miércoles, 24 de octubre de 2018

Pasar del hualaycherío a la sobriedad


Lo del régimen no solamente es hualaycherío; es hualaycherío perverso, posible oxímoron aplicable a la caracterización de sus actos y sus delirios, encarnados fundamentalmente en dos personajes y replicados en “cascada” por el resto de su composición.

Si bien tengo clara la figura del hualaycho, ya sentado ante las teclas me doy a la tarea de compulsarla para mayor precisión y me encuentro con un artículo de Alejandro Mallea (El Diario, abril 4 de 2015) en el mismo sentido, lo que me hace sentir bien puesto que no soy el único que lo cree así. Lo de “perverso” es mi humilde aporte al asunto.

El citado columnista menciona que se trata de quien “muestra picardía e irresponsabilidad, con o sin malicia, para cometer fechorías y hostigar a quien le conviene en su cotidiano vivir”. Seguidamente atribuye tal comportamiento a nuestros gobernantes, brindando una serie de ejemplos que sustentan dicha caracterización –comenzando por el cambio de denominativo (de República a “Estado Plurinacional”) a Bolivia hasta la “dotación” de 1.200 toneladas de coca para el rally Dakar.

Lo cierto es que el hualaycherío ha sido el signo de identidad de este régimen desde que llegó al poder, hace ya casi trece años, sin que haya día que se hubiese apiadado de una ciudadanía harta de esa actitud sólo entendible por la desfachatez de quienes se benefician de los (todavía) importantes recursos que ingresan al país por concepto exportación de hidrocarburos y minerales en función de cotizaciones relativamente altas, aunque ya no espectaculares como hace unos años.

Si solo fuera así hasta se lo podría considerar gracioso; pero en combinación con la perversidad manifiesta en persecución, corruptela generalizada, irrespeto a la voluntad de la población, desprecio por la institucionalidad, manejo mafioso de la justicia, protección al negocio del Chapare, destrucción de áreas protegidas, galopante endeudamiento, sometimiento a China, adoctrinamiento a escolares y un largo etcétera, el escenario es de miedo.

Una curiosa mezcla de Abdala Bucaram, a quien sus monerías le costaron ser destituido, y Stalin, a quien se le atribuye la autoría intelectual para el asesinato de más de un millón de sus conciudadanos en las llamadas “purgas”, parece retratar de cuerpo entero al régimen.

Parece, incluso, una sofisticada técnica para desviar la atención de aquellos hechos inconfesables: como saben que sus dislates, sus disparates y sus pintoresquismos son titulares de prensa, se esmeran en manifestarlos. Así, todas sus fechorías se relativizan. La anécdota se impone; los malhechores, satisfechos, celebran la estrategia envolvente.

Quizá la contundente derrota/humillación sufrida por Bolivia en la Corte Internacional de Justicia que priva definitivamente de acceso (soberano, como reclamaba la demanda) al mar tenga algo que ver con la falta de sobriedad mostrada a lo largo del proceso. Con un Morales Ayma asegurando que hasta fin de este año (2018), el país accedería a la costa (con soberanía, insistimos), promoviendo ridículos espectáculos como el “banderazo”, adelantando la sentencia de la CIJ en los medios que controla, nombrando “mártires” a vulgares contrabandistas y haciendo declaraciones inapropiadas que, en lugar de contribuir a un ambiente de serena espera, crispaban el ambiente innecesariamente, se creó un efecto contraproducente, hábilmente aprovechado por el demandado.

Con el rechazo a la permanencia indefinida del caudillo masista en el poder, es muy probable que la población estuviera enviando el mensaje de pasar del haulaycherío perverso a la sobriedad en el manejo del Estado.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Discurso (apócrifo) de Morales Ayma




¡No puedo entender!

Todo estaba listo para la consagración del Evo Morales. A mis varios doctorados, a mi condición de Líder Espiritual de los Pueblos y a mi unción como Enviado de Dios, iba a sumar el título de Señor de los Mares.

Ya me imaginaba descubriendo mi estatua ecuestre, viendo pasar una interminable procesión de fieles conversos a la fe evista, y recibiendo, de manos de Miss Wiphala, la corona de Emperador absoluto de los territorios Andino-amazónicos.

En la preparación para este momento de gloria, hice poner un museo para la adoración de mi portentosa figura, ordené la adquisición de innecesarios aviones, la compra vehículos de fantasía, la construcción de un palacio desde donde pudiera ejercer mi desmedido poder. 

Sólo me faltaba un detalle para completar mi colección de caprichos: un yate a todo lujo para recibir a futbolistas de moda –todo en cumplimiento de mis delicadas funciones-.
Pero vinieron estos jueces de porra y me arruinaron los planes de reinado eterno en estas tierras; a mí, al mismísimo Evo Morales. ¡No puedo entender! Yo pensé que el tribunal de La Haya estaba con el proceso de cambio… ¿No sabían que tengo dos tercios en el Congreso? ¡Qué se han creído esos señores para hacerle esto al Evo Morales! ¡Van a ver que esto no va a quedar así!

Vamos a pedir la nulidad del fallo adverso porque consideramos que la Corte Internacional de Justicia no tomó en cuenta estos factores:

Nadie, sólo el Evo Morales, logró hacer una bandera azul de doscientos kilómetros de largo. No me digan que es poca cosa. Repito, señores de La Haya: doscientos kilómetros. ¿Qué juez puede prescindir de tomar en cuenta semejante hazaña al momento de analizar el caso? Creo que aquí ha habido una mano negra que ha ocultado esa información a sus señorías.

La Corte tampoco consideró los grandiosos “tuitazos” exigiendo mar para Bolivia; el último, a falta de otra ocupación, lo hizo el hermano Defensor del Pueblo, caracterizado como temible bucanero. ¡No hay derecho! ¡Cómo pudieron ignorar tan singular manifestación! Los demandados no hicieron nada de eso y ustedes les dieron toda la razón a ellos.

¿No les dijeron que los funcionarios de la Agencia Nacional de Hidrocarburos les rindieron tributo vistiéndose a su manera –peluca y todo- en muestra de cariño hacia sus personas? Los queríamos tanto y ustedes traicionaron al Evo Morales. Ingratos, insensibles, malagradecidos.

En un último gesto de magnanimidad, concedí amnistía a dos de los cientos de perseguidos por mi régimen que, casualmente, me acompañaron al Palacio de la paz –amnistía que los muy soberbios rechazan-.

Lo peor de todo, lo que no les perdonaré, es que me hicieran quedar en ridículo ante la comunidad internacional y expuesto al escarnio público de quienes me endilgan haber dejado a Bolivia definitivamente en la mediterraneidad.

Perversos. Me fregaron mi proyecto cesarista. Eso no se le hace al Evo Morales. ¡Qué siempre les he hecho! ¡Estoy muy molesto!

Pero para todo hay remedio, hermanas y hermanos. El Evo Morales tiene listos algunos paliativos que, a falta de mar, harán que los movimientos sociales se sientan contentos: volveremos a traer el Dakar -¡qué tal! ¡cómo les quedó el ojo a los vendepatrias!-; traeremos también un Mundial juvenil de fútbol -¡construiremos cuatro estadios más!-; y, para que vean que ningún juez de La Haya le va a fregar al Evo Morales así por así, en este mismo momento estoy decretando el pago del segundo aguinaldo.

Un revolucionario saludo a los hermanos Diego Maradona, Nicolás Maduro y Daniel Ortega. Me voy al jacuzzi de mi palacio.

miércoles, 26 de septiembre de 2018

¡Podredumbre!



Las últimas dos semanas fueron, en materia gramatical, las del sustantivo adjetivado y el adjetivo sustantivado. “Náusea”, “vomitivo”, “asco” y “arcadas” estuvieron entre los términos más expresados tanto en las calles como en las redes.

En mi anterior columna caracterizaba como vergonzoso el comportamiento del organismo electoral con la ingenua esperanza de que pudiera enmendar su grosero proselitismo oficialista. Lejos de ello –contrariamente, más bien- respondió con dos barrabasadas de grueso calibre: impuso un calendario de campaña sin la previa –lógica, además- emisión de un reglamento de la LOP y negó la personalidad jurídica nacional al partido del alcalde de La Paz.

Respecto al reglamento –que hasta el momento en que escribo estas líneas no es conocido- el infame TSE no se decidía si habría de considerar un periodo para las impugnaciones o no. Lo último que se supo, por declaración del operador del régimen Antonio Costas, a la sazón vocal electoral, es que lo habrá, pero de “muy corta duración” (como para que nadie pueda legalizar las pruebas que sustenten las impugnaciones contra el candidato imposible -por mandato constitucional y por decisión popular expresada en referéndum-) para apadrinar dicha candidatura contra toda legalidad y contra el propio sentido común.

En relación al partido del alcalde, mi observación no se vincula a algún afecto por dicha organización –por la que más bien siento alguna antipatía precisamente porque anduvo guiñándole el ojo al MAS, al extremo de recibir halagos vicepresidenciales que la calificaron como “oposición inteligente”- sino por una consideración de Perogrullo: el partido del alcalde es una organización viva, presente en la deliberación pública con innegable influencia, sobre todo en la sede del Gobierno. Digo esto porque en marzo de este año el mismo tribunal masista otorgó dicha personalidad a una organización fantasma de nombre “PanBol” cuyo “jefe” duerme el sueño eterno y cuya “militancia” es invisible -¿Conoce usted algún “panbolista” medianamente influyente? ¿Cómo pudo este espectro juntar más de cien mil firmas sin observaciones?-. Una hipótesis plausible alude a un partido “señuelo” apadrinado por el régimen (incluido el propio TSE), con préstamo de militancia incluido, para fabricar un oficialismo disfrazado de oposición. Si esta inexistente agrupación obtuvo la tan codiciada personalidad jurídica, resulta absolutamente incongruente que el partido del alcalde no lo hiciera.

Si el TSE no siguió siendo el blanco de las diatribas es porque otro hecho de dimensiones monstruosas conmueve a la ciudadanía y pone en evidencia lo que todos, excepto el régimen que es su promotor, saben: desde hace una década, la justicia, nuestra justicia, está podrida. Ni dos elecciones judiciales en las que el régimen perdió por abultadas goleadas, sirvieron para que éste se diera por aludido; por el contrario, siguió “metiéndole nomás” hasta que, gracias a un ciudadano sensible y con los nervios bajo control, logró obtener un registro/confesión de cómo el régimen maneja la justicia.

La jueza “suicida” es sólo una pieza, y no la más importante, en este perverso aparato de corrupción e injusticia. Las fichas de peso se pavonean en sus puestos de poder y señalan a la borracha caída en desgracia. ¡Pásenme una bolsa, por favor!

El inocente Jhiery Férnandez se ha convertido en una víctima/símbolo de la asquerosidad del régimen y no sólo de quienes, como él, purgan pena siendo inocentes en la vía penal propiamente dicha, sino de los perseguidos, exiliados, encarcelados y detenidos domiciliariamente en la vía de la criminalización de la política, como otro Fernández –Leopoldo- quien, como otros, es víctima de la crueldad del régimen.

¡Podredumbre!

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Vergonzoso comportamiento del TSE



Lo digo también por la vergüenza ajena que produce el lamentable espectáculo que está brindando el Órgano Electoral a la comunidad; como ciudadano de esta noble tierra, me siento absolutamente abochornado de ver cómo la entidad que debería velar celosamente por el respeto al voto popular, se entrega, sin oponer resistencia alguna, a los designios del poder político en impúdica demostración de sometimiento al mismo.

Dialogando con algunos estudiantes –sub 19, para mayor referencia- me hacían notar que, como no tienen elementos de comparación, tienden a pensar que esto siempre fue así de grosero.

Con algo de modestia, les replico que, en razón de mi larga experiencia, he vivido dos grandes logros que espero que ellos también puedan llegar a disfrutar: la clasificación, por mérito propio, de nuestra selección de fútbol a un Mundial, y el funcionamiento, durante un tiempo relativamente corto, de una Corte Nacional Electoral que se ganó el respeto, la confianza y la admiración de la ciudadanía por su credibilidad. Ejemplo de institucionalidad, desde la presidencia de Huáscar Cajías Kauffmann hasta la de Salvador Romero Ballivián, la CNE supo hacer prevalecer su condición de máxima autoridad en materia electoral.
Un detalle no menor, es que aquel tribunal no tenía, como lo tiene el actual, el estatus de poder de Estado y, sin embargo, mantuvo una independencia a toda prueba.

No hay estado de derecho; lo que tenemos es un Estado corporativo que para sostener las apariencias se disfraza de democrático. “De qué dictadura hablan; aquí hacemos elecciones”, reclama a quienes anhelan democracia para Bolivia. Lo mismo dice el régimen cubano de su sistema de “elección” y, aunque no fuera una copia de éste, al régimen masista le basta tener al árbitro electoral bajo su control, como una pieza de su corporación.

Uniendo piezas sobre la base de la información disponible hasta la fecha –¡de qué otras tropelías nos iremos a enterar más tarde!- sospechamos que todo lo sucedido respecto a la Ley de Organizaciones Políticas, luego de su presentación como proyecto al parlamento, fue una lamentable comedia que obedeció a un guión acordado (¿en la residencia presidencial?).

Es risible el tono con el que el TSE salió a “desmentir” la “posmentira” del Sr. Morales Ayma. Patética muestra del temor reverencial que los (e)vocales electorales profesan por su jefe. Una revelación de tal magnitud (e-l-o-r-g-a-n-i-s-m-o-e-l-e-c-t-o-r-a-l-r-e-u-n-i-é-n-d-o-s-e-e-n-t-r-e-g-a-l-l-o-s-y-m-e-d-i-a-n-o-c-h-e-c-o-n-e-l-P-r-e-s-i-d-e-n-t-e-e-n-l-a-r-e-s-i-d-e-n-c-i-a-d-e-é-s-t-e-e-n-l-a-q-u-e-e-l-T-S-E-l-e-h-a-b-r-í-a-s-u-g-e-r-i-d-o-a-d-e-l-a-n-t-a-r-l-a-s-p-r-i-m-a-r-i-a-s) merecía una firme solicitud de una satisfacción pública de parte de este individuo hacia el poder electoral (que admitió tal reunión clandestina). Con su triste reacción, el OEP –como también se hace llamar- ratifica su desgraciado  sometimiento al poder político. Parece, incluso, que le gustara.

¿Hay alguna manera en la que el TSE pudiera redimirse de este su vergonzoso comportamiento y así dejar de hundirse en el fango de la ignominia?

En mi criterio, hay dos modos: uno institucional (óptimo) y uno individual (valorable). El primero consiste en hacer valer su condición de poder del Estado y único juez en materia electoral y hacer respetar el resultado vinculante de referéndum del 21 de febrero de 2016 impidiendo cualquier intento –primarias incluidas- de candidatura presidencial al señor Morales Ayma, y el segundo, en caso de no darse este paso, en renunciar -en conciencia y señalando a los operadores del MAS en la entidad-.  

miércoles, 29 de agosto de 2018

Ni las normas, ni las formas




Los hechos con los que comienzo esta columna dejaron de ser noticia; sin embargo, aunque a muchos les parezca que mencionarlos no tiene sentido, ya sea porque hay otros temas –de los que también me ocuparé- más relevantes o porque lo que diré sobre ellos se dirige más a la forma que al contenido –en apariencia- los considero paradigmáticos para graficar el modo en el que régimen conduce el poder a contramano de una buena práctica de las leyes.

Para referirme al primero de ellos, me permito reproducir del artículo 4 de la Constitución Política del Estado la parte concerniente a mi observación: “El Estado es independiente de la religión”.

Tal es la caracterización del Estado laico –a mi juicio, el criterio más notable introducido en la CPE de 2009-. El boliviano no es más aquel Estado confesional que abrazaba una religión “oficial”, así garantizase la libertad de culto.

Esta prescripción constitucional que, como todas ellas, deber ser cumplida y hacerse cumplir por quienes están en función de gobierno tiene en su máxima autoridad a su mayor violador.

Hace dos meses, con motivo de la ordenación cardenalicia de Toribio Ticona, el presidente Morales Ayma, junto a dos de sus ministros, muy suelto de cuerpo, se largó hasta el Vaticano para “acompañar”, pretextando ser su amigo, al sacerdote en la ceremonia de investidura. No recuerdo, por ejemplo, que el Presidente de entonces se hubiese “colado” a la asunción de Julio Terrazas como purpurado ¡Y eso que era el tiempo del Estado católico (aunque garantizador de la libertad de culto)! El mensaje del Ejecutivo es demoledor: no acatamos ni la Constitución (la norma), ni nos preocupa la paupérrima imagen que mostramos al mundo (la forma).

Como vemos, no había sido un asunto de poca importancia. Como no lo fue el siguiente: luego de consumado el alejamiento del expresidente de la Cámara de Senadores (parte del Poder Legislativo), quien hizo el anuncio del nombre de su sucesor –por poco no le toma posesión- fue el Presidente del Estado (Poder Ejecutivo). ¡Qué demonios tiene que disponer el representante de un poder sobre el cargo de uno de otro poder! La justificación ya la habíamos escuchado antes, de boca del propio mandamás del régimen: “La separación de poderes es un invento del imperialismo yanqui”.

Lo vergonzoso del caso es que la CPE, artículo 12, prescribe que “la organización del Estado está fundamentada en la independencia, separación, coordinación y cooperación de estos órganos” (Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Electoral). Se verifica, una vez más, un olímpico desprecio por la norma y el poco cuidado por las formas.

Lo propio puede afirmarse, ya entrando en asuntos que atañen a la pervivencia misma de la democracia en nuestro país, del tratamiento que, desde su derrota en el referéndum del 21 de febrero de 2016 que inhabilita la candidatura –la propia CPE ya lo impide- del actual Presidente al mismo cargo. Fue durante este régimen que la entidad electoral recobró el carácter de Poder del Estado pero, paradójicamente, cuando no lo tenía, además de gozar de la confianza de la ciudadanía, no se subordinada a los dictados del poder político y tenía, en su materia y competencia, la electoral, la última palabra; hacía respetar su independencia, gozaba de autonomía, demostraba imparcialidad y obraba con neutralidad frente a los reclamos que se le presentaban.

Ha llegado el momento en el que el TSE defina si quiere asumir, como lo prescribe la norma constitucional, su condición de Poder del Estado y hacer prevalecer sus disposiciones en el marco de sus atribuciones o prosternarse ante el poder político y rifar la democracia.

miércoles, 15 de agosto de 2018

Y cuando creías haberlo visto todo...




La combinación de un régimen en franco estado de descomposición –decadente y cínico- y su correlato, un caudillo reducido a grotesca caricatura de sí mismo, está produciendo situaciones, actuaciones y declaraciones que en un contexto regular serían inverosímiles pero que en la ruina institucional presente se constituyen como la norma(lidad).

Difícilmente encontraremos –para ello tendríamos que comparar el estado actual de las cosas con el del tiempo de los caudillos bárbaros, según la categoría arguediana, o remitirnos a la Uganda de Idi Amín- paragón con lo que sucede hoy en Bolivia.

Ya a comienzos de su régimen, el señor Morales Ayma mostraba signos de progresivo desvarío, fruto, imagino, de su borrachera de poder: su delirio coprolálico se manifestaba en la frase alusivas a las heces fecales (caca) respecto de las relaciones con Estados Unidos y, más tarde, desafiando a algunos expresidentes a cagar en el Tipnis –cuando éstos le aceptaron la “invitación”, el tipo se hizo el loco-.

Como aquellas, son innumerables las sandeces que perpetra el aludido ante la adulonería de quienes viven a costilla suya, aplausos incluidos. Y como el jefe, al estilo del juego del “mono mayor”, da la pauta, sus serviciales replican las fechorías de manera discrecional.

Siendo el Presidente el más connotado denigrador de la condición femenina, sus empleados creen que tienen la misión de andar metiendo mano a cuanta mujer se les cruce en el camino. Al menos así sucedió en la inauguración del palacio erigido a la “gloria” de su morador azul, cuando señoras periodistas, en función profesional, acudieron a cubrir el acontecimiento. Poco tiempo después el propio gobernante se jactaba de haber sido abordado por una muchacha que le habría solicitado ser depositaria de su sacrosanto semen para darle un hijo.

Otro “hermano” se encargó de ir dejando su leche en prostíbulos alteños. No es que no pueda hacerlo; el problema es que llevaba consigo símbolos caros a la historia patria. Ya muchos colegas se han referido a la gravedad del hecho que el régimen trató casi como una anécdota. Puedo añadir a lo que ya dijeron, que el hecho devela el profundo desprecio del régimen por la República y lo republicano, reafirmando su talante autocrático –recordemos que, luego de 183 años de formar parte consustancial del ejercicio presidencial, fueron sustituidos por símbolos advenedizos del denominado “Estado Plurinacional”, y depositados en la bóveda del BCB, saliendo sólo, aunque nadie parece respetar el protocolo (¿existe?) de su manejo, para los fastos por la fundación de Bolivia-.

Otro que no quiso quedarse atrás en esta impúdica exhibición de vergüenzas fue el diputado masista Soto (con “p”) quien, muy suelto de cuerpo, mostró sus corruptas carnes envueltas en vulgares contorsiones y amenazador griterío. Ningún productor de “reality shows” podría haber imaginado escenas tan procaces como las descritas.

Cabría decir que, con tales groserías, uno ya lo vio y escuchó todo; pero como ningún miembro del régimen quiere quedarse atrás, no faltó quien –lo oí en por radio en un minibús- reconociendo que el No se impuso en el referéndum del 21F (reconocerlo ya es algo), acotó que “sólo fue por el 1,5%” y que “no era una diferencia abrumadora”, por lo que “el hermano Evo” tenía todo el derecho de volver a postularse. No alcancé a identificar al personaje que dijo tal barbaridad, pero como que ya está de buen tamaño de tanta inmundicia humana, ¿no?...

Por fortuna, restan sólo algo más de 500 días para que esto se acabe.

miércoles, 1 de agosto de 2018

En buena ley


                          Viñeta: Frank Arbello

Uno de los operadores del régimen, cuyo nombre no recuerdo, expresó su vaticinio de que 
el MAS ganará las elecciones de finales de 2019 para el periodo 2020-2025.

Me parece muy bien. Sería insólito que el militante de una tienda política anuncie a los cuatro vientos que su agrupación participará para ser derrotada en un proceso electoral.

Es más, si así fuera –si ganase el MAS- a mí, como demócrata que soy, me gratificaría enormemente. Eso sí, con un detalle no menor: que lo hiciese en buena ley.

Hacerlo en buena ley quiere decir al menos tres cosas: que el proceso electoral sea limpio, que el MAS no use abusivamente los recursos públicos en propaganda y en campaña, y, claro, que respete la Constitución y el veredicto popular del 21 de febrero de 2016 postulando a las dos primeras magistraturas a candidatos distintos de quienes las ejercen hoy, individuos inhabilitados para optar a dichos cargos. Tres aspectos que el régimen está muy lejos de aceptar.

Se dice, desde el gobierno, para desviar el tema de fondo –la ilegalidad de la intentona re-re-repostuladora- que esta posición responde al temor de quienes nos oponemos a este régimen a la candidatura del “invencible”; una falacia, a juzgar por las encuestas recientemente divulgadas, en las que el caudillo no sale ni regularmente parado –no supera el umbral del 30%-. ¿Quiere el MAS perder en la próxima elección? Insista (e incluso consiga) meter a los señores Morales Ayma y García Linera en carrera por la presidencia y vicepresidencia respectivamente.

En mi lectura, el desgaste, luego de más de doce años de ejercicio discrecional del poder, le está pasando factura (¡recién!) a los jerarcas del régimen. Asimismo, la brecha entre quienes apoyan el “no” y el “sí” se ha ampliado drásticamente en favor de los primeros. 

Vale decir que una buena parte de quienes votaron por el “sí” el 21F, ahora forman parte del grupo contrario, probablemente desencantados con la falta de honorabilidad de Morales Ayma y compañía, al haber desconocido el resultado y haber buscado formas muy próximas a las mafiosas para habilitar al deshonesto mandatario.

Sucede que, como todo proyecto construido función de un caudillo, el “instrumento político”, como le dicen, no ha generado liderazgos de recambio, porque tan pronto como algún miembro del mismo comenzaba a asomar cabeza, se la cortaban. Ahora que el caudillo no puede, en ley, postular, tal instrumento ingresa en un círculo vicioso en torno al mismo sujeto.

Ya que “adentro” no tiene a una figura atractiva –que encarne el liderazgo carismático tan caro al populismo- se me ocurre que podría obtener buenos resultados (en su caso, mejores que los que podría obtener el desportillado Morales Ayma) recurriendo a personajes no orgánicos pero, creo, cercanos al “proceso”.

Me atrevo, esperando no lo tomen a mal (y más bien como un cumplido), a sugerir unos nombres en tal sentido: pienso en Marco Antonio Etcheverry (“Diablo Presidente”), quien solía liderar protestas frente a la embajada de Bolivia en EEUU en defensa de la autonomía, hasta que fue cooptado por el régimen e incorporado al equipo presidencial. Sigo con Elmer Hermosa (si quieres platita tener, hay que arrimarse al poder); el MAS ya hizo alcalde a su colega Cholango, quien dejó a su municipio en condiciones lamentables. Al menos el Kjarka no es bebedor consuetudinario. Finalmente, la más seria de mis sugerencias, está doña Remedios Loza, hoy alejada del ámbito público, quien, bajo el auspicio del régimen, podría tener un desempeño electoral extraordinario.
Como ya lo expresé, si lo hacen en buena ley, que ganen sería una contribución a la democracia; de otro modo, sería un paso más hacia su destrucción.