miércoles, 31 de julio de 2019

Un mu(n)do feliz




Fue Aristóteles, en su Ética a Nicomaco, quien definió la eudaimonia (la felicidad) –de algo sirve haber hecho unos cursos de Filosofía en mis años mozos, conservando algunos apuntes- como la actividad del espíritu por el conocimiento de la verdad, siendo el placer y la alegría tan solo ecos de tal acción. Para la filosofía griega, la felicidad es el bien supremo al que aspira el ser humano; es su verdadero sentido de la vida.

Fue Aldous Huxley, en su Un mundo feliz, quien imaginó un “Estado Mundial” regido por la trilogía “comunidad, identidad, estabilidad” en el que, mediante el uso de una droga de la felicidad, una estructura jerárquica (de castas) social, el condicionamiento de los niños y el procedimiento eugenésico tendente a la eliminación de los genes “fallidos” a fin de preservar los elementos citados, se construiría una sociedad en estado de felicidad permanente. Eso sí, a costa de arrebatar, a las personas y grupos de personas, lo que no hace humanos y sus extensiones: varios campos simbólicos, la diversidad cultural y, por ende, el libre albedrío.

Utopía filosófica e individual, la primera, y distopía política y social, la segunda.

Se puede enumerar una serie de posturas alrededor del tema, pero, de hacerlo, no me quedaría espacio para lo que traigo a cuento a propósito de la inclusión de una oferta electoral que promete felicidad a la población boliviana si es que la misma da sus votos al Ungido –aunque ilegal- en octubre.

El régimen consigna entre sus ofrecimientos al electorado un acápite bajo el denominativo “Disfrute y felicidad”, la promesa –consecuencia del “Vivir bien”, tan caro a los miembros de la nomenklatura masista, supongo- de una letanía de divagaciones que bajo la forma de atractiva envoltura lírica –al estilo del preámbulo de la Constitución- que, viniendo de donde viene, esconde algo más perverso.

En el colmo de la impostura, ofrece la eliminación del conflicto –no son palabras textuales, pero eso se lee entre líneas- ¿Qué significa esto? Nada menos que un paso más en la toma absoluta de poder que el régimen ansía: la proscripción del disenso. En suma, “su” felicidad.

Es cierto que buenas políticas públicas pueden elevar la sensación de felicidad de los habitantes de una determinada nación, pero, por mencionar un extremo, la población civil de una nación en guerra ¿debe sentirse feliz de que su ejército esté acabando con la población civil del “enemigo”? No olvidemos que la guerra ha sido usada como expediente para generar cohesión social cuando el poder político se siente amenazado. Incluso aceptando esta situación límite, resulta altamente sospechosa una felicidad presentada como oferta político-electoral.

Por cierto, e independientemente de variables externas (en la línea de Locke), los bolivianos, en considerable mayoría, se definen como intrínsecamente felices –recuerdo un libro de Ayala Bluske, Subdesarrollo y felicidad-, aunque la base material no deja de tener una relación directa en el aumento o disminución de esta sensación. El documento del régimen también cita la frase “el dinero no compra felicidad”; le dejo a usted escudriñar en el sentido de la misma.

Pero, ya ingresando en la negación de la realidad, el régimen vincula el mar a su promesa de felicidad. ¿Me perdí de algo? ¿La Haya reconsideró su fallo y ahora exige a Chile la otorgación de una costa con soberanía a Bolivia? ¿Es hora de tirar cohetes? ¡Pero qué felicidad!

Con estos elementos, qué clase de felicidad es la que promete el régimen, ¿la de Aristóteles o la de Huxley?; a mí me late que la última: “felices” pero mudos.

miércoles, 17 de julio de 2019

El TSE y su ominoso papel

                                                Detalle de viñeta de El Diario


Coincide la publicación de esta columna con el plazo para inscribir las listas provisionales para habilitar candidatos a diputados y senadores que intentarán hacerse de un curul en el parlamento. Digo “provisional” porque, como es habitual, hay un tiempo prudencial para arrepentirse, renunciar y ser sustituido por otro postulante o ser cambiado a la fuerza. Hasta ahí, no hay novedad, pero el inefable Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha ampliado esa gracia a los aspirantes a las dos primeras magistraturas que presentaron sus respectivas renuncias, luego de negar sistemáticamente la posibilidad de aceptarlas sustentándose en el carácter vinculante de las “elecciones primarias”, aceptando solo la muerte o impedimento permanente como causal de sustitución. Pero esta es solo la última tropelía del ente electoral. Volveremos sobre la misma luego. Entretanto, recorreremos parte del camino que condujo a este desastre.

Todo comenzó con la toma por asalto del organismo electoral por operadores del régimen luego de la última gestión institucional, a cargo de Salvador Romero Ballivián, cuando aún se llamaba Corte Nacional Electoral (CNE). De ahí en adelante, una entidad que había alcanzado altísimos grados de credibilidad comenzó a caer en picada hasta acabar en lo que tenemos hoy: una caterva de incompetentes sumisos al poder que juegan a quién es más obsecuente que el otro en su afán de quedar bien con el jefazo que los colocó en el cargo.

Se dice que todo tiene límite, pero que el límite de rastrerismo de los vocales en ejercicio, heredado –y “capitalizado” por éstos- de sus predecesores quienes, a su vez, lo heredaron de los anteriores, no parece estar próximo.

Puede parecer reiterativo mencionarlo, pero el punto de inflexión para la recomposición de la entonces CNE fue una situación similar a la que arrastra el TSE desde hace tiempo; me aventuro a afirmar que el problema del también conocido como Órgano Electoral Plurinacional (OEP) es mucho más álgido que el de aquella corte envilecida. La renovada Corte hizo de los principios de imparcialidad, neutralidad, autonomía e independencia, su divisa; los tribunales del régimen parecen haberla sustituido por fraudulencia, obsecuencia, ignorancia e incompetencia. Así, no hay manera de llevar adelante un proceso eleccionario mínimamente creíble.

Repitiendo el libreto de sus antecesores, los (evo)cales actuales se desentienden de las constantes violaciones que comenten los ilegales candidatos del régimen en su afán por engatusar a los votantes. Partiendo de la habilitación de tal dupla imponiendo unas primarias de dudosa legitimidad, puesto que no estaban previstas para esta oportunidad sino para los siguientes comicios generales, como afirman los proyectistas de la Ley de Organizaciones Políticas, todo ha sido un agachar la cabeza ante los designios de sus patrones palaciegos.

Asimismo, a la manera de sus “antiguos”, el empadronamiento sospechoso con traslado de ciudadanos de un municipio a otro, con casos sorprendidos “in fraganti”, ha sido moneda corriente (moneda corriente, literal).

Ya en el borde de la trapacería, los títeres del MAS, intentaron perforar el principio de paridad y alternancia en las listas. Solo la condena ciudadana les hizo volver sobre sus pasos.

Volviendo al comienzo, a lo último en realidad, con la aceptación de renuncias ampliada a candidatos al Ejecutivo, que les viene bien a dos partidos, se plantea la ruptura de la vinculancia de las forzadas “primarias”. Por tanto, corresponde también que sobre esto el TSE vuelva sobre sus pasos y enmiende el despropósito de habilitar a los usurpadores Morales Ayma y García Linera.

miércoles, 3 de julio de 2019

Financiamiento: la paja y la viga




Si hay un asunto en extremo delicado en época de campañas electorales, ése es el del financiamiento de las mismas. A mi manera de ver, el problema no es el monto –tanto la proclamación de austeridad como la confesión de éxito recaudatorio son sospechosas; la primera por lo de “quién les cree que gastarán tan poquito”, la segunda por lo de “de dónde sale tanta plata”-. Para evitar estas suspicacias, solo hay una fórmula, difícil de conseguir, sin embargo: se llama transparencia.

Me refiero al tema a raíz del revuelo causado por la revelación –infidencia, acaso- de una respetable cantidad de morlacos recolectados por una tienda política supuestamente en kermesses. No era necesario el eufemismo. Mejor llamar a las cosas por su nombre: si uno va con una encuesta favorable en una mano y un sombrero en la otra, los quibos empiezan a caer y sumar.

Por eso me parecieron muy oportunistas las reacciones de unos y otros ante tal cuestión. Por un lado, el Sr. García, nada menos que el operador más conspicuo del régimen más corrupto de la historia, juzgaba la paja en el ojo del rival cuando es inocultable la viga que cubre el suyo. Atribuía tal cifra a aportes del narcotráfico… ¿Acaso fue el opositor quien se chanceaba con Montenegro? ¿acaso fue el opositor quien andaba vinculado al clan Castedo? ¿acaso fue el opositor quien nombró Jefe de Inteligencia a Sanabria? El exabrupto alcanza su máximo grado de cinismo cuando está claro que la campaña del régimen maneja recursos astronómicos, y no hablo de los provenientes de los descuentos a los funcionarios.

Por su parte, otro partido en carrera aprovechaba para hacerse el ofendido, cuando no da la menor muestra de estrecheces y, por el contrario, parecería que goza de buena salud financiera.

Pero la reacción menos inteligente ha sido la de la propia organización que generó la polémica. Lejos de asumir que como candidatura exitosa puede conseguir inclusive más apoyo monetario que el barajado hasta ahora, se hizo la estrecha y poco le faltó para declararse en quiebra.

Si la transparencia fuera absoluta, nadie tendría que andar dando explicaciones a cada paso. Simplemente, se conocerían las cantidades de los aportes, los nombres de las personas, empresas o entidades que los abonaron y el destino que corrieron. La eliminación del anonimato debería ser una condición, así se evitarían los “donativos” demasiado generosos, de dudoso origen y, a la vez, condicionados.

Si esto le suena a demasiado cándido, recuerde la hábil estrategia de Barack Obama para obtener fondos: redes, centavo a centavo. Se dirá que es otro contexto –cada vez que alguien quiere desoír algo, dice que “es otro contexto”- pero lo bueno puede ser adaptado, mejorado incluso, a otra realidad. Para el caso, la nuestra.

Hace aproximadamente una década, Julio Aliaga, mi persona y un desarrollador, diseñamos una herramienta que garantizaba a quien quisiera emplearlo –obviamente tenía un costo operativo- una recaudación de fondos totalmente transparente proveniente de adherentes a una campaña, desde el registro hasta el destino de los recursos (accountability), pasando por el abono. Dicha herramienta iba “casada” con un sistema de peticiones similar al AVAAZ.

La conclusión a la que llegamos es que a nadie le interesó un instrumento que transparentara los aportes (ni siquiera a algunos potenciales aportantes, quienes preferían sus nombres en reseva, en pruebas piloto que hicimos).

Esta es la neta, estimado(a) lector(a). Lo demás, son pajas y en el caso del régimen, vigas.


martes, 18 de junio de 2019

Malpensando




“Piensa mal y acertarás”, reza un dicho popular, aunque, pensándolo bien, no debería ser así; pero sucede que, con sus actos carentes de credibilidad, el régimen nos ha acostumbrado a pensar mal y, por lo general, acertar. Prácticamente no hay acción del régimen que no esté guiada por la mala fe.
Así ocurrió con el referéndum constitucional convocado por el régimen para el 21 de febrero de 2016, cuyo objetivo, a poco tiempo de ejercicio del poder por tercer periodo consecutivo –cuando la CPE estipula solo dos- no era otro que forzar la segunda habilitación ilegal del señor Morales Ayma.

Quien creyó que, tras su estrepitosa derrota del 21F, el susodicho se retiraría a su chaco con una quinceañera –como había asegurado- se dio de cara contra la pared. ¡Cómo, entonces, puede uno tomar los decires y haceres provenientes del régimen cuando éste ha dado muestras pruebas más que suficientes de su chueco proceder!

Y ya sabemos cómo actuó. Luego de barajar varias opciones optó por la más segura y rápida: hacer declarar constitucional, mediante sus amarrahuatos del TC, la re-re-reelección del señor en cuestión con una argucia política absolutamente despreciable. Seguidamente, el Ejecutivo ordenó a sus serviciales del Órgano Electoral aplicar las elecciones primarias, previstas para la subsiguiente elección, para darse un barniz de legitimidad. Lo que sigue es un rosario de arbitrariedades cometidas por tal órgano para allanar el camino de su jefe-dios al poder totalitario.

La reciente declaración de dicho individuo –“Ya hay un ganador de las elecciones de octubre”- ha debido dejar perplejo a más de uno. Bienpensando, podríamos inferir que el sujeto en cuestión, en un rapto de contrición, se retirará de la contienda asumiendo la serie de atropellos a la ley y al soberano que cometió para vulnerar la Constitución y someterla a sus caprichos. Entonces, el ganador será el pueblo boliviano, más allá de quien, en ausencia del arrepentido, logre el apoyo necesario para acceder al Gobierno.

Malpensando, lo que tal persona nos está diciendo es que nada de eso va a ocurrir y que, por el contrario, va a seguir violando las normas a su antojo con el agravante de un fraude monumental que lo aúpe sin incomodidades, como lo hizo anteriormente, a la Presidencia. O sea, nos está espetando aquella frase de Stalin “No importa quién vota, sino quién cuenta los votos”. Y el caballero tiene a su disposición un órgano compuesto por serviles suyos que, como suele decirse, ya tiene al ganador y solo resta que los electores voten.

Fuera del ámbito electoral, podríamos acertar malpensando que el verdadero motivo de ubicar la planta de producción de urea y amoniaco en Bulo Bulo –en pleno Chapare, la zona que alimenta el narcotráfico- fue el de abastecer a los productores de la blanca el precursor “de moda” para la cristalización de la “merca”.

No hace falta ser un experto en exportaciones para calificar como absurdo el emplazamiento de dicha planta en esa región. Entonces, ¿por qué se obró de tal manera? Por una información que circuló “off the record”, nos enteramos hace unos años de que la orden de construirla allá fue del propio Morales Ayma, desoyendo voces sensatas que se oponían a la peregrina idea. Con las instalaciones ya en funcionamiento, los operadores del régimen justificaron la decisión como “política”.

Con la evidencia de que la urea ha sustituido a otros elementos en la elaboración de cocaína, se entiende la insistencia –hasta conseguir su propósito- del presidente cocalero para cometer lo que para el resto de la gente de buena fe era un disparate. ¡Los narcos, de plácemes!


miércoles, 5 de junio de 2019

"El robo" versus "Izquierda XXI ¿?"


Con diferencia de dos meses aproximadamente irrumpieron en la pantalla grande local dos filmes situados en las antípodas de enfoque uno respecto del otro.

Esta, quiero pensarla casual, sincronía –no motivada por dar respuesta a uno de aquellos- hace inevitable relacionar ambos productos audiovisuales. En cualquier caso, su publicación habla del punto de inflexión ideológico-político en el que nos encontramos.
Pero, salvo su exhibición casi simultánea, a las mentadas películas las separa un mundo de diferencias, mismas que paso a detallar en lo que el espacio permita.

“El robo” gozó de una inusual promoción para crear expectativa sobre su temática, encargada al ejército digital del régimen que lo catalogaba como “documental” sobre la privatización; sobre tal etiqueta, lo que en realidad se monta es un panfleto propagandístico que reúne todos los vicios del engendro: maniqueísmo, prescindencia del contexto interno en el que se desarrollaron ciertos procesos, tendenciosidad, cuando no desprolijidad a la hora de mencionar datos –Rafael Archondo hizo un listado de ocho “imprecisiones”, por llamarlas menos, a este largo spot electoral-.

El propio hecho de recurrir a “testimonios” de figuras en ejercicio de cargos públicos es un indicador del poco interés de los productores de realizar un documental en forma. Lo que refuerza la hipótesis de que este panfleto se hizo bajo el supuesto de que el señor Doria Medina habría de participar en las elecciones del presente año. Eso sí, “El robo” supera con creces al curioso intento del señor Jaime Iturri, en plan de productor, en el corto para televisión sobre doña “Caraconocida”, hecho también para meter al empresario-político en el escándalo, propósito fallido, por cierto. La estratégica retirada de escena del líder de UN desestructura el propósito de tales producciones y las condena a ser una costosa aventura “pluri”.

A propósito, “El robo” ficticio del filme fue superado por el auténtico robo –consentido- de 112.000 $us otorgados para la realización de la peli a la empresa mexicana “casera” del régimen, “Neurona”, que en total de contrataciones directas embolsó la friolera de 12.500.000 Bs (1.800.000 $us).

“Izquierda XXI ¿?”, en cambio, se lanzó con una muy discreta, casi inadvertida, campaña, esperando que el público se entere “boca a boca” de su exhibición en las ciudades donde está en cartelera; evita el maniqueísmo dando crédito, a través de los entrevistados –ninguno en ejercicio de la política partidaria- a ciertos logros sociales de los gobiernos del llamado “Socialismo del siglo XXI”. Recupera buena parte de la memoria histórica por la conquista de la democracia, ofrece una mirada (auto)crítica a procesos pasados, en todo momento adecuadamente contextualizados; evita el tufillo a contrapropaganda, brinda una perspectiva más amplia de escenarios a configurarse.

Una frase que se escucha recurrentemente –unas seis veces, a lo largo del filme- en boca de distintos entrevistados, es “caldo de cultivo” para describir las condiciones creadas para la irrupción del populismo (con la buena fortuna de coincidir con el ciclo de alta para las materias primas, condición, al parecer, propicia para su supervivencia). En la sucesión de los ciclos, cabe mencionar que otro “caldo de cultivo” está dando lugar a otro giro de la historia.

Pero, lo que más me ha llamado a hacer esta comparación es el hecho de que “El robo” es un producto de realizadores mexicanos para consumo local, sin mayor perspectiva de apertura, mientras que “Izquierda XXI ¿?” –el título, la gran debilidad del film- es un producto de realizadores bolivianos con alcance, al menos, continental.

miércoles, 22 de mayo de 2019

¿Avala la OEA el narco?

                                                              Viñeta: Javier Menchaca


El sonado caso de narcovínculos gubernamentales, conocido como “Montenegro”, ocupa los titulares de estos días; pero pocos recuerdan que en septiembre de 2008, si no me falla la memoria, uno similar –en cuanto a gente cercana al régimen, policías y operadores antinarcóticos- ocurrió en las entrañas mismas del territorio cocainero. Se lo conoció como “El clan Terán” por haber sido cometido por miembros de tal familia chapareña. Dos hermanas de la exasambleísta constituyente Margarita Terán fueron encontradas con las manos en la blanca (147 kilos). Luego se supo que el hermano que trabajaba en la institución encargada del control de narcóticos, era quien permitía que la “merca” pasara dicho control. La mencionada dama se libró de un proceso bajo el argumento de que “los delitos son personales” aunque es dudoso que no supiera de dichas tropelías y que al no denunciarlas estaría incurriendo en encubrimiento. Una explicación menos elegante es que a dicha señorita se la hubiese excluido por haber sido una “cara conocida” (caracterización que el Presidente usó para una de sus parejas, que bien podría aplicarse a otras) del señor Morales Ayma. En la actualidad, Terán se desempeña como ejecutiva de las cocaleras del Chapare.

En su visita al país, en 2014, el entonces Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, ya advertido del “corralito” que le tenía preparado el régimen se mostró muy cuidadoso a la hora de recibir homenajes. Muy bien asesorado, no se prestó al juego de hacerse poner la guirnalda de coca con la que Morales Ayma utiliza a sus visitantes para propagandizar el producto del Chapare; en su lugar, lució una de flores. El régimen no se dio por derrotado e intentó engatusar a Ban con una torta de coca preparada en honor de su cumpleaños; éste, guardando las formas, actuó con la frialdad que requería el momento: sopló las velitas, pero nada de morder el anzuelo. De haberlo hecho –el guirnaldazo cocainero o la probada de torta- la viveza de Morales Ayma propagaría que “La ONU apoya la producción coca(ína) en el Chapare”. El Papa también fue bien asesorado para no pisar el palito.

¿Por qué traigo a cuento estos episodios? Sencillamente porque, ya fuera por mal asesoramiento o por exceso de entusiasmo, al señor Luis Almagro, Secretario General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), comprometió seriamente a la institución panamericana al ligarla con el tráfico de cocaína con su curioso comportamiento que no condice en absoluto con el de alguien que llega al país en visita oficial.

El citado personaje no vino en calidad de amigo de juerga del señor Morales Ayma. Lo hizo en representación de la máxima entidad supranacional de América; por tanto, sus actos no los realiza a título personal: comprometen a la propia OEA. Ni la ONU, ni el Vaticano cayeron en la trampa. ¿Qué pasó con la OEA?

¿No le dijeron los asesores locales de la Organización que el régimen se caracteriza por aprovecharse de las personalidades? ¿No le advirtieron sobre los nexos de la pareja de baile que le “tocó”? Y si lo hicieron, ¿Almagro actuó por su cuenta y riesgo?

Con sus desvaríos, el señor Almagro consiguió lo que nadie antes pudo hacer: dejar la imagen de la OEA por los suelos. Si esto ocurrió por errores de la representación local, deberán rodar un par de cabezas; si fue por cuenta del propio Almagro, que es lo más probable, deberá rodar la suya. Sin la purga necesaria, la organización estaría, implícitamente, dando su aval al narco.

Cierro con una cita de Claudio Ferrufino: “Luis Almagro, que en su momento pareció sobrio, ha perecido ante la baba verde del imperio cocalero.”


miércoles, 8 de mayo de 2019

Clonazepam para el régimen





Como van las cosas, al régimen ya no le será suficiente aplicarse un ungüento paliativo para aliviar sus dolores. Así lo hizo luego de su derrota en el referéndum del 21 de febrero de 2016 y luego de haber sido humillado en las elecciones judiciales del 3 de diciembre de 2017. Maltrecho y aturdido, se dio modos, sin embargo, de torcer la voluntad popular para desconocer el resultado del primero e imponer a sus operadores judiciales en las segundas.

Asimismo, el régimen logró aplacar varios achaques provenientes de sus entrañas: el “Zapatagate”, Fondioc, caso “Ostreicher”, ejecuciones extrajudiciales y los “33 camiones”, entre los más emblemáticos; hechos que aún esperan ser esclarecidos por tribunales independientes, cosa solo posible con un cambio de gobernantes cuyo accionar restituya el Estado de Derecho en Bolivia.

La situación por la que atraviesa hoy el régimen es algo distinta. Me explico: escándalos de corrupción y crimen como los mencionados se fueron presentando en tiempos sucesivos; en este momento, el régimen afronta tres gruesos males que amenazan con ponerlo entre las cuerdas. Esto ha afectado a su sistema nervioso periférico y no sabe cómo manejarlo -quizás altas dosis de Clonazepam pudieran paliar en algo sus padecimientos-.

La primera neuropatía tiene que ver justamente con el escándalo que involucra al régimen con el robo consentido que benefició a la empresa Neurona –asunto del que me ocupé hace un mes-. Cuando todo hacía parecer que los cómplices locales del asalto iban tomando control del tema mediante el viejo truco de prometer una investigación, unas fotos (auténticas) acompañadas de textos (¿tendenciosos?) colgados por el “man” de Neurona se armó un intríngulis de explicaciones y aclaraciones que desarticuló la línea distractiva del régimen. La ciudadanía, entretanto, optó por aplicar el aforismo cachístico “lo que se ve, se anota”.

El segundo colapso nervioso lo causó la muy comedida diputada Susana Rivero quien, en su afán de quedar bien con el Jefazo acabó haciéndole un flaco favor. De una gravísima acusación de “narcovínculos”, pasó casi a una de infracción de tránsito, ocasionando, con sus devaneos, fortalecer la figura del candidato Mesa, dada la alta exposición mediática que, graciosamente, le brindó. Una auditoría de medios podría evidenciar que, durante las dos últimas semanas, la presencia del dicho candidato opacó a la del Secretario Ejecutivo de la Federación de Cocaleros de Trópico, a la sazón Presidente de Bolivia. El MAS, hablando en buen romance, no sabe cómo desfacer el entuerto provocado por la señora “Tsusanami”.

El tercer ataque a su sistema nervioso es de magnitud colosal y, definitivamente, lo está consumiendo. Obviamente me refiero al causado por la irrupción en escena de un narcopolicía quien hace palidecer a otros como el célebre Jefe de Inteligencia del régimen, Sanabria, quien guarda detención en una prisión del imperio.

Nuevamente, el régimen se complica en sus propias contradicciones y no parece capaz de salir medianamente bien librado de su propio pecado original: el régimen sostuvo al coronel Medina durante más de una década y ahora pretende negar tres veces al mafioso al que apadrinó generosamente. La profusión de fotografías y vídeos (auténticos) que ligan a operadores del régimen con narcotraficantes habla por sí sola. Roger Pinto (QEPD) la tenía clara y el régimen la emprendió contra su persona. Desde donde esté, el ex parlamentario debe tener puesta una de sus manos en el mentón.

Esta simultaneidad de asuntos en extremo complicados, me hace pensar que el régimen anda metido en poncho de once varas.