martes, 5 de mayo de 2020

ALP: Cerrarla no es una opción



Antes de que me lancen a los cocodrilos, vamos a separar aguas. La salida constitucional que instaló un gobierno de transición luego del vergonzoso escape del señor Morales Ayma, quien más de una vez había dicho que solo muerto lo sacarían de palacio, demostró que los bolivianos somos capaces de encontrarnos en situaciones límite como a la que nos llevó el susodicho con su monumental fraude en las pasadas elecciones. Mi apoyo al Gobierno, en tanto transitorio, es absoluto. Para haber sido posible, esa salida democrática incluyó la continuidad institucional de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) con la misma composición, vale decir con dos tercios de mayoría, resabio del antiguo régimen, a la que en adelante denominaré con el término universal “parlamento”, lo que en definitiva descarta la peregrina falacia de que se cometió golpe en Bolivia. De los otros dos poderes, el Judicial, al igual que el Legislativo, se mantuvo con la composición surgida de las elecciones judiciales manipuladas por el MAS, mientras que el Electoral fue recompuesto cumpliéndose una de las tareas encomendadas por el soberano al Gobierno de transición.

Tal renovación fue gracias al trabajo colaborativo entre el Ejecutivo, producto de la resistencia al fraude cometido por el antiguo régimen y el Legislativo, tributario de éste, como ocurrió para la primera convocatoria a las elecciones que tendrían que haberse efectuado el pasado 3 de mayo si no se cruzaba la calamidad mundial en el camino. Es decir que, con una no muy frecuente madurez, estos dos poderes contrapuestos lograron ponerse de acuerdo por el bien mayor: la pacificación y democracia.

No vamos a decir que la relación entre ambos era una especie de luna de miel, pero tampoco era un infierno. La magia se fue cuando a la Presidenta se le ocurrió romper uno de los mandatos implícitos –reafirmado por ella al decir que sería una “acto de deslealtad y deshonestidad”- al anunciar su candidatura a… Presidenta. Se podría decir que el parlamento (esos dos tercios del mismo) estaba dispuesto a coordinar con la Presidenta, pero, en una acción entendible desde la política, no a transar con una candidata. Puestas a repartirse responsabilidades en este entuerto, cada cual tiene su parte.

Ciertamente, desde la declaratoria de la emergencia sanitaria, el parlamento se ha convertido en una rémora que torpedea cualquier iniciativa gubernamental para sacar provecho político de ello. Su accionar, a no dudarlo, es digitado desde Buenos Aires.

En tal escenario –la gota que colmó el tarro fue la nueva convocatoria electoral en un lapso de seguridad sanitaria menor a la que propuso el TSE-  ha surgido una “corriente” que promueve un eventual cierre del parlamento. A sus sustentadores les digo que esa ni siquiera es una opción.
Alentar tal cosa es caer en el juego de quienes –nada raro que el origen de la consigna se halle en una mansión bonaerense- quieren ver autocumplida su profecía del “golpe”, además de dar lugar a una violenta convulsión –especialidad de Morales Ayma- en pleno estado de emergencia sanitaria. Ayudaría mucho, en cambio, que la Presidenta dé un paso al costado en lo concerniente a su candidatura puesto que, aunque ni siquiera se lo proponga, todas sus acciones –las buenas, sobre todo- despiden un tufillo a campaña electoral.

Por lo pronto, el Gobierno hace bien en salir por los fueros de la institucionalidad, demandando de nulidad, ante el Tribunal Constitucional, la mencionada ley. El principal argumento es que la Presidenta de la Cámara de Senadores no es quien, en acefalía de un(a) Presidente del Congreso, para haberla promulgado. El TC tiene la palabra.

miércoles, 22 de abril de 2020

El turismo ante un descomunal reto



Por segunda vez de forma escrita voy a rememorar una anécdota (a estas alturas) de mi penúltimo año de colegio. Luego de las anuladas elecciones de 1978, los bolivianos volvieron a las urnas en julio de 1979. Hablo en tercera persona porque la edad no me alcanzaba para votar –además, por entonces, se tenía ese derecho a partir de los 21 años-.

Puede parecer una exageración, un invento mío, pero algunos candidatos se daban tiempo para ir a los colegios y participar de foros-debate con los estudiantes. Uno de ellos era don Marcelo Quiroga Santa Cruz a quien recuerdo, como si fuera ayer, en el salón audiovisual del Instituto Americano, explicando su ideología y su programa de gobierno, y respondiendo las preguntas de la muchachada. 

Dueño de una oratoria privilegiada y de una seguridad encomiable, el líder socialista no pudo evitar un gesto de incomodidad ante la pregunta que le hiciera un compañero de la promoción.
Estaba claro que el programa de Quiroga era casi absolutamente político y que una consulta fuera de ese marco no era lo que esperaba. Pero he ahí que el jovenzuelo le lanzó un “¿qué planes tiene usted para el turismo?”. Silencio. No recuerdo con exactitud la respuesta del entonces candidato, pero la idea era más o menos que él se iba a ocupar de asuntos más importantes. Al menos en ese sentido, el estudiante estaba unos años adelantado al intelectual.

Su prematura desaparición –con la muerte del último de los autores intelectuales de su asesinato, prácticamente desparecen también las posibilidades de ubicar el lugar en el que se lo sepultó- nos privó de saber si luego de aquel encuentro cercano con aquel muchacho, don Marcelo habría pensado en el potencial económico de la llamada “industria sin chimeneas” que, por ejemplo, para España o Costa Rica, representa una gruesa porción de sus respectivos PIB.

No soy, ni muchos menos, un especialista en dicho sector, pero el sentido común me dice que el turismo significa para Bolivia una de las actividades más representativas de lo que se conoce como “patrón de desarrollo de base ancha” que, dejando de lado el componente corporativo, genera gran cantidad autoempleo (cada vez más profesional) a bajos índices de inversión, con extensiones hacia la los servicios hoteleros, de transporte, gastronómicos, entre otros, y de oferta cultural en general. Y –esta es una percepción personal- el que menos le pide (molesta/exige) al Estado, más allá de la obligación de éste de desarrollar infraestructura y de no obstaculizar el libre ejercicio de la iniciativa privada legal.

La calamidad mundial que nos golpea, cuyo nombre no quiero repetir porque es como invocarla, afecta a todos los sectores, sin duda; pero golpea con mayor contundencia al turismo en todo el mundo y hiere de muerte al local. Me ha conmovido en particular el mensaje de los guías de turismo quienes le piden a la Presidenta que desde el Estado se promueva la reactivación de esta industria tan pronto como se “normalice” la vida, cosa que puede tomar cierto tiempo –más corto o más largo, nadie lo sabe-. Pero entretanto, los profesionales del guiaje van a tener que encontrar otros medios de trabajo.

La noticia prometedora es que en la medida en que se vaya retornando a la regularidad económica, una de las primeras cosas en las que pensarán las personas –considerando la tendencia expansiva del humano- será en “trotar por el mundo”. Llegará el momento y tendrá que encontrarlos preparados.
Pido disculpas por si se me percibió como portavoz oficioso. No es mi intención.

miércoles, 8 de abril de 2020

Dura prueba generacional



Ciertamente, esta situación –y cuando hablo de situación hago referencia a su carácter transitorio, por muy penosa que fuera- nos afecta a todos casi por igual, pero muchos de nosotros ya hemos forjado una vida que, de alguna manera, nos preparó para este momento, así sea para que el destino nos encuentre confesados.

Y no es que, como generación, no hubiéramos pasado por otras situaciones delicadas, casi al límite del abismo. A nuestros (por lo menos, los míos) predecesores les tocó arriesgar el pellejo en la lucha contra las dictaduras. Una vez instalada la democracia, sobrevinieron las tribulaciones de carácter económico, epitomizadas en la hiperinflación que marcó a fuego a la mía, y fue aplacada por la Nueva Política Económica que nos trajo estabilidad a un alto costo social. Pasamos por algunas plagas –el cólera, el SIDA, y otros virus de tipo corona (menos letales, menos dramáticos que el actual)- algunas de las cuales cobraron víctimas locales y otra que apenas rozaron nuestros pagos. Lo que quiero decir es que nuestras “pandemias” fueron sobre todo de tipo político y económico antes que de salud pública.

Hago esta introducción porque, a un salto de tres décadas que nos coloca en la actualidad,  observo con expectativa de analista lo que, con tres meses de diferencia, están experimentando los jóvenes, mujeres y hombres, de entre 18 a 28 años, mitad millenials, mitad centenials, en la clasificación global; pero para nuestro mejor entender, simplemente generación “pitita”.

A su temprana edad, estos muchachos y muchachas han protagonizado y están sobrellevando –lo hacemos también nosotros, ya lo he dicho, pero desde otra posición- dos hechos de colosal magnitud: la gesta democrática que puso fin a la dictadura de Morales Ayma, luego de su no menos colosal fraude en su intento por prorrogarse indefinidamente en el poder, gesta que concluyó con la huida del dictador que aseguraba que “solo muerto” saldría del palacio. El compromiso de estos nuevos ciudadanos, análogo al de quienes se jugaron la vida por la democracia hace cuatro décadas, liberó a Bolivia de la tiranía en ciernes enrumbándola hacia un proceso de a la reconstrucción de la institucionalidad democrática que debía continuar con las elecciones programadas para el 3 de mayo, fecha que, dicho sea de paso, aún no ha sido modificada.

Y ahora, esto. Si bien por el rango de edad no se encuentran entre los grupos de riesgo, están cumpliendo con responsabilidad los protocolos determinados para este periodo y, cómo no, con la cuarentena. Tomada desde su concepción sociológica, la juventud se encuentra en suspenso, dado que algunos aspectos que la definen están algo contenidos, especialmente sus alas.

Podríamos decir que su paso por la vida se aceleró abruptamente en cuestión de meses y ya cuentan en su haber con experiencias que también los marcarán como generación. Si a eso sumamos la consignación (lo que la sociedad espera de ella), a esta generación se le encargará llevar un fardo pesado: una suerte de reingeniería integral de la sociedad en la que lo ambiental, lo emocional, la creatividad, unas nuevas formas colaborativas, una economía “del corazón” (sostenibilidad + empatía), una ciencia del ser, antes que del poder, y una educación tecno-eco-humanista, entre los “encargos” que puedo vislumbrar.

Si algo podemos sacar de positivo de esta crisis de salud pública a escala mundial, incluido el colapso de los sistemas de salud, es que el confinamiento parece haber acelerado esta nueva conciencia, facilitando a las nuevas generaciones la consecución de tal transformación.

miércoles, 25 de marzo de 2020

Pastillas de Creativol



Una de las cuestiones que seguramente inquietan a buena parte de la ciudadanía, aquella que no está acostumbrada a permanecer en claustro durante una temporada indefinida -si bien hay un límite decretado para la cuarentena, dependerá de cómo se desarrolla el control de la pandemia en nuestro país para determinar si el plazo se mantiene o se extiende- es cómo hacer más llevadera la vida en el encierro. Pienso, sin embargo, en quienes apenas pueden sostener su economía en circunstancias normales y me da vértigo imaginarlos en confinamiento; una solidaria cadena de socorro podría paliar su falta de generación de recursos para satisfacer necesidades muy básicas (admito también que una cosa es decirlo y otra el poder ponerlo en práctica; pero en momentos de gran dolor suele emerger una sinergia social-estatal que lo consigue).

No es que una familia relativamente acomodada pueda sostener indefinidamente una situación –la del encierro- pero mientras más se prologue, la convivencia se hará más compleja: están los efectos gratos, el reencuentro familiar, por ejemplo, pero la limitación física es un reto a nuestra capacidad de generar actividades gratificantes. Por medio de las redes sociales se han estado divulgando sugerencias muy atractivas que van en esa línea.

Hay quienes tienen la fortuna –es mi caso- de que su fuente laboral hubiera optado por el teletrabajo; bajo esta modalidad, uno cumple su jornada laboral de manera análoga a la presencial, aunque en absoluta dependencia de la conectividad que no siempre es óptima. Con todo, es la mejor de las opciones posibles (aplicable solo a cierto tipo de trabajos, además). Empero, ¿el resto del tiempo: las horas de esparcimiento, el fin de semana…?

En tal sentido, tengo el atrevimiento de poner a disposición suya un espacio virtual de mi creación al que le dedico unos minutos al día –llueva o truene- desde agosto de 2015, pero antes de entrar en detalles haré un par de consideraciones.

No se tome a la presente como una publi-columna; lo sería si lo ofrecido fuera a cambio de pago. No solo que no lo es, sino que ni siquiera tiene objeto de lucro, es de libre acceso – de hecho, alrededor de ochocientos ciudadanos están registrados como participantes- y nadie está obligado a verlo.

El otro asunto se refiere al “ranking” de competencias laborales más valoradas en la actualidad. El podio se ve así: 1) Pensamiento crítico 2) Resolución de problemas complejos y 3) Creatividad. Nuestra actividad tiene que ver con la tercera, aunque yo pienso que las tres forman un sistema muy poderoso. Hasta hace 15 años, la creatividad figuraba en el puesto 10 de tales competencias y, de acuerdo a Nicanor Ursúa (Cerebro y conocimiento: un enfoque evolucionista, editorial Anthropos, 1993), el siglo XXII será el Siglo de la Creatividad.

¿Qué tal, entonces, una pastilla de creatividad por día? De eso trata la página “Creativol” alojada en la red Facebook, de estimular la generación de ideas y fortalecer el pensamiento creativo en quienes se acercan a este lugar, mediante textos seleccionados (esas son las “pastillas”), uno por día, de todos los aspectos que involucra esta posesión humana.

Me seduce la idea de hacer de esta iniciativa una herramienta interactiva; pero eso requiere tiempo que, por lo pronto el administrador –el autor de este artículo- no dispone: un foro que involucre a los estudios de la creatividad locales o una galería de emprendimientos de jóvenes creativos, por ejemplo. Quizás esto merezca la creación de otro instrumento vinculado al que es motivo del presente texto.
Queda usted cordialmente invitado(a) a darse una vuelta por “Creativol”.

miércoles, 11 de marzo de 2020

Esas malas palabras



Una ventaja de no estar ligado orgánicamente a una u otra campaña electoral es la de poder expresarme sin cálculo y sin temor a ser políticamente incorrecto.

Digo esto a raíz de batallas de baja intensidad entre candidatos de la dispersa oposición al MAS que se “acusan” mutuamente de plantear la privatización en sus programas con miras a ejercer el poder durante los próximos cinco años.

Es curioso cómo quienes no solo pensaron en abstracto sobre la conversión de las empresas estatales deficitarias o, inclusive, prácticamente en bancarrota, al sector privado, sino que promovieron con convicción tal tránsito, hoy se hagan los ofendidos cuando otro que también hizo lo propio, insinúe que este o aquel van a privatizar esta o aquella empresa estatal –distingo “estatal” de “pública” por razones de precisión que expondré luego-.

A ver, ¿Desde cuándo “privatizar” o su derivada “privatización” son malas palabras? Que el antiguo régimen las considere como tales responde a su orientación ideológica que propende al control absoluto por parte del Estado de la actividad económica suena hasta honesto. En otra vereda, la del capitalismo de Estado, la cosa es algo contradictoria, aunque muy típicamente latinoamericana en su vertiente del populismo de derecha (El régimen del Banzer de los setentas era tan o más estatista que el de Morales Ayma).

Permítame decir que la privatización antes que un asunto ideológico es uno de sentido común, de razones prácticas. No se tendría siquiera que haber acuñado el término si el Estado no se hubiera metido en terrenos que son de su incumbencia. ¡Ojo!, no se me tome por antiestatista a ultranza. Para su propio sustento, para dar apoyo a la cultura y para brindar servicios a sectores de la población que de otra manera no accederían a los mismos, los impuestos son insuficientes y no es prohibitivo que el Estado sea el propietario y administrador de empresas llamadas “estratégicas” –por el bien común o por la soberanía- y suministrador de servicios públicos que, como de algunos tipos de transporte, trabajan a pérdida –en casos como estos, el proveedor del servicio (municipio, gobernación o Estado central) deben dejar en claro que estas actividades no por objeto el lucro, aunque se hará lo posible por optimizar la eficiencia. Incluso con las salvedades mencionadas, ciertas decisiones políticas resultan lapidarias, como en el caso del emplazamiento de la planta de producción de úrea en Bulo Bulo.

Pero de ahí a que Estado entre en plan de competencia desleal a la empresa privada –generalmente bajo el supuesto de tener mercado asegurado, o sea el propio Estado- hay una sideral distancia. Al final, lo único seguro es que estas “empresas estatales” acaben devoradas por la corrupción dado que el principal motivo de su creación es dar “pegas” a su clientela política que ya no tiene cabida en la burocracia estatal.

Por otro lado, no hay un modelo absoluto de privatización. Probablemente, la empresa “Guabirá” sea el ejemplo más emblemático de conversión –compárela con el fiasco llamado “San Buenaventura” y no se hable más-. También está el modelo conocido como “capitalización” (otra mala palabra) que funcionó muy bien con Entel, que luego fue reestatizada y se convirtió en la “caja chica” del régimen de Morales Ayma.

Estoy consciente de que plantear la privatización no es rentable electoralmente; estoy consciente, también, de que la concepción estatista de la economía está fuertemente arraigada en buena parte de la población boliviana. Pero de que va a llegar el momento de hablar a calzón quitado del asunto, no me cabe duda. Lo importante será quitarse los dogmas. Para ello, habrá que revisar los procesos aplicados durante los gobiernos de Paz Zamora y de Sánchez de Lozada (el primero), rescatar y mejorar lo bueno de los mismos y evitar lo malo que, sin duda, también lo hubo.

miércoles, 26 de febrero de 2020

Hat trick a la inversa






No es necesario ser entendido en fútbol para estar familiarizado con la popular expresión inglesa hat trick, que indica que un jugador ha marcado tres goles durante un solo partido, algo no muy frecuente, aunque tampoco extremadamente inusual.

De esto último sabía muy bien la clientela política del dictador atrincherado en Argentina que aplaudía a rabiar, y con dianas de fondo, los goles que éste marcaba –al por mayor- en partidos propagandísticos diseñados –y transmitidos- para elevar su aura de portentoso semidiós.

Desde que se afincó en la tierra de Charly García, gozando de la generosa protección del régimen kirchnerista, el aludido está jugando otro encuentro y, como de costumbre, lo hace con rodillazos de antología.

La diferencia con sus anteriores jugadas es que en el nuevo escenario ya no maneja los hilos del poder y lo que antes eran goles se han convertido en autogol(p)es. El sujeto sigue introduciendo tantos al arco, pero al propio. ¿Qué otra cosa sino un hat trick a la inversa es el conjunto de autogol(p)es que el hombre se ha metido? Uno a uno, iremos analizando dichos tantos en contra.

Apenas comenzado el juego en suelo gaucho, el terror del área hizo, de panza, el primero de tres gol(p)es a su propio arco. En un arranque desde media cancha disparó el ya célebre llamado a organizar milicias armadas a su hipotética vuelta al país en el que es detestado por el 70% de la población. Semejante despropósito se volcó en contra suya causándole una reconvención –un sonoro jalón de orejas- de parte de su desprendido anfitrión que le recordó que es libre de hacer campaña siempre y cuando no comprometa al Estado argentino en sus negociaciones para salir del fango financiero en el que se encuentra. Como pocas veces en su vida, la situación obligó al dictadorcillo a tragarse sus palabras. Pero la tribuna ya había registrado el autogolazo.

Poco le duró al sujeto el arrepentimiento –y. curiosamente, el régimen “K” esta vez se hizo al desentendido- porque ante su inhabilitación como candidato a senador –mirando una toma de la silla presidencial por la vía de la sucesión, en un plan perversamente urdido- el autogoleador anotó, ahora de nariz, una especie de blooper, el segundo guarismo a su pórtico: amenazó a Bolivia “revelando” que tiene amigos militares –“patriotas”, los llamó- que lo tienen al tanto de lo que sucede y que seguirá en contacto con éstos. Sin duda, su intención es la de sembrar dudas al interior de las FFAA y provocar una desestabilización del país. Lo que no parece apropiado es la falta de respuesta –al menos yo no me enteré de alguna, si es que la hubo-  de las FFAA ante la afrenta de que fueran objeto por parte del tirano autodesterrado. Aun así, el arco del individuo quedó, una vez más, “perforado” (para usar un término con el que se refería a las mujeres).

Comoquiera que sus bravuconerías ya no impresionaban ni a propios ni a extraños, este personaje de historieta barata, patrocinado por sinvergüenzas de toga, intenta recurrir al clásico “le meto nomás” intentando burlar la ley que ha declarado inapelable su inhabilitación. Como cualquier parroquiano sabe, la última palabra en materia electoral la tiene el Poder Electoral, instancia repuesta en la Constitución promovida por el partido de quien ahora se presenta como víctima del sistema.
Con esta acción, “el que no puede entender” encaja otro autogol(pe) a su valla y agota su munición menuda –la gruesa ya la gastó en octubre- y se convierte en un invitado apestoso para la Casa Rosada.

Bolivia, democrática y libre, ya no está para aguantar rodillazos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Disonancias



Cuando se produjo la gesta ciudadana que desembocó en la despavorida huida del tirano que gobernó el país hasta hace poco, la cancha del retorno a la democracia quedó prácticamente rayada de la siguiente manera: la presidenta transitoria recibió el mandato implícito de garantizar un proceso electoral transparente que concluyese con la entrega, de parte suya, del gobierno a su sucesor(a), el o la ciudadano(a) que, en primera o segunda vuelta, se alzara con el triunfo en las urnas; el señor Morales Ayma y sus cómplices evadidos o asilados y su partido en capilla en razón del fraude montado para permanecer en el poder –a la espera de saber si se le permitiría participar del proceso electoral en curso-; y un grupo de candidatos proveniente de los “sobrevivientes” de la fraudulenta elección al que se fueron sumando quienes alcanzaron o recuperaron notoriedad por su reconocida contribución al triunfo de Bolivia sobre la dictadura. ¡Qué lejos parece aquel momento!

Respecto a lo primero, dos importantes hechos trazaron el camino: la recomposición del tribunal electoral –y la respectiva convocatoria- y la prolongación del mandato –ya hecho explícito-.

En cuanto a lo segundo, en una decisión más política –en la vía de la pacificación- que institucional, se optó por que el MAS participe de la justa y, además se quede con la mayor tajada de los recursos para campaña que asigna el TSE –sobre la base de cálculo de los resultados de los comicios de 2014- ¡Inmerecido premio a los perpetradores de uno de los mayores fraudes de la historia!

Finalmente, tras algunos episodios accidentados, los binomios fueron tomando cuerpo. En tales condiciones, la población comenzaba a alinearse con unos u otros o esperando la confirmación de alguno más. Y entonces, aparecieron las disonancias.

Apartándose del mandato confiado a su persona en virtud de la sucesión que llegó hasta su cargo legislativo –lo que se llama “estar en el lugar correcto el momento preciso”- la Sra. Áñez decidió introducir ruido ensordecedor en la disputa electoral anunciando su postulación. Sus primeras comparecencias en calidad de presidenta-candidata han sido poco afortunadas dadas las atenciones protocolares que se le brindan en las mismas, en desmedro del resto de los competidores lo que, quiérase o no, marca cierta desigualdad en los foros en los que coinciden. Si, como se alega, es por la investidura de la Presidenta, esta justificación no hace más que ratificar que se usa el cargo para obtener ciertas ventajas. Por otra parte, si lo que debe prevalecer en estos casos es el puesto sobre la candidatura, no hay que olvidar que entre los candidatos figuran dos expresidentes y, digo yo, tendrían que ocupar los flancos de la presidenta-candidata en las testeras que les toque compartir.

A mi juicio, la Sra. Áñez parte de un supuesto erróneo que, aunque hipotéticamente le permita prorrogarse en el poder, no le dejaría gobernar con la misma soltura con la que lo hace ahora. El margen de movimiento que la situación emergente de noviembre le ha dado, no se repetirá ni mínimamente en un periodo “normal”. Su apuesta compromete seriamente su futuro político –y el de la democracia, paradójicamente-.

La siguiente estridencia la introdujo el inefable sujeto que optó por dejar Bolivia y, desde fuera, instruir a sus huestes dejar sin alimento a las ciudades.  Con la inscripción de su nombre en las listas de su “instrumento”, como gustan llamarlo sus amarrahuatos, se presenta otro elemento de provocación a la ciudadanía. Presentadas las observaciones del tribunal y las impugnaciones que podrán sobrevenir a una habilitación que le facilitaría primero, el acceso al Senado y, luego, a la Presidencia del mismo, colocándose como segundo en la línea de sucesión –cosa improbable pero no imposible- espero que tal bulla sea, finalmente, silenciada.