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miércoles, 10 de enero de 2024

"Mi corazón es evista, pero mi estómago es arcista"

 


De modo “regalón” y no del todo desembozado, el presidente Luis Arce, “El Tílín”, para los amigos, ha ingresado en campaña electoral. Ya salieron sus promotores a “marquetearlo” con el clásico “será candidato si las organizaciones (‘el pueblo’) lo piden”. Cuatro regalitos más y, previsiblemente, sus “beneficiarios” comenzarán a emitir sendos votos resolutivos pidiendo que haga el sacrificio de postularse a las elecciones por el bien del país, lo que recuerda un “balconazo” de García Meza, armado por su departamento de propaganda, ante unos cientos de supuestos seguidores, en el que el dictador les respondía “si quieren que me quede, me quedo” y, a continuación, los congregados aplaudían a rabiar; o a la manera en la que Morales Ayma, contraviniendo a la Constitución y a un referendúm que le impedía repostularse, usando a la justicia y emitiendo el consabido “el pueblo me lo pide”.

Ciertamente, Arce no tiene el impedimento que Morales Ayma tenía al momento de postularse a un cuarto periodo de gobierno. Sin embargo, el cliché permanece. ¿Es pecado decir “quiero volver a ser Presidente y haré lo necesario para recibir el respaldo de los votantes”? ¿Para qué andar con remilgos cuando todos saben que todas sus acciones, apuntan al “repete”?

 

Pero, además, no es ningún secreto que “El Tilín” y sus operadores están moviendo los hilos del poder judicial para allanar –anular a posibles rivales- el camino a un holgado triunfo electoral.

 

Y a eso se suma la “conversión” de los “evistas” en “arcistas”. Ya lo hemos visto en algunos funcionarios que ostentan altos cargos quienes abjuran de quien antes era objeto de sus adulaciones más rastreras –no falta quien lo elevaba a alturas divinas- y hoy no paran mientes en llenarse la boca de grotescos panegíricos para granjearse la bendición tilinesca.

Por debajo de éstos se encuentra la enorme masa de empleados públicos masistas que se colgaron de Morales Ayma para acceder a los puestos que ocupan en la elefantiásica administración estatal y que ahora, por razones de sustento personal, engrosan el ala “arcista”. Empleados que, luego de la jornada laboral (para algunos es el ‘trabajo’ por el que se les paga), deben salir a pintar “Evo pedófilo” o “Evo narco”, cuando hace no más de cuatro años grafiteaban “Mesa = Macri”.

Si bien ninguno lo expresa abiertamente, probablemente en su fuero interno se autojustifican repitiendo “mi corazón es evista, pero mi estómago es arcista”; lamentable retrato de una burocracia que, para permanecer en el puesto, debe rendir pleitesía al poderoso de turno. Pero también, reflejo de una precariedad laboral, cuando no de una incompetencia para desenvolverse en el llano: la informalidad y la pega como generadores de sustento personal y familiar y de lealtades en el segundo caso.

Así las cosas, don Tilín cuenta con un formidable aparato de seguidores que le serán incondicionales mientras de él dependa su comida pero que lo negarán cuando otro vaya a reemplazarlo. Aun cuando Arce reproduzca su poder un periodo más, dada la imposibilidad constitucional de hacerlo por más tiempo, a menos que quiera, a la manera de Morales, pisotear la CPE –u otra opción menos probable, como reformarla- la masa de la administración pública se inclinará ante su delfín y, si éste no prospera electoralmente, se acomodará “militantemente” ante quien goce del favor del electorado.

Así ocurre cuando la función pública no es otra cosa que un engranaje de la maquinaria político electoral de los “ungidos”.


miércoles, 3 de junio de 2015

El régimen y su MARketing electoral

Ha transcurrido el proceso electoral que incluyó las elecciones generales (Presidente, Vicepresidente, senadores y diputados), las elecciones subnacionales (gobernadores, alcaldes, asambleístas departamentales y concejales municipales) y las elecciones de segunda vuelta (balotaje en Beni y Tarija).

Sintomáticamente, a la fecha, todos los vocales del Tribunal Supremo Electoral Plurinacional (TSE) han presentado renuncia y la Asamblea Legislativa Plurinacional la ha aceptado.

Este hecho –la renuncia una vez concluidos los tres momentos electorales mencionados- ha hecho aumentar las sospechas de que el árbitro electoral no actuó con la independencia, autonomía, imparcialidad ni la neutralidad que son los elementos primordiales para una institución de esta naturaleza.

Comoquiera que todas las autoridades resultantes de estos comicios ya han sido posesionadas en sus cargos, no se puede hacer prácticamente nada respecto a lo (mal)obrado por el árbitro electoral.

Para mayor suspicacia, la renuncia de la llamada “Banda de los Siete” no se produce por el clamor ciudadano que, desde hace años, estuvo expresándole su repulsa, sino que lo hace por orden/ultimátum del propio régimen que se benefició con su accionar.

El régimen, con la habilidad que le caracteriza, se ha hecho el abanderado de una cruzada que comenzó cuestionando al propio régimen, como se hizo abanderado, entre otras cosas, de las autonomía a las que había combatido durante los referéndums autonómicos de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija.

El descalabro del sistema electoral sólo viene a corroborar el estado de la institucionalidad del Estado por obra y gracia de un régimen que implementó reformas para beneficiarse a sí mismo: en ruinas.

El propio régimen ya había admitido que su pretendida “revolución de la justicia”, resultó en un fiasco de proporciones. La elección de magistrados por voto popular –por las cuales hubo gente que accedió a sus puestos con votaciones de risa- debió haber sido anulada en tanto la mayor parte de la ciudadanía optó por el voto nulo, blanco e inválido. El principio mismo de tal elección es deleznable. En su momento, advertimos que era como querer el elegir al Alto Mando Militar mediante voto ciudadano y con las postulaciones de cualquier miembro de la institución: tendríamos por Comandante, probablemente, a un componente de la tropa.

Distorsiones por el estilo han hecho que unos de los pocos sostenes del régimen sean la bonanza residual, con sus “éxitos” coyunturales  -fugaces- y su ya reconocido estilo de campaña permanente en la que no escatima recursos públicos.

En la perspectiva de la reelección indefinida, que debe seguir procedimientos constitucionales que no serán óbice para el régimen al contar éste con los 2/3 de rigor, gentileza de la “Banda de los Siete”, aunque debe ser sometida a un referéndum que puede resultar contrario a dicha pretensión, la campaña permanente ha incorporado un recurso cuestionable: el MARketing, esto es, ligar el anhelo marítimo, de manera excluyente, a la figura del señor Evo Morales al timón del Estado.

En un adelanto de lo que sería el MARketing con miras a la eternización del caudillo en el poder, su segundo de abordo ha señalado que “uno de los cinco requisitos para conseguir ese objetivo (el retorno al mar) es que el Presidente Evo siempre nos acompañe”, y si bien no lo ha vuelto a repetir, las cartas ya están sobre la mesa: la demanda ante La Haya y acciones similares del régimen están orientadas a obtener una rentabilidad electoral más allá de 2020.

Habrá que recordar que Churchill llevó a su país, junto a los aliados, a ganar la Segunda Guerra Mundial pero perdió las elecciones que siguieron al conflicto bélico.