miércoles, 4 de octubre de 2023

"Congreso express", en suspenso

 


Como me ha sucedido varias veces –y supongo que a mis colegas columnistas les ocurre también- entre columna y columna voy meditando el asunto que abordaré llegado el momento de escribir. Y cuando llega, es casi cuestión de transcribir al “papel” lo que uno ya tenía en la mente.

Pero la dinámica de los acontecimientos se interpone y, por refracción, optamos por cambiar de rumbo.

De lo que menos quería tratar es del dichoso congreso del ala “evista” del instrumento del régimen. Pero la fuerza de la coyuntura –la admisión, por parte de la Sala Constitucional de un recurso interpuesto por uno de los sectores de aquel, las “bartolinas”- se devora cualquier otra intención temática, por muy edificante que fuera.

Ahora bien, antes de adentrarnos en los posibles escenarios que conlleva este hecho, todos sombríos lamentablemente, echemos, ¡juro que no quería hacerlo!, una mirada al sainete montado por el señor Morales Ayma y sus valedores –desplazados del gobierno, en general-.

La concentración de Lauca Ñ responde a la urgencia del mencionado personaje de ganarle de mano la candidatura a la Presidencia a nombre del “instrumento político” al Presidente, que se encuentra en afanes similares y hará otro tanto en el anunciado Cabildo de El Alto, el 17 de octubre.

Con la “sutileza” que lo caracteriza, sin embargo, el expresidente, se autoproclamó candidato –fue obligado a hacerlo, dizque- y ya quedó claro que el único objeto del mitin entre amigotes era “oficializar” tal nominación –pasándose por la entrepierna la “formalidad” de las primarias. Ni siquiera hubo un contendor “pantalla” para simular una suerte de elección. Ciertamente, hubo algunas resoluciones para pretender darle un carácter orgánico y legal, aunque demasiado obvias como para darle la credibilidad que manipuladoramente pretendía.

En las previas del evento, los órganos llamados a pronunciarse sobre la legalidad del mismo, particularmente el TSE, huyeron de la “papa caliente”; algunos de sus miembros arguyeron, casualmente, vacaciones o baja médica. Nunca se instaló Sala Plena para analizar la situación, aunque delegaron veedores (mirones) al lugar. Inmediatamente, Morales Ayma y sus muchachos aseguraron que tal comisión daba legalidad al encuentro.

En suma, se trató de un “Congreso Express” (como el torneo que pretendía la muy venida a menos FBF) cuya única finalidad era la que se mencionó previamente.

Y cuando el cocalero comenzaba a celebrar su candidatura, la Sala Constitucional admite el recurso planteado por el ala “arcista” y corresponde la suspensión del junte en tanto se resuelva el recurso, para lo cual tendría que instalarse audiencia hoy (corren apuestas sobre si se instala o no).

Si usted piensa que me encuentro batiendo palmas por tal situación, está completamente equivocado(a). Aun pudiendo coincidir en que la convocatoria a tal “congreso” fue espuria, estoy consciente de que la decisión de admitir el recurso no se la hizo por razones jurídicas, sino exclusivamente política; y eso no es justicia. Había que decirlo y se lo dijo.

Por tanto, algunos de los escenarios posibles son:

-       Dependiendo de cuándo se instala la audiencia y de los alegatos de una parte y de la otra, cuánto tiempo más durará el suspenso.

-       Si resulta favorable al ala evista (cosa poco probable por lo antedicho respecto de la “justicia”) obviamente ésta se empoderará y ya escucharemos a Morales Ayma subiendo, aún más, el tono de sus amenazas.

-       Si resulta favorable al ala “arcista”, probablemente derive en la proscripción/persecución a sus más emblemáticos representantes, tal como ellos lo hicieron con los opositores cuando ejercieron el gobierno.

Total, que tenemos show para rato. ¿Y la ciudadanía? Bien, gracias.

miércoles, 20 de septiembre de 2023

Fondeados

 


No debe ser muy grato para quien, en condición de ministro de Economía, “administró” la bonanza proveniente de los ingresos por la venta de gas y, años después, en calidad de Presidente, tener que gobernar con los despojos que quedaron luego de, precisamente, aquella fiesta. Es que, como se sabe, administrar la abundancia no tiene mérito alguno: prácticamente –considerando, sobre todo, el cómo se lo hizo- cualquiera podría haberlo hecho; básicamente, la economía trata de la administración de la escasez. Los grandes economistas en función pública son aquellos que, a pesar de la situación álgida se dieron maneras de sacar a flote la nave de la macroeconomía, con mayor o menor costo social, motivo por el cual no siempre son reconocidos como se lo merecerían.

Generalmente son otros los que enmiendan los desaciertos cometidos por anteriores funcionarios, pero a Arce le toca afrontar las consecuencias de su propia (indi)gestión como ministro de Morales Ayma. Es su oportunidad para que se muestre como economista y deje atrás su rol de cajero –que eso es lo que fue-.

Alguna señal ha dado: a la manera de un alcohólico anónimo que reconoce que es un enfermo, el señor en cuestión ha admitido que estamos en la lona; o sea, que los tiempos de alfombras persas y “economía blindada” se acabaron. Con ello, uno de los rasgos del populismo, el hacer creer, propaganda mediante, que vivimos en el país de las maravillas, pese a las evidencias en sentido contrario, es contradicho por el propio Presi.

Ciertamente, una autoridad debe transmitir, en la medida de lo posible, una sensación de confianza, incluso, políticamente, disfrazar algún indicador para no generar pánico; pero también debe tener la suficiente sabiduría como para sincerarse cuando la situación se torna insostenible, como es el caso.

Consciente del momento que atravesaban el mundo y su país en particular, Winston Churchill ofreció “sangre, sudor y lágrimas” (también ofreció esfuerzo) al asumir como Primer Ministro del Reino Unido y cumplió. A un costo altísimo, Inglaterra fue uno de los ganadores de la Segunda Guerra Mundial. A su término, el votante británico no lo hizo ganador de la siguiente elección: creyó, ese momento, que Churchill servía para gobernar en tiempos de guerra y no para hacerlo en tiempos de paz.

Es célebre también la frase de Víctor Paz Estenssoro “Bolivia se nos muere”, para, acto seguido, aplicar un plan de ajuste estructural, “relocalización” incluida que, tal como predijo, fue una coyuntura que duró veinte años, en los que en su vientre chapareño se gestó el populismo cocalero, otra coyuntura agotada en dos décadas de jauja con recursos públicos.

El haber “tocado fondo” que el Presidente confesó respecto a la producción de gas, luego extendido a “hasta ahí nomás alcanza nuestro bolsillo”, es, según se vea, un gesto de sinceramiento que no condice con el populismo o una admisión de su propia incapacidad como ministro, primero y como Jefe de Estado, luego. O ambas cosas a la vez.

Este tocar fondo no sólo se verifica en la producción gasífera; se extiende a la gestión estatal en general, a la moral de los funcionarios (corrupción galopante), a la criminalidad (narcotráfico, contrabando, trata), y por si faltara algo –un algo que no tiene que ver con el Gobierno, pero es un reflejo de cómo anda las cosas- al fútbol.

Hay excepciones privadas, de las que nos colgamos todos, como la de los fondistas Garibay y Camargo. Pero, en general, estamos fondeados. La próxima coyuntura podría tener como eje “Educación, educación y más educación”. Amén.


miércoles, 6 de septiembre de 2023

Pal lamento

 


El asunto del que me ocuparé no es el que domina la agenda de la deliberación pública: los narcoescándalos, la crisis futbolera y la implosión del régimen ocupan la atención de medios y ciudadanos. Son importantes, claro que sí, pero cubren con un manto de niebla algo que, para el suscrito, reviste el mayor de los cuidados.

Mi hipersensibilidad democrática se ha visto nuevamente golpeada ante un hecho desgraciado que hiere de muerte –una suerte de tiro de gracia- a la propio Estado de Derecho.

Para que el señor Morales Ayma y yo –probablemente el sujeto no tenga idea de mi existencia (pues no lee, como él mismo confiesa), cosa que me tiene sin cuidado- coincidamos en algo, la cosa debe ser gravísima. Debo aclarar, sin embargo, que lo hacemos por razones absolutamente disímiles. Aquel, por el pleito que libra contra su exministro de Economía –hoy devenido en Presidente- y mi persona, por una indeclinable vocación democrática, alejada de todo interés coyuntural.

Supongo que, a estas alturas de la lectura, usted sabe que estoy hablando de la acción gubernamental que asesta un golpe –en sentido estricto- a la institucionalidad democrática, la pretensión de arrancarle al parlamento una de las funciones que forman parte de su razón de ser: la de fiscalizar, una de cuyas expresiones es la facultad de interpelar a aquellas autoridades cuestionadas por algún motivo. Para ello ha acudido al Tribunal Constitucional, el cual no solo que ha admitido un amparo constitucional en tal sentido, sino que ha prohibido las interpelaciones porque, en caso de censura, éstas “atentarían contra el derecho al trabajo de la autoridad censurada”. Esto ya sobrepasa el entendimiento y el sentido común, y compromete seriamente al órgano “constitucional”.

El parlamento es el instituto democrático en el que, al menos en teoría, reside la soberanía de la ciudadanía. Sus tres funciones –entidades, más bien- son: representar, legislar y fiscalizar, amén de otras accesorias; en las democracias parlamentaristas, también es el encargado de dar o retirar la confianza al jefe o jefa de Gobierno.

Desde la llegada al poder del régimen masista, el parlamento ha sufrido una merma importante en las dos últimas. El grueso de las leyes sustantivas es elaborado por el Ejecutivo y, haciendo alharaca de su aplastante mayoría oficialista, las misma “salían por el tubo”, como suele decirse; últimamente, dada la disputa entre facciones del régimen, este mecanismo ya no es tan fluido. Es decir que el parlamento prácticamente no ejercía la facultad legislativa –las leyes tipo “declaratoria” sí las hacía-. Como anécdota cabe recordar que una de las pocas leyes producidas por el parlamento –la de Procedimiento Penal- fue derogada anta la repulsa ciudadana.

La facultad fiscalizadora tampoco anduvo mejor. Todas las veces que una autoridad fue censurada –el honor implica alejamiento ipso facto del cargo- o fue ratificada luego de una destitución por pura formalidad o, sencillamente, se hizo mofa de la censura: Morales Ayma llegó a decir que una censura proveniente de “la derecha” era una muestra de racismo.

Ahora el mismo individuo se muestra como celoso defensor del Estado de Derecho y habla del efecto vinculante de la censura y del atentado contra el mismo. ¡Abrase visto semejante cinismo!

Un apunte más: el régimen tiene presa a la expresidenta constitucional Jeanine Áñez a quien tilda de “golpista”, quien no sólo no llegó a tanto en su desprecio por el parlamento, sino que, además de ratificar su vigencia en democracia, le extendió en un año el mandato que había recibido. Gran diferencia.


viernes, 11 de agosto de 2023

Presente "blanco"

 



El motivo por el que coloreo de blanco esta columna tiene su origen en el sugestivo nombre que el órgano del régimen puso al suplemento que dedicó al aniversario patrio: “Bolivia construye un futuro blanco”. Se refiere al advenimiento de la era del litio, recurso gracias al cual el país vivirá las próximas dos décadas. La metáfora empleada –“futuro blanco”- da, sin embargo, pábulo a otras interpretaciones, dado el periodo tiznado de blanca, valga el oxímoron, que cubre la agenda pública.

Por tanto, se me ocurre, no es el futuro sino el presente el que se pinta de ese no-color, técnicamente hablando. Y eso es terrible.

Desde que está en el poder, el régimen masista ha estado negando –pese a lo insostenible de seguir haciéndolo, hay quienes siguen en tal negacionismo-  dos hechos por demás evidentes:

-       Bolivia es un país productor de cocaína; no sólo de tránsito de la misma.

-       En Bolivia se han instalado cárteles del narcotráfico transnacional.

Sobre lo primero, hace unos doce años, un efectivo de la FELCN ya retirado, cuyo nombre mantendré en reserva hasta mi último día, me dijo, a manera de confesión, que la instrucción que cumplía era la de intervenir toda la “merca” procedente del exterior, pero que a la “industria nacional” –son sus propios términos- se la protegía. En otros términos, había que atacar a la competencia. No es la primera vez que lo cuento por escrito.

Los más recientes hechos ligados a las mafias narcotraficantes y sus nexos con instancias estatales -que, supuestamente, deberían advertir la presencia de sujetos sospechosos- han alcanzado grados descomunales de escándalo por las características de sus operaciones con base en Bolivia.

Tiempo antes de que se conociesen los casos “media tonelada por BOA” y “Marset”, el régimen, mediante su ministro Gobierno, anunciaba la destrucción de factorías de cocaína en el Chapare –confirmando la condición de país productor- utilizando el superlativo “histórico” a tiempo de hacerlo. Lo sugestivo del asunto es que, si bien se afectaban las instalaciones, no se daba cuenta de algún detenido en tales operativos, en lo que parece ser una constante de los mismos: alertar a los operadores de las organizaciones de narcos de tales intervenciones para darles tiempo de “borrarse”.

Para no recibir críticas en tal sentido, cuando estalló el caso “BOA” se arrestó a algunas personas, entre ellas al encargado del montacargas; y, cuando se destapó el caso “Marset” se llegó hasta quien manejaba las finanzas del grupo. Pero, hasta la fecha, ni noticias de los “capos”.

Otro pendiente, en ambos casos, es la actitud contemplativa con los funcionarios de entidades gubernamentales que “facilitaron” la presencia y la labor non-sancta de los criminales en cuestión: soplones, tramitadores, extensores de autorizaciones, como la hija de Nemesia Achacollo, etc.

Este es nuestro presente blanco. Pero mirando al futuro, y poniendo las esperanzas en otro recurso no renovable, constatamos que la mentalidad y práctica rentista, extractivista y primario-exportadora (aunque se asegura que lo del litio es parte de la industrialización) están absolutamente arraigadas en el boliviano, que deposita toda esperanza en la próxima “bendición de la naturaleza”. Ya pasó con la plata, con el estaño y con el gas, lo que viene ligado a la conquista del poder en tanto apropiación del excedente. Tal es el presente, en su acepción de “obsequio”, griego que la Pachamama nos regala una vez más.

Cocaína y litio. Blanca y blanco. Presente y futuro. Bienaventuranza y condena.

miércoles, 12 de julio de 2023

A pedido de "Su Excedencia"

 


Hasta antes de 2016, todo parecía salirle a pedir de boca al expresidente Morales Ayma. Entre otras cosas, se lanzó a un revocatorio que consolidó su poder y barrió con todos los entonces llamados prefectos de oposición, de Cochabamba y de La Paz –y con la propia oposición, podría decirse-, lo que supuso que gobernase aplicando un rodillo parlamentario arrasador y con el poder judicial absolutamente cooptado por su régimen (luego, con la nueva CPE, vendría la toma del poder electoral). En la cima del poder casi total(itario), convocó a Asamblea Constituyente logrando la mayoría (aunque no dos tercios) de asambleístas que respondían a sus designios –hay que recordar que todos los constituyentes de las circunscripciones urbana de La Paz eran militantes del MSM, de Juan del Granado, entonces incondicional del denominado “proceso de cambio”-. No sin dificultades para la aprobación del texto final, sin embargo, el referéndum constitucional arrojó cifras apabullantes en favor de la CPE –Zaratti la llamó “COPOLMA” (Constitución política masista)- y fue promulgada con aires de refundación prometiendo Morales no menos de 500 años de vigencia de la misma. Uno de los acuerdos previos para su desentrabamiento fue que el siguiente periodo presidencial, en caso de que Morales Ayma se postulara y ganara sería considerado el segundo, con lo que, de acuerdo a la nueva CPE, no podría postularse a uno subsiguiente. Pero, hecha la ley, hecha la trampa- el reelecto se las ingenio, con un TCP a su servicio, para declarar ese segundo periodo como primero y así poder seguir reeligiéndose –Declaración Constitucional 003-2013-. Hasta ahí, todo fue color de rosa azul.

Pero tan pronto como asumió su tercer (segundo) periodo, y ante la imposibilidad de aplicar la anterior receta, comenzó a pergeñar la manera de reelegirse ad infinitum. Y ahí comenzaron los tropiezos. Seguramente confiado en que el control absoluto de los poderes volvería a darle gusto –el pedir y que le cumplan se volvió una costumbre- pidió (o sea, no fue la oposición la que lo hizo) un referéndum con el fin, en la idea de que solo era una formalidad a ser “bendecida” por el TSE, de atornillarse en el poder “forever”, jurando en el camino, que, si perdía por un solo voto, se iría calladito a su cato. Pues la ciudadanía, por mucho esfuerzo que el órgano electoral hiciese para acortar distancia, dijo NO –el recordado 21F-. Inmediatamente, el régimen montó una operación judicial para burlar el resultado y habilitar forzadamente a Morales Ayma – Sentencia Constitucional 084-2017-.

Completamente deslegitimado, se lanzó a la candidatura en 2019 y recurrió al fraude para hacerse una vez más del poder. Ante la evidencia, esta vez “Su Excedencia” pidió a la OEA una auditoría vinculante que, obviamente, ratificó las irregularidades. Perdido, intentó una nueva convocatoria. La ciudadanía, hastiada, no se dejó timar otra vez.

Ya en los prolegómenos de su huida, “Su excedencia” hizo otros pedidos: “pidan mi renuncia” a unos y “renuncien” al resto, obviamente buscando generar caos, violencia y vacío de poder. Por tercera vez, un pedido suyo se estrellaría con la realidad -y “Su Excedencia” tuvo que pedir un avión-: sin apartarse de la sucesión constitucional, dando continuidad a la labor legislativa y dando lugar a la transición, se sorteó el vacío de poder generado por el régimen fraudulento.

miércoles, 28 de junio de 2023

Esa "poshistoria"

 


Entrecomillo, en principio, la palabra del título para que no se confunda el uso que le daré con los sentidos corrientes del término, a saber: “Referencia a la historia de los acontecimientos que ocurrieron después y como consecuencia de un hecho determinado”; “periodo posterior a la historia convencional”; “conjunto de proyecciones históricas, en el que se consideran las acciones del ser humano sobre su medio natural y social para hacer predicciones sobre futuros acontecimientos (rama de la futurología)”  -https://www.elsaltodiario.com/diccionario-posverdad/posthistoria-.

La intencionalidad que le doy tiene relación con la denominada “posverdad”, a modo de intertexto de la misma: Si la posverdad es la distorsión tendenciosa de un suceso informativo, la poshistoria vendría a ser su correlato en el ámbito de la historia –cuya gravedad es mucho más peligrosa que la de la falsedad de una noticia (coyuntura) dado que su alcance espacio-temporal tiene carácter estructural-.

La historia tiene carácter interpretativo, desde luego. No debería haber tal cosa como una “historia oficial” única y lineal. Pero para que hay historia debe haber hechos sobre los cuales los historiadores, en primera línea, y el resto de los seres humanos, luego, puedan discurrir (discutir) sus interpretaciones sobre los mismos –por ejemplo, el arribo de Colón y sus muchachos a las costas caribeñas es aún hoy juzgado como “El descubrimiento de Ámerica”. Les Luthiers, que, a propósito, estarán en nuestro país próximamente para cerrar su creativa carrera, tienen una divertida parodia al respecto; mientras para otra corriente, se trata del “Encuentro de dos mundos”-. Si no hay hechos, no hay materia “historiable”. Puede haber, eso sí, y de hecho los hay, mitos y eso no tiene nada de malo. La grosería es hacer pasar –forzar- los mitos por historia.

Y desde hace unos años, por estos lares, la poshistoria ha sentado sus reales. Los mitos no solo son necesarios, son, inclusive, deseables; generan cohesión entre miembros de una colectividad que comparten una visión del mundo. Los mitos fundadores dan identidad, aunque todos parten de una idea muy similar sobre la creación. La especie humana, a diferencia de otras, es una especie simbólica y sus miembros, nosotros, a partir de cierto periodo de construcción intelectual, desarrollamos una “membrana” que separa lo mítico de lo histórico, lo racional y lo científico. A ese conjunto de elementos lo conocemos como cultura, en sentido amplio.

Nuestro filósofo Guillermo Francovich escribió sobre los mitos profundos de Bolivia. En la introducción del libro que los reúne, dice que “constituyen importantes factores históricos que es necesario conocer”, lo que entra en colisión con lo que acabo de argumentar. Obviamente, yo le quito “históricos” y proclamo que los mitos constituyen importantes factores que es necesario conocer. Y todo ser humano debe hacerlo respecto a los que abraza su colectividad justamente para impedir que algunos congéneres quieran llevarlos a planos de la “poshistoria”, en el sentido que acá le hemos dado.

Otra vertiente de la misma, al margen del mito intemporal, es la de la pura invención (falsificación) de la historia, al extremo de, con la pretensión de adoctrinar ideológicamente, llevarla a textos escolares –complementada, además, con manifestaciones escénicas, ritos y símbolos recién inventados que se quiere hacer pasar por “milenarios” u “originarios” cuya intención no es otra que la ir borrando la historia (los hechos); objetivo absurdo, por cierto-.


miércoles, 14 de junio de 2023

Castillo de harina

 




“Tres suicidios al hilo” podría llamarse una novela policial cuyo argumento entrelace persecución política –un Gobernador secuestrado, y posteriormente apresado, por el aparato represor de un régimen autoritario-, narcotráfico –media tonelada de cocaína transportada en un vuelo comercial de una línea estatal-, delitos financieros –un banco fraudulento apañado por la autoridad supuestamente encargada de su control-, unas coimas groseras justificadas como “adelantos” y el asalto a la sede de una entidad de derechos humanos por parte de huestes del partido de Gobierno. Y, claro, unos curiosos “suicidios” a lo largo de la trama.

La crítica literaria la trataría horriblemente por lo exageradamente truculenta –inverosímil, por tanto- y, sin embargo, quienes vemos tales hechos en la cotidianidad local sabríamos que el autor no habría hecho esfuerzo alguno para ponerlos en forma de narrativa. Una vez más se certifica que la realidad puede llegar a ser más sorprendente que la ficción más exagerada. Lo curioso es que, en tiempo real de su acontecer, estas anomalías no parecen asombrar a nadie; es como si se hubiesen naturalizado y los ciudadanos estén resignados a convivir con ellas con los ojos vendados.

Para aquellas personas que no están anoticiadas, una aproximación a estos asuntos podría ser tomada como un afán de “espoilear” (revelar el argumento de la obra), pero para quienes los conocen sólo será un recuento de los hechos sucedidos en este lamentable tramo del ejercicio de un poder envuelto en harina.

Un buen (mal) día de fin de año, sin ningún tipo de miramiento, un grupo de matones gubernamentales interceptó el vehículo en el que se desplazaba el Gobernador de un próspero departamento, lo maniató, lo trasladó a la Sede del Gobierno, lo sometió a un proceso cuasi sumario y lo encerró en la cárcel de máxima seguridad; todo ello por ser militantemente opositor al régimen central(ista). El preso continúa aislado y, en el interín, uno de sus abogados resultó muerto luego de precipitarse de lo alto de un edificio. “Suicidio” dictaminaron rápidamente las pericias forenses.

Otro buen (mal) día, el testigo protegido dentro de un caso de millonarias coimas en la estatal caminera, fue reportado como fallecido luego de haber dejado un video en el que reiteraba su denuncia y se declaraba desprotegido. “Suicidio”, se volvió a escuchar y, días más tarde, un grupo de imputados (que no incluía a las cabezas de la entidad) era sobreseído. El risible argumento: “la plata de los ‘adelantos’ –así llamaron a las coimas- ya fue devuelta”.

Un más reciente buen (mal) día, el interventor de un banco en liquidación por fraude, que las autoridades de regulación financiera conocía de mucho antes, pero no alertaron sobre tal situación y, por el contrario, siguieron autorizando sus “promociones”, corría la misma muerte. “Suicidio”, proclamo el ministro a pocas horas del hecho, dando por cerrado el caso.

Y los buenos (malos) días siguen ocurriendo. Meses después de haberse enviado un alijo de media tonelada de cocaína a España en un vuelo de la aero-línea estatal, el régimen, que se ufana del “mayor operativo antinarcóticos de la historia” –que no agarró a nadie en las fábricas intervenidas-, comenzó a “investigar” y se cargó, entre otros, al operario del montacargas. La encomienda burló siete filtros institucionales, los que se echan la culpa recíprocamente, a falta de una hora de filmación “perdida en el camino”. Y, para rematar, un grupo de operadores del régimen, sin portar orden de allanamiento emitida por autoridad competente, ingresa y se apodera de la sede de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia.

Podrían parecer sucesos inconexos, pero, en realidad, forman parte del mismo esquema manejado por un poder descomunal a semejanza de un castillo de harina, próximo a desmoronarse, en mi percepción y, por tanto, terriblemente peligroso. ¿Quién será el(la) próximo(a) “suicidado(a)”?