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miércoles, 12 de octubre de 2016

"Si hay muertos, yo pongo los cajones"

Octubre de 2006, diez años atrás. Disputas por el control y explotación del mineral del cerro Posokoni, derivaron en una batalla campal entre cooperativistas y asalariados. El escenario fue la población de Huanuni. Al cabo de la refriega, unos veinte mineros –lo menciono “de memoria”- perdieron la vida y otros cincuenta resultaron heridos.

Un actor central del conflicto fue en entonces ministro de Minería, Walter Villarroel, quien llegó a ocupar la cartera como la “cuota” que el sector cooperativista exigió al régimen a cambio de apoyo corporativo. Villarroel, desde las primeras escaramuzas, se mostró claramente parcializado con los suyos, vale decir con el bando de los cooperativistas.

Mientras la cotización de los minerales –el estaño, para el caso- estuvo por suelos, nadie reclamó por dicho yacimiento; pero, coincidiendo con la asunción al poder del régimen aún en funciones, cuando aquélla comenzó su escalada a la cima, la codicia –alentada desde el ministerio del rubro- comenzó a generar violencia.

La primera reacción del Gobierno fue la misma que hasta ahora saca a relucir: acusar a la oposición –cuando no al imperialismo, a la Iglesia o a los medios- de ser la causante de la confrontación. Demás está decir que la misma no tuvo relación alguna con tales hechos.

El entonces  Secretario General de la COB, Pedro Montes –a la sazón, actual senador por el MAS- exigió, entre otras cosas, la destitución del titular de Minería y que el Gobierno evite más muertes. Podría decirse, a estas alturas, que el Ejecutivo actuó con prudencia al no militarizar la zona –cosa que podría haber exacerbado aún más el ya cargado ambiente- pero, en contraparte, tampoco permitió la mediación de instancias llamadas para tal efecto –de oficio, fueron al lugar representantes de algunas de ellas, como la Defensoría del Pueblo-. Sin embargo, no fue hasta que los muertos y heridos sumaron la cantidad anotada que la pesadilla comenzó a serenarse.

La “solución” –más bien, salida- contempló el retiro del ministro cooperativista, la asimilación de miles de cooperativistas al sistema estatal y una asistencia económica a los familiares de los difuntos.

En medio de todo este dolor, Álvaro García Linera, que se encontraba como Presidente en ejercicio –desde el comienzo de su mandato, Evo Morales, casualmente "desaparece” de escena en los conflictos- se despachó una de las frases más despiadadas que jamás pronunciara jefe de Estado alguno: “Si hay muertos, yo pongo los cajones”.

De estas palabras, pocos rastros quedan en el ciberespacio. Sospecho que su “desaparición” tiene que ver con un paquete de enlaces que el régimen hizo retirar del internet. Digo esto por si se quisiera verificar tal cosa. No obstante, hemerotecas y archivos generales conservan las publicaciones de la época y, en última instancia, está la memoria colectiva que registró la infamia de dicho sujeto.

Cuesta creer que, luego de diez años, este individuo, terrorista en sus años mozos, continúe dirigiendo, a la sombra del jefazo, los destinos del país y superándose a sí mismo en la emisión de declaraciones crueles y chapuceras.

¿Qué ha ocurrido con Huanuni a una década de los acontecimientos aquí rememorados? Por boca del propio operador gubernamental José Pimentel, persona involucrada en el secuestro de Doria Medina el año 1995 que también se desempeñó como ministro de Minería de Evo Morales, “falta una gerencia calificada”, lo que, entre líneas, quiere decir que la empresa estatal ha sido un absoluto fracaso. Eso sí, los cooperativistas han sido derrotados “política y militarmente” –como diría el Kananchiri-.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Huanuni, Mallku Kota, Colquiri... ¿Porco?


El auge en los precios de los  minerales sumado a la errática política gubernamental en la materia han desencadenado varios conflictos en el sector. Lo curioso es que el régimen no tiene la capacidad de prevenirlos y la violencia recrudece afectando a la ciudadanía.

Este post tiene por objeto anunciarle al gobierno que tras el conflicto, aun irresuelto, de Colquiri, se viene el de Porco. Cumplimos, de esta manera, una responsabilidad para con el país.
Porco es un distrito ubicado en la provincia Quijarro del departamento de Potosí y allá se están gestando, a imagen y semejanza de los anteriores conflictos, las condiciones para que éstos estallen si es que el estado no toma en serio las señales que de allá provienen.

Ayer, Edgar Rejas, dirigente de la federación de Trabajadores Mineros de Potosí, ha hecho saber que  un escenario parecido al que se está viviendo en la actualidad respecto de Colquiri puede repetirse en el yacimiento de Porco.
Huanuni, Mallku Kota, Colquiri… ¿Porco?

miércoles, 5 de octubre de 2011

El conflicto por el TIPNIS visto desde afuera

Una de las aristas sobresalientes de las acciones desaprensivas del Gobierno frente a la marcha de los indígenas de tierras bajas que reclaman el respeto a sus derechos en el TIPNIS (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), ha sido la gran cantidad de tinta que ha generado a escala local. Pero el hecho ha repercutido internacionalmente, y lo ha hecho en términos muy poco amables para con el llamado “proceso de cambio” liderado por el presidente Evo Morales. A continuación, ofrecemos una breve selección de opiniones publicadas en diarios del exterior:
El País de España publicó una columna firmada por Fernando Gualdoni con el título “El fin del idilio” en la que su autor sostiene que “Morales volverá en el futuro a chocar con otro problema similar porque el propio modelo de desarrollo del presidente ya no es de izquierdas ni indigenista”.
Por su parte, en el periódico argentino Clarín, bajo el título de “Bolivia: una revolución devorada por sus inercias”, el columnista Marcelo Cantelmi dice: “La represión de las protestas campesinas coloca a Evo Morales en un lugar incómodo, disputando con el pasado autoritario su menosprecio por las formas republicanas”.

Asimismo, en La Jornada de México, Guillermo Almeyra alude a la “errónea visión de todos los gobiernos “progresistas”, según la cual el desarrollo consistiría en lograr un incremento en los recursos financieros del país sin preocuparse por consideraciones sociales o ecológicas. El respeto a la capacidad de comprensión de los ciudadanos, de la Constitución y los derechos indígenas debe remplazar la soberbia y la prepotencia de quienes quieren imponerel progreso”.

Lo propio ocurrió en el diario El Espectador de Colombia, que en una nota firmada por Jorge Mercado Tellería –“Indígena vs. indígena”- se lee: “es difícil entender el por qué del choque con el actual gobierno, que dice responder y pertenecer al mundo indígena, pero que ha sido el primero en más de 20 años que ha reprimido violentamente una de sus marchas”.
En tono parecido se manifiestan varios otros medios del exterior. Mientras tanto, La Paz espera con los brazos abiertos a los marchistas.