miércoles, 24 de diciembre de 2025

2025: El año de la liberación

 


Vuelvo a cerrar la gestión de “Agua de Mote” de la manera en la que vengo haciéndolo desde hace quince años (2010): caracterizando, a mi modo de ver, el que concluye (2025). Finalmente parece, ojalá así sea, que el oprobioso régimen que llevó al desastre a Bolivia quedó definitivamente atrás. Veamos cómo llegamos a ello:

2010: “El año del rodillazo”. Aquel que propinó Evo Morales Ayma a un rival circunstancial en un partido amistoso. Abuso de poder, irrespeto a las normas.

2011: “El año del MASking”. En referencia a la cinta con la que las fuerzas al mando del señor Sacha Llorenti sellaron las bocas de los indígenas de tierras bajas en su marcha por el TIPNIS.

2012: “El año de la caca”. Tomado de una frase de Morales Ayma para graficar, según él, las relaciones del Estado boliviano con el de Estados Unidos.

2013: “El año de la extorsión”. Cuando una parte del personal de Gobierno estableció un consorcio de carácter extorsivo, ofreciendo intercesión judicial a los presos en general, no sólo a los políticos.

2014: “El año del Estado plurinominal”. Las ya ilegales elecciones de entonces, lo fueron más aún con la mala denominación impresa en la papeleta electoral. Sin embargo, como de costumbre, no pasó nada.

2015: “El año de Petardo”. La mascota adoptada por marchistas potosinos fue todo un símbolo de la democracia por entonces.

2016: “El año NO-Evo”. La ciudadanía se expresó mayoritariamente en contra de la reelección indefinida del tirano.

2017: “El año del Nulo”. Nueva, y contundente, derrota del régimen. Esta vez en las elecciones judiciales.

2018: “El año de la doble pérdida”. Bolivia perdió definitivamente el mar con el fallo de la Corte Internacional de Justicia y perdió la democracia con la sentencia del Tribunal Constitucional allanando la elección indefinida del tirano, a título de un supuesto “derecho humano” a la misma. El primer caso tuvo, este año, su correlato con el fallo contrario a Bolivia en el caso Silala.

2019: “El año de la gesta democrática de Bolivia”. La ciudadanía, que había soportado estoicamente años de arbitrariedades del autócrata ya no permaneció impávida ante el evidente fraude electoral y el tirano tuvo que tomar las de Villadiego. Lo que vino luego, como gestión de gobierno, es otra historia.

2020: “El año de la Calamidad”. Llegó la pandemia, con sus terribles consecuencias en términos de pérdidas de nuestros seres queridos.

2021: “El año del aguante”. Se pidió a la ciudadanía aguantar el embate de la pandemia mientras se gestionaban las vacunas.

2022: “El año de la emancipación de Arce”. Hasta abril del año pasado, el Presidente era una especie de Cámpora o Medvedev, es decir, un muñeco obediente a los designios del Jefazo, al extremo de ganarse el sobrenombre de “Tilín”. Pero la marioneta adquirió vida propia, de forma más parecida a la de Lenin Moreno, aunque éste lo hizo apenas fue posesionado, propiciando un juicio contra Rafael Correa que anuló toda posibilidad de éste a participar en las elecciones anteriores.

2023: “El año de la bifurcación”. “¿Hará algo similar con Morales Ayma?”, preguntaba al cierre de la caracterización previa. “Se veía venir”, podría apuntar un transeúnte cualquiera. Y aunque todavía hay quienes insisten en que se trata de una tramoya destinada a distraer a la opinión pública para, llegado el momento, simular el “sana-sana” y montarse en las elecciones a caballo ganador –si así fuese, la levaron demasiado lejos–, más bien parece que se trata de una ruptura en serio, “una bifurcación” como la llamaría el profeta Linera. Esto podría arrojar el aplastamiento total de una de las facciones o la anulación mutua de ambas, lo que abriría una ventana de oportunidad al crecimiento de una opción proveniente del campo democrático.

2024: “El año del agotamiento”. Coincidentemente con el agotamiento de las reservas -las de gas y las RIN- se agotó el modelo masista de gestión político-económica. Comenzó, en realidad, en 2016 y se fue agudizando hasta llegar a su estado actual. Podría decirse que sin gas que abone una chorrera de dólares al Estado no hay tal “modelo”: pero, para peor, los ingentes ingresos que ello supuso fueron dilapidados de la forma más ruin posible. Con prácticamente 20 años en el usufructo del poder, el régimen masista deja a Bolivia, en puertas de su bicentenario como república independiente, en una situación extremadamente delicada, pero, al mismo tiempo, ante la oportunidad de cambiar de rumbo y dejar atrás el ignominioso periodo masista.

2025: “El año de la liberación”. El antiguo régimen no solo fue derrotado, prácticamente fue borrado del mapa. Los tres primeros lugares resultantes de las elecciones generales fueron ocupados por expresiones políticas de oposición (hasta ese momento), dos de las cuales dirimieron el “el título” en segunda vuelta dándole la victoria a don Rodrigo Paz Pereira, quien, una vez en funciones, asistido por un equipo “top”, está reencaminado al país en materias económica y social. La democracia está de vuelta.

Cordiales abrazos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Tiempos. responsabilidad, decisiones


 


Ha transcurrido un mes de la gestión gubernamental liderada por Rodrigo Paz Pereira. Le quedan dos, en términos convencionales de “beneficio de la duda” que se suelen considerar en estos trances.

Por tanto, precipitarse a reclamar por “incumplimientos” o, directamente, descalificar al nuevo gobierno, no es apropiado, por decir lo menos.

Pero un mes, en las circunstancias en las que el Presidente asumió el cargo -respaldado por un equipo competente- parece una eternidad. La relatividad es ley.

Hay tanto por recomponer y tan grande es el desastre, particularmente económico-financiero, que dejó el régimen masista que para hacerse cargo de tal situación hay que tener un sentido muy profundo de compromiso con el país. Se agradece y, en cierto sentido, resulta hasta desconcertante que haya gente dispuesta a cargar semejante fardo.

Al mismo tiempo, sin embargo, se abre una amplia ventana de oportunidades de la que, si las acciones gubernamentales logran reencaminar el rumbo del país, disfrutará la siguiente gestión y la población en general.

Esto no quiere decir, como algunos sostienen, que el actual sea un “gobierno de transición”, puesto que su misión trasciende el mero hecho de pasar la posta al próximo con una pista libre de piedras. No se puede realizar dicha proeza si no se logra cambiar profundamente la estructura institucional -corrupta, prebendalista, patrimonialista- que dejó el antiguo régimen, Y las primeras señales que dan Presidente y sus colaboradores van en esa dirección. Eso no es solo “transición”; es reforma -¿Calificaría usted como “gobierno de transición” al de Paz Estenssoro entre 1985 y 1989?-

Más allá de lo conceptual, es perceptible un nuevo aire en la sociedad: un optimismo moderado, consiente de las limitaciones que la realidad impone, se deja sentir en el ambiente.

Probablemente por ello, la reciente encuesta del Grupo Mori, difundida por Unitel, otorga a don Rodrigo Paz Pereira un altísimo grado de aprobación. El dato, por otro lado, implica una responsabilidad para no defraudar a la ciudadanía que le da este impresionante voto de confianza.

El tiempo comienza a hacer su trabajo y la impaciencia puede ser aprovechada por los retrógrados para calentar el caldo de cultivo de la violencia. La responsabilidad no siempre se adecúa a las urgencias y eso puede afectar a las decisiones (o a la administración de éstas).

En la planificación con enfoque hacia resultados de las empresas privadas se aplican instrumentos que evalúan el alcance de las acciones en relación al cumplimiento de las metas.

OKR (Objetivos y Resultados Clave) y KPI (Indicadores Clave de Desempeño) van señalando el camino de la consecución de logros y de los ajustes que, en su caso, se requiriesen.

Esto lo conocen, sin duda, quienes tienen en la actualidad (los que se fueron no tenían idea de nada, salvo de saquear al Estado) de conducir las diversas áreas del Gobierno, pero la administración de la cosa pública tiene ciertas distancias con la privada. No obstante, mientras más se acerque a ésta lo hará con mayor eficacia y eficiencia.

Lo lamentable es que, aparentemente, desde otra instancia del Estado, alentado por corrientes regresivas, inclusive con nombre y apellido de su operador, se está gestando un boicot para paralizar la gestión gubernamental.

Para superar esta contingencia quizás sea pertinente que se vaya pensando en acercamientos, sino alianzas, con elementos más afines que, superando algunos resentimientos, le den certidumbre a la población. Menudo desafío.

sábado, 29 de noviembre de 2025

El opasitor

 

Personaje de escasas luces intelectuales pero dotado de un extraordinario talento para la manipulación emocional, el señor Edmand Lara, a la sazón Vicepresidente de Bolivia, ha hecho de las suyas a menos de un mes de haber asumido el cargo. Ya lo vino haciendo durante la época electoral, con la diferencia de que ahora sus acciones “hacen estado”, es decir que tienen carácter de autoridad.

Lo hace munido del teléfono móvil, a través de la aplicación Tik Tok, desde la cual lanza diatribas, insensateces, chismes, confidencias personales, quejas, chantajes, y todo tipo de ridiculeces 24/7 en un ejercicio enfermizo por llamar la atención, victimizarse y autoelogiarse; cosa que sin el dichoso dispositivo no pasarían de ser cotilleos de lavandería. Ciertamente, un público carente de pensamiento crítico, incondicional del “influencer”, se encarga de expandir tales bellacadas y, al hacerse noticia, los medios las reproducen con algo de reserva profesional.

En tal sentido, el sujeto se parece a los adolescentes y jóvenes −en ellos es frecuente y hasta comprensible− que padecen de dependencia de las redes, particularmente de Tik Tok y son propensos a una especie de síndrome de abstinencia en caso de que se les privara durante diez minutos del aparato o que de pronto, se quedaran sin “megas”, pudiendo derivar, inclusive, en transtorno del sueño o enfermedades neurológicas más graves, debido a la compulsión por estar enganchados a la red.

El problema es que el individuo al que nos referimos no es adolescente ni joven, en el sentido biológico de la palabra −y desde hace tres semanas ejerce nada menos que el segundo cargo del Estado, primero en la línea de sucesión a la Presidencia−. Es que, sencillamente no califica, psicológica y mentalmente, para asumir tan delicados cargos y lastimosamente no hay en nuestra normativa constitucional un mecanismo “express” para destituirlo por incapacidad manifiesta para ostentarlos.

Desde el minuto uno de la posesión, el blanco elegido de sus dardos tiktoqueriles ha sido el Presidente, a quien lo tiene entre ceja y ceja −¿envidia, desesperación, “venganza”?−. Afortunadamente, dichas calenturas no han hecho más que afirmar la autoridad del Primer Mandatario. Es decir que la figura más reconocible de la oposición es el propio desertor del verde olivo.

También desde entonces, por la propia exposición (presencia) que incumbe al puesto, el susodicho combina lo virtual con la acción efectiva, aunque siempre mediada por la dichosa aplicación, para “performatizar” su proyección política, llena de caprichos como el de vestir el uniforme policial −manifiesto acto de corrupción por falsedad material e ideológica, además de traer a la memoria horrorosos recuerdos de tiempos de golpes y contragolpes; o, al menos, un acto de muy mal gusto−.

De ahí a la mentira más abyecta hubo poco trecho. Afirmar que el video que puso en su cuenta para contar su desdicha marital, cuernos de por medio, era producto de un “hackeo”, cuando todas las pericias coinciden en que el mismo era auténtico, es decir que fue el propio Vice quien lo produjo y publicó, lo pinta de cuerpo entero: estamos ante un chantajista, manipulador y mentiroso compulsivo que juega a ser la víctima en sus delirios tiktoqueros.

Y, para rematar (re−matar), convoca, entre líneas, a las FFAA a una aventura golpista. Si bien tiene su propia entidad, no tengo duda de que, por detrás, hay hilos que los mueven: basta con ver quiénes baten palmas a cada provocación suya. Y el opasitor no lo niega.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Buenos auspicios


La primera jornada del mandato gubernamental de don Rodrigo Paz Pereira tuvo dos elementos externos que marcaron aquel día: la copiosa lluvia que enmarcó la posesión, durante la mañana, y el “saludo” luminoso con que el GAMLP honró al nuevo Presidente durante la noche.

Lejos de deslucir el evento, tal como el propio gobernante lo refirió en su discurso -no estaba previsto que lo hiciera horas antes, lo que dice bien de su capacidad de improvisación, en el buen sentido del término- la precipitación fue interpretada como una “limpia” del estropicio que dejó el antiguo régimen.

Quedó simpático el gesto edil de resaltar el apellido paterno de Primer Mandatario omitiendo el artículo del nombre de nuestra ciudad; duró unas horas y fue suficiente como anuncio de una nueva y promisoria era, pero, como creo que sucederá, no debe repetirse. La tentación del culto a la personalidad es una debilidad de ciertos líderes y, sobre todo, de las huestes que los aúpan. Entiendo que Paz Pereira no está en tal tesitura y eso es otra buena señal, además de marcar una enorme diferencia con un pedófilo que fue comparado con Dios por sus seguidores y que el susodicho asumió como cierto.

La concepción del imaginario de los auspicios procede de la antigua Roma. Se refería a la interpretación de signos “divinos”, principalmente el comportamiento de las aves, para la toma de decisiones importantes como ir a la guerra, convocar a asamblea o fundar ciudades.

Los augures eran los encargados de interpretar dichas señales. Para el caso, la ciudadanía actuó como tales.

Ahora bien, como se dijo que el comportamiento de las aves y los auspicios podían ser tanto buenos como malos. Para lo segundo, se hablaba de “aves de mal agüero”. Creo que también, sobre todo los días posteriores a la asunción del mando, están apareciendo y, curiosamente, no desde afuera. Pero no es este el momento de hablar de ello.

Los buenos, también se fueron sucediendo durante la etapa previa a la toma de posesión: una apertura “express” a los más importantes organismos institucionales, una tendencia a la baja de la cotización del dólar, una sensación de esperanza de mejores días, la reposición de símbolos patrios…

E, inmediatamente después, el arribo de cisternas para paliar el suministro de carburantes. Como si, por arte de magia, se hubieran acabado las marejadas (fenómeno marítimo al que muchas veces el antiguo régimen atribuyó a la escasez de carburantes). Y, horas más tarde, la posesión de un gabinete a la altura de las álgidas circunstancias. Un tsunami de aire fresco.

Como en cualquier otra situación, la gestión del flamante gobierno experimentará tropiezos (chamboneadas propias) y zancadillas (tanto internas como externas). En principio cuenta con una disponibilidad social favorable que va a “blindar” las amenazas que se le vayan presentando, pero si las acciones del Gobierno no se materializan en una mejora sostenible de las actuales condiciones, tal blindaje podría ir perdiendo espesor.

Hay motivo para el optimismo moderado; soplan bueno vientos. Refrendarlos es la delicada misión de Paz Pereira y su equipo gubernamental. Amén.

viernes, 31 de octubre de 2025

La economía es lo urgente; la institucionalidad, lo importante; lo simbólico, el ser


 


Si el presidente electo, don Rodrigo Paz Pereira, se hubiese expresado con la claridad que lo viene haciendo los días previos a su posesión, no hubiese dudado en emitir mi voto a su favor, pero su discurso previo lindaba con la ambigüedad, contaminado, además, por el ruido de las delirantes ofertas de su acompañante de fórmula, un sujeto de avería. Lo que no quiere decir que voté por su rival en la segunda vuelta -lo hice por un tercero en la primera y con ello tuve suficiente-.

Imagino a Paz como buen ajedrecista, así fuese en sentido figurado, porque lo que hizo fue muy similar al “sacrificio” de un par de peones (unas decenas de miles de votos, entre ellos el mío) para hacer un jaque mate gracias a los cientos de miles que solían votar por el malhechor Morales Ayma. Así se entiende la extrema cautela-ambigüedad con la que se manejaba durante su campaña. La idea era, queda claro, no malquistarse con esa masa de votantes. Negocio redondo.

Desde que se conoció el veredicto popular y la inevitabilidad de su ascenso al poder, nuestro próximo Presidente, liberado del cálculo electoral, comenzó a trazar los lineamientos de su gestión de la economía -la foto en la que se lo ve flanqueado por dos portentosas torres, para seguir con la analogía ajedrezada, es extremadamente decidora-. Eso es lo urgente; va a doler, en principio, pero debe llevarnos a un nuevo ciclo de crecimiento, de la mano de la iniciativa privada.

Mientras ello ocurre, y para apoyar tal propósito, la reconstrucción institucional es de vital importancia. Recuperar la confianza en las instituciones es esencial para, por ejemplo, reducir la corrupción a su mínima expresión. Autoridades titulares (ya no interinatos) en entidades clave es una asignatura pendiente. Reparación de las injusticias cometidas por el viejo régimen, reformas constitucionales, independencia de poderes, educación (no inducción) de calidad, apertura al mundo… en este último asunto, Paz ya a ha dado muestras de su visión.

Pero lo simbólico no es algo menor. El antiguo régimen, derroche de recursos mediante, ganó la consciencia colectiva con un despliegue descomunal de simbología destructiva de la nación boliviana. Desmontar ese nocivo aparato imaginario es un deber. Hay que retomar el ser.

En tal sentido, pequeñas acciones de inicio pueden ir trazando el camino posterior. Por ejemplo, eliminar el feriado del 22 de enero, etiquetado como “Día del Estado Plurinacional”, que, en realidad refiere a la fecha de la primera posesión (2006) del prontuariado de Orinoca. Si alguno reclamara por el “derecho” al descanso -creo que, por la situación, se necesitan más días hábiles- podría trasladárselo al mucho más digno 21 de febrero (21F).

Seguidamente, se podría colocar el reloj del Palacio Legislativo en su posición original -hablo de la disposición de las horas y del movimiento de sus manecillas-. Que vuelva a mostrar el futuro en el transcurso del tiempo, en ligar de, como ocurre ahora, señalar al pasado, ir hacia atrás, falsificar la historia.

La acción más pertinente en tal predicamento debería ser la ejecución del mandamiento de aprehensión librada contra el cocalero prófugo, que luego la justicia haga su trabajo y que el individuo purgue la pena que ésta determine.

 El resto vendrá por añadidura.

jueves, 2 de octubre de 2025

¡Suéltame, pasado!




 Cada vez que nos internamos en las redes –en internet, en general– dejamos un rastro denominado “huella digital”. Solo por observar (acceso pasivo) ya podemos ser “rastreados” y tales visitas pueden ser expresadas en “metadatos”: día, hora, tiempo de permanencia, sitios frecuentados, código del equipo utilizado, etcétera.

Si tal cosa ocurre en tal modo de uso, es obvio que al participar activamente –reacciones, comentarios, respuestas, compartidos, adjuntos, “estados”, actividades varias, etcétera– esa huella se hace más clara y quien se lo proponga puede, con relativa facilidad, elaborar un registro diacrónico de nuestros pasos, los malos, inclusive, por el ciberespacio.

Si nuestras intervenciones fueron borradas, si las páginas desaparecieron, si sufrieron censura, la búsqueda se complejiza, pero quien maneje herramientas para hacer de detective digital conseguirá llegar, si se lo propusiera, hasta el punto de origen de nuestras publicaciones.

En realidad, nunca desaparecen. Por ello, es buena idea que, antes de dejar esa huella imborrable estemos completamente seguros de que no nos iremos a arrepentir de haberlo hecho. ¡Claro!, es difícil pensar que dentro de 15 o 20 años tales huellas nos vayas a jugar en contra.

Todo esto viene a cuento –usted ya lo habrá inferido– por el caso que ha puesto en aprietos a la candidatura de Jorge Quiroga Ramírez: el hallazgo de mensajes de carácter racista con consignas explícitas respecto a lo que tendría que hacerse, de acuerdo a quien las puso, con personas naturales de una región del país.

Ciertamente, quien lo reveló tuvo toda la intención –intencionalidad– de encontrar el pelo en la sopa del acompañante de Quiroga. ¡Y lo encontró! Es obvio que se tomó el tiempo y los recursos necesarios para llegar a su objetivo: desportillar la imagen de la dupla; lo que no impide sorprenderse, como lo han hecho muchos, ante el contenido del par de frases vertidas desde la cuenta de “X” por el titular de la misma, cuando esta red se llamaba “Twitter”, hace unos 10 años.

Por aquella época, el señor –el joven– Juan Pablo Velasco ni en sus sueños más húmedos se habría imaginado que llegaría a ser candidato a la Vicepresidencia. Y, como se sabe, en tal instancia, la vida –tanto pública como privada– es sometida a escrutinio.

Las dos verificadoras que se ocupan de detectar la veracidad, la falsedad e incluso la “engañidad” de la información que circula sobre todo en las redes han emitido, independientemente, el criterio de autenticidad del caso. Que la cuenta registrada, además, ante el TSE, haya sido borrada no hace más que reforzar la idea de que ciertamente su titular fue puesto en evidencia.

Créame que para escribir esta columna he esperado hasta el límite en que puedo remitirla al medio que la acoge un pronunciamiento oficial, un documento membretado, una conferencia de prensa expresamente convocada para este asunto. Nada de ello, hasta el momento –y ya ha pasado una semana– ha ocurrido.

Lo que sí ha sucedido han sido declaraciones aisladas que solo pretenden zafar del tema y una fuerte campaña de desprestigio a las verificadoras y de explicaciones de un procedimiento que, así lo aseguran, echa por tierra lo que se conoce formalmente. Si así fuera, ¿por qué la Alianza Libre no emite, al menos, un comunicado oficial?

Por lo pronto, tengo la impresión de que el aludido está, como lo dirían Les Luthiers, en modo “¡Suéltame, pasado!”.

Culebrones azules




 Entre el tabú y el morbo, la Historia de Bolivia –imagino que también la de otras naciones– está plagada de historias sobre las relaciones íntimas de los presidentes con sus amantes. Y no es que el resto de los mortales no las puedan tener; lo que sucede es que estas “aventuras” no están sometidas al escrutinio público, quedan en el dominio de lo privado.

De las primeras, algunas se ventilan con relativa discreción y otras derivan en descomunales escándalos por sus particulares características, y no siempre se trata de relaciones extramatrimoniales –presidentes solteros o divorciados han llegado al poder–.

Juan José Toro ha publicado sendos artículos al respecto y autores como El Chueco Céspedes (Las dos queridas del tirano) o Raúl Salmón (Juana Sánchez) han versado sobre el tema. Ambos, ¿casualmente?, sobre, probablemente, la relación de este tipo más icónica en estos 200 años. Pasado el tiempo, y con los protagonistas ya en otra dimensión, estos casos se tornan “sabrosos”, inclusive. Lo que no ocurre con los más frescos, que lindan con la sordidez y la ilegalidad, para no hablar de inmoralidad –y no me refiero a situaciones de infidelidad ni cosa por el estilo–.

Todavía llegan ecos de las “canas al aire” del cuatro veces presidente y del general que transitó de la dictadura a la democracia. A propósito de generales, sobre el General del pueblo hay referencias de su amplia descendencia no reconocida.

Con todo, aquellos hechos del pasado parecen “normales” al lado de los que llevan el sello masista en su comisión. En mi criterio, cuatro aspectos son lo que los diferencian: el rol de la(s) mujer(es) en estas relaciones, la ausencia del componente afectivo, el trato político–económico y, como ya lo dije, la ilegalidad, el delito.

Hace unos años (2016) escribí un artículo titulado “Evo, el culebrón” en alusión al escándalo Morales–Zapata. Escándalo, no por la relación misma –Morales Ayma era y es soltero–, sino porque la dama se benefició de una serie de canonjías en virtud a su “proximidad” al Primer Mandatario y padre del hijo que fue concebido cuando ella era menor de edad. Dos ministros aseguraban por entonces que “habían tocado la pancita” de la susodicha y luego adoptaron la posición oficialista: “Es un invento del ‘Cártel de la mentira’”.

Pasado el tiempo, un fiscal determinó que el niño no existió y se cerró el caso. Pero el estuprador volvió a incurrir en delitos similares, aunque las menores guardaran cierto perfil bajo, a excepción de la que ahora goza de asilo en Argentina, de quien parece, más bien, fue la madre quien obtuvo favores políticos.

Y ahora se ventila en tribunales de justicia un caso que involucra al Presidente saliente, también masista. Acá no se habla de pedofilia, la dama en cuestión tuvo un meteórico ascenso en puestos públicos merced a su noviazgo con el hijo de aquel. Pero el hijo, la verdadera víctima en estas situaciones, no había sido “para el junior”, como diría la caserita; sino para quien, en una situación regular, tendría que haber sido el abuelo de la criatura. Aun así, todo podría pasar por un entuerto, producto de una calentura mediada por una promoción burocrática, gentileza de un hombre casado; lo reprochable, si se llega a confirmar –cosa muy probable– es que el Presi haya cometido, como reza la demanda en contra suya, el delito de “abandono de mujer embarazada”, traducido en que no cumple con la pensión para la manutención del pequeñín.

Y así, la pasmada sociedad espera un nuevo episodio de este nuevo culebrón azul.