domingo, 5 de febrero de 2023

3 de febrero de 1959: “El día en el que murió la música”

 



 

Pero febrero me hizo estremecer 
Con cada diario que entregaría
Malas noticias en la puerta
No pude dar un paso más

No puedo recordar si lloré
Cuando leí acerca de su novia que dejaba viuda
Pero algo me tocó muy profundamente
El día que la música murió 

 

Nada más pertinente que abrir estas líneas con la segunda y tercera estrofas de la letra de la canción “American Pie” del cantautor Don McLean –probablemente más conocida entre nosotros por la versión de Madonna-.

En ellas, el narrador expresa su consternación ante el acontecimiento que vamos a recordar. Lo hace a manera de despedida de una era, de una suerte de adiós a la inocencia, de la sospecha de que nada volvería a ser igual que, a lo largo de la pieza, va sumando otras circunstancias tormentosas -que no hacen a la efeméride en cuestión- siempre seguidas del estribillo “Bye, bye, Miss American Pie” (Adiós, Señorita American Pie – en referencia al pie de manzana, símbolo de la cultura estadounidense-).

Tendría que tener alrededor de 75 a 80 años para pretender haber sentido lo que McLean menciona en su canción pero, no obstante tener algunos menos, considero que aquella vez, 3 de febrero de 1959, sucedió “algo” que remeció no sólo a los gringos, sino a todo el occidente que comenzaba a adoptar nuevas formas musicales, esta vez popularizadas por jovencitos con aire inocentemente rebelde. Salvando escalas y distancias, imagino que personas que ni siquiera estaban en proyecto el 11 de septiembre de 2001, podrán hablar con mucha familiaridad sobre lo acontecido aquel día –en 2042, por poner un año- porque seguirá en el aire la sensación de que aquel día sucedió “algo”.

Sin que tuviera aun en mente escribir esto, los últimos días de 2018 se me dio por escuchar una y otra vez canciones de Buddy Holly & The Crickets y volví a sentir esa frescura que me produjo cuando lo hice por primera vez, además de convencerme de que el hombre era un fantástico compositor de piezas de dos minutos y medio como máximo. En una de esas audiciones le conté su historia que es la que viene a continuación, no sin antes mencionar lo que ella me dijo luego de conocerla: “(después de escuchar la obra de Holly)… ¿Qué más podría haber hecho?). Ciertamente, el corpus musical de Holly parece una generosa obra artística. Nos ocuparemos también de Ritchie Valens y mencionaremos a The Big Bopper.

Del catálogo legado por el artista texano podría decirse que sirvió para su introducción a la “nueva” música a muchos aspirantes a astros del pop-rock. Si pensamos en los Beatles, por ejemplo, puede afirmarse que mientras, tanto vocal como expresivamente, Paul McCartney imitaba a Little Richard, Lennon lo hacía respecto de Buddy Holly. Mientras McCartney forzaba sus cuerdas vocales con “Long Tall Sally”, Lennon las acariciaba en “Words of Love”. Si bien no hay un registro de “Rave on” por los de Liverpool –estoy seguro de que la tuvieron que haber ensayado algún momento- escuchando “Oh Yoko” del álbum “Double Fantasy” (1980) queda claro que Lennon está haciendo un guiño al estilo y timbre vocales de Holly. Los Rolling Stones no quedaron indiferentes a la influencia del americano y lo plasmaron en su salvaje versión de “Not fade away” (1964), con la que, además, abrieron los conciertos de su gira “Voodoo Lounge” (1994-1995) –en la que, dicho sea de paso, me anoté-.

Otras versiones que me vienen a la memoria son: “It´s so easy” (Linda Ronstadt), “Well all right” (Blind Fate, Santana), “Not fade away” (Black Oak Arkansas), “Heartbeat” (The Knack), “Raining in my heart” (Leo Sayer), “That’ll be the day” (Keith Richards) y “Rave on” (Status Quo).

Ritchie Valens pasó a la historia del rock and roll por haber hecho la versión para dicho género de la tradicional canción mexicana “La Bamba”. La película homónima de 1987 cuenta la dura vida y la muerte del muchacho cuando se encontraba en pleno ascenso en su carrera artística. Dado el hecho de que la pieza estaba cantada en español –un español algo desteñido- se le reconoce a Valens haber contribuido a la popularización de nuestra lengua en Estados Unidos.

J.P. Richardson, más conocido como “The Big Bopper”, se desempeñaba como disc jockey y cantante. Su tema emblemático fue “Chantilly lace” que incluye la frase inicial “Hello baby” modulada a su manera, y que se convirtió en su marca registrada.

El 3 de febrero de 1959, Big Bopper tenía 28 años; Holly, 22 y Valens, 17.

El infortunio hizo que la avioneta en la que se trasladaban durante su gira de aquella temporada. Aquel fue el “día en el que murió la música”.

miércoles, 25 de enero de 2023

¿Mandó Arce a retiro a Morales?

 


Una duda, razonable dadas las circunstancias, que ronda por el ambiente es la de si la pugna de poder entre facciones del régimen -dos ya plenamente consolidadas: la “conservadora”, que responde al señor Morales Ayma, y la “renovadora”, que promueve la candidatura del Presidente- es auténtica o si se trata de una táctica distractiva que no afectaría a la unidad del “instrumento”, como le llaman sus muchachos.

Abona a la segunda hipótesis el hecho de que muchas organizaciones partidarias arreglaron sus diferencias por el “bien mayor” (el poder) y encontraron maneras de restañar heridas infligidas en las batallas libradas en el camino.

La primera, que es la que me tinka, y que, inevitablemente, derivará en ruptura, se apoya en que los bandos han llevado las cosas demasiado lejos en sus recíprocas acusaciones. Si bien es corriente -y hasta saludable- que entre partes (una pareja, digamos) surjan conflictos, cuando éstas empiezan a mentarse la madre ya estamos hablando de un camino sin retorno. Y lo menos que se han dicho entre masistas es “narcotraficante”. ¿Serán posible un arreglo luego de eso? (“lo dije en un momento de ofuscación”, “usted no es, en absoluto, narco; es un santo digno de reverencia”, “no me haga caso, se me ‘chispoteó’”).

Abona a esto también la “migración” de lealtades dentro del esquema gubernamental con la explícita negación del extodopoderoso –si te he visto, no me acuerdo-. Ya son varios los renegados que aúpan la figura del hermano Lucho, en detrimento de la del cocalero.

Sin despeinarse, Arce excluyó a su mentor político de los actos por el dichoso aniversario del Estado plurinacional, instituido por decreto. Para mayor humillación del “ex” le extendió una tardía invitación como si se tratase del último de la lista.

Y ni qué decir del discurso de don Tilín –que de tal no había tenido nada; es más bien un “matascallando”- en el que se atribuyó la titularidad del tal Estado –entrelíneas se emparentó con su tocayo, Luis XIV de Francia y sonó a “El Estado plurinacional soy yo”-. En su interesante cuanto omiso repaso histórico: Toro-Villarroel-Busch… y un largo salto hasta Quiroga Santa Cruz (el Gobierno era el del militar Ovando Candia) para rematar en Morales Ayma como “inspiradores/constructores” del EPB. Y ese es el lugar del jefazo: la historia, el pasado. Implícitamente, el hermano Lucho mandó a jubilación al hermano Emo.

Tal invitación al retiro –invitación más seria que la del festejo- parece coincidir con los aprestos electorales que el arcismo está actuando a través de sus operadores, moviendo los hilos de la justicia, ajustándolos o soltándolos según sea el caso.

En el círculo que encapsula a Arce está, por ejemplo, el Vocero, quien fuera hombre de confianza del alcalde de Cochabamba, Reyes Villa, autoridad “de oposición” que optó por desentenderse de la demanda ciudadana por democracia y justicia -Estado de derecho, en suma- y que tampoco había acompañado la lucha por un censo transparente y oportuno. ¿Recuerda usted que cuando aún no se había consolidado el resultado de las elecciones de 2002, creyendo que NFR las había ganado? ¿Fue el actual vocero quien llegó a La Paz y se puso a medir los ventanales del Palacio de Gobierno, para “encargar cortinas nuevas”? En todo caso, este buen señor se convirtió en especialista en cortinas, pero de humo. Milagrosamente, Reyes Villa dejó de importarle a la “justicia”. ¿Hay un acuerdo electoral en ciernes?

En síntesis, Arce, con proyecto político propio, nos recuerda a otro economista cuando dijo que ya no tenía las manos “atados” y obró en consecuencia.



domingo, 22 de enero de 2023

El secuestro del Ekeko

 


En principio parecía una broma de “inocentes”, pero con el correr de las horas se confirmó que se trataba de una acción comando del régimen. El pequeño regalón, el Ekeko, había sido secuestrado mientras se dirigía a una reunión para coordinar los preparativos de la feria de Alasita de 2023.

Los secuestradores lo tumbaron boca abajo, lo enmanillaron y se lo llevar con rumbo desconocido. Durante horas no se supo nada sobre su paradero hasta que, cinco horas más tarde, el Gran Hermano del Castillo de Greiskull comunicó que el chiquitín se encontraba a mal recaudo en un calabozo de la fortificación.

El jerarca espetó que al petizo se lo acusa de retacón, contestón, insumiso, reilón aunque cascarrabias, falso afán y opositor, lo que causó la indignación de la ciudadanía alasitera que comenzó a movilizarse exigiendo su liberación y la de otros casi doscientos prisioneros sometidos por cargos parecidos. ¡Al Ekeko se lo respeta!, dijeron representantes de la suerte sin blanca, de las negritas fumadoras y de los quevedos fashion.

De momento se sabe que durante la feria habrá actos masivos por la libertad y la justicia en Bolivia y para que, las reservas internacionales del Banco Central de Alasita no se agoten.

Cualquier parecido con la realidad, es una pequeñez.


viernes, 13 de enero de 2023

VEINTICINCO

 


La primera columna de cada año me tomo la licencia para hablar de mí mismo –que no es lo mismo que hablar en primera persona, cosa que hago habitualmente-. Acostumbro hacerlo porque la transición entre el año que se va y el que llega suele ser relativamente “tranquila”, porque quiero hacerme creer que con una duradera resaca a cuestas nadie está dispuesto a prestar demasiada atención a lo que uno opina sobre la condición humana y sus diversas manifestaciones, y porque viene bien darse un descanso ocupándose del rincón propio –otros colegas optan por dejar de escribir/publicar sus artículos, en una especie de vacación opinativa-.

Pensé en romper mi tradición por dos razones: la primera, porque el mes está como “bien entradito” –nunca me había tocado empezar tan tarde- y la segunda, porque justamente en el periodo que menciono han ocurrido –están ocurriendo- hechos de enorme trascendencia en la agenda socio-eco-política del país. Pero, aunque pueda parecer que uno buscase algún pretexto para “sacarle la nalga a la jeringa”, no es así, de modo que, por lo significativo del guarismo del título, me saldré por la tangente. En efecto, veinticinco son los años transcurridos desde 1998.

Imagino que todos tenemos un periodo, no necesariamente durante un mismo año, que marca, así no se lo sepa en su momento, lo que va a definir el resto de nuestras vidas. En mi caso, tal cosa sucedió entre junio y julio de aquel año, cuando se produjeron tres hechos que señalaron mi horizonte de manera decisiva. No quiere decir esto que antes no hubieran sucedido experiencias dignas de mención, pero su huella fue menos profunda en mi vida. Y tampoco es que luego no pasó nada, pero lo que pasó y lo que aún pasará es, de alguna manera, consecuencia de lo que ocurrió entonces.

Comienzo con la paternidad, un asunto biológico, para la ciencia; un acto de amor, para el ser humano en el marco de la cultura: el 15 de julio nació mi hijo, Miguel. Me llegó –la paternidad- relativamente tarde y fue producto de una planificación cuasi-científica con mi esposa de entonces para que el deseado hijo llegara en condiciones óptimas; esto es, que tuviera todo el espacio para el desarrollo de sus expresiones infantiles. Hoy formamos parte de la familia ampliada que mantiene cordiales relaciones entre sus miembros. Hace unos años, el vástago se graduó con honores (magna cum laude) de la Universidad y está embarcado en sus proyectos. ¿Abuelitud? Aún no se vislumbran novedades. Un premio de vida.

Continúo con lo que seguramente le será más familiar a usted que lee mi columna, pues justamente esta “Agua de mote” se empezó a publicar el 98 a raíz de una invitación de Robert Brockmann, entonces subdirector de La Razón. No es que no escribiera en prensa previamente. Al contrario, lo hacía con profusión y al parecer fue uno de mis artículos el que motivó la invitación. Lo que sí era nuevo para mí fue tener un espacio permanente y regular para hacerlo, además del privilegio de estar en la sección editorial. Mi columna fue censurada en 2010 por la nueva estructura propietaria de La Razón, pero inmediatamente, Grover Yapura me ofreció las páginas de La Prensa y, casi si bache, la historia continuó. Tras la desaparición de este medio, Página Siete, que me había tentado anteriormente, me recibió casi naturalmente, y acá estamos.

El tercer factor trascendental en mi vida ese año, fue el comienzo del ejercicio de la docencia universitaria, luego de declinar un par de veces ante invitaciones, finalmente lo acepté como actividad complementaria a mis otras actividades. Lejos estaba de saber que, con el tiempo, la docencia y, más ampliamente, la educación, sería el destino de mis vocaciones. Hoy ejerzo funciones en la Jefatura Enseñanza-Aprendizaje en UNIFRANZ, pronta a cumplir 30 años, casa a la que me debo en la misión, sostenida y estimuante, de transformar la educación en Bolivia.

Agradezco a mi familia –a mi esposa, en particular- a mis lectores, a mis colegas, a mis amigos y amigas por haber contribuido a llegar a estas “bodas de plata” de mi momento germinal.


miércoles, 4 de enero de 2023

Manuscrito pone en duda el Año Nuevo Andino

 


Revista ECOS (Correo del Sur / El Potosí)

Nacido en 1534 y muerto en 1615, Felipe Guamán Poma de Ayala, que se proclamó descendiente de Tupac Yupanqui, jamás conoció ni tuvo referencias sobre un “Año Nuevo Andino”, fiesta que no figura en su famosa Nueva crónica y buen gobierno y, según coinciden los investigadores, en ninguna de las crónicas coloniales tempranas. 

Un artículo de la revista ECOS recuerda que la obra del cronista mencionado, escrita hacia principios de 1600, es una de la más utilizadas por las corrientes indigenistas para encomiar a las civilizaciones que existieron antes de la llegada de los españoles. 

El cronista señala que la fiesta mayor se realizaba en diciembre, cuando era la “fiesta y pascua solemne del sol, que como dicho es, que de todo el cielo de los planetas y estrellas, y cuanto hay es rey el sol; y así Cápac quiere decir rey, Inti: sol, raymi: gran pascua, más que Inti Raymi”. 

Guamán Poma sí menciona una fiesta de junio, cuando se celebra el Año Nuevo Andino, llamada Inti Raymi, pero el autor no la asimila con el inicio de un nuevo año. En junio, dice “hacían la moderada fiesta del Inti Raymi y se gastaba mucho en ello y sacrificaban al sol. Y enterraba al sacrificio llamado capac ocha que enterraban a los niños inocentes quinientos y mucho oro y plata y mullo”.

 Los investigadores consultados sobre este trabajo por la nota de la revista ECOS dijeron que no hay nada en las primeras crónicas que permita afirmar con contundencia que existió un “Año Nuevo Andino” que se iniciaba el 21 de junio. Recordaron que el concepto de “calendario” que introdujeron los españoles no coincidía con el que manejaban los pueblos andinos. 

Pascale Absi mencionó varios ejemplos de acontecimientos que marcaban el principio de algo y Pablo Quisbert señaló que en el mundo andino existieron cuatro grandes fiestas, que estaban vinculadas con los equinoccios y solsticios.

lunes, 26 de diciembre de 2022

2022: El año de la emancipación de Arce

 



Me toca publicar al filo de la gestión que concluye, cuando todos los medios y los particulares han hecho sus respectivos balances de la mismas. Por tanto, es posible que se digan cosas que ya fueron dichas. Lo menciono a modo de prevención; una columna se va construyendo sobre una idea general y que se va desarrollando mientras uno la escribe.

Podría no abordar mi personal caracterización de lo que nos deja este año, pero rompería con más de una década en tal ejercicio de sentido, que lo vengo haciendo desde 2010. Mi enfoque se dirige tanto al hecho mismo como a lo que representa, simboliza, o, finalmente, por lo que ha significado en nuestro imaginario.

Siempre realizo una retrospectiva de lo anotado en cada año desde entonces, aunque, por razones de espacio, con cada vez más breve referencia al contexto en que se dio tal o cual caracterización; cosa que paso a hacer…

2010: “El año del rodillazo”. Aquel que propinó Morales Ayma a un rival circunstancial en un partido amistoso. Abuso de poder, irrespeto a las normas.

2011: “El año del MASking”. En referencia a la cinta con la que las fuerzas al mando del señor Sacha Llorenti sellaron las bocas de los indígenas de tierras bajas en su marcha por el TIPNIS.

2012: “El año de la caca”. Tomado de una frase de Morales Ayma para graficar, según él, las relaciones del Estado boliviano con el de los Estados Unidos.

2013: “El año de la extorsión”. Cuando una parte del personal de Gobierno estableció un consorcio de carácter extorsivo, ofreciendo intercesión judicial a los presos en general, no solo a los políticos.

2014: “El año del Estado plurinominal”. Las ya ilegales elecciones de entonces, lo fueron más aún con la mala denominación impresa en la papeleta electoral. Sin embargo, como de costumbre, no pasó nada.

2015: “El año de Petardo”. La mascota adoptada por marchistas potosinos fue todo un símbolo de la democracia por entonces.

2016: “El año NO-Evo”. La ciudadanía se expresó mayoritariamente en contra de la reelección indefinida del tirano.

2017: “El año del Nulo”. Nueva, y contundente, derrota del régimen. Esta vez en las elecciones judiciales.

2018: “El año de la doble pérdida”. Bolivia perdió definitivamente el mar con el fallo de la Corte Internacional de Justicia y perdió la democracia con la sentencia del Tribunal Constitucional allanando la elección indefinida del tirano, a título de un supuesto “derecho humano” a la misma. El primer caso tuvo, este año, su correlato con el fallo contrario a Bolivia en el caso Silala.

2019: “El año de la gesta democrática de Bolivia”. La ciudadanía, que había soportado estoicamente años de arbitrariedades del autócrata ya no permaneció impávida ante el evidente fraude electoral y el tirano tuvo que tomar las de Villadiego. Lo que vino luego, como gestión de gobierno, es otra historia.

2020: “El año de la Calamidad”. Llegó la pandemia, con sus terribles consecuencias en términos de pérdidas de nuestros seres queridos.

2021: “El año del aguante”. Se pidió a la ciudadanía aguantar el embate de la pandemia mientras se gestionaban las vacunas.

Ahora, sí. 2022: “El año de la emancipación de Arce”. Hasta abril de este año, el Presidente era una especie de Cámpora o Mevédev, es decir un muñeco obediente a los designios del Jefazo, al extremo de ganarse el sobrenombre de “Tilín” –estuve tentado de ponerlo en el título-. Pero, como anoté en una anterior columna, la marioneta adquirió vida propia, de forma más parecida a la de Lenin Moreno, aunque éste lo hizo apenas fue posesionado, propiciando un juicio contra Rafael Correa que anuló toda posibilidad de éste a participar en las elecciones anteriores. ¿Hará Arce algo similar con Morales Ayma?



martes, 13 de diciembre de 2022

Dependencias prescindibles

 


Me costó decidir qué adjetivo emplear para el título. En primera instancia pensé en “inútiles”, pero en condiciones normales, al menos dos de ellas, no lo son; luego se me ocurrió “impresentables”, pero suena demasiado coloquial. Finalmente, opté por “prescindibles” porque tal como están no tienen razón de ser y, por lo menos una debería desaparecer definitivamente. Vayamos por partes.

Previamente y durante el desarrollo de la asamblea constituyente, el cocalero en función de Presidente bajó la línea de eliminar la Defensoría del Pueblo con el peregrino argumento de que como “el pueblo llegó al poder”, la institución era innecesaria. Él sabía que la entidad supondría una piedra en el zapato para sus aspiraciones a autócrata.

Primó el sentido común y la Defensoría se incluyó en la CPE –artículos 216 y sucesivos- señalando que su naturaleza es la de velar por la vigencia, promoción, difusión y cumplimiento de los derechos humanos.

Y como suele decirse, “hecha la ley, hecha la trampa”, el momento en que al congreso controlado por Morales le tocó elegir –“nombrar” sería más apropiado para lo que sucedió- al nuevo titular lo hizo por quien consideraba como afín al régimen. El ciudadano en cuestión, con gran dignidad, evidentemente se constituyó en una piedra en el zapato del susodicho. Rolando Villena no se comportó como el amarrahuatos que el régimen quería.

Con tal experiencia, contraproducente para Morales y compañía, el MAS se aseguró, para la siguiente oportunidad, de nombrar a uno de los suyos, quien armó un equipo azulado del cual surgió su sucesora, hoy premiada con un cargo gubernamental. Estas dos últimas gestiones marcan la caída libre de la que se convirtió en un apéndice del régimen. Como quiso en principio, Morales Ayma consiguió matar a la Defensoría. En nuevo defensor, un masista anodino, calló en siete idiomas ante los abusos de personal estatal contra la población civil.

En tales condiciones, ¿es deseable la continuidad de dicha instancia? Definitivamente no, al menos hasta que la democracia retorne. Cualquier observatorio de derechos humanos hace mil veces mejor las labores que se supone debe hacer la DP y no le cuestan nada al erario público.

La necesidad de contar con una Procuraduría surgió del hecho de que el Estado perdía, en connivencia con los demandantes probablemente, prácticamente todos los juicios que se le entablaban. No fue, como reclaman desde el régimen, una idea exclusivamente del MAS; varias plataformas, incluida una de la que mi persona formaba parte, propusieron incluirla en la CPE, cosa que ocurrió –artículos 229 y sucesivos- con la misión de “precautelar los intereses del Estado”. Pues bien, el remedio, en manos del MAS, resultó peor que la enfermedad y, en particular, el actual Procurador ha hecho de todo –incluso ha jugado a instalar un TSE paralelo- y, como en el caso anterior, en las condiciones presentes, no tiene ningún sentido destinar una chorrera de recursos públicos para seguir perdiendo procesos. Nuevamente, cuando la institucionalidad retorne, podría volver a funcionar.

Por último, la peor de todas, la infame DIREMAR, a la que ya Página Siete le dedicó un editorial en el mismo sentido de esta columna. Sin mayor anestesia, debe ser disuelta ipso facto. Es la vergüenza mayor del Estado. Una de las condiciones para aprobar el PGE del 2023 es la de cortarle el financiamiento –tal vez dejarle un mínimo para su liquidación-. A diferencia de las dos entidades anteriores, ésta no tiene razón de ser y ni con un estado de derecho consolidado podría volver.

Deseo para los ciudadanos y ciudadanas de Bolivia una Navidad con la esperanza de mejores días.