miércoles, 19 de abril de 2023

A treinta de los 30

 


Por feliz coincidencia, la publicación de esta columna ocurre exactamente en la fecha en la que, hace treinta años, se pronunció la sentencia, en el marco de un juicio de responsabilidades, contra Luis García Meza y varios de sus colaboradores por una serie de hechos acontecidos durante el gobierno de facto de aquella época.

El entonces General García Meza y sus secuaces –el infame Luis Arce Gómez, el más connotado de éstos- interrumpieron por segunda vez en breve espacio de tiempo –meses antes lo había hecho Alberto Natush Busch- el proceso democrático en ciernes que Bolivia deseaba consolidar.

La víctima directa del golpe fue la presidenta Lidia Gueiler, cuyo gobierno de transición sufrió el acoso permanente de agentes de la peor versión de la milicia que operaban sembrando el terror entre la población y atentando contra la vida de connotadas figuras de la política y del periodismo y que, tras el asalto al Gobierno, siguieron haciéndolo. Meses antes, la avioneta que transportaba a miembros de la UDP –se dice que Hernán Siles debía haber estado en la nave- sufrió un atentado en el que, salvo Jaime Paz Zamora, murieron todos los pasajeros; en otro acto de terrorismo, el sacerdote y periodista Luis Espinal fue asesinado. Durante la asonada (toma de la COB donde sesionaba el CONADE) fueron apresados, y luego torturados y asesinados, dirigentes de entonces –Marcelo Quiroga Santa Cruz, el más emblemático- y ya con el poder en sus puños, masacró a dirigentes del IR que sostenían una reunión clandestina en un inmueble de la calle Harrington. De aquel periodo se recuerdan con horror las “ambulancias de la muerte” y los paramilitares a órdenes de Luis Arce, además de la comisión de una serie de delitos de toda índole (“mínimos”, como los vidrios ray ban o los carritos Hanne hasta los de gran envergadura como las piedras semipreciosas o el narcotráfico).

Reconquistada la democracia y en aplicación del debido proceso, el dictador y sus cómplices fueron sometidos a juicio de responsabilidad, mismo que duró nueve años, hasta que, en esta fecha, 21 de abril de 1993, se emitió sentencia condenatoria con penas diferenciadas según los grupos de delitos que para los principales actores de la dictadura fue la de treinta años de prisión sin derecho a indulto. La palabra que más se escuchó de boca de García Meza durante el juicio fue “desconozco”.

Al respecto, hay que recordar siempre y valorar dos elementos: el aporte y persistencia de los impulsores del juicio, encabezados por Juan del Granado, y el hecho, inédito hasta entonces en Latinoamérica, de un dictador sentenciado por la vía de un proceso de tal característica.

Como consecuencia y lección que dejó está el hecho de que una vez reconquistada la democracia no se volvieron a producir golpes –un golpe tiene siempre un “hombre fuerte” que es quien ocupa la silla presidencial una vez producido éste, lo que echa por tierra el relato de que en 2019 se produjo un golpe (lo hubiese sido si Mesa, Quiroga, Ortiz u otra persona ajena a la sucesión constitucional se hacía con la Presidencia)-. Otra precisión que se debe recalcar es que un dictador fue sometido a lay para juzgar a altos dignatarios de Estado, mientras que a una Presidenta constitucional, se la somete ahora a un juicio ordinario.  


miércoles, 5 de abril de 2023

De coloso azul a enana blanca

 



No tengo, como sí lo tiene Francesco Zaratti, competencia en asuntos de astronomía; pero sí puedo entender cuestiones elementales de dicho campo como la que viene al caso que abordo en esta ocasión.

Cuando se anuncia desde algún famoso observatorio que se obtuvieron imágenes de un astro en extinción, la foto que vemos es la de un hecho sideral ocurrido hace millones de años debido a la gran distancia, calculada en años luz, a la que se encontraba el desaparecido elemento celeste.

De manera análoga, aunque en escala temporal doméstica, la foto de un MAS hecho añicos y en pleno proceso de extinción –o, en versión más ligera, de atomización- es la de un evento que sucedió hace ya varios años y que ahora se manifiesta ante nuestros ojos.

Si no antes, con sonados hechos de corrupción ampliamente conocidos y una sentencia constitucional de habilitación –gentileza de un TCP, parte del régimen- para un periodo fuera de las prescripciones de la CPE, la agonía del cuerpo azul comenzó el 21 de febrero de 2016, una vez conocido el resultado de referéndum con el que el señor Morales Ayma aspiraba a ser reelecto de forma indefinida –prácticamente vitalicia- que arrojó un rotundo “NO” a las pretensiones de dicho individuo –y de su adulón oficial-. El vergonzoso sainete que seguiría a la negativa ciudadanía, no obstante el jefazo había prometido, posiblemente seguro de que el TSE se portaría muy regalón con él, que si perdía “así fuera por un solo voto” se retiraría a su chaco con su quinceañera -no cumplió lo primero, pero lo de la(s) quinceañera(s) aparentemente sí-. El que, una vez más, se puso muy mimoso con el cocalero y sus huestes fue el TCP, el cual, en nombre de un inexistente derecho humano a la reelección indefinida, forzó otra sentencia habilitadora.

Esta vez (2019), el régimen no iba a dejar que el TSE actúe con cierta autonomía y, llegado el momento, activó el fraude que colmó la paciencia de la ciudadanía y no le quedó otra opción –a él y sus valedores- que renunciar y huir despavorido, dejando allanado el camino de la sucesión constitucional. Luego del paréntesis transitorio, el MAS ganó las elecciones por las que Luis Arce es el actual Presidente.

Se preguntará usted en qué parte de esta historia están las fisuras, las grietas y las rupturas; pareciera, más bien, una de éxito y de crecimiento exponencial de la marca azul.

Déjeme volver al símil, que ya lo he empleado anteriormente, con la bóveda celeste: Ocurre que todo ello se asemeja a la denominada fase llamada “gigante roja”, cuando, en su ciclo de vida, la estrella ha consumido el hidrógeno de su núcleo; pero ese coloso astro, pasado el tiempo, dará lugar a la fase “enana blanca”, que como su nombre lo indica, es mínima en tamaño pero, ese es el detalle, tiene una densidad descomunal (una cucharadita de su materia pesaría unas cinco toneladas), aunque, indefectiblemente, está en la fase terminal de su existencia. Esa es la foto del régimen.

Hay quien cree que el encogimiento –división, fraccionamiento, ruptura o como se quiera llamarlo- podría revertirse ante la posibilidad de ya no conseguir reproducir su poder. Puede ser; pero de ocurrir tal cosa, la condición material de la marca azul ya no sería la de aquel sol que encandiló a buena parte de la población, más allá de las malas armas que empleó para retener el Gobierno. Estaría en condición de nebulosa, es decir un compuesto gaseoso, sin cohesión ni forma definida.

Parecería que, de verdad, el Sol desaparecerá, la Luna se esconderá, y todo será tristeza en la galaxia azulada.

miércoles, 22 de marzo de 2023

El lado "amable"

 




¿Puede tener algo de atractivo la descomposición de un cuerpo al morir? La hinchazón, la putrefacción y los bichos devorando los órganos descompuestos no forman precisamente una imagen “bonita”. En otro plano, el artístico, puede ser que un cuadro magistralmente pintado –unos cadáveres desparramados en un campo de batalla, por ejemplo- adquiera otra dimensión estética, aunque no dejará de impresionar fuertemente, cosa que, seguramente, sería la que buscase el autor.

¿Podríamos, sin embargo, extraer algo “positivo” del proceso de descomposición del régimen? ¿Podríamos destacar algo “lindo” de delicada situación de la economía, sabiendo, además, que nos afecta a todos –si únicamente afectara al Gobierno, no sería motivo de tanta preocupación-? Pues mirando de otros ángulos, probablemente sí. Haremos el intento.

Lo que la disputa interna por el poder nos ha permitido conocer son las entrañas infectas del régimen que, indistintamente si se trata de “evistas”, “arcistas” o cualquier otra denominación, son caras de la misma moneda o el mismo dado.

En su versión más pintoresca, en materia económica, nos ha traído la novísima metafísica plurinacional en la persona del inefable senador Ajpi, quien se despachó un ramillete de invaluables gemas.

En aspectos menos risibles, no obstante, la figura se ha puesto tan sórdida que me trajo a la memoria el, probablemente, primer gran escándalo de la administración de Morales Ayma; me refiero al negociado en YPFB durante la gestión de Santos Ramírez, entonces hombre fuerte del MAS, quien, a la postre, purgó prisión durante varios años. De no haber ocurrido un hecho de sangre –el homicidio contra el empresario involucrado en esa operación- probablemente jamás nos hubiéramos enterado de tal acto de corrupción. Sin ánimo de ofender, sino de ser sarcástico, diría que aquel crimen fue el lado “amable” del asunto ya que nos permitió conocer los estercoleros de la estatal petrolera.

En tal lógica, es de agradecer que una trifulca en la que todo vale, haya permitido destapar hechos vergonzosos en los ámbitos de la economía, de la justicia y administración de las entidades estatales, sumando aproximadamente una veintena de denuncias de uno y otro lado del régimen de manera cruzada. Sostuve en mi anterior columna que, de haber sido hechas por miembros de la oposición, éstos serían objeto de inmisericorde persecución y la denuncia caería en saco roto por, en el lenguaje del régimen, proceder de “la derecha”, del “imperio” o de “los pititas”. Ratifico dicha percepción.

En el ámbito de la justicia, a tiempo de descalificar la propuesta de reforma de los juristas independientes –que además tropieza con el sabotaje orquestado desde el TSE, a instancias de su presidente- el ministro del área –a confesión de parte, relevo de prueba- ha certificado lo que todos sabíamos: que los magistrados, en la etapa de selección, son los impuestos por el dedazo de Morales Ayma. Lo curioso es que el propio Lima fue uno de los “elegidos”. Es más, él mismo mandó al diablo a la comisión de notables que, de buena fe, creyeron, ingenuamente, que el régimen les iba a dar autonomía para cambiar este putrefacto sistema.

Ya sin homicidio de por medio, otro millonario negociado en YPFB fue “destapado” –con seguridad, si no se daba la ruptura masista permanecería convenientemente ignoto- por otro operador de Morales Ayma.

Donde sí hubo otro muerto, aunque el caso que lo involucraba como testigo protegido, ya estaba en curso, es en el de la ABC. Y, nuevamente, el lado amable es que nada de esto se sabría si las aguas azules hubiesen permanecido tranquilas.

Pero, repito, en este cuento, unos y otros, todos miembros de la mafia masista, son la misma basura.

miércoles, 8 de marzo de 2023

Ahogados en porquería

 


Con telón de fondo de una situación económica cercana a la catástrofe, el Movimiento al Socialismo – Instrumento Político por la Liberación de los Pueblos – Pacto de Unidad – Consejo Nacional por el Cambio – Proceso de Cambio – etcétera - etcétera se desangra en su guerra interna, la cual ha adquirido una tónica escatológica nunca antes observada en casos de desintegración de organizaciones políticas. El nivel de las acciones y la diatriba de cantina que practican los bandos enfrentados ha caído tan bajo, que la recurrente figura de “prender el ventilador” ya no alcanza para describir su tufo a pozo ciego. Aunque ello, para quien no se revuelca en su estiércol, no es necesariamente malo: se han producido denuncias que, de otra manera, nunca hubiesen salido a luz o que, emitidas por algún opositor, hubiesen sido desahuciadas en el acto y, probablemente, el denunciante, perseguido o encarcelado.

Lo curioso es que, por ejemplo, los señalamientos de los desplazados hacia los emergentes –“evistas”/“arcistas”, “radicales”/“renovadores”, como también se hacen llamar- son tan detallados que no hay duda de que fue una práctica soterrada cuando aquellos controlaban los negocios estatales. El mecanismo de “circulación” en la importación de combustibles ya operaba en tiempos en los que los ahora acusan ejercían la tutela del negocio. En realidad, lo que parece estar en disputa es la apropiación de los “excedentes” del mismo, cosa que hubiese permanecido oculta de haberse declarado la guerra intramasista.

Otra muestra de cinismo llevado a extremo es que el creador de los “guerreros digitales” ahora los llame “mercenarios digitales” porque ya no están a su servicio. Esto, a consecuencia de la remoción de las cuentas de la granja azul reconocible tanto por su virulencia como por su pésima ortografía. Se acabó, esperamos, ese juego sucio pagado con recursos públicos.

Pero mientras esos y otros ajustes de cuentas suceden en la estratósfera del régimen, al ras del piso las cosas se salieron de madre hace rato y de los insultos mutuos y las sillas voladoras se ha pasado a las acciones de hecho, con saldos de personas contusas e, inclusive, la pérdida de un bebé en gestación en una jornada de furia y violencia. Las hinchadas de una y otra facción en desenfrenada demostración de sus bajos instintos.

En los albores de la democracia, cuando las puertas del Legislativo estaban abiertas a cualquier ciudadano a sola presentación de cédula de identidad, era característico que durante las sesiones parlamentarias se manifestaran las llamadas “barras colegisladoras” –grupos que seguramente recibían algún tipo de honorario- que vitoreaban o rechiflaban las intervenciones de los representantes según fuera el caso. Me viene a la memoria la imagen de Walter Guevara Arce, luego de varias llamadas de atención a dichas barras, instando a las fuerzas de seguridad del Congreso a retirarlas del recinto. Debo decir que dichos hinchas palidecen ante las groserías con las que se increpan entre sí los masistas. Uno esperaría que luego de dos décadas de medrar del Estado algo de educación hubiesen adquirido. Pero no. Al contrario, parecería que el poder ha exacerbado su tosquedad.

De seguir así, los susodichos acabarán ahogados en porquería; cosa que sería el final que merecen por su olímpico desprecio a la institucionalidad democrática, por su naturaleza violenta, por su manifiesta ignorancia y por su absoluta impostura en nombre de los indígenas, a quienes utilizan en virtud del pigmento cutáneo análogo.

Por mí, que se extingan a causa de pluricoprofagia.


miércoles, 8 de febrero de 2023

Las muertes de Justa Norma Leyes

 





Justa Norma Leyes comenzó a morir al aprobarse la Constitución que la condenaba a elegir por voto universal (político) a quienes deben administrarla. En su momento dijimos que era como acudir a las urnas para elegir al Alto Mando Militar (o policial). Ciertamente, el sistema judicial no era el más prístino del mundo, pero el remedió resultó peor que la enfermedad.

Desde entonces, Justa Norma Leyes muere cada vez que es violada por los operadores judiciales del régimen; es rematada una y otra vez. Para no hablar de que en las dos elecciones de tribunos la ciudadanía votó mayoritariamente por los candidatos “nulo” y “blanco” dando pie a que los magistrados se posesionen en sus cargos con ínfimos porcentajes de la votación popular. Es decir que habiendo tropezado dos veces con la misma pifia, el régimen intenta asestar el tiro de gracia al ya absolutamente desacreditado sistema de justicia –eso desde el punto de vista de la ciudadanía que ve día a día cómo es usado para perseguir, amedrentar, extorsionar, y encarcelar por razones políticas; por eso es que al régimen no le interesa cambiarlo. Es más, parecería que le urge tener una judicatura aún más dócil a sus mandados-.

Porque últimamente, su agusanado cuerpo viene recibiendo puñaladas arteras que la desfiguran más y MAS. Y no obstante el repudio ciudadano de que es objeto, se anuncia una nueva –la tercera- elección con las mismas taras de las anteriores, es decir un proceso amañado –pantomima de selección cuyas cartas están marcadas- muy similar al que se opera para la designación del Defensor del Pueblo, con la diferencia de que para el caso no hay “elecciones”. Sin embargo, ambos dejan de lado lo fundamental para cargos de esta clase: la meritocracia. En el proceso de selección para la Defensoría, los postulantes mejor calificados –uno de ellos, particularmente- fueron eliminados en las primeras rondas, siendo sus buenos nombres manoseados por los badulaques que tienen la orden de escoger a uno de los suyos. Por eso es que no hay muchos profesionales de excelencia que acudan a la convocatoria. Y así nos va…

Ahora que un grupo de notables juristas pretende enmendar –dándole una suerte de respiración artificial- tal iniquidad, el régimen vuelve a soltar a su rotweiiler y a sus doberman con gastadas consignas que pretenden confundir a la ciudadanía para desanimarla a firmar los libros que, muy a pesar suyo, están siendo sostenidamente signados.

Se cuestiona el procedimiento por una supuesta inconstitucionalidad, cuando cualquier persona mínimamente formada sabe que la iniciativa legislativa ciudadana está reconocida por La Constitución y su institución data de la reforma constitucional de 2004.

Se observa una supuesta (ex)temporalidad, cuando sus promotores han demostrado que los tiempos, con voluntad política para administrarlos, son suficientes para alcanzar a noviembre con una reforma parcial de la CPE que evite otra muerte de Justa Norma Leyes.

Finalmente, se apunta a las personas cuando, si se aprecia su trayectoria profesional, méritos les sobran; entre otros, a Juan del Granado le cupo ser la cabeza en el proceso que logró la sentencia condenatoria al dictador Luis García Meza y colaboradores por la vía del juicio de responsabilidades. Hecho inédito en Latinoamérica.

Si finalmente el régimen se emperra en meterle nomás a su elección, se debería comenzar una campaña por el Nulo (con mayúscula) para que la ciudadanía se vaya sumando y esta vez alcance a 80% (la anterior llegó a 65%). Puede ser meramente testimonial –el régimen impondrá a sus amigos de todas maneras- pero los deslegitimará al punto de invalidar sus ulteriores actos.


domingo, 5 de febrero de 2023

3 de febrero de 1959: “El día en el que murió la música”

 



 

Pero febrero me hizo estremecer 
Con cada diario que entregaría
Malas noticias en la puerta
No pude dar un paso más

No puedo recordar si lloré
Cuando leí acerca de su novia que dejaba viuda
Pero algo me tocó muy profundamente
El día que la música murió 

 

Nada más pertinente que abrir estas líneas con la segunda y tercera estrofas de la letra de la canción “American Pie” del cantautor Don McLean –probablemente más conocida entre nosotros por la versión de Madonna-.

En ellas, el narrador expresa su consternación ante el acontecimiento que vamos a recordar. Lo hace a manera de despedida de una era, de una suerte de adiós a la inocencia, de la sospecha de que nada volvería a ser igual que, a lo largo de la pieza, va sumando otras circunstancias tormentosas -que no hacen a la efeméride en cuestión- siempre seguidas del estribillo “Bye, bye, Miss American Pie” (Adiós, Señorita American Pie – en referencia al pie de manzana, símbolo de la cultura estadounidense-).

Tendría que tener alrededor de 75 a 80 años para pretender haber sentido lo que McLean menciona en su canción pero, no obstante tener algunos menos, considero que aquella vez, 3 de febrero de 1959, sucedió “algo” que remeció no sólo a los gringos, sino a todo el occidente que comenzaba a adoptar nuevas formas musicales, esta vez popularizadas por jovencitos con aire inocentemente rebelde. Salvando escalas y distancias, imagino que personas que ni siquiera estaban en proyecto el 11 de septiembre de 2001, podrán hablar con mucha familiaridad sobre lo acontecido aquel día –en 2042, por poner un año- porque seguirá en el aire la sensación de que aquel día sucedió “algo”.

Sin que tuviera aun en mente escribir esto, los últimos días de 2018 se me dio por escuchar una y otra vez canciones de Buddy Holly & The Crickets y volví a sentir esa frescura que me produjo cuando lo hice por primera vez, además de convencerme de que el hombre era un fantástico compositor de piezas de dos minutos y medio como máximo. En una de esas audiciones le conté su historia que es la que viene a continuación, no sin antes mencionar lo que ella me dijo luego de conocerla: “(después de escuchar la obra de Holly)… ¿Qué más podría haber hecho?). Ciertamente, el corpus musical de Holly parece una generosa obra artística. Nos ocuparemos también de Ritchie Valens y mencionaremos a The Big Bopper.

Del catálogo legado por el artista texano podría decirse que sirvió para su introducción a la “nueva” música a muchos aspirantes a astros del pop-rock. Si pensamos en los Beatles, por ejemplo, puede afirmarse que mientras, tanto vocal como expresivamente, Paul McCartney imitaba a Little Richard, Lennon lo hacía respecto de Buddy Holly. Mientras McCartney forzaba sus cuerdas vocales con “Long Tall Sally”, Lennon las acariciaba en “Words of Love”. Si bien no hay un registro de “Rave on” por los de Liverpool –estoy seguro de que la tuvieron que haber ensayado algún momento- escuchando “Oh Yoko” del álbum “Double Fantasy” (1980) queda claro que Lennon está haciendo un guiño al estilo y timbre vocales de Holly. Los Rolling Stones no quedaron indiferentes a la influencia del americano y lo plasmaron en su salvaje versión de “Not fade away” (1964), con la que, además, abrieron los conciertos de su gira “Voodoo Lounge” (1994-1995) –en la que, dicho sea de paso, me anoté-.

Otras versiones que me vienen a la memoria son: “It´s so easy” (Linda Ronstadt), “Well all right” (Blind Fate, Santana), “Not fade away” (Black Oak Arkansas), “Heartbeat” (The Knack), “Raining in my heart” (Leo Sayer), “That’ll be the day” (Keith Richards) y “Rave on” (Status Quo).

Ritchie Valens pasó a la historia del rock and roll por haber hecho la versión para dicho género de la tradicional canción mexicana “La Bamba”. La película homónima de 1987 cuenta la dura vida y la muerte del muchacho cuando se encontraba en pleno ascenso en su carrera artística. Dado el hecho de que la pieza estaba cantada en español –un español algo desteñido- se le reconoce a Valens haber contribuido a la popularización de nuestra lengua en Estados Unidos.

J.P. Richardson, más conocido como “The Big Bopper”, se desempeñaba como disc jockey y cantante. Su tema emblemático fue “Chantilly lace” que incluye la frase inicial “Hello baby” modulada a su manera, y que se convirtió en su marca registrada.

El 3 de febrero de 1959, Big Bopper tenía 28 años; Holly, 22 y Valens, 17.

El infortunio hizo que la avioneta en la que se trasladaban durante su gira de aquella temporada. Aquel fue el “día en el que murió la música”.

miércoles, 25 de enero de 2023

¿Mandó Arce a retiro a Morales?

 


Una duda, razonable dadas las circunstancias, que ronda por el ambiente es la de si la pugna de poder entre facciones del régimen -dos ya plenamente consolidadas: la “conservadora”, que responde al señor Morales Ayma, y la “renovadora”, que promueve la candidatura del Presidente- es auténtica o si se trata de una táctica distractiva que no afectaría a la unidad del “instrumento”, como le llaman sus muchachos.

Abona a la segunda hipótesis el hecho de que muchas organizaciones partidarias arreglaron sus diferencias por el “bien mayor” (el poder) y encontraron maneras de restañar heridas infligidas en las batallas libradas en el camino.

La primera, que es la que me tinka, y que, inevitablemente, derivará en ruptura, se apoya en que los bandos han llevado las cosas demasiado lejos en sus recíprocas acusaciones. Si bien es corriente -y hasta saludable- que entre partes (una pareja, digamos) surjan conflictos, cuando éstas empiezan a mentarse la madre ya estamos hablando de un camino sin retorno. Y lo menos que se han dicho entre masistas es “narcotraficante”. ¿Serán posible un arreglo luego de eso? (“lo dije en un momento de ofuscación”, “usted no es, en absoluto, narco; es un santo digno de reverencia”, “no me haga caso, se me ‘chispoteó’”).

Abona a esto también la “migración” de lealtades dentro del esquema gubernamental con la explícita negación del extodopoderoso –si te he visto, no me acuerdo-. Ya son varios los renegados que aúpan la figura del hermano Lucho, en detrimento de la del cocalero.

Sin despeinarse, Arce excluyó a su mentor político de los actos por el dichoso aniversario del Estado plurinacional, instituido por decreto. Para mayor humillación del “ex” le extendió una tardía invitación como si se tratase del último de la lista.

Y ni qué decir del discurso de don Tilín –que de tal no había tenido nada; es más bien un “matascallando”- en el que se atribuyó la titularidad del tal Estado –entrelíneas se emparentó con su tocayo, Luis XIV de Francia y sonó a “El Estado plurinacional soy yo”-. En su interesante cuanto omiso repaso histórico: Toro-Villarroel-Busch… y un largo salto hasta Quiroga Santa Cruz (el Gobierno era el del militar Ovando Candia) para rematar en Morales Ayma como “inspiradores/constructores” del EPB. Y ese es el lugar del jefazo: la historia, el pasado. Implícitamente, el hermano Lucho mandó a jubilación al hermano Emo.

Tal invitación al retiro –invitación más seria que la del festejo- parece coincidir con los aprestos electorales que el arcismo está actuando a través de sus operadores, moviendo los hilos de la justicia, ajustándolos o soltándolos según sea el caso.

En el círculo que encapsula a Arce está, por ejemplo, el Vocero, quien fuera hombre de confianza del alcalde de Cochabamba, Reyes Villa, autoridad “de oposición” que optó por desentenderse de la demanda ciudadana por democracia y justicia -Estado de derecho, en suma- y que tampoco había acompañado la lucha por un censo transparente y oportuno. ¿Recuerda usted que cuando aún no se había consolidado el resultado de las elecciones de 2002, creyendo que NFR las había ganado? ¿Fue el actual vocero quien llegó a La Paz y se puso a medir los ventanales del Palacio de Gobierno, para “encargar cortinas nuevas”? En todo caso, este buen señor se convirtió en especialista en cortinas, pero de humo. Milagrosamente, Reyes Villa dejó de importarle a la “justicia”. ¿Hay un acuerdo electoral en ciernes?

En síntesis, Arce, con proyecto político propio, nos recuerda a otro economista cuando dijo que ya no tenía las manos “atados” y obró en consecuencia.