fin a la espera para iniciar la fiesta de la democracia.

En lo tocante a mi persona, un canal de televisión me invitó a dar mis apreciaciones al respecto, para lo que tuve que dejar por un momento el festejo y, ya en el estudio, me encontré con que tenía que vérmelas con un, hasta hace poco, “analista” muy requerido por los medios, acérrimo cohonestador de las fechorías de Morales, por aquel entonces, y de Arce, luego. Recuerdo que este individuo perdió los estribos y sólo atino a insultarme. Yo, feliz de la vida.

Antes de ocuparse de labores gubernamentales propiamente dichas, apenas inaugurado su tercer mandato (segundo en la contabilidad garcialinerista, avalada por una forzada sentencia constitucional) la voracidad de poder de Morales Ayma, ya sin argumentos para burlarse de la CPE, y con el impulso que le dio la elección, montó el referido referéndum, seguro de que arrasaría en el mismo dado el control que ejercía sobre el TSE. Con tal seguridad, aseveró que si perdía “así fuera por un voto” se retiraría a su chaco “con su quinceañera” al final del periodo. En principio, reconoció su derrota; pero su entorno ya estaba tramando el “plan B”.

En el recuento del acontecimiento central de cada año que suelo hacer a fin de gestión, caractericé a 2016 como “El Año No-Evo” describiéndolo como “Quien se creía imbatible y convocara a un referéndum para legitimar su afán reeleccionista fue barrido por la voluntad popular el 21 de febrero de este año. Pero 2016, el “Año No-Evo”, lo ha sido en toda la forma. Se podría decir que la mezcla explosiva -corrupción, abuso de poder, ineficiencia, ineptitud, etc.- que activó apenas llegado al Palacio Quemado, estalló en sus manos causando daños irreversibles a su proyecto de permanencia indefinida en el poder”.

Y acá estamos, en 2026, respirando nuevos aires democráticos cuyo antecedente más relevante -luego vino la “revolución pitita”- es el hecho que referimos. Los burdos intentos de torcer la decisión ciudadana, primero con aquello del “derecho humano a la reelección indefinida”, otra aberración jurídica validada por el Tribunal Constitucional Plurinominal -algunos de cuyos miembros fueron premiados con cargos diplomáticos- y, luego, con el fraude monumental, sumados al grosero gobierno de Arce Catacora, terminaron condenando al retrete de la historia al MAS y a sus “movimientos sociales” para siempre -al menos así lo espero-.

Celebro, pues, ese “veintiunoefe” que inició el camino para liberarnos del oprobio al que nos tenía sometidos un régimen delincuencial que sin pudor alguno intentó de formas absolutamente perversas quedarse en el poder eternamente. Nosotros, la ciudadanía, se lo impedimos. ¡Salud! 

miércoles, 4 de febrero de 2026

La tercera vuelta

 


Durante los años posteriores a la asunción al poder del MAS, las elecciones subnacionales se convirtieron en una especie de segunda vuelta cuyo objeto era evitar que el régimen central tomara el control absoluto de todos los niveles de dominio político. Las autonomías funcionaron como una especie de contrapeso al centralismo secante y dieron algo de respiro a la democracia. Mientras el MAS ganaba holgadamente en los comicios nacionales -con todo el órgano electoral a sus órdenes- fuera de occidente, a excepción del municipio de La Paz que se mantuvo “invicto”, solo podía repetir tales guarismos en áreas dispersas y ciudades intermedias -aunque, progresivamente, fue conquistando, no siempre de forma transparente, más alcaldías y gobernaciones-.

Buena parte del éxito de las regiones fue su oposición manifiesta al centralismo encarnado por el régimen. Tal discurso generó algo de equilibrio en la correlación de fuerzas, pero siempre bajo la advertencia de un trato desfavorable a quienes no se alineen al oficialismo. Con todo, esa resistencia local impidió un absolutismo mas pronunciado que el que se vivió hasta hace poco.

Al percatarse del su poco peso en ciertos puntos, el MAS optó por tres fórmulas para disminuir la sensación de derrota: la cooptación, el paralelismo y la neutralización. A manera de ejemplos, sobre la primera el caso de Gatty Ribeiro, elegido alcalde de Cobija en representación de una organización opositora, rápidamente fue cooptado por el MAS y actuó en nombre del oficialismo. Lo último que se supo de él es que había huido a Brasil a raíz de innumerables acusaciones de corrupción durante su gestión masista. Se recuerda, sobre la segunda, el caso de Helena Argirakis, quien como otros en otros lugares fue nombrada “delegada presidencial” en Santa Cruz, a manera de Gobernadora paralela. Y sobre, la tercera, menciono a René Joaquino, figura política local en ascenso, neutralizada por el MAS al acceder a una diputación por el partido de Gobierno.

Ahora el panorama es distinto. La tercera vuelta no tiene como ingrediente una resistencia al Gobierno. No se ha escuchado, hasta el momento -salvo de parte del señor Lara, quien promociona a algunos de sus seguidores- ataques directos al Presidente, ni muestras de una oposición orgánica en contra de su gobierno. No obstante la gran cantidad de siglas y candidatos, todo parece moverse en torno a lo estrictamente local y, los discursos radicales “anti” no son perceptibles. Parecería una aceptación tácita del nuevo orden nacional, tanto así que no hay una clara representación del oficialismo, como tampoco de las “oposiciones”; en cada municipio y en cada departamento hay acuerdos que no necesariamente se repican el los demás.

Ante la ausencia de partidos, en sentido estricto, las personas cubrirán el vacío. Pero, ojo, el antiguo régimen, que aún muestra reflejos, ahora opta por el “entrismo”, es decir por mimetizarse en otras expresiones, contrarias inclusive, para intentar reagruparse en el camino. Está en su derecho, digamos, pero mejor no aventurarse a apoyar a fórmulas en las que se detecte su presencia.

Finalmente está presente el fantasma de la dispersión que podría generar gobiernos locales débiles e incluso ingobernables. La pelota está en la cancha de los votantes, en cuyas manos está, una vez más, concentrar lo más posible su voto en las figuras más aptas para administrar los escasos recursos que les tocará manejar… mientras llega el 50/50.

La novelara

 


Se aproxima el emblemático hito de los 100 días, tiempo que generalmente se da el gobierno y se le da al gobierno para plantar los cimientos que deberán sostener el resto de su mandato.

Amén de unos cuantos sobresaltos -la pulseta con la COB, el contrabando de GLP y el aún vigente caso “maletas”, principalmente- la gestión ha puesto su sello y las señales -más que hechos concretos propiamente dichos- parecen deparar mejores días para Bolivia; reconozco, por supuesto, la acción “heroica” de haber quitado la subvención a los carburantes.

Es en la propia sociedad donde la sensación, con toda la carga de subjetividad que esto implica, de relativo optimismo se ha instalado fuertemente. Esto tiene su lado bueno en tanto construya confianza, que podría generar inversión y productividad impulsadas por el mercado, mientras el Estado implementa las condiciones (infraestructura, políticas educativas, leyes de incentivos, seguridad jurídica, etc.) para que ello suceda. Algunos indicadores han comenzado a mostrar que la tendencia negativa se está revirtiendo. Pero también, en la medida en que la gestión no consiga enrumbar dicho capital de credibilidad, las ahora en la sombra huestes retrógradas comenzarán a producir conflictos.

Me permito, ya ingresando al ”post 100”, sugerirle al Presidente que vaya dejando de lado las muletillas a las que nos tiene acostumbrados. Ya se entendió la idea y ya no suena bien machacar con esas frases.

Dicho en breve, el gobierno de Paz Pereira ha superado con relativa holgura la prueba. Esa siembra debe fructificar.

Hasta aquí, lo central, lo serio. Lo anecdótico, sin embargo, ha ocupado más espacio que el que merecería y así ha sucedido porque quien, haciendo de la autodegradación un deporte, se ha ocupado de ello es el propio vicepresidente, el inefable Edmand Lara.

Si bien su predicamento lamentoso y ridículo incorpora ruido al espacio público, no ha incidido mayormente en el curso de las acciones del Ejecutivo. Hacen bien el Presidente y sus colaboradores en ignorar las groseras provocaciones de dicho sujeto. Caer en el juego del “capitán” sería empeñar el Gobierno a sus delirios.

Como reza el título, lo suyo es una “novelara”, la suya en compañía de su pareja marital, muy defectuosa, a la que no le faltan elementos de melodrama -desmayos, llantos, infidelidades, rabietas, amenazas, arrepentimientos, delirios de persecución, disfraces de variados personajes, mal gusto, despistes, etc.- En algún sentido, el brulote es un éxito. El individuo baila en la boca de medio mundo; inclusive ha dado un giro “for export” para solaz de los televidentes peruanos.

Si la idea es que hablen de uno, así sea para que ser ridiculizado, Lara lo está haciendo de maravilla. Por lo demás, ya en términos de política, el berrinche le está causando el proceso más rápido de autodestrucción, hecho certificado por una encuesta que sitúa en un nivel ínfimo la aprobación ciudadana a su figura.

Así las cosas, reducidos a la anodinia, el individuo y su pareja seguirán en plan circense mientras en el plano de la gran política y de la economía, las decisiones que importan seguirán, esperamos, sosteniendo el vaso medio lleno.

miércoles, 7 de enero de 2026

A mi (nuestra) manera, o cuando enero se volvió octubre

 



Tengo por costumbre la de dedicarle mi primera entrega de cada año a mis propios asuntos. La razón, más o menos cierta, es que durante los primeros días de enero “no pasa nada” y, además, el supuesto de que nadie está para leer columnas tan temprano. Por tanto, escribir sobre uno mismo sirve para llenar el espacio y, de paso, hacer algo de catarsis. Al fin y al cabo, nadie se va a enterar.

De hecho, el título ya estaba decidido –“A mi manera”, como la canción popularizada por Sinatra (dejo en claro que no es suya)- y tenía pensado centrarme en mis ideas sobre la educación.

Pues eso queda para una próxima oportunidad porque los acontecimientos nos han desbordado. ¡Quién iba a pensar que tendríamos un comienzo tan “movido”!

Por estos lares, nos encontramos con que grupos afines al antiguo régimen se dieron a la tarea de importunar la vida de los ciudadanos, en su afán de desestabilizar al gobierno luego de la emisión del DS 5503 que ordena la economía boliviana, moribunda tras veinte años de administración masista.

A poco más de cuarenta días de ejercicio, el flamante Ejecutivo está siendo asediado desde el frente evista y sus huestes residuales mimetizadas en “sectores sociales” y, quién lo diría, desde el frente interno, con constantes arremetidas provenientes del sujeto que funge como vicepresidente.

Vale decir que este Gobierno no ha gozado de lo que en la etiqueta política se conoce como “los cien días”, o sea, el periodo de gracia, el beneficio de la duda, que se le debe conceder para tomar decisiones y trazar políticas -en este caso, para superar la crisis económica-, pasados los cuales la sociedad podría evaluarlas y, en su caso, cuestionarlas.

Lo llamativo es que, a horas de su emisión, el 5503 ya había resuelto dos de los más acuciantes problemas: la provisión de carburantes y la contención de la cotización del dólar en alrededor de 10 Bs. dando certidumbre a las operaciones económicas. ¿Pretenden, con sus demandas, los “movilizados” bloqueadores llevarnos de vuelta a las filas en los surtidores, al dólar por encima de los 20 Bs. y sin inversiones? ¿enero se volvió octubre?

Para rematar, el contexto externo nos ofrece una perla geopolítica: El señor Trump “liberando” al pueblo venezolano del tirano Maduro. Las connotaciones de la operación son, sin embargo, ambiguas, por decir lo menos. En la medida en que comienzan a hacerse más explícitas, el inicial entusiasmo de muchos podría trocarse en desazón.

Sin entrar en mayores consideraciones al respecto, retrotraigo la primera impresión que tuve tras conocer aquellos hechos: valorar que, en nuestro país, habíamos logrado superar, que no solucionar, nuestros problemas internamente, sin intervencionismo alguno y, es de esperar, que sigamos haciéndolo de esta manera, incluso los que afrontamos en este momento, mencionados anteriormente.

Ciertamente, a diferencia de Venezuela, donde la dictadura -que no ha sido desmontada- se asienta en las Fuerzas Armadas, en los grupos armados irregulares pero consentidos y promovidos por el propio régimen, en el control de la justicia y el órgano electoral, y en el narcotráfico -probablemente, lo único que ha sido “tocado”- en Bolivia no se llegó a tal extremo: “solo” sufrimos los embates de la justicia amañada, los fraudes electorales y la amenaza del narco chapareño. Hubo intentos de organizar grupos armados –“Estado Mayor del Pueblo” y otros- que no prosperaron. Ayudó, cómo no, la autofagia en la que se enfrascó el masismo.

Los bolivianos conseguimos, a nuestra manera, derrotar a la dictadura.

miércoles, 24 de diciembre de 2025

2025: El año de la liberación

 


Vuelvo a cerrar la gestión de “Agua de Mote” de la manera en la que vengo haciéndolo desde hace quince años (2010): caracterizando, a mi modo de ver, el que concluye (2025). Finalmente parece, ojalá así sea, que el oprobioso régimen que llevó al desastre a Bolivia quedó definitivamente atrás. Veamos cómo llegamos a ello:

2010: “El año del rodillazo”. Aquel que propinó Evo Morales Ayma a un rival circunstancial en un partido amistoso. Abuso de poder, irrespeto a las normas.

2011: “El año del MASking”. En referencia a la cinta con la que las fuerzas al mando del señor Sacha Llorenti sellaron las bocas de los indígenas de tierras bajas en su marcha por el TIPNIS.

2012: “El año de la caca”. Tomado de una frase de Morales Ayma para graficar, según él, las relaciones del Estado boliviano con el de Estados Unidos.

2013: “El año de la extorsión”. Cuando una parte del personal de Gobierno estableció un consorcio de carácter extorsivo, ofreciendo intercesión judicial a los presos en general, no sólo a los políticos.

2014: “El año del Estado plurinominal”. Las ya ilegales elecciones de entonces, lo fueron más aún con la mala denominación impresa en la papeleta electoral. Sin embargo, como de costumbre, no pasó nada.

2015: “El año de Petardo”. La mascota adoptada por marchistas potosinos fue todo un símbolo de la democracia por entonces.

2016: “El año NO-Evo”. La ciudadanía se expresó mayoritariamente en contra de la reelección indefinida del tirano.

2017: “El año del Nulo”. Nueva, y contundente, derrota del régimen. Esta vez en las elecciones judiciales.

2018: “El año de la doble pérdida”. Bolivia perdió definitivamente el mar con el fallo de la Corte Internacional de Justicia y perdió la democracia con la sentencia del Tribunal Constitucional allanando la elección indefinida del tirano, a título de un supuesto “derecho humano” a la misma. El primer caso tuvo, este año, su correlato con el fallo contrario a Bolivia en el caso Silala.

2019: “El año de la gesta democrática de Bolivia”. La ciudadanía, que había soportado estoicamente años de arbitrariedades del autócrata ya no permaneció impávida ante el evidente fraude electoral y el tirano tuvo que tomar las de Villadiego. Lo que vino luego, como gestión de gobierno, es otra historia.

2020: “El año de la Calamidad”. Llegó la pandemia, con sus terribles consecuencias en términos de pérdidas de nuestros seres queridos.

2021: “El año del aguante”. Se pidió a la ciudadanía aguantar el embate de la pandemia mientras se gestionaban las vacunas.

2022: “El año de la emancipación de Arce”. Hasta abril del año pasado, el Presidente era una especie de Cámpora o Medvedev, es decir, un muñeco obediente a los designios del Jefazo, al extremo de ganarse el sobrenombre de “Tilín”. Pero la marioneta adquirió vida propia, de forma más parecida a la de Lenin Moreno, aunque éste lo hizo apenas fue posesionado, propiciando un juicio contra Rafael Correa que anuló toda posibilidad de éste a participar en las elecciones anteriores.

2023: “El año de la bifurcación”. “¿Hará algo similar con Morales Ayma?”, preguntaba al cierre de la caracterización previa. “Se veía venir”, podría apuntar un transeúnte cualquiera. Y aunque todavía hay quienes insisten en que se trata de una tramoya destinada a distraer a la opinión pública para, llegado el momento, simular el “sana-sana” y montarse en las elecciones a caballo ganador –si así fuese, la levaron demasiado lejos–, más bien parece que se trata de una ruptura en serio, “una bifurcación” como la llamaría el profeta Linera. Esto podría arrojar el aplastamiento total de una de las facciones o la anulación mutua de ambas, lo que abriría una ventana de oportunidad al crecimiento de una opción proveniente del campo democrático.

2024: “El año del agotamiento”. Coincidentemente con el agotamiento de las reservas -las de gas y las RIN- se agotó el modelo masista de gestión político-económica. Comenzó, en realidad, en 2016 y se fue agudizando hasta llegar a su estado actual. Podría decirse que sin gas que abone una chorrera de dólares al Estado no hay tal “modelo”: pero, para peor, los ingentes ingresos que ello supuso fueron dilapidados de la forma más ruin posible. Con prácticamente 20 años en el usufructo del poder, el régimen masista deja a Bolivia, en puertas de su bicentenario como república independiente, en una situación extremadamente delicada, pero, al mismo tiempo, ante la oportunidad de cambiar de rumbo y dejar atrás el ignominioso periodo masista.

2025: “El año de la liberación”. El antiguo régimen no solo fue derrotado, prácticamente fue borrado del mapa. Los tres primeros lugares resultantes de las elecciones generales fueron ocupados por expresiones políticas de oposición (hasta ese momento), dos de las cuales dirimieron el “el título” en segunda vuelta dándole la victoria a don Rodrigo Paz Pereira, quien, una vez en funciones, asistido por un equipo “top”, está reencaminado al país en materias económica y social. La democracia está de vuelta.

Cordiales abrazos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Tiempos. responsabilidad, decisiones


 


Ha transcurrido un mes de la gestión gubernamental liderada por Rodrigo Paz Pereira. Le quedan dos, en términos convencionales de “beneficio de la duda” que se suelen considerar en estos trances.

Por tanto, precipitarse a reclamar por “incumplimientos” o, directamente, descalificar al nuevo gobierno, no es apropiado, por decir lo menos.

Pero un mes, en las circunstancias en las que el Presidente asumió el cargo -respaldado por un equipo competente- parece una eternidad. La relatividad es ley.

Hay tanto por recomponer y tan grande es el desastre, particularmente económico-financiero, que dejó el régimen masista que para hacerse cargo de tal situación hay que tener un sentido muy profundo de compromiso con el país. Se agradece y, en cierto sentido, resulta hasta desconcertante que haya gente dispuesta a cargar semejante fardo.

Al mismo tiempo, sin embargo, se abre una amplia ventana de oportunidades de la que, si las acciones gubernamentales logran reencaminar el rumbo del país, disfrutará la siguiente gestión y la población en general.

Esto no quiere decir, como algunos sostienen, que el actual sea un “gobierno de transición”, puesto que su misión trasciende el mero hecho de pasar la posta al próximo con una pista libre de piedras. No se puede realizar dicha proeza si no se logra cambiar profundamente la estructura institucional -corrupta, prebendalista, patrimonialista- que dejó el antiguo régimen, Y las primeras señales que dan Presidente y sus colaboradores van en esa dirección. Eso no es solo “transición”; es reforma -¿Calificaría usted como “gobierno de transición” al de Paz Estenssoro entre 1985 y 1989?-

Más allá de lo conceptual, es perceptible un nuevo aire en la sociedad: un optimismo moderado, consiente de las limitaciones que la realidad impone, se deja sentir en el ambiente.

Probablemente por ello, la reciente encuesta del Grupo Mori, difundida por Unitel, otorga a don Rodrigo Paz Pereira un altísimo grado de aprobación. El dato, por otro lado, implica una responsabilidad para no defraudar a la ciudadanía que le da este impresionante voto de confianza.

El tiempo comienza a hacer su trabajo y la impaciencia puede ser aprovechada por los retrógrados para calentar el caldo de cultivo de la violencia. La responsabilidad no siempre se adecúa a las urgencias y eso puede afectar a las decisiones (o a la administración de éstas).

En la planificación con enfoque hacia resultados de las empresas privadas se aplican instrumentos que evalúan el alcance de las acciones en relación al cumplimiento de las metas.

OKR (Objetivos y Resultados Clave) y KPI (Indicadores Clave de Desempeño) van señalando el camino de la consecución de logros y de los ajustes que, en su caso, se requiriesen.

Esto lo conocen, sin duda, quienes tienen en la actualidad (los que se fueron no tenían idea de nada, salvo de saquear al Estado) de conducir las diversas áreas del Gobierno, pero la administración de la cosa pública tiene ciertas distancias con la privada. No obstante, mientras más se acerque a ésta lo hará con mayor eficacia y eficiencia.

Lo lamentable es que, aparentemente, desde otra instancia del Estado, alentado por corrientes regresivas, inclusive con nombre y apellido de su operador, se está gestando un boicot para paralizar la gestión gubernamental.

Para superar esta contingencia quizás sea pertinente que se vaya pensando en acercamientos, sino alianzas, con elementos más afines que, superando algunos resentimientos, le den certidumbre a la población. Menudo desafío.